{"id":327,"date":"2012-10-11T00:05:13","date_gmt":"2012-10-10T22:05:13","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=327"},"modified":"2012-10-10T23:47:31","modified_gmt":"2012-10-10T21:47:31","slug":"59-mis-tardes-con-rubens-por-talia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/59-mis-tardes-con-rubens-por-talia\/","title":{"rendered":"59- Mis tardes con Rubens. Por Talia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">La primera vez que mi cuerpo me arroj\u00f3 la sospecha se me cort\u00f3 la respiraci\u00f3n. Me sent\u00ed un hu\u00e9sped dentro de la blancura suave de mi piel y sent\u00ed verg\u00fcenza. Me cubr\u00ed a\u00fan m\u00e1s con la s\u00e1bana porque as\u00ed, cre\u00ed yo, que aquello no me suceder\u00eda m\u00e1s. Pero sigui\u00f3 sucediendo.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todos los domingos mi madre me llevaba a la iglesia. Ella era una mujer devota, estrictamente religiosa y, lo supe tard\u00edamente, atormentada por los pecados y los posibles pecados que se podr\u00edan cometer. Jam\u00e1s olvidar\u00e9 sus ojos casi en blanco luego de cada confesi\u00f3n. Muchas veces cre\u00ed que intentaba imitar el misticismo exaltado de Santa Teresa de Jes\u00fas o el gesto piadoso y maternal de la Virgen Mar\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viv\u00edamos a pocas calles del parque del Retiro y cada domingo era un itinerario r\u00edgido, tan inflexible como era ella. Luego de escuchar misa, \u00edbamos al Museo del Prado. Infaliblemente, las primeras que busc\u00e1bamos eran las pinturas de Rubens. Se quedaba extasiada, absorta frente a Las Tres Gracias, tan extasiada como me quedaba yo. Mis ojos \u00e1vidos todav\u00eda, se estaqueaban a las carnes blancas de las mujeres que desde el \u00f3leo se met\u00edan por mi cuerpo y sobreviv\u00edan desnudas a mi sangre inaugural. Cuando volv\u00edamos a casa, yo no pod\u00eda pensar en otra cosa. No pod\u00eda pensar en otra cosa m\u00e1s que en las nalgas inmensas y expuestas y al descubrirme mojado de un sudor espeso, me arrojaba a la cama a llorar. El resto del domingo deb\u00eda estudiar, pero me era imposible. Con aire circunspecto recurr\u00eda a un diccionario con fotograf\u00edas que me hab\u00eda regalado mi padre y me arrojaba a las persecuciones nemorales y me sent\u00eda Vertumno detr\u00e1s de una Pomona indecente y sin escapatoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas veces escuchaba llorar a mi madre, pero no me importaba. Mi padre se hab\u00eda marchado ya hace tiempo, cansado dijo \u00e9l, cansado, de tanta mojigater\u00eda, tanto discurso moralizante, tanta asfixiante religi\u00f3n.\u00a0 El pecado y la conciencia de pecado pesaban en la atm\u00f3sfera de mi casa. Mientras tanto a m\u00ed me dol\u00eda el cuerpo y las manos. La carga de mi culpa era tan pesada como un mundo lleno de catedrales g\u00f3ticas-\u00a0 me sent\u00eda condenado.\u00a0 Mi madre, sin saber que su adoctrinamiento me dejaba el coraz\u00f3n hecho jirones, me obligaba a confesarme todos los domingos. Y mientras inventaba pecados veniales para un cura sediento de penitencias, yo recreaba una y otra vez la visi\u00f3n de aquellas rosadas\u00a0 carnosidades con las que me podr\u00eda deleitar m\u00e1s tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tarde calurosa despu\u00e9s de nuestro acostumbrado paseo,\u00a0 llegamos a casa exhaustos y luego de comer cada uno se fue a su cuarto. Una siesta no nos vendr\u00eda nada mal, dijo mi madre. La prisa por encerrarme en el cuarto me sobrecog\u00eda. Me arroj\u00e9 al lecho y una agitaci\u00f3n h\u00fameda, una ansiedad dolorosa empujaron mis manos hacia las piernas, hacia mis muslos que comenzaron a balancearse\u00a0 indecentemente, como una barca sacudida por un viento perfecto. Por mi mente, entregada a un cielo superior, se superpon\u00edan los s\u00e1tiros, Calisto, Talia, Aglaya, Eufrosine y cre\u00ed que no hab\u00eda placer m\u00e1s cierto y mas benigno que aquel que me produc\u00eda la exploraci\u00f3n de mi cuerpo. Nada tan bello puede ser malo, pens\u00e9 y mis poqu\u00edsimos a\u00f1os reventaron como si una madura fruta estrujada por mi mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Quiz\u00e1s porque la puerta se abri\u00f3 con la delicadeza de una pluma, quiz\u00e1s porque ella lo hab\u00eda presentido o por un juego de azar, fui descubierto en plena aventura. Luego vinieron la griter\u00eda y la paliza.