{"id":410,"date":"2012-10-16T23:41:03","date_gmt":"2012-10-16T21:41:03","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=410"},"modified":"2012-10-16T23:41:03","modified_gmt":"2012-10-16T21:41:03","slug":"83-el-joven-de-la-fregona-por-inigo-montoya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/83-el-joven-de-la-fregona-por-inigo-montoya\/","title":{"rendered":"83- El joven de la fregona. Por I\u00f1igo Montoya"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Hac\u00eda fr\u00edo en la calle. No en vano era finales de diciembre. Dentro, en cambio, se rozaban los treinta grados. Disfrutar del Interior era un placer y un lujo, pero s\u00f3lo para unos pocos elegidos. La gente cantaba, re\u00eda, bailaba, jugaba, disfrutaba de la vida y sobre todo se vanagloriaba de estar justo ah\u00ed. A veces, tras escuchar ruidos del exterior, los invitados se miraban los unos a los otros y comentaban jocosamente: \u00ab\u00a1Pobres infelices \u00e9sos de afuera!\u00bb.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En cada fiesta se coronaba a la mujer perfecta. Ella era la princesa. Y deb\u00eda poseer las dos cualidades que realmente importaban: belleza y sabidur\u00eda. La elegida bailaba con quien deseaba y era el centro de toda admiraci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante mucho tiempo el joven de la fregona, que s\u00f3lo estaba dentro el rato que tardaba en ordenar la sala y cepillar el suelo tras finalizar cada velada, no entend\u00eda aquellas celebraciones, y ni siquiera consideraba la m\u00e1s bella a la que todos llamaban alteza. Sin embargo no se lo planteaba, al fin y al cabo \u00e9l era del otro lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cada noche llegaba solo, bueno con su fregona, y se colocaba en una esquina junto a la puerta esperando a que finalizara la gala y que se fueran todos para comenzar a barrer. Al principio pensaba que los invitados pasar\u00edan fr\u00edo nada m\u00e1s salir, pero luego se dio cuenta de que no, porque les recog\u00edan enormes coches comod\u00edsimos que manten\u00edan la temperatura y les trasladaban directamente a sus mansiones, donde tambi\u00e9n se estaba muy a gusto, por lo que pr\u00e1cticamente desconoc\u00edan el exterior.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sus amigos, de fuera todos claro, y que a veces le acercaban al trabajo ya que no sab\u00eda conducir, no entend\u00edan por qu\u00e9 aceptaba un empleo tan sucio y \u00e9l, con un inocente gesto de hombros, les replicaba: \u00abSi a m\u00ed no me importa limpiar\u00bb, aunque reconoc\u00eda que le gustar\u00eda hacer otras cosas: como viajar. De vez en cuando se imaginaba volando hacia diferentes lugares maravillosos que le\u00eda en los libros. Y es que al joven le encantaba leer y nunca sal\u00eda de su hogar sin un libro en las manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una tarde mientras se dirig\u00eda a trabajar, hojeaba uno de los miles de ejemplares que se pueden sacar de una biblioteca. No era de un autor muy conocido, y quiz\u00e1s por eso le llam\u00f3 m\u00e1s la atenci\u00f3n, pero nada m\u00e1s abrirlo le fascin\u00f3 por las maravillosas descripciones de preciosos paisajes muy lejanos, con aguas cristalinas, arenas blancas y lunas brillantes. De repente, dese\u00f3 con todas sus fuerzas viajar hasta all\u00ed, justo en el momento que traspasaba el umbral de la entrada principal del auditorio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella noche pas\u00f3 algo ins\u00f3lito. Mucho tiempo despu\u00e9s hab\u00edan nombrado a otra heredera al trono. Desde su rinc\u00f3n, el chico de la limpieza intent\u00f3 vislumbrar el rostro sin mucho inter\u00e9s, ya que para \u00e9l seguramente no fuera la m\u00e1s bella. Sorprendentemente, en esa fr\u00eda madrugada de diciembre, su expresi\u00f3n