
{"id":386,"date":"2012-10-15T20:40:01","date_gmt":"2012-10-15T18:40:01","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=386"},"modified":"2012-10-15T20:40:01","modified_gmt":"2012-10-15T18:40:01","slug":"78-todas-las-familias-felices-por-garci-delospa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/78-todas-las-familias-felices-por-garci-delospa\/","title":{"rendered":"78- Todas las familias felices. Por Garci Delospa"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Roberto asegur\u00f3 al juez que nunca tuvo intenci\u00f3n de golpearla, que durante el forcejeo con el amante de su mujer \u00e9sta se interpuso, y el golpe ya estaba lanzado, y que no pudo parar, y que lo sent\u00eda mucho. Patricia lo escuchaba desde la otra bancada de la sala.\u00a0 A sus cuarenta y tantos largos, a Patricia le resultaba incre\u00edble verse en aquella situaci\u00f3n. <!--more-->El divorcio con Roberto ya estaba finalizado, pero las denuncias segu\u00edan su curso y ahora hab\u00eda que resolver el tema de la agresi\u00f3n ocurrida el d\u00eda que se descubri\u00f3 todo. Patricia estaba hastiada de la historia de su fallido matrimonio, de su ex, de los juzgados y, en ocasiones, hasta de los ni\u00f1os. Se preguntaba si de verdad siempre quiso tener a sus dos hijos, o simplemente se dej\u00f3 llevar por lo que se supone que debe hacer toda mujer casada cuyo reloj biol\u00f3gico marca las horas sin pausa. Estos argumentos se desvanec\u00edan cuando asomaban sus cabecitas por el estudio despu\u00e9s del colegio y se sentaban junto a ella y la observaban mientras trabajaba en un nuevo dise\u00f1o o en la decoraci\u00f3n de un apartamento cercano a las pistas de esqu\u00ed. Ahora, la vida en el pueblo no le parec\u00eda tan aburrida, y se sent\u00eda florecer en verano cuando llegaban los turistas, y volver a nacer en invierno, cuando todos regresaban de nuevo, para deslizarse por las nieves que cubr\u00edan las monta\u00f1as.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Los abogados pidieron un receso para llegar a un acuerdo y Patricia acept\u00f3 el trato: prohibici\u00f3n de acercarse a ella a no menos de quinientos metros y una indemnizaci\u00f3n econ\u00f3mica que decidi\u00f3 donarla, en ese mismo momento, a la protectora de animales. No sent\u00eda rencor por Roberto. Lo que pas\u00f3 fue fruto de un momento de tensi\u00f3n, y ya est\u00e1. Adem\u00e1s, su ex estaba cumpliendo con sus deberes paternos y era generoso con la manutenci\u00f3n de Pablo y Lola. La casa, heredada de sus padres, se la hab\u00eda quedado ella, y Roberto hab\u00eda trasladado su residencia y la empresa de transportes a Fraella, un pueblo cercano. Ahora estaban siendo todo lo civilizados que no hab\u00edan sido cuando se descubri\u00f3 \u201cel pastel\u201d, como sol\u00eda decir Patricia. Roberto ve\u00eda a los ni\u00f1os cuando quer\u00eda, con la \u00fanica condici\u00f3n de avisar antes de aparecer por all\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando aquel cincuent\u00f3n tipo Clooney entr\u00f3 en su estudio con la intenci\u00f3n de decorar una vieja casa del pueblo, Patricia sinti\u00f3 que en su est\u00f3mago los granitos del arroz campero que hab\u00eda tomado\u00a0 para comer se transformaban, uno a uno, en mil mariposas. Quedaron al d\u00eda siguiente para ver la finca y unos d\u00edas despu\u00e9s, de nuevo en el estudio, le present\u00f3 sus primeras ideas. Patricia supo, tras un par de\u00a0 caf\u00e9s, que se llamaba Benson Atler, que era m\u00e9dico, divorciado y que lo hab\u00eda dejado todo, harto de su Seattle natal, para venirse a un pueblo de monta\u00f1a\u00a0 a montar un establecimiento rural y cambiar de vida por completo. \u201cLas vida da vuelta\u201d le dec\u00eda a Patricia en un p\u00e9simo espa\u00f1ol. Las obras comenzaron y Patricia dedicaba horas y horas a aquel proyecto, pero siempre con la idea\u00a0 de que aquello no acabase nunca. Quer\u00eda estar cerca de Benson. Sent\u00eda que sus mariposas se hab\u00edan hecho cris\u00e1lidas y hab\u00edan vuelto a nacer una y otra vez; y en aquel no parar de cosquilleos, volvi\u00f3 a disfrutar de la experiencia del amor apasionado y nada sereno. El americano no ten\u00eda prisa, pero supo muy pronto que aquella espa\u00f1olita estaba rendida a sus encantos. Cuando despu\u00e9s de seis meses las obras hab\u00edan llegado a su fin, el establecimiento rural se hab\u00eda convertido en la casa del amor a escondidas. Roberto segu\u00eda con sus viajes, ajeno a las andanzas de su mujer y centrado en su trabajo. Todav\u00eda pod\u00eda recordar c\u00f3mo al acabar la universidad cogi\u00f3 el cami\u00f3n de su padre y se dedic\u00f3 a hacer kil\u00f3metros por Europa. Cuando conoci\u00f3 a Patricia, la empresa de Transportes Internacionales Le Grand Tour ya dispon\u00eda de seis camiones y veinte trabajadores. Eran los a\u00f1os buenos y Roberto era guapo, joven y ten\u00eda dinero.