{"id":1009,"date":"2012-11-05T09:12:16","date_gmt":"2012-11-05T08:12:16","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=1009"},"modified":"2012-12-30T01:07:50","modified_gmt":"2012-12-30T00:07:50","slug":"254-recuerda-por-alfred-hitchcock","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/254-recuerda-por-alfred-hitchcock\/","title":{"rendered":"254- Recuerda. Por Alfred Hitchcock"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y \u00e9ste peque\u00f1ajo, \u00bfsabes qui\u00e9n es?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c1lvaro se\u00f1ala con el \u00edndice a un ni\u00f1o de unos cuatro a\u00f1os que aparece en la fotograf\u00eda en blanco y negro que sostiene entre sus dedos. Es muy antigua, con los bordes amarillos cuarteados por el tiempo. Est\u00e1 ligeramente desenfocada pero a\u00fan as\u00ed se aprecia con claridad a un chiquillo con el cabello alborotado que, ajeno a la c\u00e1mara, r\u00ede a carcajadas. Se agarra con sus dos manitas a la barra que sujeta a un caballo de madera preso en un carrusel.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfLo conoces?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Paulina mira la imagen con ojos cansados. Se siente un poco aturdida y no le apetece seguir con ese juego. Alza la vista y pregunta:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00bfQu\u00e9 hay para cenar?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00c1lvaro calla. Incapaz de mantener la mirada de la anciana, se levanta de la banqueta, deja el mont\u00f3n de fotos en la mesilla met\u00e1lica del rinc\u00f3n y se dirige a la salida. A mitad de camino se detiene y\u00a0 vuelve sobre sus pasos. Se agacha para besar la frente cuajada de arrugas de la mujer sentada sobre la cama. Sale de la habitaci\u00f3n sin decir nada. Paulina se queda mirando la espalda un poco encorvada de aquel hombre a quien no conoce.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\">***<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero, \u00bfcu\u00e1ndo ocurri\u00f3 eso? \u00bfayer? \u00bfo fue hace una semana? \u00bfM\u00e1s de un mes? Paulina no lo recuerda con claridad, pero la imagen de la criatura de la fotograf\u00eda ha vuelto a su memoria en este preciso momento porque, enfrente de ella, un ni\u00f1o con una bolsa gigante de palomitas la mira sin pesta\u00f1ear. A pocos metros, un peque\u00f1o tiovivo con cuatro caballitos de colores intenta atraer a los clientes con una m\u00fasica estridente que no cesa ni un segundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Est\u00e1 sentada en un banco junto a un peque\u00f1o jard\u00edn de plantas artificiales alrededor de un estanque, en donde un pu\u00f1ado de peces anaranjados nadan aburridos. Frota su mu\u00f1eca sin parar. La pulsera que lleva le deja una marca ros\u00e1cea en su p\u00e1lida piel. Demasiado apretada. Se nota fatigada y un poco mareada por todo el ruido que hay alrededor, por el gent\u00edo que cruza de un sitio a otro dentro del enorme centro comercial. Lamenta no haber tra\u00eddo su muleta. Afortunadamente, en la entrada ha encontrado un carrito perdido de supermercado y lo utiliza como andador para desplazarse entre esa marea humana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El ni\u00f1o no cesa de mirarla ni de comer palomitas. Tal vez quiere montar en la atracci\u00f3n, piensa \u00a0Paulina, as\u00ed que busca en sus bolsillos una moneda, pero todo lo que halla es un par de caramelos de fresa que tiende hacia el peque\u00f1o con mano tr\u00e9mula. El chico adelanta su mano para alcanzarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a1David! \u00bfQu\u00e9 te he dicho muchas veces? No tienes que coger nada de extra\u00f1os. Deja de molestar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Una mujer de mediana edad acaba de aparecer y arrastra por el brazo al cr\u00edo, alej\u00e1ndolo de all\u00ed mientras le reprende. La anciana se queda con el brazo extendido. Los caramelos se deslizan entre sus dedos y caen al suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Frota de nuevo su mu\u00f1eca hinchada para intentar aliviar el dolor, pero es in\u00fatil. Se levanta con dificultad y, apoy\u00e1ndose en el carrito, camina sin rumbo esquivando a la multitud que parece ir contracorriente. Sin saber c\u00f3mo, se encuentra frente al escaparate de una joyer\u00eda en donde se muestran en perfecto orden, sobre un pa\u00f1o