
{"id":443,"date":"2012-10-18T00:05:28","date_gmt":"2012-10-17T22:05:28","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=443"},"modified":"2012-10-17T21:18:55","modified_gmt":"2012-10-17T19:18:55","slug":"92-mi-ninez-por-maite-galan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/92-mi-ninez-por-maite-galan\/","title":{"rendered":"92- Mi ni\u00f1ez. Por Maite Gal\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Maite encontr\u00f3 la caja de galletas mientras hac\u00eda limpieza en el trastero. Ten\u00eda tanta herrumbre que para abrirla necesit\u00f3 de toda su fuerza y mafia pero lo que hall\u00f3 en su interior mereci\u00f3 sobradamente la pena. Regres\u00f3 al sal\u00f3n donde Gabriela, su hija, se hab\u00eda quedado dormida con la televisi\u00f3n encendida. <!--more-->A sus ocho a\u00f1os era una preciosidad de criatura que hab\u00eda sacado los vivarachos ojos de su madre y la picara sonrisa de su padre. Maite dej\u00f3 la caja a un lado, apag\u00f3 el televisor y tomando a su ni\u00f1a en brazos, la llev\u00f3 a la cama. All\u00ed le quit\u00f3 las pantuflas y la acost\u00f3 arrop\u00e1ndola con mucha suavidad. Despu\u00e9s le dio un beso en la frente y sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n sin hacer ruido dejando la puerta ligeramente entreabierta. De vuelta al sal\u00f3n cogi\u00f3 nuevamente la caja de galletas y se acomod\u00f3 en el sof\u00e1, envuelta en una manta, dispuesta a devolver al\u00a0presente los recuerdos tanto tiempo relegados al olvido. Hab\u00eda muchas fotograf\u00edas que ni siquiera reconoc\u00eda pero la de sus abuelos paternos junto a sus padres en La Plaza del Cristo de La Laguna, la sobrecogi\u00f3 de emoci\u00f3n. Abuela y abuelo, con ellos se cri\u00f3, en su casa, donde vivieron sus padres durante casi diecis\u00e9is a\u00f1os. Su ni\u00f1ez y el comienzo de un torbellino llamado adolescencia tuvieron lugar all\u00ed. Los recuerdos se agolpaban todos en su cerebro as\u00ed que tuvo que ingeni\u00e1rselas para poner un poco de orden y que no le brincara el coraz\u00f3n del pecho. Su ni\u00f1ez, aunque eran muy pobres, no pudo ser m\u00e1s feliz en casa de los abuelos, de la abuela querida, siempre presente, siempre a\u00f1orada. Jugaba en la calle a saltar a la comba, al corro cantando canciones que le gustar\u00eda ense\u00f1ar a su hija, a los boliches con los varones (siempre les ganaba), al escondite, a contar mentiras (tralar\u00e1), a los cromos con su prima de la cual codiciaba uno con la\u00a0figura de un \u00e1ngel y que consigui\u00f3 no sin esfuerzo. Las carreras calle abajo por la tierra, con los cubos en la mano para recoger agua del chorrillo tra\u00eda como consecuencia, tanto en ella como en sus amigos, m\u00e1s de una ca\u00edda. Las rodillas y los codos sangraban pero no dol\u00edan. Se re\u00edan a carcajada limpia y puestos en pie segu\u00edan adelante. Al llegar hab\u00eda que guardar cola as\u00ed que, como ni\u00f1os que eran, no paraban quietos. Ten\u00edan m\u00e1s prisa que nadie pues una vez lleno el cubo hab\u00eda que regresar cuesta arriba hasta la casa de cada uno y ver quien llegaba el primero. Todo era un juego. \u00bfAcaso no es eso la ni\u00f1ez? La casa de los abuelos ten\u00eda dos azoteas. En la primera hab\u00eda una enorme pajarera donde su madre criaba unos ex\u00f3ticos p\u00e1jaros llamados