
{"id":284,"date":"2012-10-08T02:05:05","date_gmt":"2012-10-08T00:05:05","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=284"},"modified":"2012-10-08T02:05:05","modified_gmt":"2012-10-08T00:05:05","slug":"48-pueblo-por-swansee","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/48-pueblo-por-swansee\/","title":{"rendered":"48- Pueblo. Por Swansee"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Siglo y medio despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n del pueblo llegaron los amables Delegados a descargar sus leyes y normas, lo sembraron todo de advertencias y recomendaciones. Parec\u00edan tan locos por dictar el qu\u00e9 y el c\u00f3mo, que a falta de papel redactaron su primera constituci\u00f3n en servilletas. Eran hombres altos, trajeados de negro, sonrientes.<!--more--> \u201cDesconfi\u00e9 desde el primer momento\u201d, me contaba mi abuela, \u201cde aquellos advenedizos que ense\u00f1aban los dientes.\u201d Uno de ellos, igual en todo a cualquiera de los otros, se present\u00f3 esa primera ma\u00f1ana en el ayuntamiento y sali\u00f3 cinco minutos despu\u00e9s dejando dicho: \u201cAqu\u00ed van a ocurrir algunos cambios\u201d. Nadie se lo discuti\u00f3, por candidez o por verg\u00fcenza. A los pocos d\u00edas, aquellos hombres oscuros de sonrisa indeleble hab\u00edan inundado las calles de carteles, no qued\u00f3 esquina sin su anuncio, tabl\u00f3n sin su orden. Decenas, cientos de letreros que eran uno y el mismo: \u201cNO SE PUEDE\u201d. Entonces s\u00ed, comenzaron a escucharse las primeras protestas, alguien tuvo la idea de ocupar la plaza, grupos de vecinos agitando banderas improvisadas a partir de jirones de tela suelta, rasgando los letreros de los muros, sin una consigna un\u00edvoca ni un m\u00e9todo, porque hasta entonces nunca les hab\u00eda hecho falta juntarse para ser libres. Aquel desorden no dur\u00f3 demasiado porque ninguno de ellos supo oponer resistencia al remedio pr\u00e1ctico de la fuerza bruta. Una docena de Delegados de sonrisa perfecta desaloj\u00f3 la plaza sin aviso cuatro d\u00edas m\u00e1s tarde. En su inocencia, los congregados iban dej\u00e1ndose arrastrar a empellones hasta que se encontraron de nuevo fuera de la plaza y ante el desconcierto absoluto del momento no supieron hacer otra cosa que regresar a sus casas. \u201c\u00c9ramos muy j\u00f3venes\u201d, me explicaba la abuela. Y era cierto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Nadie en aquel pueblo aparentaba la edad que ten\u00eda. No se conoc\u00eda la muerte, y la mera idea de paso del tiempo resultaba in\u00e9dita. Tan enfrascados estaban en la vida, que no dejaban espacio para su contrapunto. Las mujeres dedicaban el d\u00eda a cantar, a rematar las fachadas de abalorios barrocos, a perfumar el agua limpia de las fuentes, a comer pan caliente y beber vino. Los hombres probaban su fuerza con juegos de brutos, o proyectaban edificios enormes, pabellones, teatros, carreteras de entrada y salida, ampliaciones del pueblo que nunca remataban, porque ocurr\u00eda siempre que a la hora del trabajo alguien sacaba una baraja de cartas, o una guitarra, quiz\u00e1 contaba una historia, y entonces el grupo completo volv\u00eda sobre sus pasos y ocupaba los bancos de la avenida, prendiendo la jarana hasta la noche. Por otra parte el pueblo luc\u00eda perfecto. Los estragos del tiempo parec\u00edan haber olvidado aquel amontonamiento de casas terreras, su avenida larga, su plaza y su iglesia, desde el d\u00eda mismo de su fundaci\u00f3n y hasta la fecha. Todo brillaba igual que en su origen, y nadie tuvo nunca que coger un pa\u00f1o o una fregona, porque el polvo y la mugre les pasaban de largo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Pero al d\u00eda siguiente de los disturbios, ocurri\u00f3 lo extraordinario: sobre el embaldosado limpio de la plaza apareci\u00f3 una primera, perfecta, lustrosa cagada de paloma. Signific\u00f3 una novedad incre\u00edble para todo el mundo, y durante tres d\u00edas completos, con sus noches, todo el mundo desfil\u00f3 en corro alrededor de aquello. Si bien resultaba inexplicable, no hubo tiempo para conjeturas, porque desde la media tarde del cuarto d\u00eda, comenz\u00f3 a diluviar mierda como agua de lluvia, y la plaza se cubri\u00f3 de porquer\u00eda hasta desaparecer por completo bajo una gruesa costra azul verdosa. El sitio qued\u00f3 inservible. Plantada en mitad del pueblo como un oasis hediondo, la plaza fue vaci\u00e1ndose de visitantes hasta que se hizo necesario incluso desalojar a la gente de las viviendas pr\u00f3ximas porque el hedor se agarraba con u\u00f1as y dientes a cada intersticio, y no parec\u00eda remitir, sino muy al contrario afianzarse y extenderse, m\u00e1s intenso, con el paso de las semanas y los meses.