qued\u00f3 congelada al observar al ser m\u00e1s cautivador que jam\u00e1s hab\u00eda contemplado. Tal fue su estado de asombro que se qued\u00f3 inm\u00f3vil, quieto, en medio de la salida, entorpeciendo el paso de los invitados que se iban a sus casas. \u00c9stos, con sonoras carcajadas, se burlaban de su expresi\u00f3n grotesca, con la boca excesivamente abierta, como deformada, y le empujaban a un lado lanz\u00e1ndole el cubo y la fregona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El joven se enamor\u00f3. Cada d\u00eda, disimuladamente, llegaba un poquito antes de la hora, y hecho un ovillo en su esquina observaba el rostro angelical de la princesa. Sus amigos al principio se re\u00edan de \u00e9l, de sus sue\u00f1os de grandeza, aunque m\u00e1s tarde se preocuparon. Ya no sal\u00eda con ellos, no se divert\u00eda y s\u00f3lo contaba los minutos para ver de nuevo aquellos ojos que le eran imborrables en la memoria, como una fotograf\u00eda perfecta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y ocurri\u00f3 el milagro. Quiz\u00e1s fue el destino, pero una noche de tantas la infanta sali\u00f3 la \u00faltima del Interior, y justo antes de llegar a la puerta, el tac\u00f3n de su zapato se rompi\u00f3 y la tiara que luc\u00eda en la cabeza rod\u00f3 por el suelo hasta los pies del joven. \u00c9ste, se agach\u00f3 y se la entreg\u00f3. Ella, con una leve sonrisa en los labios, le regal\u00f3 un sencillo \u00abgracias\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No se sabe por qu\u00e9, tal vez por los ojos del t\u00edmido limpiador, pero un instante antes de pisar la calle la mujer gir\u00f3 su rostro y un impulso extra\u00f1o le llev\u00f3 a decir: \u00ab\u00bfQuieres bailar?\u00bb. Se qued\u00f3 perplejo, avergonzado de amor, creyendo tocar su sue\u00f1o. Sin embargo no pudo m\u00e1s que responder: \u00abYo no bailo con princesas\u00bb. La m\u00e1s bella y sabia se coloc\u00f3 su corona y ri\u00e9ndose mientras se met\u00eda en el coche le contest\u00f3: \u00abLo que pasa es que no sabes, y nunca sabr\u00e1s bailar\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esas palabras le marcar\u00edan de por vida. En un impulso de rabia se dijo para s\u00ed que tarde o temprano aprender\u00eda a bailar. D\u00eda tras d\u00eda se dedicaba a perfeccionar el baile en su habitaci\u00f3n. No hablaba con nadie. Su obstinaci\u00f3n le cambi\u00f3 el car\u00e1cter, ya que dedic\u00f3 todas sus fuerzas a convertirse en un gran bailar\u00edn, y su \u00fanica motivaci\u00f3n en el empe\u00f1o eran los paisajes de aguas cristalinas, con arenas blancas y lunas brillantes, y la \u00abfotograf\u00eda\u00bb perfecta de la princesa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Transcurrieron los meses y una noche cualquiera el joven lleg\u00f3 al festejo diez minutos antes de que acabara. Decidido como cuando quiso aprender a bailar, cogi\u00f3 de la mano a la protagonista del Interior y bail\u00f3 con ella. No sab\u00eda apenas seguir los pasos, y la multitud se mofaba de \u00e9l vocifer\u00e1ndole que lo intentase con otra bailarina m\u00e1s a su medida: la fregona. Fueron escasos segundos pero cuando la princesa cerr\u00f3 los ojos, sinti\u00f3 que estaba en una burbujita de cristal y que bailaba, no como una simple princesa, sino como una reina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la vez que el torpe patoso solt\u00f3 su mano, le susurr\u00f3: \u00abVen conmigo a un lugar de aguas cristalinas, arenas blancas y lunas brillantes donde siempre estaremos bailando y te sentir\u00e1s como una reina\u00bb. La damisela abri\u00f3 los ojos y sali\u00f3 del ensimismamiento observando a todo el gent\u00edo riendo, y con un gesto de soberbia y orgullo le grit\u00f3 al pobre iluso que jam\u00e1s volviera a tocarla con aquellas manos tan sucias que s\u00f3lo sab\u00edan escurrir una miserable bayeta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente se nombr\u00f3 a otra digna sucesora. Ella ya no era tan bella, ni tan sabia. Hab\u00eda pasado el tiempo. Cuando acab\u00f3 la conmemoraci\u00f3n, la predecesora felicit\u00f3 a la nueva alteza y no pudo evitar, al salir por la puerta, volverse hacia donde deb\u00eda estar el joven. S\u00f3lo hab\u00eda una fregona apoyada en la pared.