\u00a0 No tuve tiempo a cubrirme porque ella, como accionada por algo que supuse que era alg\u00fan demonio de su colecci\u00f3n, se arroj\u00f3 sobre m\u00ed y peg\u00e1ndome incansablemente con una zapatilla con suela de goma, me jur\u00f3 que lo que estaba haciendo era un pecado mortal, que iba a vivir mi eternidad en un purgatorio desde donde podr\u00eda escuchar los lamentos de los condenados al infierno. Mientras gritaba y llorisqueaba partiendo el calor de la siesta con sus acusaciones,\u00a0 anunci\u00f3 mi irremediable destino despu\u00e9s de mi muerte. Mi pecado era imperdonable, imperdonable. Toda la ferocidad de sus concepciones y creencias me pusieron contra la pared y cre\u00ed morir de horror, de pena y de verg\u00fcenza. Cuando por fin me liber\u00e9 de sus alaridos y sus empujones, estaba aterrorizado. \u00a1Cu\u00e1nto mal, cu\u00e1nto mal deb\u00eda haber\u00a0 hecho para merecer aquella inculpaci\u00f3n! Asegur\u00f3 desvastada\u00a0 que no hab\u00eda regreso, no hab\u00eda modo de subsanar tanto pecado, tanta sordidez.\u00a0 Un asco por m\u00ed mismo creci\u00f3 en m\u00ed tan repentinamente que no tuve tiempo de pensar en mi padre. Cre\u00ed que a mi alrededor crec\u00edan bestias apocal\u00edpticas de esas que ella gustaba de arrojarme cada vez que cre\u00eda que le ment\u00eda o no rezaba las oraciones necesarias para poder merecer la vida. Sent\u00ed desmayar. Me vi temblando en el espejo y sent\u00ed, ol\u00ed una repugnancia que jam\u00e1s hab\u00eda sentido antes. Y entonces pens\u00e9 que yo mismo me deb\u00eda castigar, que si sufr\u00eda como todos los m\u00e1rtires lo hab\u00edan hecho, podr\u00eda redimirme y redimir la vileza cometida. Corr\u00ed hacia la ventana y vi que por la acera caminaban familias risue\u00f1as, que el sol ca\u00eda bellamente tras los \u00e1rboles y\u00a0 que los coches marchaban elegantemente por la avenida. Supe que yo ya no merec\u00eda toda aquella armon\u00eda. Ten\u00eda que castigarme, quiz\u00e1s lograr\u00eda disminuir as\u00ed mi cuota de pecado. Sent\u00ed que, quiz\u00e1s, quiz\u00e1s, si me deshiciera de mi sexo, eso inmundo que llevaba en m\u00ed, algo se podr\u00eda remediar. Rubens se despe\u00f1aba conmigo desde un cuarto piso arrastrando con \u00e9l a mi Talia y a mi Pomona. Por mi memoria, como en un remolino arrasador, giraba mi padre arrojando las estatuitas de santos por la ventana y el portazo final. En mi aturdimiento y mi miedo, ve\u00eda\u00a0 al cura inst\u00e1ndome a rezar m\u00e1s padrenuestros, las estatuas inmensas que cobraban vida,\u00a0 los angelitos semidesnudos ri\u00e9ndose con hilaridad por mis pesadillas, la maestra acariciando mi frente cada vez que temblaba antes de entrar a la clase de Catequesis. El llanto me ahogaba, y una creciente asfixia punzaba mi garganta y mis horribles genitales. Yo quer\u00eda resarcirme, redimirme, limpiarme y entonces me apoder\u00e9 de la tijera, la que usaba para la clase de Arte y decid\u00ed mi castigo. Deb\u00eda mutilarme y ya est\u00e1. As\u00ed estar\u00eda libre de seguir pecando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despert\u00e9 en el hospital, en los brazos de mi padre. No hab\u00eda podido da\u00f1arme demasiado. Mi fr\u00e1gil humanidad no me hab\u00eda ayudado en aquella inmolaci\u00f3n-\u00a0 hab\u00eda ca\u00eddo desplomado, con convulsiones dijeron, con mi peque\u00f1o coraz\u00f3n galopando como un caballo salvaje. Mi madre al otro lado de la cama me miraba