{"id":330,"date":"2012-10-11T00:10:34","date_gmt":"2012-10-10T22:10:34","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=330"},"modified":"2012-10-10T23:58:32","modified_gmt":"2012-10-10T21:58:32","slug":"60-golpes-por-senor-tortuga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/60-golpes-por-senor-tortuga\/","title":{"rendered":"60- Golpes. Por Se\u00f1or Tortuga"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Duerme, pero dice que no duerme. Dice que descansa la vista. A veces se le cae la aguja de ganchillo de la mano y el tintineo contra las baldosas la despierta. Se agacha y la coge. Dir\u00e1 entonces que le duele la cabeza y estar\u00e1 de mal humor. Siempre le duele la cabeza cuando quiere pegarme y necesita un motivo.<!--more-->Yo podr\u00eda sujetarle la mano, podr\u00eda golpearle la cara y hacer que la cabeza le doliera por algo. Pero no lo hago. Me encojo todo lo que puedo y dejo que me pegue hasta que se desahoga. Luego, cuando est\u00e1 con toda esa rabia que se le pinta en la cara y que da todav\u00eda m\u00e1s miedo que los golpes, de pronto se contiene, como si se arrepintiera, y me empuja para que me quite de su vista. Yo le molesto.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Por eso cuando duerme y casi todas las dem\u00e1s veces, soy tan silencioso como puedo. Si oigo que me llama, acudo de inmediato, aunque a veces s\u00e9 que me va a sacudir. De todas formas, ya casi nunca me hace verdadero da\u00f1o. Solo me quedo rumiando las ganas que tengo de que se muera, o de matarla yo mismo. De sentarme sobre su pecho, sujetando sus brazos con las rodillas, y darle pu\u00f1etazos en la cara hasta que sangre y estrangularla. Pienso en ello mucho rato, creo que durante horas; pero s\u00e9 que no me atrever\u00e9 y adem\u00e1s, la quiero. Creo que la quiero porque no puedo evitarlo. Es mi madre.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Mi padre, en cambio, no la quiere. No mucho al menos. Las t\u00edas un poco. Las criadas nada; eso seguro. Y no me extra\u00f1a. Se pasa la vida ah\u00ed, reconcentrada en su rencor. Hay veces que borda; sobre todo hace ganchillo y casi nunca teje. Eso ser\u00eda \u00fatil y hacer cosas \u00fatiles es para las mujeres pobres. Lo de ella son cosas de adorno con las que luego hay que tener cuidado para que no se manchen, o que se quedan en alg\u00fan arca o en alg\u00fan ba\u00fal, oliendo a alcanfor. Como dice el abuelo, \u201cdurmiendo el sue\u00f1o de los justos\u201d.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Duerme. Inclina la cabeza sobre el pecho y se le cae la labor sobre el regazo. Parece muerta porque no se le oye respirar y no se le mueve el pecho. Adem\u00e1s, hay veces que alguna mosca se le pasea por la cara, por los ojos o por los labios, y no reacciona. No la espanta. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Viste de negro siempre. Desde que a mi t\u00eda, a su hermana, la mat\u00f3 el tren. Al pasar, \u00a0la chup\u00f3 de la orilla de la v\u00eda. Yo no hab\u00eda nacido, as\u00ed que siempre la he visto de negro. A lo mejor tambi\u00e9n se cas\u00f3 de luto, pero no creo. No s\u00e9 si eso puede hacerse.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La luz de la ventana le ilumina las manos. Antes le ca\u00eda en la cara, pero se ha ido retirando. Voy a salir a jugar antes de que se haga de noche. Voy a sujetar el picaporte con cuidado y voy a cerrar la puerta tan despacio que conseguir\u00e9 que no suenen los cristales.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Y creo que ir\u00e9 para el lado de las v\u00edas. Lo tengo prohibido, por si me atropella el tren como a la t\u00eda. Pero por eso mismo, nunca me van a buscar all\u00ed. Hay \u00e1rboles y hierba alta y zarzas y ortigas, as\u00ed que es un buen sitio para esconderse. All\u00ed me imagino que soy un salvaje o un troglodita, \u00a0y cazo lobos y jabal\u00edes. Antes salvaba a Conchita, la hija del chofer de mi padre, pero era cuando estaba enamorado de ella. Ahora me da lo mismo porque ella ni me mira. Ya lo har\u00e1, pienso a veces, cuando sea mayor y rico como mi padre. Pero luego me arrepiento de haberlo pensado. Una cosa es que me resigne a ser un insecto para ella y otra es que piense cosas as\u00ed. Lo que pasa es que tiene veinti\u00fan a\u00f1os y yo s\u00f3lo tengo trece.