Desde niño Alejo demostró inclinación por los libros. La lectura fue su única compañía, quizás debido a su salud, debilitada desde su nacimiento. Pasaba los días postrado en la cama.
Su padre lo alentó siempre, proporcionándole el más variado material, que él devoraba con pasión. Y como es de suponer estudió letras, aunque su verdadera vocación era ser bibliotecario, sueño que pudo cumplir.
Su trabajo resume su vida, y más aún, ahora que está solo, ya que su último vínculo familiar ha muerto…
Piensa que no hay nada en este mundo comparable a la literatura, así que colecciona libros almacenándolos en estanterías que se encuentran revistiendo todas las paredes de su casa. Del techo al suelo, de extremo a extremo, también en las esquinas y sobre sillas y mesas
El resto del día lo pasa en su trabajo rodeado de cientos de volúmenes que conoce en su gran mayoría. Es un experto, todos sus compañeros lo consultan cuando se presenta una situación complicada.
Con el pasar del tiempo va descubriendo pequeñas transformaciones en su personalidad, sutiles diferencias que comenzó a notar junto con una necesidad imperiosa de recluirse en su departamento. Sólo lo deja para internarse en las galerías de estantes de la biblioteca donde trabaja. Pero sus colegas lo perciben taciturno y hermético. Casi no cruza palabras con ellos.
Antes de éste proceso, que se fue llevando a cabo con velocidad alarmante, percibía los olores, los colores, los sonidos y las formas. Las personas se comunicaban con él, le ocurrían cosas. Se compenetraba en pequeñas vivencias cotidianas. Estaba impregnado de emociones y de ideas.
Pero esto fue cambiando. Poco a poco elegía, más y más que el sonido, la palabra que simbolizaba el sonido.
Más que el color, las palabras que simbolizaban los colores.
Más que el olor, la palabra que simboliza el olor. Más que el sabor y el tacto, las palabras que simbolizaban los sabores y el tacto.
Comenzó a alejarse de las personas, para abandonarse en las sucesiones de palabras estampadas en la olorosa tinta que describían a las personas.
Eligió no padecer el miedo ni las desilusiones, sino descifrar la narración del miedo y las desilusiones. Dejó de pensar, sólo conectaba entre sí palabras que describían los pensamientos de otros.
Poco a poco los objetos en su universo se fueron sustituyendo por palabras. La progresión del tiempo, por el sucederse en la lectura de los volúmenes. La conciencia de existir, por un vasto aroma a papel y tinta, a veces a grafito, cuero o cola. A su alrededor mutaron los muros de concreto por paredes de libros y al final quedó atrapado ellos. Lo deglutieron asimilándolo en forma golosa y, al final las personas de su mundo desaparecieron.
Ahora su piel es tan suave como el papel. Mira las que era antes eran sus manos, sólo ve una palabra que dicen mano. Los dedos se han sustituido por letras : d-e-d-o-s
No hay brazo, sólo ve otras palabras que dicen: –“ésta parte sirvió para tener sensaciones de brazo”. No hay ojos, sólo cuencas que contienen letras que dicen—“tenía acceso a los colores y las líneas”. Y, en lugar de nariz sólo una frase que dice–…”y podía percibir olores”.
Así, en parcos vocablos se fue agotando su cuerpo: donde estaba su cabeza, se encuentran vocablos que dicen “aquí se alojaban los objetos de su universo”
Y la conciencia, la conciencia, son las palabras de este párrafo –“ ahora soy esto, estas líneas en que me defino, sólo palabras, sólo tinta, sólo papel. , sólo caracteres. –“Yo que fui Alejo, único hijo de Franco y de María, concluyo aquí, ahora. Ahora, no soy sensaciones, no soy emociones, algo me ha ocurrido. Soy sólo palabras, frases, nada más que letras en un cuerpo de papel .

Interesante planteamiento de una metamorfosis muy original.
Encerrase en sí mismo, convertirse en páginas del propio libro, esperando que nadie, nunca, abra las tapas.
Mucha suerte
Opino al igual que Luc pero además debo decir que la metamorfosis experimentada por Alejo fue excelentemente lograda como piezas de un rompecabezas me gusto mucho Amaranta te deseo mucha suerte.
Saludos y Suerte….
A nadie le importa la salud del puñetero niño. Haga «vivir» su historia, y llegue a aceptar que los signos ortográficos, bien utilizados, lo mismo son útiles.. ¿O no? ¡Diablos!
Que tenga suerte…
Un relato totalmente kafkiano, que engancha desde la primera línea, con una excelente prosa. Mucha suerte. Si te interesa leer el mío estoy en el 144.
Kafka lo hubiera firmado complacido. te felicito amaranta, suerte
Puede que los tres temas que menos atractivos me resulten en la ficci´on sean las enfermedades, la «candente actualidad» -malos tratos, politiqueos localistas de medio pelo…- y los propios libros. Me resultan obvios y, por tanto, aburridos.
Si hago esta introducci´on es porque, sin embargo, no he podido evitar introducirme totalmente en el relato y sentir la transformaci´on del protagonista. Una par´abola muy lograda.
Enhorabuena