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0No mucho m\u00e1s tarde, apenas cumplido el desalojo y reubicadas las familias en las casas vac\u00edas del per\u00edmetro del pueblo, las \u00fanicas levantadas en las innumerables incursiones in\u00fatiles de los obreros, sucedi\u00f3 la desgracia definitiva, que cambiar\u00eda la suerte del lugar para siempre. Una de las vecinas que regresaba de perfumar el agua de la fuente, se sinti\u00f3 de s\u00fabito tan d\u00e9bil que hubo que improvisarle una camilla a base de ca\u00f1a y s\u00e1banas de trapo y trasladarla entre cuatro a su casa, donde muri\u00f3 una hora y media despu\u00e9s. Dec\u00edan quienes la asistieron en sus \u00faltimos momentos que llevaba la cara cubierta de arrugas repentinas y que en el trayecto corto desde la fuente pareci\u00f3 haber enflaquecido tanto que, de no haberle sucedido la muerte, habr\u00eda desparecido a la vista de todos. En realidad nadie la supo muerta hasta pasadas seis horas. Quienes la atendieron no sab\u00edan qu\u00e9 significaba aquel gesto postrero trabado en los ojos abiertos de la anciana espont\u00e1nea, no entendieron la clave de su sue\u00f1o inmediato, ni se explicaban por qu\u00e9 no despertaba al sacudirla, as\u00ed que continuaron llam\u00e1ndola, zarandeando al cad\u00e1ver hasta que el cansancio pudo m\u00e1s que las ganas y la dejaron all\u00ed, sin peso y sin alma sobre las s\u00e1banas h\u00famedas. Esa noche alguien dio una explicaci\u00f3n que revolucion\u00f3 el orden natural de las cosas y revolvi\u00f3 la conciencia del grupo: \u201cNo podr\u00eda jurarlo\u201d, declar\u00f3 aquel an\u00f3nimo, \u201cpero yo dir\u00eda que la mujer est\u00e1 muerta\u201d. Y con el recuerdo inesperado de la muerte, la gente del pueblo inaugur\u00f3 tambi\u00e9n la conciencia de vida, la memoria del tiempo y la noci\u00f3n de justicia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0A partir de ah\u00ed sucedieron m\u00e1s muertes. El final los sorprend\u00eda a todos, uno tras otro, en mitad del trabajo, a la hora del amor o la comida, durante la siesta, el juego y la tertulia. Y cada uno de ellos aparec\u00eda en un instante igual que si hubiera comenzado a pudrirse desde dentro, reseco y arrugado, consumido hasta los huesos, sin m\u00e1s s\u00edntoma, al principio, que una ligera aton\u00eda, seguida de una brev\u00edsima indisposici\u00f3n que a veces atacaba al est\u00f3mago y otras a la cabeza, a los pulmones o a la fibra \u00edntima de los huesos. En casi todos los casos, aquel trastorno duraba s\u00f3lo unos minutos, luego parec\u00eda desvanecerse, y minutos despu\u00e9s reaparec\u00eda de forma tan cruda que saturaba de repente la boca de un regusto a muerte que ya no se borraba hasta el estertor definitivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Cuando un grupo de vecinos, formado por las primeras familias que padecieron la muerte, acudi\u00f3 al ayuntamiento buscando el consejo y la ayuda de los hombres sonrientes, hac\u00eda ya semana y media que los Delegados hab\u00edan desaparecido. Sin avisar, se habr\u00edan deslizado en silencio cualquier noche, dejando al pueblo hu\u00e9rfano de gu\u00eda y los despachos del ayuntamiento saturados hasta el techo de servilletas garrapateadas con proyectos de ley, bandos, decretos y mandamientos. De las paredes pend\u00edan otras tantas notas, numeradas en conjunto de la uno a la doscientos treinta y cuatro, cargadas de t\u00edtulos preliminares, disposiciones, art\u00edculos, advertencias y enmiendas a la totalidad y a las partes, en un delirio descriptivo y taxon\u00f3mico de tal magnitud que su sola vista produjo v\u00e9rtigo a los visitantes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Los pocos vecinos que no acabaron estragados por la enfermedad y la muerte, eligieron marcharse. Las fachadas cubiertas de exvotos, la piedra de las avenidas, el bronce pulido de los pomos y cerraduras, las p\u00e9rgolas invadidas de crisantemos turbios y el m\u00e1rmol de las estatuas, las fuentes y las aceras, perfectas, ajenas desde siempre a la influencia perniciosa del paso del tiempo, se vieron de improviso arrasados por la cal y la herrumbre, un oto\u00f1o imp\u00edo se cerni\u00f3 sobre los jardines, la peste que part\u00eda de la plaza termin\u00f3 por inundarlo todo y hacia la \u00e9poca en que se exiliaron los \u00faltimos vecinos, ya ni los gatos entraban en el pueblo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0Siglo y medio despu\u00e9s de la fundaci\u00f3n del pueblo llegaron los amables Delegados a descargar sus leyes y normas, lo sembraron todo de advertencias y recomendaciones. Parec\u00edan tan locos por dictar el qu\u00e9 y el c\u00f3mo, que a falta de papel redactaron su primera constituci\u00f3n en servilletas. 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