{"id":1011,"date":"2012-11-05T09:19:23","date_gmt":"2012-11-05T08:19:23","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=1011"},"modified":"2012-11-05T09:19:23","modified_gmt":"2012-11-05T08:19:23","slug":"255-el-dia-de-gloria-por-modotti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/255-el-dia-de-gloria-por-modotti\/","title":{"rendered":"255- El d\u00eda de gloria. Por Modotti"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">En el colegio Vasco de Quiroga no tocaban timbre ni campana. Una absurda m\u00fasica sonaba por las bocinas del patio para anunciar cuatro rupturas cronol\u00f3gicas diariamente. Cuatro momentos. Dos odiados y dos amados. <!--more-->M\u00e1s o menos resumidos en las siguientes frases: qu\u00e9 ching\u00f3n y qu\u00e9 poca madre. Primer momento: absurda m\u00fasica, a formarse para entrar a clases, qu\u00e9 poca madre. Segundo momento: absurda m\u00fasica, al patio, qu\u00e9 ching\u00f3n. Tercer momento: absurda m\u00fasica, al sal\u00f3n, qu\u00e9 poca madre. Cuarto momento: absurda m\u00fasica, nos vamos a casa, qu\u00e9 ching\u00f3n. Cada d\u00eda. No s\u00e9 de qui\u00e9n fue la idea de la m\u00fasica, nunca me lo hab\u00eda preguntado hasta hoy que escribo estas l\u00edneas. Eran los ochentas, ambiguos. A\u00fan se permit\u00eda lanzar el borrador sobre el que hablaba en clase, una bofetada, ir al rinc\u00f3n con orejas de burro (rol que el que escribe este relato cumpli\u00f3 avergonzadamente m\u00e1s de alguna ocasi\u00f3n). Eran esos ochenta que uno recuerda como coyunturales sin saber muy bien qu\u00e9 quiere decir esto. La hip\u00f3tesis de la m\u00fasica del colegio es que alg\u00fan iluminado pens\u00f3: lo de los timbres suena a c\u00e1rcel o f\u00e1brica, pongamos m\u00fasica a los ni\u00f1os. Cosa que en el fondo no cambiaba nada el hecho de encuartelamiento escolar obligatorio hasta la educaci\u00f3n secundaria, y gratuito que lo manda la constituci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si efectuamos una r\u00e1pida multiplicaci\u00f3n, aproximativa, a la cantidad real de d\u00edas que se pasaban en la escuela durante, digamos, el quinto a\u00f1o de primaria de un alumno regular; nos encontramos con la cantidad de 217 d\u00edas. El margen de error se entiende en funci\u00f3n de: ineptitud del aprendiz de escritor en las matem\u00e1ticas, enfermedades varias del alumno, huelgas de profesores y\/o personal administrativo, enfermedad del profesor y\/o el sustituto, otras, no sabe\/no contesta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Haciendo una correlaci\u00f3n entre el primer p\u00e1rrafo (bastante largo contraviniendo lo que a estilo literario se refiere) y el segundo. Destacaremos dos circunstancias. Los 217 d\u00edas, y el segundo momento: aquel donde la m\u00fasica suena y vas al patio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00fasica. Patio. \u00bfVale? Que lo de decir patio es para que se entienda, en M\u00e9xico se dice al recreo que dicho sea de paso suena m\u00e1s ching\u00f3n. M\u00fasica. Recreo. Mejor. Y ah\u00ed sale toda la marabunta a cumplir sus respectivas citas con sus respectivos destinos durante sus respectivos cuarenta y cinco minutos. Destinos m\u00e1s o menos diferenciados: las ni\u00f1as a pasear y platicar, los peque\u00f1os granujillas castigados en el sal\u00f3n, los diferentes a hacer cosas diferentes, y los dem\u00e1s ni\u00f1os al f\u00fatbol. El f\u00fatbol. Ese amado y odiado deporte causante de las m\u00e1s dispares pasiones. Entonces, ah\u00ed, entre la aglomeraci\u00f3n que se re\u00fane en el recreo en torno a la deidad redonda, el ni\u00f1o redondo, el gordo, Yo. Soportando estoicamente durante 217 d\u00edas la ceremonia inaugural del partido, el cotidiano rito de la iniciaci\u00f3n, la arbitraria auto adjudicaci\u00f3n clasista de los admirados capitanes: el sencillo y cruel acto de escoger a los jugadores de cada equipo. Que ahora que lo pienso, mira que somos tontos, perder 10 valiosos minutos para dejar al Gordo al \u00faltimo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inicia por fin el partido. La pelota corre. El Gordo corre. Pero ambos no se alcanzan y s\u00f3lo uno se cansa. Termina el partido. \u00bfPor qu\u00e9 escogiste a ese g\u00fcey? No quedaban m\u00e1s. Estoicismo. Heroicidad. Literatura. Encanto. Optimismo. El Gordo re\u00fane en secreto lo que todos recordar\u00e1n de \u00e9l al cabo de los a\u00f1os. Ha sabido esperar su momento, sin desesperar. Sabe que llegar\u00e1 un d\u00eda. Sabe que llegar\u00e1 la gloria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">3 de febrero de 1986. El en\u00e9simo partido de aquel ciclo escolar se enfrasca en un empate a dos tantos. Ning\u00fan equipo encuentra la f\u00f3rmula para romper la red contraria. La absurda m\u00fasica est\u00e1 a punto de sonar. Tiro de esquina para los contrarios. El bal\u00f3n cae a los pies del Gordo que sale a bal\u00f3n dominado desde su propia \u00e1rea. Burla a uno. A otro. A otros dos. Avanza cruzando el medio campo. Regateo a otro. Quedan dos ni\u00f1os por delante. Se hace un auto-pase y los deja boquiabiertos. El portero sale con los pies por delante, es demasiado f\u00e1cil, le pasa la pelota por encima y de un salto evita el contacto. Queda s\u00f3lo frente a la porter\u00eda. Silencio en toda la escuela. C\u00e1mara lenta. Las ni\u00f1as dejan caer el bocadillo. Una hoja se desprende del eucalipto. Y entonces sucede. Cuando todos esperan que firme la incre\u00edble haza\u00f1a, El Gordo coge el bal\u00f3n con las manos, lo besa, lo alza. Una absurda m\u00fasica suena\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el colegio Vasco de Quiroga no tocaban timbre ni campana. Una absurda m\u00fasica sonaba por las bocinas del patio para anunciar cuatro rupturas cronol\u00f3gicas diariamente. Cuatro momentos. 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