{"id":1036,"date":"2012-11-07T12:13:42","date_gmt":"2012-11-07T11:13:42","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=1036"},"modified":"2012-12-30T01:07:32","modified_gmt":"2012-12-30T00:07:32","slug":"263-todas-las-respuestas-por-pedro-blasco-tena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/263-todas-las-respuestas-por-pedro-blasco-tena\/","title":{"rendered":"263- Todas las respuestas. Por Pedro Blasco Tena"},"content":{"rendered":"<p>Incorporada en la cama, sobre una monta\u00f1a de almohadones, miro a trav\u00e9s de la ventana. Fuera, la tarde es gris y ventosa, como las de aquellos oto\u00f1os cargados de lluvia de mi ni\u00f1ez. El peque\u00f1o Rub\u00e9n se asoma a la puerta de mi habitaci\u00f3n, con sus grandes ojos casta\u00f1os abiertos de par en par.<!--more--><\/p>\n<p>\u2014Pasa, cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Se hace el remol\u00f3n, pero al fin cruza el umbral y se acerca. De repente, se para en su sitio y se gira a medias. Escucha el silencio con concentraci\u00f3n, tras el portazo lejano que lo ha sobresaltado. Sabe que no deber\u00eda estar all\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfLe acercas a la abuela esa caja de ah\u00ed? \u00bfS\u00ed?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o \u2014mi bisnieto, en realidad\u2014 asiente y coge la caja de cart\u00f3n que descansa sobre el arc\u00f3n de madera. Avanza con cuidado, m\u00e1s por el volumen que por el peso de la caja, y la deja sobre mi regazo. Empieza a abrir la boca, pero huye asustado cuando oye su nombre gritado desde el piso de abajo.<\/p>\n<p>Bajo la vista hacia la caja. Levanto la tapa, rebusco entre papeles y fotograf\u00edas hasta que encuentro un trozo de tela, con unas iniciales bordadas. Lo acerco a mi cara y aspiro&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Recuerdo bien el d\u00eda en que me prestaron este pa\u00f1uelo, porque a menudo el dolor es un buen aliado de la memoria. Fue en esta misma casa, un edificio de dos plantas que era a la vez negocio y hogar de mis abuelos, y que ahora me pertenece. Mi hermano Pablo y yo sol\u00edamos comer los s\u00e1bados con la abuela y la t\u00eda Irene, y nos desfog\u00e1bamos corriendo por la casa todo lo que nuestros padres no nos dejaban en nuestro peque\u00f1o apartamento.<\/p>\n<p>Un s\u00e1bado de verano, mientras Pablo pateaba el bal\u00f3n contra una pared del patio, yo me entreten\u00eda explorando la planta alta de la casa: un museo de trastos antiguos, lleno de polvo y telara\u00f1as. Alarmada por un crujido de las vigas de madera, suspend\u00ed la expedici\u00f3n y baj\u00e9 volando las escaleras.<\/p>\n<p>Me detuve en seco antes de entrar en la cocina.<\/p>\n<p>Hab\u00eda sentido un olor vagamente reconocible, met\u00e1lico y seco, acompa\u00f1ado de un escozor intenso y tan repentino que pens\u00e9 que hab\u00eda recibido un golpe. El olor me tra\u00eda im\u00e1genes difusas \u2014una de mi madre llorando, abrazada a mi abuela muy seria y vestida de negro; otra de un cruce en la calle, lleno de gente, con el destello de unas luces anaranjadas al fondo\u2014, todas ellas familiares aunque no fuera capaz de ubicarlas en mi corta memoria.<\/p>\n<p>Al entrar en la cocina, vi como mi abuela se desplomaba a c\u00e1mara lenta delante de la pila: las piernas flojas bajo su cuerpo, la cazuela escurri\u00e9ndose de las manos hacia el suelo, la mano derecha apoyada sobre el pecho.<\/p>\n<p>El sonido de la cazuela al romperse contra el suelo me espabil\u00f3. Sal\u00ed corriendo hacia el comedor, casi chocando con mi t\u00eda en la puerta de la cocina.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Ya hab\u00e9is hecho una de las vuestras, t\u00fa y tu herm&#8230;!<\/p>\n<p>Me apart\u00f3 a un lado con un movimiento brusco y se acerc\u00f3 a mi abuela murmurando: \u00ab\u00a1Ay, no, no, no!