dorado, una tentadora colecci\u00f3n de relojes, brazaletes,\u00a0 colgantes, pendientes, collares y anillos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Pasa al interior, se acerca a la dependienta y le tiende la mano. \u00c9sta la observa desde la atalaya de sus tacones, con su maquillaje perfecto y la blusa desabotonada justo hasta donde los clientes exigentes desean. Transcurre apenas un segundo. El tiempo necesario para que su sonrisa artificial delineada en rojo se trunque en una mueca de desconcierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Me aprieta mucho esta pulsera. Me hace da\u00f1o. No puedo quit\u00e1rmela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Y la dependienta no sabe muy bien qu\u00e9 hacer ni qu\u00e9 decir. Su discurso, repetido docenas de veces, sobre la prohibici\u00f3n de entrar con carritos en la joyer\u00eda ha quedado ahogado en su garganta. Sin darse cuenta,\u00a0 se encuentra sujetando de forma blanda la mu\u00f1eca de Paulina, mirando su pulsera, alzando los ojos para encontrarse con la cara de la anciana que, ahora s\u00ed, muestra una sonrisa inocente que hace que las bolsas que se forman bajo sus p\u00e1rpados se\u00a0 marquen a\u00fan m\u00e1s. Tartamudea, musita unas palabras que no tienen sentido. Desea soltar esa mano arrugada y repleta de manchas oscuras que tiembla entre las suyas y, al mismo tiempo, no se atreve a hacerlo porque le parece tan fr\u00e1gil que piensa que si lo hace golpear\u00e1 sobre el mostrador y se quebrar\u00e1. Acierta finalmente a llamar a don Mat\u00edas, el propietario de la joyer\u00eda, quien acude sol\u00edcito desde la trastienda, enfundado en un traje planchado de forma impecable y mostrando la m\u00e1s seductora de sus sonrisas. Sabe que si la dependienta le requiere es porque hay un cliente importante que necesita de su atenci\u00f3n personal y \u2026\u00a0 Pero no. Aquella mujer no es un cliente importante. La delata su vestido estampado de manga corta pese a la \u00e9poca del a\u00f1o, sus zapatos desgastados y algo descoloridos, los calcetines grises por debajo de las rodillas, sus mechones cenicientos de cabello desordenados y la ausencia total de pintura en el rostro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Inc\u00f3modo ante la situaci\u00f3n, bordea el mostrador y se acerca a Paulina quien lo mira embobada. Hace mucho tiempo que no ve a alguien tan apuesto y, no sabe muy bien el porqu\u00e9, le recuerda a don Gregorio, un profesor que tuvo de geograf\u00eda cuando estaba en la escuela primaria y del que se hab\u00eda enamorado, como el resto de sus compa\u00f1eras. Era muy apuesto, muy t\u00edmido y nadie como \u00e9l recitaba la letan\u00eda de los l\u00edmites de Espa\u00f1a, las cordilleras y los afluentes de los r\u00edos, por la derecha y por la izquierda. Paulina se deja llevar hasta la entrada de la tienda, apoyada en el brazo de don Mat\u00edas, cojeando sin el carrito, incapaz de apartar los ojos del joyero, olvid\u00e1ndose del dolor en su mu\u00f1eca.\u00a0 Huele muy bien, del mismo modo que se imaginaba que oler\u00edan aquellos actores tan atractivos que ve\u00eda en el cine cuando iba con&#8230; \u00bfc\u00f3mo se llamaba? Lo tiene en la punta de la lengua, pero s\u00f3lo alcanza a tener una visi\u00f3n borrosa de su rostro. Tan absorta est\u00e1 tratando de recordar que no se da cuenta del gesto que el joyero hace con la mano al vigilante jurado que est\u00e1 unos metros m\u00e1s all\u00e1, fuerte como un toro, imponente dentro de su traje marr\u00f3n. Don Mat\u00edas se siente liberado cuando ve alejarse a la anciana del brazo del guardia de seguridad camino de la salida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegan al exterior justo en el mismo momento en el que dos hombres suben corriendo las escaleras que conduce a la puerta del centro comercial. Uno de ellos, un joven vestido de blanco con el pelo muy corto y una tarjeta de identificaci\u00f3n en el pecho, a\u00fan jadeando, se dirige a la anciana:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero, Paulina \u00a1vaya susto que nos ha dado! \u00bfC\u00f3mo se la ha ocurrido salir usted sola sin avisar?