{"id":281,"date":"2012-10-08T00:00:50","date_gmt":"2012-10-07T22:00:50","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=281"},"modified":"2012-10-07T21:45:21","modified_gmt":"2012-10-07T19:45:21","slug":"47-la-monja-violinista-por-barack","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/47-la-monja-violinista-por-barack\/","title":{"rendered":"47-La monja violinista. Por Barack"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Tambi\u00e9n ser\u00eda mala suerte que se echara a perder el regalo sorpresa de los hijos por sus bodas de oro: conocer el viejo continente; un deseo de la pareja desde que se casaron. Despu\u00e9s de un largo trayecto en tren hasta Boston, la agencia les anunci\u00f3 en el mismo aeropuerto que el vuelo de su viaje a Roma hab\u00eda sido cancelado debido a una huelga de controladores en Italia. S\u00f3lo cab\u00eda elegir entre dos opciones: o volver a casa con las maletas o aceptar un pasaje alternativo para visitar Espa\u00f1a. El vuelo a Madrid sal\u00eda al cabo de dos horas con asientos a\u00fan disponibles.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando la sonriente azafata se lo explic\u00f3, ellos en principio no entendieron nada. Luego se miraron. En unos segundos la necesidad urgi\u00f3 a la pareja a reflexionar. El sue\u00f1o de visitar Europa, pensaron al tiempo cada cual por su lado, se cumpl\u00eda igual viajando a Madrid. Qu\u00e9 m\u00e1s daba un pa\u00eds u otro; Europa era, al fin y al cabo. Una feliz convivencia de cincuenta a\u00f1os merec\u00eda ese premio sin m\u00e1s tardanza. \u00c9l, setenta y ocho; ella, dos menos. Con una razonable buena salud todav\u00eda. \u00bfPod\u00edan permitirse mucho aplazamiento? La segunda mirada fue un s\u00ed compartido, convencido y valiente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En realidad estaban en lo cierto, poco importaba. Si a esa pareja de granjeros jubilados del Vermont profundo les hubieran puesto delante de las narices un mapamundi vac\u00edo de nombres, con toda probabilidad hubieran ubicado Italia o Espa\u00f1a en alg\u00fan punto absurdo; tal vez en la regi\u00f3n de los Balcanes o incluso en la India. El sur de Europa era, a su entender socio-geogr\u00e1fico, como un \u00c1frica no del todo blanca; a lo sumo, y por lo poco visto en documentales, morena y con bigote. Para ellos un mundo no s\u00f3lo diferente, sino ajeno y distante, tan rec\u00f3ndito como Saturno o los fondos abisales.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante el vuelo repasaron las principales ciudades italianas que hab\u00edan planeado visitar. Lo hicieron con unas gu\u00edas adquiridas la semana anterior en una librer\u00eda especializada en viajes ex\u00f3ticos, aprovechando un desplazamiento de compras a Woodstock. El noventa y nueve coma nueve por ciento de estadounidenses no pisaba en toda su vida otro suelo que no fuera el de su naci\u00f3n. Les garantizaron que con el ingl\u00e9s podr\u00edan hacerse entender sin problemas por cualquier lugar del planeta. El suroeste del viejo continente se hab\u00eda civilizado, les dijo la dependienta, una muchachita espabilada de la generaci\u00f3n de sus nietas que afirm\u00f3 haberlo recorrido en excursiones de autob\u00fas y mochila.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Ya no van en carro y se duchan de vez en cuando \u2014les recalc\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegados al aeropuerto de Barajas, tomaron un taxi y le pidieron al ch\u00f3fer que les llevara al hotel Plaza, el que aparec\u00eda como preferente en la gu\u00eda de Roma. Como era de esperar, en Madrid, igual que en todas las grandes ciudades, exist\u00eda un Plaza. Se instalaron aprovechando el bono hotel.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A partir de ese momento el resto fue como coser y cantar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente salieron a recorrer la ciudad con el mapa de Roma en la mano. Indicaba que desde all\u00ed la calle segu\u00eda con una plaza y despu\u00e9s por una avenida. Y, en efecto, enseguida les llam\u00f3 la atenci\u00f3n a su derecha el colorido de una placita, llena de balcones con macetas, en la que desembocaba un bulevar ancho con quioscos de flores y peri\u00f3dicos en el centro. En dicho bulevar mitigaban el calor una fila de toldos y sombrillas, entre cafeter\u00edas y tiendas de moda con r\u00f3tulos en ingl\u00e9s. Eran las primeras horas de un d\u00eda espl\u00e9ndido de primavera mediterr\u00e1nea. Seg\u00fan figuraba en el mapa, yendo hacia la izquierda llegar\u00edan a una explanada. Cubiertos con las gorras y activada la c\u00e1mara digital, tomaron las primeras instant\u00e1neas. En quince minutos dieron con una glorieta a la que se acced\u00eda por la acera de un teatro con el frontis sostenido por columnas espirales, frente al que se levantaba una iglesia rematada con rosetas y c\u00fapulas. La mujer le pidi\u00f3 a su marido que le sacara una foto delante de la fachada g\u00f3tica. Ella ley\u00f3 en la gu\u00eda el nombre de la iglesia romana y \u00e9l lo tecle\u00f3 en la c\u00e1mara sobre la foto, no fuera a confundirse con otra de las que inmortalizara en adelante con su <em>Nikon<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Siguiendo el mapa, primero cruzaron otra avenida hacia un r\u00edo, que deber\u00eda ser bastante grande y llamarse T\u00edber, aunque llegaron a otro peque\u00f1o por el que nadaban algunos patos. Se trataba de un r\u00edo m\u00e1s modesto, desde luego, pero agua llevaba. A continuaci\u00f3n buscaron una ampl\u00edsima