{"id":339,"date":"2012-10-12T00:35:46","date_gmt":"2012-10-11T22:35:46","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=339"},"modified":"2012-10-12T00:35:46","modified_gmt":"2012-10-11T22:35:46","slug":"63-indecision-por-segundo-sereno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/63-indecision-por-segundo-sereno\/","title":{"rendered":"63- Indecisi\u00f3n. Por Segundo Sereno"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Dicen que uno no empieza a darse cuenta de las cosas hasta que entra por la tangente en la pubertad. A m\u00ed me pas\u00f3. O al menos, mi mente de ni\u00f1o encanijado y retra\u00eddo no se hac\u00eda cargo de lo que ocurr\u00eda en casa. Viv\u00edamos de la generosidad de mis abuelos, \u00fanicos en la familia que manejaban cuartos, el p\u00e1rroco del barrio y algunos vecinos que intentaban cicatrizar la llaga que hac\u00eda sangrar nuestros est\u00f3magos ma\u00f1ana, tarde y noche. <!--more-->Pero yo siempre me manten\u00eda al margen, o para decirlo de un modo correcto, intentaban alejarme de las malas vibraciones que se respiraban en el seno de mi familia, aunque nunca llegaban a conseguirlo del todo. Es lo \u00fanico que tal vez, y s\u00f3lo tal vez, le debo a mi padre, o Roberto, como yo lo llamaba, un hombre cuyo desasosiego llegaba a ser enfermizo y peligroso. Se pasaba el d\u00eda en la taberna, entre chato y chato de vino, manteniendo, siempre con los mismos amigos, unas conversaciones que por repetitivas no dejaban de parecerles interesantes sobre deportistas de \u00e9lite, coches de alta gama y \u00faltimo modelo y mujeres, artistas conocidas casi todas, despampanantes. A veces, las menos, lo recuerdo como un hombre alegre y optimista, pero siempre con un peso que no pod\u00eda o no sab\u00eda quitarse de encima y que me cost\u00f3 sangre y sudor poder descifrar. Un d\u00eda dec\u00eda una cosa y al siguiente afirmaba lo contrario. Cambiaba de opini\u00f3n como de ropa interior. Sin venir a cuento. Era una persona de car\u00e1cter d\u00e9bil, muy insegura e indecisa con los dem\u00e1s, incluso para las cuestiones m\u00e1s elementales; no tanto con mi madre, con la que mostraba la personalidad e intransigencia que a menudo le faltaban con los dem\u00e1s. No obstante, no me gustar\u00eda pecar de malpensado. Ten\u00eda una expresi\u00f3n l\u00e1nguida y atormentada, escueta e imprecisa, con la que yo empezar\u00eda a identificarme, garrafal error por mi parte, al entrar en la adolescencia m\u00e1s temprana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Carmela, mi madre, un ser sumiso y en principio recatado cuya belleza, para hacer justicia, hab\u00eda que vocalizar con \u00e9nfasis y situarla entre signos de admiraci\u00f3n, ten\u00eda que aguantar carros y carretas. La mala interpretaci\u00f3n de la realidad por parte de Roberto, que yo mismo conocer\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde y que no se deb\u00eda a causas naturales sino artificiales, ten\u00eda su origen en un tornado de sufrimiento en el seno de su familia y en posteriores partes de urgencias cuya explicaci\u00f3n, en beneficio de su estabilidad conyugal, mi madre inventaba sobre la marcha y nunca llegaba a tramitar. Romp\u00eda los papeles en mil pedazos sin siquiera suscribirlos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A veces mi progenitor desaparec\u00eda meses enteros sin darme ninguna explicaci\u00f3n y ten\u00eda que ser Carmela la que con ojos h\u00famedos y barbilla inquieta me contase, o se inventase, que no es lo mismo, que se hab\u00eda marchado a trabajar a otro lugar buscando una mejora para la quebradiza econom\u00eda familiar. Pero mi curiosidad tornaba a impertinencia cuando ve\u00eda que el dinero no llegaba a casa, momento en el que mi est\u00f3mago amenazaba con una desnutrici\u00f3n severa y prolongada. Me parec\u00eda muy sospechoso, como tambi\u00e9n me llamaban la atenci\u00f3n las continuas personas uniformadas que se dejaban caer por casa. Y qu\u00e9 decir de las cartas certificadas que el agente de correos, siempre el mismo, \u00a1qu\u00e9 casualidad!, hac\u00eda firmar a mi madre\u2026 me hac\u00edan dudar de la certeza de la versi\u00f3n facilona y m\u00e1s que verde que intentaba introducir en mi cabeza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando volv\u00eda al cabo del tiempo, mi padre se mostraba muy cari\u00f1oso y dicharachero, incluso con Carmela, que se pon\u00eda muy contenta y ganaba en simpat\u00eda y brillo facial, pero ese sosiego familiar duraba solamente unos d\u00edas. Enseguida empezaba a bajar a la taberna, hablar de deporte y de negocios de sombras y esquinas y por desgracia todo volv\u00eda a su cauce natural. A las andadas. Entonces empezaba, \u00a1otra vez!, a escuchar desde mi cama amenazas y tonos iracundos por una parte, lamentos y sollozos por otra, y mi mejilla se empapaba sobre la s\u00e1bana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 No obstante lo anterior, Roberto era para m\u00ed algo menos que un h\u00e9roe. Siempre me hab\u00eda tratado bien y desde mis ciento treinta cent\u00edmetros de altura y cuarenta kilos de peso, lo hab\u00eda idealizado. Cuando mis vecinos, amigos y compa\u00f1eros