\u00bb. La segu\u00eda un hombre con todo el aspecto de los vendedores que sol\u00edan visitar la tienda de mis abuelos. Me mir\u00f3 con extra\u00f1eza al pasar por mi lado, observando con desagrado \u2014o eso pens\u00e9 entonces\u2014 la hemorragia nasal que yo intentaba contener con la palma de la mano.<\/p>\n<p>Mi abuela muri\u00f3 en su cama unos minutos despu\u00e9s.<\/p>\n<p>Al lado de la cama estaban mi t\u00eda, un vecino practicante y el comercial, que en ese momento se incorporaba tras haber musitado algo al o\u00eddo de mi abuela. Le acarici\u00f3 la mejilla con delicadeza y se dirigi\u00f3 a la puerta, donde est\u00e1bamos mi hermano y yo, con movimientos sigilosos.<\/p>\n<p>Retir\u00e1ndome de la puerta, saqu\u00e9 el pa\u00f1uelo de mi t\u00eda Irene del bolsillo justo a tiempo de taponar un nuevo sangrado. Cuando me volv\u00ed, el hombre silencioso hab\u00eda desaparecido.<\/p>\n<p>Desde ese d\u00eda, y con m\u00e1s frecuencia a medida que iba creciendo, volv\u00ed a sentir el olor met\u00e1lico y seco en m\u00e1s ocasiones, aunque pocas veces con tanta intensidad. Casi siempre consegu\u00ed relacionarlo con un fallecimiento reciente. Sin embargo, aprend\u00ed bien pronto que era mejor guardar mis sospechas para m\u00ed misma. Y para mi madre s\u00f3lo fui, en adelante, una ni\u00f1a propensa a recibir balonazos.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Dejo de aspirar el recuerdo y aparto a un lado el pa\u00f1uelo bordado, que todav\u00eda conserva algunos restos de sangre.<\/p>\n<p>Vuelvo a registrar la caja hasta que encuentro un saquito de papel amarillo con los bordes blancos: la siguiente parada de este viaje. Le doy la vuelta entre los dedos, miro el logotipo en uno de sus lados, y recuerdo&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquel d\u00eda hab\u00eda parado a media ma\u00f1ana, entre dos visitas a clientes, en una vieja cafeter\u00eda cerca del Parque Central. Mientras esperaba a que me atendieran, jugueteaba distra\u00edda con un sobre de az\u00facar que el cliente anterior hab\u00eda dejado en la mesa de m\u00e1rmol. Un olor familiar me trajo de vuelta, un olor m\u00e1s intenso incluso que el de aquella vez en casa de mis abuelos cuando era ni\u00f1a.<\/p>\n<p>Por un momento me preocup\u00e9 pensando que, esta vez, el motivo del olor podr\u00eda ser yo, y comenc\u00e9 a sentir sudores fr\u00edos y un nudo cerr\u00e1ndose en la boca del est\u00f3mago. Todav\u00eda era joven, pensaba, y cre\u00eda estar perfectamente sana, pero eso no era ninguna garant\u00eda; adem\u00e1s, hay miles de maneras de morir.<\/p>\n<p>Me cambi\u00e9 de mesa, huyendo de la sensaci\u00f3n, y entonces lo vi: un hombre de unos treinta y tantos, alto, delgado, con el pelo corto espolvoreado de gris, muy atractivo a pesar del traje oscuro algo anticuado. Se sent\u00f3 en un rinc\u00f3n a dos mesas de distancia.<\/p>\n<p>Me fij\u00e9 en un pin que llevaba en la solapa: una m\u00e1scara dorada. Cuando levant\u00e9 la vista hacia su cara, me estaba mirando con una expresi\u00f3n de sorpresa y reconocimiento a la vez. El olor proven\u00eda de \u00e9l, sin duda; la sensaci\u00f3n de picaz\u00f3n era tan fuerte que me llev\u00e9 la mano a la nariz, segura de que empezar\u00eda a sangrar.<\/p>\n<p>Apart\u00e9 los ojos y disminuyeron de golpe el olor y el escozor. A unos cent\u00edmetros a mi derecha, sent\u00ed una voz:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfMe permites un momento?<\/p>\n<p>No salt\u00e9 en la silla de milagro, creo que porque la tensi\u00f3n me hab\u00eda agarrotado por completo. Balbuce\u00e9 que s\u00ed, apartando el bolso de la silla m\u00e1s cercana al desconocido, sin atreverme a mirarlo directamente.