\u00a0 Ahora, despu\u00e9s de despedir a sus trabajadores, Roberto hab\u00eda tenido que volver a la carretera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La montura roja de sus gafas, a menudo, se apoya en la punta de su nariz. Parecen volar, casi suspendidas en el vac\u00edo, hasta que una de sus manos suelta el libro que est\u00e1 leyendo, y las empuja a su posici\u00f3n original. El doctor Benson duerme a su lado, con la tranquilidad de quien se sabe a buen recaudo. Patricia contin\u00faa\u00a0 leyendo, y entre sus manos \u201cAna Karenina\u201d parece sufrir, aparentemente por su hijo y por el cornudo de Karenin. Patricia sonr\u00ede\u00a0 y mira de soslayo a su compa\u00f1ero. \u201cYo tambi\u00e9n tengo un marido cornudo\u201d, se dice. \u201cY ahora tengo un amante americano y jud\u00edo\u201d, y aprovecha para regocijarse en sus pensamientos y rozar con sus pies la piel\u00a0 de su compa\u00f1ero de cama. \u00c9ste no parece reaccionar, as\u00ed que vuelve a la lectura. Pero la interrumpe de nuevo: \u201cTodo esto que estoy haciendo\u2026 No s\u00e9\u2026tengo matr\u00edcula de honor en puter\u00edo, lo reconozco, pero es todo tan emocionante\u2026 y aqu\u00ed en el pueblo es todo tan mediocre\u2026 Adem\u00e1s, Roberto se est\u00e1 cepillando a alguna de sus clientas con total seguridad. En Ruman\u00eda, rodeado de mujeres rubias hay polvo seguro. \u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y de nuevo, reconfortada por estos argumentos tan acad\u00e9micos, roza con su mano derecha el sexo de su jud\u00edo favorito, obteniendo a cambio entre sus dedos, las sensaciones regaladas por una tremenda erecci\u00f3n. Benson se da la vuelta y enlaza uno de sus brazos alrededor de ella, pero vuelve a dormirse. Ana Karenina sigue con sus peripecias burguesas por la \u00f3pera de San Petersburgo, pero no puede pasar de ah\u00ed, porque Patricia decide que es un buen momento para explorar uno de sus pechos en busca de alg\u00fan bulto sospechoso. Sus dedos se mueven de forma casi profesional, buscando el volumen delator. Pero sus senos, lejos de estar enfermos, han vuelto a la vida, despu\u00e9s de un letargo avasallador al lado del aburrido de Roberto. Ahora, las manos de Patricia ya no funcionan como las de un m\u00e9dico. Ahora acaricia sus pechos desde la base hacia arriba, recorriendo un camino que termina cuando atrapa con el \u00edndice y coraz\u00f3n, sus pezones. Ah\u00ed fuera, las bases del capitalismo se derrumban, los hombres emigran en busca de un futuro mejor, y el vac\u00edo que dejan es ocupado por la revoluci\u00f3n sexual. Patricia lo vive as\u00ed; como la gran revoluci\u00f3n, como la energ\u00eda que ha devuelto la velocidad perdida a sus leucocitos. Coge con sus manos el sexo, todav\u00eda enhiesto de su amante y lo acaricia de todas las formas acariciantes que existen. El doctor Benson abre los ojos, busca la mirada de Patricia y sonr\u00ede. Hacen el amor con el \u00edmpetu de dos adolescentes, pero con la experiencia de los amantes curtidos en el arte de amar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Roberto, por su parte, ha regresado al pueblo antes de lo previsto. La empresa a la que iba dirigida el porte ha sufrido un incendio y decide descargar en unos almacenes franceses y volver a casa. En el estudio no hay nadie. Huele a invierno. Patricia no contesta al m\u00f3vil y los ni\u00f1os est\u00e1n en el colegio. Hace fr\u00edo. Es raro, pero Roberto se imagina a su mujer haciendo la compra en el mercado y no le da mayor importancia. No obstante, ya que lo tiene al lado, decide preguntar a Antonio, el del estanco, si ha visto aquella ma\u00f1ana a Patricia. Antonio y Roberto crecieron juntos. Son amigos desde ni\u00f1os. Ahora se ven menos que antes. Los viajes de Roberto lo tienen todo el d\u00eda ocupado; pero Antonio no puede m\u00e1s y le quita la venda de los ojos a su amigo. \u201cLo mejor que puedes hacer es preguntar en la casa del americano\u201d,\u00a0 le dice. \u201c\u00bfEl que vino a montar un negocio rural?