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00e9lla, que fue una de las princesas m\u00e1s recordadas, ya no disfrutaba tanto en el Interior. No era todo tan feliz. Las horas eran \u00e1speras y aburridas, y su \u00fanico momento de placer llegaba justo antes de dormir cuando le\u00eda unas l\u00edneas de su libro de cabecera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Era diciembre y hac\u00eda fr\u00edo. Ven\u00eda de otra velada y despu\u00e9s de desmaquillarse se puso sus gafas y se acomod\u00f3 en la cama. Tom\u00f3 el libro de la mesita de noche y lo observ\u00f3 durante unos segundos. Era extra\u00f1o, muy grueso y empolvado, y no pertenec\u00eda a ning\u00fan autor famoso o respetado. No sab\u00eda c\u00f3mo hab\u00eda llegado ese volumen a sus manos, pero tampoco se lo plante\u00f3 mucho, lo abri\u00f3 y comenz\u00f3 a leer. Y record\u00f3 su \u00faltimo d\u00eda coronada tras el punto final de un extenso relato que versaba sobre paisajes lejanos con aguas cristalinas, arenas blancas y lunas brillantes. Por la ma\u00f1ana, con gran decisi\u00f3n, hizo las maletas y rompi\u00f3 con todo su mundo para salir afuera. Y viaj\u00f3. Y tras cientos de kil\u00f3metros lleg\u00f3 a un lugar donde las aguas eran cristalinas, la arena blanca y la luna brillaba como nunca hab\u00eda imaginado. Hac\u00eda fr\u00edo, era diciembre, y no hab\u00eda nadie. Bueno s\u00ed. A lo lejos divis\u00f3 una pareja con sus dos hijos paseando. La madre estaba con el peque\u00f1o y \u00e9l, persegu\u00eda a la chiquilla por la arena. La ni\u00f1a, poco a poco, se acercaba involuntariamente a la que una vez fuera princesa, ya que ven\u00eda corriendo de espaldas porque estaba jugando con su padre a pillar. Chocaron suavemente, y con un gesto de cari\u00f1o maternal, la mujer le pregunt\u00f3: \u00ab\u00bfEst\u00e1s bien, peque\u00f1a?\u00bb. Mientras le respond\u00eda que s\u00ed, lleg\u00f3 el hombre que cogi\u00f3 a su hija entre sus brazos. Temis susurr\u00f3 a su padre: \u00abQu\u00e9 guapa es esa se\u00f1ora pap\u00e1, parece una princesa\u00bb. \u00abS\u00ed, aunque nunca llegar\u00e1 a ser una reina, como la <em>mami<\/em>\u00bb, le respondi\u00f3 \u00e9l acarici\u00e1ndole la larga melena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La cr\u00eda, de un salto, baj\u00f3 del regazo de su padre y fue corriendo a abrazar a su mam\u00e1 y a jugar con su hermanito. En ese preciso instante, la desconocida y el joven de la fregona se miraron a los ojos durante unos segundos eternos. \u00c9l la reconoci\u00f3, pero no dijo nada. Dio media vuelta y esbozando una triste sonrisa acompa\u00f1ada de una l\u00e1grima resbalando por la mejilla se aproxim\u00f3 a su familia. Ella, en cambio, no se acordaba de aquel hombre que no parec\u00eda tan mayor para tener ya dos ni\u00f1os. S\u00ed que sinti\u00f3 una sensaci\u00f3n extra\u00f1a en su interior, aunque no le prest\u00f3 excesiva atenci\u00f3n y sin m\u00e1s, alz\u00f3 la vista y observ\u00f3 a la madre: una se\u00f1ora guapa, delgada, con una expresi\u00f3n que le record\u00f3 a la de una aut\u00e9ntica reina, pese a que vest\u00eda un abrigo negro desgastado y una ra\u00edda bufanda verde. Y es que hac\u00eda fr\u00edo, era diciembre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hac\u00eda fr\u00edo en la calle. No en vano era finales de diciembre. 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