<\/p>\n<p>\u2014Mejor no \u2014me detuvo\u2014. Yo soy \u00c1ngel&#8230; Lo siento si te he hecho da\u00f1o; si hubiera sabido que encontrar\u00eda a alguien tan sensible, no hubiera entrado. Ahora tenemos que salir; estamos llamando la atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>En efecto, los murmullos en el establecimiento hab\u00edan disminuido y la gente a nuestro alrededor hab\u00eda empezado a moverse inquieta, mirando de vez en cuando en nuestra direcci\u00f3n. Hice un gesto negativo al camarero, que ven\u00eda con mi caf\u00e9, y me dej\u00e9 conducir a la salida.<\/p>\n<p>Cruzamos la calle y caminamos por el parque en silencio, evitando los peque\u00f1os grupos de gente. Nos sentamos en un kiosco con mesas al aire libre, y tuvimos una conversaci\u00f3n surrealista en la que lo bombarde\u00e9 a preguntas. Confirm\u00e9 algunas suposiciones, y descubr\u00ed lo equivocada que estaba en otras. Sin embargo, la mayor\u00eda de cuestiones quedaron sin respuesta: \u00abNo es el momento de contestar a esta pregunta, no est\u00e1s preparada; lo siento\u00bb.<\/p>\n<p>Seguimos hablando y no pude evitar re\u00edrme cuando me dijo que hoy era su d\u00eda libre, y que en esas ocasiones se sentaba en un rinc\u00f3n tranquilo a observar la vida pasar. Me explic\u00f3 que todo era cuesti\u00f3n de organizar las guardias&#8230; No supe si creerle.<\/p>\n<p>En un momento dado le pregunt\u00e9 qui\u00e9n decid\u00eda cu\u00e1ndo ten\u00edan que actuar, y contest\u00f3:<\/p>\n<p>\u2014Las cosas no funcionan as\u00ed. Nosotros no actuamos, no provocamos nada. Los hombres, las enfermedades, el tiempo, la naturaleza lo hacen. Nosotros s\u00f3lo estamos ah\u00ed&#8230; para acompa\u00f1ar.<\/p>\n<p>No explic\u00f3 nada m\u00e1s, ni yo se lo ped\u00ed. Adentrarse por esos caminos llevaba a aquellas respuestas para las que se supon\u00eda que no estaba preparada.<\/p>\n<p>A partir de ese d\u00eda, me encontr\u00e9 con \u00c1ngel con cierta frecuencia, aunque sin planificaci\u00f3n alguna. En esas ocasiones, pas\u00e1bamos un rato entretenido hablando de esto y aquello. Otras veces, como si lo percibiera, \u00c1ngel aparec\u00eda en los momentos en que andaba m\u00e1s perdida, con su sabidur\u00eda en un cuentagotas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Antes de dejar el sobre de az\u00facar que guard\u00e9 aquel d\u00eda, leo de nuevo la frase impresa en uno de sus lados: \u00abNo entendemos el valor de los momentos, hasta que se han convertido en recuerdos\u00bb. Siempre me pareci\u00f3 cien por cien aplicable a mi vida, en especial cuando dej\u00e9 de encontrarme con \u00c1ngel tras unas d\u00e9cadas de inconstante relaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Devuelvo el sobre a la caja y tomo del fondo un peque\u00f1o objeto met\u00e1lico, con sombras de herrumbre. Con \u00e9l en mis manos, revive el recuerdo de un d\u00eda agridulce&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El d\u00eda en que naci\u00f3 mi nieta Andrea, mi marido y yo hab\u00edamos estado esperando desde primera hora de la ma\u00f1ana fuera del paritorio, con nuestro yerno. Cuando ya estaban todos en la habitaci\u00f3n, mi marido volvi\u00f3 al despacho y yo sal\u00ed en busca de algo de comida.<\/p>\n<p>Casi tropec\u00e9 con \u00c1ngel al salir de la cafeter\u00eda. Llevaba bata blanca, unos zuecos que chirriaban a cada paso y una carpeta en la mano. Ven\u00eda de acompa\u00f1ar a un joven accidentado al dep\u00f3sito.<\/p>\n<p>Nos abrazamos un largo instante.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1nto tiempo hace que no nos vemos? \u2014pregunt\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Mucho; m\u00e1s de diez a\u00f1os. Y me alegro de que nos veamos, porque es posible que \u00e9sta sea la \u00faltima vez.