de colegio, incluso familiares, me dec\u00edan que no era trigo limpio, mi c\u00f3lera se encend\u00eda, mi rostro enrojec\u00eda como una brasa y la emprend\u00eda a golpes con cualquiera que hurgara en su pasado o su tiempo libre e intentase manipular el concepto que me hab\u00eda formado de \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un d\u00eda, despu\u00e9s del violento asesinato de mis abuelos, nuestros principales benefactores, mi padre desapareci\u00f3 de mi vida, como otras tantas veces. Aqu\u00e9l fue el momento. Dejaba de ser un ni\u00f1o para entrar en el mundo de los adultos por la puerta de atr\u00e1s. Justo lo que nunca hab\u00eda deseado. Yo entonces ten\u00eda doce a\u00f1os y, lo quisiera o no, las noticias comenzaban a llegarme masivamente. Empec\u00e9 a enterarme de algunas cosas. El continuo traqueteo de hombres de chaqueta y corbata por los pasillos de mi casa y las visitas que mi madre hac\u00eda a jefatura me hicieron sospechar, una vez m\u00e1s, que algo extra\u00f1o estaba ocurriendo. El dinero, cuando no se tiene, apaga el cerebro de los seres humanos, lo reseca&#8230;, y los abuelos muertos\u2026, y pap\u00e1 desaparecido&#8230; \u00bfEstar\u00e1 en el extranjero, en Europa, en Am\u00e9rica latina quiz\u00e1, o m\u00e1s bien habr\u00eda optado por \u00c1frica o Asia? No lo sab\u00eda\u2026, y la ansiedad m\u00e1s descarada crec\u00eda en mis adentros como una costra de impotencia que intentaba pulir cada noche en la soledad de mi cama. Tuve que acostumbrarme a vivir sin uno de los dos pilares que sosten\u00edan mi vida y conformarme con el otro, el que me proporcionaba, a pesar de su esfuerzo, una vida sin calidad ni vitalidad. Carmela intent\u00f3 buscar trabajo. Una entrevista detr\u00e1s de otra, un curr\u00edculum, una llamada telef\u00f3nica\u2026 Era absurdo. La falta de preparaci\u00f3n unida a la conocida trayectoria de Roberto le imped\u00edan acceder a un puesto digno, ni siquiera a un contrato basura. Ni en la oficina de empleo eran capaces de encontrar algo que nos sacara del bache.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tres meses despu\u00e9s, las ausencias de mi madre se hicieron notorias. Continuas. A veces se pasaba el d\u00eda entero fuera. Eso s\u00ed, volv\u00eda con la cesta llena, la cartera bien gruesa y alg\u00fan regalo para m\u00ed. En poco tiempo, nuestra casa despellejada por a\u00f1os de falta de celo se convirti\u00f3 en lugar de paso. Los se\u00f1ores que desfilaban por all\u00ed llegaban un poco violentos, incluso nerviosos, y sal\u00edan del dormitorio de matrimonio con una sonrisa bobalicona que no hab\u00eda dios que la aguantara. Muchos de ellos me daban una palmadita en la espalda o me dedicaban unas palabritas que hac\u00edan evidente el buen hacer de Carmela. Vaya con la buena se\u00f1ora, \u00bferes su hijo?, qu\u00e9 suerte tenerla tan cerca, hasta luego, hombret\u00f3n\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La quer\u00eda mucho. A ella y a Roberto. Por eso procuraba justificar el comportamiento de ambos. Fue una \u00e9poca muy ambigua, de sentimientos encontrados y continuos intentos para convencerme a m\u00ed mismo de la legalidad y moralidad de lo que hac\u00edan. Tras un largo y doloroso duelo interno llegu\u00e9 a pensar, y pienso a\u00fan, que detr\u00e1s de todo lo que se hace, al margen de lo que habitualmente consideramos normal, existe un porqu\u00e9. Ni nada se hace a la buena de Dios ni nadie deja de tener su raz\u00f3n, por estramb\u00f3tica que nos pueda parecer y mucho que se aleje de la nuestra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me fui convirtiendo, poco a poco, en una persona de car\u00e1cter d\u00e9bil y, sobre todo, indecisa. Fiel espejo de mi padre. Me cuesta mucho pronunciarme cuando me veo en la obligaci\u00f3n de escoger entre dos conceptos, por muy distinto que parezca el uno del otro. No soy capaz de nada, y el s\u00ed es mi norma. Hoy, pese a la angustia que me devora el alma, suelo ir a la taberna y hablar con mis amigos de los viejos temas que nunca cambian. Muchos de los asiduos a\u00fan se acuerdan de Roberto y ensalzan su comportamiento, sus logros y sus proezas en su trabajo de sombras y esquinas donde, seg\u00fan dicen, superaba con creces la nota media. Yo he encontrado un trabajo que me permite vivir sin lujos aunque sin necesidades. Es una de las dos cosas que me diferencia de mi padre. La otra, haber encontrado, despu\u00e9s de mucho buscar, una mujer a la que quiero y, sobre todo, respeto. Que nuestro hijo, a\u00fan no alumbrado, consiga superar la indecisi\u00f3n que yo hered\u00e9 de mis mayores, supondr\u00e1 otra desigualdad a\u00f1adida, otro residuo, otro nuevo paso en su generaci\u00f3n que lo har\u00e1 posicionarse en las cuestiones m\u00e1s elementales y situar su car\u00e1cter en el pedestal de la seguridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dicen que uno no empieza a darse cuenta de las cosas hasta que entra por la tangente en la pubertad. A m\u00ed me pas\u00f3. O al menos, mi mente de ni\u00f1o encanijado y retra\u00eddo no se hac\u00eda cargo de lo que ocurr\u00eda en casa. 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