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Daniel Ma\u00f1anes sali\u00f3 de la casa al sol fr\u00edo de la tarde y rode\u00f3 el edificio hasta la cuadra. A la puerta, dormitaba Tabaco, el perro de caza de su padre. Una gallina sali\u00f3 cloqueando por la gatera. Daniel abri\u00f3 el cuarter\u00f3n de arriba para ver si hab\u00eda alguien dentro y, como era que no, entro a buscar el huevo. La vaca le mir\u00f3 y Daniel se reflej\u00f3 en sus grandes ojos negros. Era la \u00fanica vaca frisona del pueblo y su tristeza era infinita. Le acarici\u00f3 la testuz polvorienta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El huevo estaba en un hoyo a la orilla de la pared. \u00bfHuevo se escrib\u00eda con be o con uve? Nunca se acordaba. Su padre dec\u00eda que sus dictados se parec\u00edan al calendario de Semana Santa, llenos de fiestas. Pero no era una broma. Con frecuencia, ante los adultos, Daniel sent\u00eda angustia sin saber que ese era su nombre. El castigo, entonces, era un alivio. Significaba que todo hab\u00eda terminado y que pod\u00eda relajarse y sentirse santo por un rato; rumiar en paz y beatamente que en el fondo se lo merec\u00eda y que lo hac\u00edan por su bien. Limpi\u00f3 el huevo con el fald\u00f3n de la camisa y con la navaja le hizo un agujero.\u00a0 Se lo comi\u00f3 agachado detr\u00e1s de un pesebre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando sali\u00f3 de la cuadra, la tarde declinaba definitivamente. El cielo de poniente era de un amarillo p\u00e1lido y el sol un disco mortecino. Sin ninguna raz\u00f3n, ech\u00f3 a correr tan r\u00e1pido como pudo en direcci\u00f3n a la f\u00e1brica y a las v\u00edas. Corri\u00f3 hasta que empez\u00f3 a jadear y luego el jadeo se hizo dolor agudo en el pecho y en el costado. Entonces par\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cruz\u00f3 las v\u00edas y sali\u00f3 del camino por un sendero a la izquierda que bajaba hasta un regato de agua. Cuando tocaba, en el regato se pod\u00edan coger ranas y hasta alguna culebra, pero ahora no hab\u00eda nada, porque era invierno y en invierno no hay nada en ninguna parte. Al otro lado del regato, m\u00e1s all\u00e1 de la maleza, estaba la casa del guardav\u00edas, peque\u00f1a y naranja, con su parra desnuda. Daniel mir\u00f3 los chopos sin hojas y jug\u00f3 a pensar que estaban plantados al rev\u00e9s, con las ra\u00edces por fuera y las ramas y las hojas creciendo en el interior de la tierra, buscando el calor de su centro como buscaban en verano el calor del sol.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Sinti\u00f3 llegar a dos hombres. Deb\u00edan ser forasteros, porque no les hab\u00eda visto nunca. Esperaban algo o a alguien. No hablaban. Uno de ellos sac\u00f3 tabaco del bolsillo de la chaqueta y se li\u00f3 un cigarrillo. Cuando termin\u00f3, se lo puso en los labios y se tante\u00f3 buscando f\u00f3sforos, pero no los encontr\u00f3. El otro sac\u00f3 una caja y se la ofreci\u00f3 en silencio. Daniel vio un instante la llama antes de que quedase oculta entre la mano y la cabeza. Hubiera querido marcharse, pero no supo c\u00f3mo hacerlo sin que le vieran y se qued\u00f3 agazapado entre la hierba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El due\u00f1o de las cerillas comenz\u00f3 a caminar; avanzaba hasta llegar a las v\u00edas y volv\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Estate tranquilo -dijo el otro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ojala se marchasen pronto, porque se hac\u00eda de noche y ten\u00eda que volver a casa y, si segu\u00edan all\u00ed, esperando qu\u00e9 s\u00e9 yo qu\u00e9, no se iba a atrever a salir de su escondite. \u201cAl final me la voy a cargar, ya lo ver\u00e1s\u201d, pens\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lleg\u00f3 un tercer hombre. Don Severiano, el abogado. Era amigo de su padre y, cuando hab\u00edan pasado la tarde juntos, despachando, lo normal era que se quedase a cenar en casa. Tambi\u00e9n sol\u00edan salir juntos despu\u00e9s de cenar; para ir de putas seguramente. Eso al menos era lo que su madre le echaba en cara a su padre. Y la \u00fanica palabrota que ella dec\u00eda, porque dec\u00eda que no hab\u00eda pecado en la verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al ver llegar a don Severiano, los dos hombres se quitaron la gorra y saludaron.