<\/p>\n<p>Me explic\u00f3 que, de alguna forma, se retiraba. Entre otras cosas, hab\u00eda tenido algunos problemas de disciplina por dejarse ver demasiado por gente como yo, con una sensibilidad especial.<\/p>\n<p>\u2014Pero no quiero aburrirte con explicaciones. Adem\u00e1s, no tengo mucho tiempo.<\/p>\n<p>Seguimos hablando unos minutos m\u00e1s, una actualizaci\u00f3n r\u00e1pida mientras me acompa\u00f1aba al pabell\u00f3n de maternidad. Lo invit\u00e9 a acercarse a la habitaci\u00f3n, pero rechaz\u00f3 el ofrecimiento.<\/p>\n<p>\u2014Mejor no. Ya tiene una abuela muy sensible; no me gustar\u00eda influir m\u00e1s en ella.<\/p>\n<p>Me sorprendi\u00f3 que considerara un castigo aquello que yo siempre hab\u00eda visto como un regalo. No imaginaba mi vida sin el apoyo que hab\u00eda supuesto \u00c1ngel, y ello no hubiera sido posible sin esa especie de don.<\/p>\n<p>Me acarici\u00f3 la mejilla y se fue hacia los ascensores, con la ligereza habitual en sus despedidas. Tras un par de pasos, se dio la vuelta y avanz\u00f3 hacia m\u00ed mientras se soltaba la m\u00e1scara de bronce de la solapa de la bata. Me la tendi\u00f3 en silencio y se alej\u00f3 de nuevo con paso lento.<\/p>\n<p>Yo me qued\u00e9 en el pasillo, vi\u00e9ndolo marchar, con un mill\u00f3n de interrogantes por plantear.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Sostengo en la mano el pin de bronce. No tengo tiempo de limpiarlo, as\u00ed que guardo el pa\u00f1uelo en la caja y me coloco la m\u00e1scara en el pecho del camis\u00f3n.<\/p>\n<p>Miro de nuevo por la ventana y me relajo hasta quedarme dormida.<\/p>\n<p>Me despierta el olor que he a\u00f1orado tanto los \u00faltimos a\u00f1os. Lo siento exactamente igual que aquella vez, hace casi ochenta a\u00f1os, en que tem\u00ed estar sufriendo un infarto en un viejo caf\u00e9 del centro. Pero esta vez no hay picor de nariz, ni sequedad; ninguna sensaci\u00f3n desagradable.<\/p>\n<p>Mi peque\u00f1a familia est\u00e1 a los pies de la cama, sin duda avisados por la unidad m\u00e9dica a la que estoy conectada, que habr\u00e1 anticipado un desenlace inminente.<\/p>\n<p>Llega m\u00e1s gente, dos, tres personas. Un joven habla con mi hija, otro ajusta unos controles en la consola del equipo m\u00e9dico.<\/p>\n<p>Al fin ya lo veo, desliz\u00e1ndose entre mis hijos y nietos. Sab\u00eda que acudir\u00eda a una \u00faltima cita.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Rub\u00e9n, agarrado a la pierna de mi nieta Andrea, observa la escena en silencio; un reguero de sangre se le desliza desde la nariz a la barbilla.<\/p>\n<p>\u00c1ngel se acerca a m\u00ed, con una sonrisa serena.<\/p>\n<p>Digo:<\/p>\n<p>\u2014Amigo&#8230; No has cambiado nada.<\/p>\n<p>\u00c9l se inclina hacia mi o\u00eddo y me susurra todas las respuestas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Incorporada en la cama, sobre una monta\u00f1a de almohadones, miro a trav\u00e9s de la ventana. Fuera, la tarde es gris y ventosa, como las de aquellos oto\u00f1os cargados de lluvia de mi ni\u00f1ez. El peque\u00f1o Rub\u00e9n se asoma a la puerta de mi habitaci\u00f3n, con sus grandes ojos casta\u00f1os abiertos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[6,5],"tags":[10,11,324],"class_list":["post-1036","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-finalistas-del-publico","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-relatos-2","tag-respuestas"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1036","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1036"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1036\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1036"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1036"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1036"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}