{"id":129,"date":"2012-09-26T00:05:19","date_gmt":"2012-09-25T22:05:19","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=129"},"modified":"2012-09-25T23:07:06","modified_gmt":"2012-09-25T21:07:06","slug":"12-viento-que-mira-el-viento-por-pierre-batho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/12-viento-que-mira-el-viento-por-pierre-batho\/","title":{"rendered":"12- Viento que mira el viento. Por Pierre Batho"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Tantos a\u00f1os ten\u00eda la abuela que ya todos nos hab\u00edamos olvidado de contarlos. Incluso ella. Bueno, igual ella no, pero lo disimulaba muy bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Siempre hab\u00eda sido una mujer menuda, pero ahora parec\u00eda que cada estaci\u00f3n ven\u00eda a verla una noche sin estrellas, la mord\u00eda y le quitaba alg\u00fan cent\u00edmetro. <!--more-->Y claro, a cada cumplea\u00f1os parec\u00eda m\u00e1s bajita, estaba m\u00e1s cerca del suelo. A lo mejor era por eso que hablaba un poco menos. Los nietos la recordaban de cuando eran ni\u00f1os, y ya entonces la abuela era parca en palabras, pero nada comparado con la actualidad, donde apenas se le escapaban dos o tres suspiros de vez en cuando. Y la madre, su hija, contaba a veces divertida que cuando ella era peque\u00f1a su madre, la abuela, parlaba y parlaba durante horas, con las vecinas, en la plaza del pueblo, con cualquier chaval\u00edn medio perdido, con ella misma. Y eso, hoy, ni imaginarlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Quiz\u00e1 fue por ello por lo que apenas hizo alg\u00fan comentario cuando sus dos nietos la propusieron, como regalo del cumplea\u00f1os n\u00famero indefinido, llevarla a conocer el mar. Casi silencio, un par de expresiones de agradecimiento, de esas que parecen compromiso. Y despu\u00e9s nada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 La abuela nunca hab\u00eda visto el oc\u00e9ano. Antes casi no se viajaba, y uno pod\u00eda morirse sin haber salido jam\u00e1s de la comarca donde vio la primera luz. Algo as\u00ed le hab\u00eda ocurrido a ella, que hab\u00eda estado toda su vida en aquella casa de piedra, tan oscura, en un valle tan profundo que a veces llegaba a asustar. Y tampoco es que estuviera tan lejos el mar, pero nunca se hab\u00eda animado. Al principio porque no pod\u00eda, no ten\u00eda medios. Despu\u00e9s, cuando la hija empez\u00f3 a irse, pudo haberla acompa\u00f1ado, pero se le hac\u00eda pesada la simple idea. Qu\u00e9 pintaba ella fuera de esas paredes, de ese paisaje, qu\u00e9 pod\u00eda encontrar m\u00e1s all\u00e1 del olor a roc\u00edo que la despabilaba cada ma\u00f1ana de invierno. As\u00ed que, por unas cosas u otras, nunca lleg\u00f3 a ver el mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Y eso es lo que quer\u00edan regalarle sus nietos. Y ella, que sonr\u00edo un poco al o\u00edrlo, no dijo casi palabra. Se qued\u00f3 un rato m\u00e1s con los dos ni\u00f1os que hab\u00edan acabado siendo hombres, y luego sali\u00f3 a sentarse en su lugar favorito.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Porque la abuela ten\u00eda un lugar favorito, seguramente como lo tiene todo el mundo. El suyo era un peque\u00f1o banco de madera estaba a la entrada de su casa, entre la puerta y el diminuto hito blanqueado con cal que delimitaba el terreno. All\u00ed se sentaba todos los d\u00edas la abuela. Durante horas. Ese era su lugar preferido. Desde ese sitio alguien que estuviera situado en la misma postura de la abuela pod\u00eda ver casi todo el valle. Pod\u00eda ver el r\u00edo serpenteando nervioso, apenas un hilillo de luz, y cuando hac\u00eda mucho frio, un aliento de niebla que se