sin ver, nublada, mustia. Ten\u00eda un gesto de rabia contenida por algo que yo no comprend\u00eda. Me asombr\u00f3 que no llevara el rosario entre sus manos o que sus labios no se movieran mec\u00e1nicamente como cuando rezaba en voz baja. Hab\u00eda algo diferente en sus ojos, una l\u00facida claridad que nunca hab\u00eda visto antes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Raramente, acept\u00f3 que me fuera con mi padre por un tiempo. Mi padre me arm\u00f3 un cuarto lleno de posters de cosas de chicos y mi vida tuvo una suerte de redenci\u00f3n, de bendita normalidad. Mi vida comenzaba a tener un matiz de cordura, una moderada libertad me impregnaba los d\u00edas. Mi padre parec\u00eda haber rejuvenecido y disfrutaba de hacerme la comida o de llevarme a alg\u00fan partido de f\u00fatbol, pero se sent\u00eda solo. Pas\u00e1bamos los domingos caminando, ri\u00e9ndonos, hablando, pero siempre hab\u00eda un momento en que la tristeza le cambiaba el gesto. Las noches le pesaban como a m\u00ed, alguna vez, las catedrales g\u00f3ticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un domingo despu\u00e9s de comer decidimos dormir la siesta. Hac\u00eda calor y una atm\u00f3sfera pesada, caliente de sol de Agosto lo subvert\u00eda todo. Escuch\u00e9 el timbre, pero la somnolencia estival me cerraba los p\u00e1rpados y me qued\u00e9 en la cama escuchando c\u00f3mo\u00a0 mi padre se levantaba y abr\u00eda la puerta. Pero el silencio absoluto que se produjo despu\u00e9s, despert\u00f3 mi curiosidad y espi\u00e9 por la puerta apenas entreabierta. Y no pude dar cr\u00e9dito a lo que ve\u00eda. Mi madre vestida con un delicado y breve vestido con flores rojas que dejaba ver sus piernas, con los labios brillantes y el largo cabello suelto como Eufrosine, entraba en el sal\u00f3n.\u00a0 Parecida escapada de los lienzos de Rubens.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Mi padre estaba absorto, inm\u00f3vil, cre\u00ed verlo temblar. Ella se le acerc\u00f3, lo envolvi\u00f3 con sus delicados brazos y lo bes\u00f3 tan violentamente que no le dio tiempo a nada. Tem\u00ed que fuese un sue\u00f1o m\u00e1s de los tantos er\u00f3ticos que rasgaban mis noches y mis s\u00e1banas. Pero no, era real. Nunca mi madre hab\u00eda estado tan bella, nunca mi padre me hab\u00eda parecido tan feliz. Entonces cerr\u00e9 los ojos muy fuertes y a tientas me met\u00ed en la cama y fing\u00ed dormir, pero me ech\u00e9\u00a0 a reir. A reir con hilaridad. Y entonces supe que de todas las cosas que dec\u00edan los curas, y aunque muchas de ellas\u00a0 a\u00fan no pod\u00eda discernir, una era cierta: los milagros exist\u00edan. Seguramente Rubens tambi\u00e9n hab\u00eda cre\u00eddo en los milagros, por eso pintaba tan bien.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquello que estaba sucediendo con mis padres, yo ya lo hab\u00eda visto en alguna pel\u00edcula.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Inmediatamente decid\u00ed reconciliarme con Dios y le ped\u00ed a \u00c9l y no a Morfeo que nos\u00a0 ayudara a ser, otra vez, una familia. Si, porque mi reconciliaci\u00f3n con \u00c9l era necesaria y las de mis padres, esos dos seres que se re\u00edan en el cuarto contiguo, tambi\u00e9n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y luego le dije a Rubens que volver\u00eda pronto a ver sus lienzos porque ya los echaba de menos. Y acaso me pareci\u00f3 que \u00e9l me palmeaba la espalda y se quedaba a mi lado para que aquel domingo fuera absolutamente, absolutamente feliz.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La primera vez que mi cuerpo me arroj\u00f3 la sospecha se me cort\u00f3 la respiraci\u00f3n. Me sent\u00ed un hu\u00e9sped dentro de la blancura suave de mi piel y sent\u00ed verg\u00fcenza. Me cubr\u00ed a\u00fan m\u00e1s con la s\u00e1bana porque as\u00ed, cre\u00ed yo, que aquello no me suceder\u00eda m\u00e1s. 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