{"id":362,"date":"2012-10-14T00:01:44","date_gmt":"2012-10-13T22:01:44","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=362"},"modified":"2012-10-13T20:32:06","modified_gmt":"2012-10-13T18:32:06","slug":"71-la-ventaja-del-comandante-por-julian-perez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/71-la-ventaja-del-comandante-por-julian-perez\/","title":{"rendered":"71- La Ventaja del Comandante. Por Juli\u00e1n P\u00e9rez"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Jos\u00e9 iba caminando lentamente sobre la pared ancha del malec\u00f3n, esa frontera marinera que act\u00faa como l\u00ednea fina entre la realidad y la fantas\u00eda. Esa fantas\u00eda era algo inalcanzable, aunque estuviera a nueve millas no la pudiera palpitar, oler, sentir, percibir. Le costaba imaginar lo que podr\u00eda existir en ella, ya que solo hab\u00eda conocido la realidad brutal y de consecuencia su mente era el \u00fanico fragmento de su cuerpo que no ejerc\u00eda libertad, estaba totalmente restringida.<!--more--> Aqu\u00ed en la capital era un novato, habiendo llegado hace poco de Pinar del Rio, un pueblo modesto y mayormente agrario. El guajiro joven no ten\u00eda la menor idea de como funcionaban los negocios callejeros, pero aunque sea se hab\u00eda dado cuenta que para sobrevivir en la capital deteriorada deb\u00eda integrarse al sector informal de la econom\u00eda habanera. A los recursos del pueblo los hab\u00eda agotado y ahora ten\u00eda a su alcance todas las posibilidades disponibles dentro de las confinas del malec\u00f3n limitante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Esa tarde el mar caribe\u00f1o se sent\u00eda especialmente rebelde, chocando sus olas furiosas sucesivamente contra las piedras al pie de la pared resistente y escupiendo su sal aguada tan lejos que llegaba a mojar las ventanas de los carros antiguos que vacilaban la calle paralela. Con cada gota que rosaba su piel ardiente y endurecida por los labores de la finca donde hab\u00eda trabajado, el campesino comenzaba a derribar los malecones de su mente que prohib\u00edan el desarrollo de sus ideas y pensamientos liberales. Era como si el mar estuviera puli\u00e9ndola, cultiv\u00e1ndola con conocimiento anteriormente imposible de adquirir. Jos\u00e9 se sent\u00f3 cara a cara con la ciudad, sus piernas colgando de la pared condenadora, y se pregunt\u00f3 \u201c\u00bfSer\u00e9 yo el recipiente solitario de estas gotas reveladoras?<em>\u201d <\/em>Analizar las caras rendidas, los movimientos d\u00e9biles y las acciones oprimidas de los muertos caminantes que paseaban con indiferencia por las calles habaneras, no le inspiraban esperanza. Con su vista perif\u00e9rica observ\u00f3 un juego de domin\u00f3 que se hab\u00eda formado recientemente hacia la extensi\u00f3n del muro que enfrenta el trozo de tierra peninsular donde se localiza El Castillo del Morro, antigua fortaleza espa\u00f1ola que fue testigo de la presencia del hundido acorazado <em>Maine<\/em> y los intereses norte\u00f1os que representaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Como en la mesa de madera vieja sostenida por piernas met\u00e1licas oxidadas jugaban un tr\u00edo y en la isla todav\u00eda no se hab\u00eda perdido por completo ese sentido de vecindad, Jos\u00e9 tentativamente pregunt\u00f3 \u201c\u00bfQuieren jugar en parejas?\u201d y un hombre barbudo respondi\u00f3 \u201cSi, como no muchacho, ven pa ac\u00e1.