escapaba de entre el paisaje. Se ve\u00edan aqu\u00ed y all\u00e1 pueblos y casas sueltas, prendidas de entre el verde m\u00e1s o menos intenso, hogares de personas a las que se conoc\u00eda aun sin mirarlas apenas. Y se pod\u00eda ver la carretera, la vieja carretera, antes llena de baches y hoy parcheada, que cruzaba el valle desde arriba hasta abajo, paralela al r\u00edo, una mancha gris\u00e1cea que llegaba hasta la capital de la provincia. Apenas coloreada por coches, pocos al d\u00eda, perdi\u00e9ndose m\u00e1s all\u00e1 de donde rozaba la vista. Y en el lugar preferido de la abuela, all\u00ed donde se sentaba durante horas y horas, se pod\u00eda escrutar todo el paso de esa v\u00eda por el valle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 As\u00ed era el sitio donde ella se sentaba, una especie de mirador que permit\u00eda ver qui\u00e9n entraba y sal\u00eda de aquel cachito de mundo que los rodeaba. Incluso si alguien se hubiera molestado en llevar el tren hasta aquel rinc\u00f3n tan apartado, el peque\u00f1o banco de madera de la abuela hubiera sido el otero perfecto para observar el humo en estrecha estela, primero, y ahora los reflejos del metal bajo el sol que asoma t\u00edmido. Pero eso a nadie se le ocurri\u00f3 nunca hacerlo, y aquel valle jam\u00e1s hab\u00eda sido rasgado por ning\u00fan tren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 All\u00ed se sent\u00f3 la abuela justo despu\u00e9s de que sus nietos la dijeran que la iban a llevar a conocer el mar, a conocer el mar, abuela, a tus a\u00f1os, ya es hora de que lo veas. All\u00ed se sent\u00f3 y se le puso esa expresi\u00f3n que se le pon\u00eda a ella cuando lo hac\u00eda. Y ahora, despu\u00e9s de esa noticia, su rostro s\u00f3lo parec\u00eda sonre\u00edr. La edad, seguramente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 As\u00ed que la dieron los besos de rigor, aun sentada en el banquito de madera, dos besos cada uno sobre aquel pergamino cada vez m\u00e1s arrugado, y ella segu\u00eda sonriendo sin que sonriera su mirada, la semana que viene nos pasaremos pronto y podr\u00e1s ver el mar, abuela, y ella estruj\u00f3 aun m\u00e1s esas arruguitas que le sal\u00edan en los ojos. Ellos partieron, y cuando estaban ya en la carretera principal pod\u00edan sentir el mirar de la abuela posado en el techo del coche, gris que ve gris sobre gris.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Ella pas\u00f3 la semana como una m\u00e1s, con esa cadencia lenta que tienen los d\u00edas cuando se van perdiendo. Sentada a ratos en su banquito, otros haciendo algo en la casa, limpiando aqu\u00ed y all\u00e1, cocinando un poco de caldo. Una semana m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Quedarse a vivir en su hogar de siempre, entre las monta\u00f1as, no hab\u00eda sido ni siquiera una decisi\u00f3n, porque jam\u00e1s se plante\u00f3 hacer lo contrario. Su familia se hab\u00eda disgregando lejos de aquella tierra, de una forma extra\u00f1a y que, hoy en d\u00eda, le parec\u00eda casi ajena. As\u00ed que ella apenas ven\u00eda nunca, y cada vez que la ve\u00eda pod\u00eda reconocer en su rostro el paso del tiempo que a\u00f1os atr\u00e1s hab\u00eda visto en el suyo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Los nietos estaban m\u00e1s cerca, hab\u00edan ido regresando a una tierra que casi conoc\u00edan \u00fanicamente de o\u00eddas y viajes rel\u00e1mpago. Al final los dos trabajaban cerca de la capital, y la visitaban a menudo. Eran ellos quienes pagaban a una chica para que la ayudase con las cosas del hogar. El principio iba todos los d\u00edas, despu\u00e9s alternaba, m\u00e1s tarde una vez a la semana, y ahora apenas de quince en