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Conoce a ese joven. Claro, es quien la lleva de un sitio a otro por los pasillos empujando su silla de ruedas para evitar que se fatigue. El hombre que est\u00e1 junto a \u00e9l tiene el semblante serio. \u00bfNo es el mismo que durante muchas tardes ha estado mostr\u00e1ndole fotos? A Paulina le parece que ha llorado, o que est\u00e1 a punto de hacerlo, porque tiene los ojos enrojecidos y una liger\u00edsima bolsa de agua flota sobre ellos. Un impulso la lleva a acercar su mano al rostro de aqu\u00e9l hombre y sus dedos rugosos dibujan el contorno de sus labios, trepan por su cara y acaban recogiendo una l\u00e1grima que, incapaz de contenerse, ha comenzado a descolgarse por la mejilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Y es entonces cuando se produce un peque\u00f1o milagro. Puede que sea el contacto de esa l\u00e1grima sobre sus dedos, o el cari\u00f1o y la ternura que desprende esa forma de mirar, o tal vez sea un capricho del azar que viene oculto entre las suaves r\u00e1fagas de viento cargadas de un oto\u00f1o tard\u00edo\u00a0 \u00bfqui\u00e9n sabe? \u00bfacaso importa? Durante unos segundos las pupilas de Paulina se inundan de luz y su memoria despierta para traerle recuerdos del pasado. Hay un ni\u00f1o. Es muy parecido al hombre que tiene enfrente, con los mismos rasgos y la misma sonrisa de tunante; un chiquillo que grita alborozado a lomos de un caballo azul con crines doradas que sube y baja mientras gira en un carrusel repleto de luces. Ella le saluda agitando la mano cada vez que pasa y le dice que tenga cuidado, que se agarre fuerte. A su lado est\u00e1 su marido que, c\u00e1mara en mano,\u00a0 sigue las vueltas del tiovivo tratando de sacar alguna foto del peque\u00f1o. \u00c1lvaro. S\u00ed, eso es. Ese es su nombre. El nombre de su esposo. El nombre de su hijo. El mismo que est\u00e1 grabado en el interior de la pulsera de eslabones de plata que cuelga de su mu\u00f1eca. Y tambi\u00e9n est\u00e1 grabada una fecha. Treinta de septiembre de 1949. Un recuerdo encadena otro. Revive entonces el d\u00eda en el qu\u00e9, en una cafeter\u00eda de la Gran V\u00eda de Madrid, \u00e9l se la regal\u00f3. Era lunes, est\u00e1 segura. Llov\u00eda. A trav\u00e9s de los cristales del caf\u00e9, pod\u00edan ver a la gente correr y arremolinarse bajo la marquesina de un cine al otro lado de la avenida. Un\u00a0 cartel gigante mostraba a Ingrid Bergman abrazando a Gregory Peck y, bajo sus nombres, el t\u00edtulo de la pel\u00edcula: Recuerda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mam\u00e1, \u00bfte encuentras bien? \u00bfSabes qui\u00e9n eres? Mira, lo pone aqu\u00ed, en la pulsera: Pau-li-na.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La anciana mira la pulsera de pl\u00e1stico atada a su mu\u00f1eca con su nombre grabado y el n\u00famero de habitaci\u00f3n. Quiere hablar, explicar, decir que. Pero de nuevo un denso velo cubre su memoria mientras comienza a tejerse dentro de ella una tela de ara\u00f1a en donde se quedan colgadas las im\u00e1genes que apenas unos segundos antes la han invadido. Busca nombres, lugares; tantea palabras que descarrilan antes de llegar a sus labios. Balbucea algo ininteligible antes de bajar la vista hacia el suelo y s\u00f3lo acierta a decir:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Tengo fr\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Una fina lluvia ha comenzado a caer y pinta lunares grises en las baldosas. Como aquella tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Vamos a \u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&#8211;\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y \u00e9ste peque\u00f1ajo, \u00bfsabes qui\u00e9n es? \u00c1lvaro se\u00f1ala con el \u00edndice a un ni\u00f1o de unos cuatro a\u00f1os que aparece en la fotograf\u00eda en blanco y negro que sostiene entre sus dedos. Es muy antigua, con los bordes amarillos cuarteados por el tiempo. Est\u00e1 ligeramente desenfocada pero a\u00fan as\u00ed [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[6,5],"tags":[10,344,11],"class_list":["post-1009","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalistas-del-publico","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-recuerda","tag-relatos-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1009","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1009"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1009\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1009"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1009"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1009"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}