com\u00fanmente diamantes, tambi\u00e9n estaba el tendedero, una conejera (cada vez que le daba de comer zanahoria a alguno de los conejos, \u00e9ste acababa por mordisquearle los dedos pero ah\u00ed estaba el abuelo para sanarlos) y como no, el cuarto de los juegos donde vivi\u00f3 por un tiempo un pollito al que nunca se atrevi\u00f3 a coger porque tem\u00eda que se le partiera entre las manos. En los escalones que daban a la azotea m\u00e1s alta, donde se encontraban los palomares de su padre, sentaba a sus mu\u00f1ecas y se convert\u00eda en una maestra bastante dura. Hab\u00eda algo s\u00e1dico en su actitud pues manejaba una regla de madera con autoridad y m\u00e1s de una cabeza acababa rodando por el suelo. No se consideraba mala pues luego las recompon\u00eda y todo arreglado. All\u00ed, en aquella azotea, cuando hac\u00eda sol, su madre le cepillaba el cabello reci\u00e9n lavado hasta dejarlo perfecto. \u00a1Cu\u00e1ntos recuerdos que no dan tregua a la emoci\u00f3n! Los almuerzos en familia los fines de semana con el abuelo presidiendo la mesa, amasando el gofio en el zurr\u00f3n como s\u00f3lo \u00e9l sab\u00eda hacerlo. Nunca volvi\u00f3 a saber el gofio como cuando el abuelo viv\u00eda. Por la noche, en verano, con la radio de fondo y Don Antonio Mach\u00edn cant\u00e1ndole a sus angelitos negros, en la cocina abr\u00edan una baraja y jugaban al burro, la ronda, el tute, el envite&#8230; \u00a1Qu\u00e9 m\u00e1s daba! Lo importante era estar todos reunidos y pasarlo bien. Ella se sentaba en una silla a observar y escuchar aquellas canciones imperecederas. Un gato negro asomaba de vez en cuando por la ventana abierta. Le encantaban los gatos y nunca hizo caso de las supersticiones. Si era negro, a\u00fan m\u00e1s hermosa e impactante le parec\u00eda la mirada verde de sus ojos rasgados que ella desafiaba mantener al minino sin ning\u00fan \u00e9xito. Era feliz. El tiempo, con la enfermedad del abuelo, el maldito alzh\u00e9imer, cambiar\u00eda demasiadas cosas. La abuela nunca m\u00e1s volvi\u00f3 a sonre\u00edr. Le sobrevivi\u00f3 unos pocos a\u00f1os m\u00e1s pero una calurosa tarde de verano abuela y nieta se miraron a los ojos por \u00faltima vez y se despidieron para siempre. Hab\u00eda comenzado a sentir el descalabro de la adolescencia en su cuerpo, su mente y su alma, y su p\u00e9rdida no ayud\u00f3 a una ni\u00f1a que se convertir\u00eda en una muchacha complicada alej\u00e1ndose de la alegre chiquilla que una vez fue. A\u00fan as\u00ed, cada vez que un a\u00f1o de desvanec\u00eda en el calendario, la vida ped\u00eda seguir abri\u00e9ndose paso y al final lleg\u00f3 Juan y con \u00e9l, Gabriela, la felicidad completa. Aunque la emoci\u00f3n la embarga al ver las fotograf\u00edas de su pasado, \u00e9ste ya no duele. Es amor verdadero lo que hay en cada imagen y desde luego no devolver\u00e1 la caja al trastero. Ma\u00f1ana le ense\u00f1ar\u00e1 las fotos a Gabriela y a su marido, y les hablar\u00e1 orgullosa de su infancia pobre pero inmensamente feliz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Maite encontr\u00f3 la caja de galletas mientras hac\u00eda limpieza en el trastero. Ten\u00eda tanta herrumbre que para abrirla necesit\u00f3 de toda su fuerza y mafia pero lo que hall\u00f3 en su interior mereci\u00f3 sobradamente la pena. 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