quince noches. Qu\u00e9 m\u00e1s daba, la abuela segu\u00eda trabajando igual estuviese ella o no, segu\u00eda limpiando, cocinando y arrancando las hierbas del portal. Y nadie sab\u00eda si era por orgullo, costumbre o una mezcla rara de ambas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Alguna vez le hab\u00edan insinuado a la abuela que se bajase a vivir con ellos a la ciudad, pero siempre de forma suave, sin estridencias, porque todos sab\u00edan ya lo que ella iba a contestar. Y la anciana sonre\u00eda con todo su peque\u00f1o cuerpo, sonre\u00eda todo lo que pod\u00edan sonre\u00edr unos ojos, y les dec\u00eda que no, que ya era muy vieja, que le gustaba aquello, que qu\u00e9 iba a hacer ella en otro sitio. Y nadie le llevaba la contraria, porque sab\u00edan que de nada iba a servir. Y entonces volv\u00eda a la cocina, y a lo mejor vigilaba en el horno a ver si ya estaban hechas aquellas magdalenas que tanto gustaban a sus nietos, esas que estaban tostadas por fuera y casi deshechas por dentro, y que eran una receta que a ella se la dijo su madre, y a su madre su abuela. Y que, pensaba, m\u00e1s le val\u00eda a su hija darse prisa en venir a verla, porque igual acababa perdi\u00e9ndose.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0As\u00ed que de esta forma pas\u00f3 la abuela la semana. Entre la niebla del alborear y el sol del mediod\u00eda. Y, llegado el s\u00e1bado, se levant\u00f3 de madrugada para preparar las magdalenas, porque sus nietos le dijeron que vendr\u00edan temprano a llevarla al mar, y quer\u00eda que estuviesen hechas y calientes cuando ellos llegaran.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando vio los focos del coche serpentear por la monta\u00f1a aun era de noche. Los dos nietos ven\u00edan tan sonrientes que ella, con amabilidad, sonr\u00edo, esta vez con los labios, los ojos y hasta las mejillas. Comieron cada uno una magdalena, luego ellos repitieron, guardaron m\u00e1s para el camino y se subieron al coche. Ella delante, para que pudiera ir viendo el paisaje.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u00bfCu\u00e1nto dura el viaje de una vida a otra completamente distinta? Aquel s\u00e1bado la abuela descubri\u00f3 que en su caso algo m\u00e1s de tres horas. Hac\u00eda a\u00f1os que no iba m\u00e1s all\u00e1 de la peque\u00f1a ciudad en el lecho del valle donde hab\u00eda un ambulatorio. Para pasarse revisiones y poco m\u00e1s, claro. Pero aquel d\u00eda iban m\u00e1s lejos, mucho m\u00e1s de lo que ella nunca hab\u00eda ido. Tanto que al principio la carretera era todo curvas y verde, despu\u00e9s recta y baches, luego m\u00e1s rectas y amarillo, y, por fin, otra vez curvas y verde. Y as\u00ed durante horas que le parecieron d\u00edas. Entre charlas intrascendentes a las que ella respond\u00eda con todo el cari\u00f1o que pod\u00eda\u2026parec\u00edan tan orgullosos sus nietos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando, tras un requiebro del camino, pudieron ver el mar, ella no pens\u00f3 nada. Todav\u00eda estaban en un peque\u00f1o alto, y hab\u00eda decidido que iba a intentar reservarse todas las sensaciones para la orilla. As\u00ed que apenas mir\u00f3, y en voz baja le dijo a sus nietos que estaba deseando llegar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Lo primero que la sorprendi\u00f3 es que el mar se huele, adem\u00e1s de verse. Un olor salado que se te mete dentro y se niega a salir. Pens\u00f3 que vivir all\u00ed, en aquel pueblo peque\u00f1o, lleno de barquitos anclados, ser\u00eda despertarse cada ma\u00f1ana con ese olor. Todo tan diferente de su propio hogar, donde el aroma era distinto, y hasta el aire ten\u00eda otro sabor. Hab\u00edan