\u201d Este era el mayor del grupo y r\u00e1pidamente se hizo obvio que era el que manten\u00eda control del juego, siempre apostando que se iba a pegar y siempre el \u00fanico d\u00e1ndole agua a las fichas. Se sent\u00f3 Jos\u00e9 y no pudo ignorar la mirada cruda que le estaba echando una mujer, unos cuantos a\u00f1os mas joven que el, que apoyaba su peso en el malec\u00f3n y cruzaba sus brazos con desaf\u00edo. Ella hab\u00eda solicitado el cuarto puesto en la mesa pero sus piernas s\u00f3lidas y pecho destacado fueron rechazados por el hombre barbudo quien clam\u00f3 \u201cEste es juego de hombres chiquita, si quieres ni\u00f1ear ve y encuentra otra mesa\u201d y recibi\u00f3 la respuesta \u201cComo usted diga <em>comandante<\/em>\u201d, como le sol\u00edan llamar al barbiluengo por su dominancia del juego de fichas rectangulares. Pero la hembra se hab\u00eda quedado a vigilar el juego varonil para aprovecharse del la pr\u00f3xima oportunidad para incorporarse a el.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Viraron todas las fichas para que el <em>comandante<\/em> les diera agua y justo cuando Jos\u00e9 iba a extender su mano para escoger diez escuch\u00f3 un carraspeo advertidor nacer de la boca escondida por la barba espesa de su adversario imponente. Retrocedi\u00f3 su mano y observ\u00f3 mientras su oponente repart\u00eda las fichas a cada jugador. Empezaron a jugar domin\u00f3 los cuatro hombres, pero desde el principio el juego avanzaba paulatinamente y esta languidez se deb\u00eda totalmente al <em>comandante<\/em>. Cada vez que llegaba su turno iniciaba un discurso extraordinariamente extendido sobre la raz\u00f3n por cual esa ficha blanca con huequitos negros le iba a ganar el juego. Los hombres, todos menos Jos\u00e9, se hallaban fascinados por las palabras del barb\u00f3n que reafirmaban sus declaraciones. Algunas veces el <em>comandante<\/em> hac\u00eda una jugada sin tomar en cuenta a su pareja y este hombre se enojaba e hinchaba sus cachetes cada vez que se ten\u00eda que pasar pero nunca dec\u00eda nada para no faltarle el respeto al viejo ego\u00edsta. Ya cuando al barbudo y a Jos\u00e9 le quedaban una \u00faltima ficha respectivamente y le tocaba al <em>comandante<\/em> pegarse o pasarse, este se detuvo despu\u00e9s de contemplar el tren de puntos negros que recorr\u00edan la mesa y le se\u00f1al\u00f3 a Jos\u00e9 un carro vetusto que hab\u00eda pasado por la calle. Jos\u00e9 se hizo el que no sab\u00eda lo que estaba pasando y se vir\u00f3 a observar el restaurado Chevy del \u201957 que inspiraba fervor patri\u00f3tico, mientras que el hombre astuto viraba unas cuantas fichas hasta encontrar la que buscaba. Jos\u00e9 retom\u00f3 su asiento y anunci\u00f3 que se hab\u00eda trancado el juego. Con eso el <em>comandante<\/em> volte\u00f3 la ficha tan codiciada del doble cero y manifest\u00f3 su victoria. Ninguno de los espectadores del juego se atrevieron a reclamar su jugada tramposa. Jos\u00e9 se resign\u00f3 y se encaram\u00f3 nuevamente en el muro amplio del malec\u00f3n y mientras regresaba hacia su casita humilde las olas comunicativas lo rociaban con una lluvia salina. Lleg\u00f3 a una conclusi\u00f3n tr\u00e1gica: los resplandecidos por las gotas insurrectas se hab\u00edan ido a la fantasia.<strong><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 iba caminando lentamente sobre la pared ancha del malec\u00f3n, esa frontera marinera que act\u00faa como l\u00ednea fina entre la realidad y la fantas\u00eda. Esa fantas\u00eda era algo inalcanzable, aunque estuviera a nueve millas no la pudiera palpitar, oler, sentir, percibir. 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