arboleda que aparec\u00eda como un parque p\u00fablico dedicado al ocio, repleto de fuentes vistosas y estatuas de personajes hist\u00f3ricos. Tardaron poco en encontrarla. Observaron atentos las figuras de bronce o m\u00e1rmol representando a caballeros circunspectos, se\u00f1oras ataviadas con vestidos llenos de pliegues y frufr\u00fas y militares majestuosos, sobre placas de ret\u00f3ricas escogidas. A ellos les sonaba exactamente igual el espa\u00f1ol que el italiano. Algunas de tales celebridades vivieron cuando a\u00fan no exist\u00edan los Estados Unidos de Am\u00e9rica, y la mayor\u00eda con nombres propios sin apenas consonantes. Muy curioso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sobre la una de la tarde, cansados de dar vueltas, caminaron hasta un supuesto barrio de Roma plagado de restaurantes t\u00edpicos. Eligieron la terraza soleada de uno que por dentro parec\u00eda un gallinero, con una pizarra en la puerta y el men\u00fa en ingl\u00e9s. Todo estaba resultando muy sencillo. El camarero les atendi\u00f3 con una cortes\u00eda provinciana y para beber degustaron un tinto ratonero con burbujas. En un anexo de la gu\u00eda se les instru\u00eda sobre las precauciones ante la mendicidad, y c\u00f3mo sacudirse de encima a un pordiosero. Les fue muy \u00fatil cuando un viejo vestido de luto se acerc\u00f3 con un viol\u00edn en una mano y la otra abierta para una limosna. Le dieron puerta mirando para otro lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras tomaban el caf\u00e9 pensaron que ser\u00eda una buena idea visitar alg\u00fan centro cultural; nada de vanguardia, sino algo genuino, por aquello de sumergirse en las esencias del pa\u00eds. Escogieron uno de vestidos y carruajes que ven\u00eda en la gu\u00eda. Desde una esquina que daba a una callejuela sin salida llena de tiendas diminutas con mercanc\u00eda ante las puertas, fueron doblando calles, siempre guiados por el mapa, hasta llegar a un p\u00f3rtico que anunciaba en varios idiomas, sobre un rect\u00e1ngulo de metacrilato, una exposici\u00f3n de soldaditos de plomo, croquis militares y armas antiguas. Aunque no fuera en rigor un museo de ropa, supusieron que podr\u00eda resultar incluso m\u00e1s interesante, puesto que el aspecto de los ej\u00e9rcitos de una sociedad, de su equipo e indumentaria, aporta m\u00e1s datos del temperamento de sus ciudadanos que cientos de trajes de \u00e9poca. En la gu\u00eda no hablaba de ning\u00fan museo de la guerra, pero ya se sabe que a menudo tales libritos est\u00e1n desfasados. Entraron. Les encant\u00f3 por su riqueza documental y la exquisitez de las miniaturas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se quedaron en Madrid ocho d\u00edas. No les qued\u00f3 por conocer ninguno de los puntos se\u00f1alados como representativos en la gu\u00eda de Roma. En lugar del Coliseo encontraron una plaza de toros, pero cuando un se\u00f1or con pajarita y bast\u00f3n les chapurre\u00f3 en ingl\u00e9s qu\u00e9 clase de combates se libraban dentro de tan formidable tarta de ladrillo rojo, huyeron espantados. Una cosa era poseer una <em>Parabellum <\/em>para volarle el cr\u00e1neo sin contemplaciones a cualquier ladronzuelo, y otra muy distinta martirizar animales hasta la muerte. Vieron tambi\u00e9n estadios de f\u00fatbol europeo, pero por fuera eran id\u00e9nticos a los de f\u00fatbol americano, b\u00e9isbol o <em>basket<\/em>, as\u00ed que los desecharon por archiconocidos. En las fotos de la gu\u00eda los habitantes de Roma ten\u00edan un aspecto similar a los que se hab\u00edan tropezado en Madrid. Monumentos, \u00e1reas comerciales, edificios nobles, museos y templos se hab\u00eda dejado visitar sin tener que esforzarse demasiado en identificarlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En resumen, un viaje enriquecedor del que regresaban con mucho que contar en la pr\u00f3xima fiesta familiar de sus bodas de oro; as\u00ed lo comentaron entre ellos al embarcar de nuevo en el <em>Boeing<\/em> hacia los Estados Unidos. Hab\u00eda que reconocer, concluy\u00f3 el marido, que la chica de la librer\u00eda de Woodstock no les hab\u00eda mentido: en todo el tiempo no hab\u00edan visto por la ciudad ni un solo carro, y la gente ol\u00eda francamente bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Salvo el violinista del restaurante, aquel mendigo que nos pidi\u00f3 dinero \u2500puntualiz\u00f3 ella\u2500, \u00bfte acuerdas?, el primer d\u00eda\u2026 Apestaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2500Pero, \u00bfno era una monja? \u2500pregunt\u00f3 \u00e9l, sorprendido, mientras se ajustaba el cintur\u00f3n de seguridad.<strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tambi\u00e9n ser\u00eda mala suerte que se echara a perder el regalo sorpresa de los hijos por sus bodas de oro: conocer el viejo continente; un deseo de la pareja desde que se casaron. Despu\u00e9s de un largo trayecto en tren hasta Boston, la agencia les anunci\u00f3 en el mismo aeropuerto [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[10,97,11,98],"class_list":["post-281","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-moja","tag-relatos-2","tag-violinista"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/281","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=281"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/281\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=281"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=281"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=281"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}