25- Marcelina. Por Tomás García
No mide más de uno cincuenta, de formas tan redondeadas que podría resultar atrayente como cojín. Sus manos, gastadas, muestran la rigidez propia de los engranajes oxidados.
Relatos a concurso
No mide más de uno cincuenta, de formas tan redondeadas que podría resultar atrayente como cojín. Sus manos, gastadas, muestran la rigidez propia de los engranajes oxidados.
A veces todo se termina o acaba en el momento que damos cuenta que no tiene sentido, ni lugar, ni tiempo.
Aquella tarde la lluvia era una catarata que recorría las veredas y se adueñaba de las calles.
¿Y tú que miras? ¿Nunca has visto un tío borracho, o qué? Sí, llevo un pedo encima que ni te cuento, ¡qué pasa!.
Cuando la tormenta pasó ya nada era igual, nadie era igual.
«Nunca te emborraches fuera de casa» Jack Kerouac. La idea era buena en un principio, recuerdo: estudiar en la universidad letras, literatura y gramática castellanas, aprender con cierta soltura un segundo o tercer idioma incluso, viajar al menos una vez al año al extranjero sin repetir los continentes y hasta donde lo permitiese el dinero siempre escaso y luego escribir, primero en un cuaderno foliado, luego en una Olivetti automática y posteriormente en un portátil de última generación. Pero la práctica es otra cosa.