aparcado el coche al borde mismo de una playa estrech\u00edsima, de esas que cuando la marea est\u00e1 alta apenas son el recuerdo de un pu\u00f1ado de arena. Bajaron los tres, ella sin poder quitar los ojos de aquello tan grande que ten\u00eda ante s\u00ed. El mar estaba casi en calma, pero cuando mir\u00f3 al espig\u00f3n cercano vio las olas chocando contra \u00e9l, y deshaci\u00e9ndose en espuma blanca. Eso no ten\u00eda nada que ver con nada de lo que la abuela hab\u00eda visto antes, como tampoco ten\u00eda que ver el color, el color azulado de aquel oc\u00e9ano, tan distinto del l\u00e9gamo terroso del r\u00edo. No pod\u00eda apartar su mirada de aquello, y sus nietos le cogieron las manos, uno a cada lado, y la empezaron a llevar hasta la misma orilla, hasta el preciso lugar en el cual aquel monstruo inabarcable terminaba. No le extra\u00f1\u00f3 el tacto de la arena bajo sus zapatos, ni las algas \u00e1speras prendidas aqu\u00ed y all\u00e1, tan fascinada estaba ante la magnitud que ten\u00eda delante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Llegaron justo hasta donde hab\u00eda roto la \u00faltima ola, apenas diez cent\u00edmetros m\u00e1s atr\u00e1s, la abuela aun pod\u00eda ver la humedad y el color diferente en aquel lugar. All\u00ed estaba ella, en el l\u00edmite mismo del oc\u00e9ano, en el final de algo que no sab\u00eda d\u00f3nde empezaba, ni lo grande que era, ni siquiera imaginaba desde qu\u00e9 extra\u00f1as tierras habr\u00eda venido aquella ola que ahora mor\u00eda casi moj\u00e1ndole el calzado. Los dos nietos apretaron sus manos a la vez, como si esperaran algo, y uno de ellos, el menor, acerc\u00f3 su boca al rostro inm\u00f3vil, y le pregunt\u00f3 qu\u00e9 le parec\u00eda el mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Entonces la abuela recuerda todos sus a\u00f1os, recuerda las horas, las semanas sentada, esperando ver un coche encaramarse hasta su hogar, uno que trajera noticias, o que lo trajera a \u00e9l. Y mira otra vez el mar, tan grande, tan inasible, y piensa en lo dif\u00edcil que ser\u00eda observarlo mientras aguardas una llegada, un regreso, una caricia. Siente la imposibilidad de abarcar con sus ojos todos aquellos caminitos que se pierden en cada ola que muere en la orilla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Y, con los ojos humedecidos, y media l\u00e1grima salada resbalando por su mejilla, aprieta las manos de sus nietos, sonr\u00ede de esa forma tan triste que ella sonr\u00ede a veces, y dice:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 &#8211; Es enorme.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u00danicamente eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 &#8211; Es enorme.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Tantos a\u00f1os ten\u00eda la abuela que ya todos nos hab\u00edamos olvidado de contarlos. Incluso ella. Bueno, igual ella no, pero lo disimulaba muy bien. \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Siempre hab\u00eda sido una mujer menuda, pero ahora parec\u00eda que cada estaci\u00f3n ven\u00eda a verla una noche sin [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[10,35,43,11],"class_list":["post-129","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-abuela","tag-nietos","tag-relatos-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/129","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=129"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/129\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=129"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=129"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=129"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}