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Ahora s\u00ed hablaban, pero Daniel no consegu\u00eda entenderlos. Hab\u00eda oscurecido casi del todo. Detr\u00e1s, en la casa del guardav\u00edas, que ya no era naranja, sino negra contra un cielo \u00edndigo, se encendi\u00f3 una luz y, del lado contrario, se vio el relumbrar de los faroles del apeadero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Don Severiano encendi\u00f3 un puro. Daniel pod\u00eda ver su espalda inclinada y el gesto como de echarse el aliento en las manos para calentarlas. Sinti\u00f3 fr\u00edo y las piernas dormidas. Necesitaba moverse, pero si lo hac\u00eda, le empezar\u00edan a hormiguear y, entonces, tendr\u00eda que seguirse moviendo y acabar\u00edan por descubrirle. Comenz\u00f3 a evaluar esa posibilidad. \u00bfQu\u00e9 era lo peor que pod\u00eda pasar? Tampoco es que fueran a matarle. Al final el tiempo pasa, los castigos terminan y el dolor se olvida. Era cuesti\u00f3n de ser valiente y resignarse a lo que tuviera que llegar. S\u00f3lo eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Alguien m\u00e1s se acerc\u00f3 por el camino. Ven\u00eda en bicicleta y don Severiano se gir\u00f3 para darle la cara.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -\u00a1Hombre, qu\u00e9 sorpresa! A ti quer\u00eda yo verte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El hombre de la bicicleta se ape\u00f3 en marcha y se detuvo. No se quit\u00f3 la gorra para hablar con don Severiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 -Usted dir\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero don Severiano no dijo nada. Los dos hombres sujetaron los brazos al reci\u00e9n llegado, Don Severiano sac\u00f3 algo negro del bolsillo y todos se quedaron quietos; congelados. Daniel oy\u00f3 algo dicho en el tono seco y duro de las \u00f3rdenes. Vio a don Severiano, el reci\u00e9n llegado y uno de los hombres, caminar hacia las v\u00edas y desaparecer. El otro hombre se qued\u00f3 un instante para quitar la bicicleta del camino. Aparecieron de nuevo junto a la casa del guardav\u00edas. Los dos hombres golpearon al ciclista. Le dieron pu\u00f1etazos en el est\u00f3mago hasta que se cay\u00f3 de rodillas. Le dieron patadas en los ri\u00f1ones y en la cabeza y por todo el cuerpo. Don Severiano tambi\u00e9n le peg\u00f3, cuando ya estaba en el suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Daniel pens\u00f3 que aquello ni iba a acabar nunca. Oy\u00f3 al hombre suplicar a gritos que parasen y se orin\u00f3 encima. Pens\u00f3 si el hombre tambi\u00e9n lo habr\u00eda hecho, mearse encima. A contraluz de los faroles, vio como las siluetas segu\u00edan golpeando el cuerpo inerte. Luego, el que deb\u00eda ser don Severiano, se apart\u00f3 del grupo y pareci\u00f3 colocarse el abrigo.\u00a0 El guardav\u00edas sali\u00f3, don Severiano habl\u00f3 con \u00e9l y el guardav\u00edas volvi\u00f3 a entrar en su casa y apag\u00f3 la luz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Vio como arrastraban el cuerpo hasta la v\u00eda y se marchaban y\u00a0 se qued\u00f3 ovillado como un caracol. No sab\u00eda c\u00f3mo se llamaba el ciclista, pero le hab\u00eda visto muchas veces y sab\u00eda que trabajaba para su padre. Pens\u00f3 en su t\u00eda, muerta antes de que el naciera y en que tendr\u00eda que volver a casa. Que seguramente era ya tarde y no ten\u00eda excusa que poner ni d\u00f3nde decir que hab\u00eda estado. Y ten\u00eda tanto miedo que lloraba, pero ten\u00eda que dejar de llorar si quer\u00eda volver. Serenarse, parecer tranquilo; si acaso, preocupado por llegar tarde y por la rega\u00f1ina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De lejos lleg\u00f3 por el aire la trepidaci\u00f3n del tren de las nueve y media.<strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0Duerme, pero dice que no duerme. Dice que descansa la vista. A veces se le cae la aguja de ganchillo de la mano y el tintineo contra las baldosas la despierta. Se agacha y la coge. Dir\u00e1 entonces que le duele la cabeza y estar\u00e1 [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[10,132,110,131],"class_list":["post-330","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-golpes","tag-madre","tag-tren"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/330","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=330"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/330\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=330"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=330"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=330"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}