\u201d, pregunta Roberto. Antonio asiente, coge del brazo a su amigo y se ofrece a acompa\u00f1arlo. Roberto dice que no, que para esto no necesita ayuda. Siente que la sangre le sube a la cabeza, como empujada por un resorte, y que \u00e9sta le va a estallar; pero no hay nada que pueda pararlo, y se presenta en la casa. Aporrea la puerta con los pu\u00f1os cerrados, grita el nombre de Patricia. No contesta nadie, pero sabe que est\u00e1n ah\u00ed, est\u00e1 seguro, casi puede olerlos. Se ha convertido en un perro furioso, en el cazador despechado, en un hombre herido de rabia y celos. Decide dar patadas al portal\u00f3n. Quiere tirarlo abajo, pero como no lo consigue, sube al cami\u00f3n y lo empotra contra la entrada. Cuando consigue subir al piso de arriba encuentra a los amantes incr\u00e9dulos, mir\u00e1ndole. De pie, a medio vestir, la cama revuelta, Tolstoi regocijado y la evidencia de que para Roberto, el mundo, su mundo, se derrumba en unos instantes. Quiere hacerles da\u00f1o, castigar tanto dolor y forcejean y pelean, y Benson grita palabras en ingl\u00e9s que nadie entiende, y Patricia interviene, y los golpes que van, encuentran su objetivo y vuelven a lanzarse, y uno de ellos que da a Patricia en la cabeza, y \u00e9sta que cae, inconsciente; y todo se funde en negro, y se hace el silencio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los excursionistas, al ver el cami\u00f3n dentro del sal\u00f3n de aquella casa y escuchar los gritos, no dudaron en llamar a la Guardia Civil. Una ambulancia que se llevaba a Patricia al hospital comarcal. M\u00e1s gritos, al cuartelillo todo el mundo, denuncias por ambas partes. Patricia recobra el conocimiento, no hay lesiones internas; y despu\u00e9s de unas horas en observaci\u00f3n sale del hospital aturdida, avergonzada. Regresa a casa. Los ni\u00f1os est\u00e1n con unos familiares, se mete en la cama, toma Lexat\u00edn y deja pasar el tiempo. Dec\u00eda San Agust\u00edn ante la pregunta de \u00bfQu\u00e9 es, pues, el tiempo?, que si no le preguntaban sab\u00eda lo que era; pero que si quer\u00eda explicarlo al que se lo preguntaba, entonces no lo sab\u00eda. Para Patricia fue el b\u00e1lsamo de Fierabr\u00e1s, la p\u00f3cima secreta, el brebaje reparador. Pero antes tuvo que pasar por los tr\u00e1mites del divorcio, el juzgado, la adaptaci\u00f3n de los ni\u00f1os, las denuncias, los abogados, las miradas de la gente, los dimes y diretes, los amigos que se posicionan y la hu\u00edda del doctor Benson, que puso la casa en venta y regres\u00f3 a los Estados Unidos, convencido de que los espa\u00f1oles \u00e9ramos unos salvajes, y que maldita la hora en la que se le ocurri\u00f3 dejar su pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Salieron de los juzgados, Roberto con aquella orden de alejamiento en las manos y Patricia con la sensaci\u00f3n de cerrar por fin, un cap\u00edtulo de su existencia. Estaba decidida a dedicarse por completo a su trabajo y al cuidado de Pablo y Lola. Ya era una mujer madura, independiente, curtida en los avatares del destino y que, con la cabeza bien alta, paseaba por las calles de Cerler, enterrados para siempre cualquier atisbo de amar o ser amada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El verano en la monta\u00f1a estaba lleno de vida y Patricia estaba dispuesta, de nuevo, a vivirla. En un atardecer, mirando al sol ocultarse m\u00e1s all\u00e1 de las l\u00edneas infinitas, apareci\u00f3 Roberto con chucher\u00edas para los chicos. Patricia estaba sentada en el tronco que tantas veces hab\u00edan compartido\u00a0 y Roberto se sent\u00f3 a su lado. \u201cIncumples la orden de alejamiento\u201d, le dijo Patricia, sin dejar de mirar al frente. \u201cTampoco he llamado antes de venir\u201d, contest\u00f3 Roberto. Pablo y Lola correteaban despreocupados. Saludaron de lejos. Patricia y Roberto, recordaban, sin comentarlo, las puestas de sol en Santorini, reci\u00e9n casados. El hotel, situado sobre el acantilado, les brindaba la oportunidad de participar en los atardeceres m\u00e1s bellos del mundo. Hac\u00edan el amor y com\u00edan ensalada griega. Ahora, ni los juegos y gritos de los ni\u00f1os consegu\u00edan atraer la atenci\u00f3n de sus padres que, con la mirada fija en el horizonte, pod\u00edan sentir como la puesta de sol atra\u00eda las sombras sobre sus cabezas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roberto asegur\u00f3 al juez que nunca tuvo intenci\u00f3n de golpearla, que durante el forcejeo con el amante de su mujer \u00e9sta se interpuso, y el golpe ya estaba lanzado, y que no pudo parar, y que lo sent\u00eda mucho. 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