
{"id":446,"date":"2012-10-18T00:07:22","date_gmt":"2012-10-17T22:07:22","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=446"},"modified":"2012-10-17T23:36:13","modified_gmt":"2012-10-17T21:36:13","slug":"93-tessera-por-druso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/93-tessera-por-druso\/","title":{"rendered":"93-Tessera. Por Druso"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Bajo el c\u00e1lido manto lum\u00ednico de una l\u00e1mpara de aceite, el hispano Caius Quinto Druso trabajaba intensamente. Tratando de abstraerse del sopor de la noche y el cansancio, insert\u00f3 con precisi\u00f3n la fina punta de su cuchillo en el extremo de un dado hecho de hueso y realiz\u00f3 un diminuto boquete en la cara donde estaban marcados seis puntos. <!--more-->Sin moverse, alarg\u00f3 la mano hasta un arc\u00f3n y sac\u00f3 de su interior una bolsita de cuero llena de tierra, le quit\u00f3 el lazo y verti\u00f3 su contenido en el interior de la abertura. A continuaci\u00f3n, rellen\u00f3 de nuevo el agujero, asegur\u00e1ndose que el dado quedara exactamente igual a como se encontraba antes de manipularlo, tanto en la forma como en el peso. Mir\u00e1ndolo al trasluz, Caius sonri\u00f3, satisfecho. Estaba seguro que nadie notar\u00eda que estaba trucado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0&#8211;<em>Exsi<\/em> -anunci\u00f3 el timador a su compa\u00f1ero Decimus Maximus Appio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Justo a tiempo-contest\u00f3 su amigo-. Si queremos llegar a Roma a la <em>hora sexta<\/em> hemos de partir de inmediato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Appio fustig\u00f3 con su vara a las dos mulas que tiraban del carro y emprendieron el camino hacia la capital del Imperio, donde aquella semana se estaban celebrando las <em>saturnales, <\/em>una de las festividades populares m\u00e1s esperadas en la ciudad: siete d\u00edas de excesos, donde\u00a0 se com\u00eda, se beb\u00eda y, sobre todo, se jugaba mucho dinero a los dados. Cuando el sol ya se encontraba en su c\u00e9nit llegaron a las puertas de Roma, donde una infinidad de caravanas, ac\u00e9milas y ciudadanos se arremolinaban en torno a los puestos ambulantes que se extend\u00edan por las atestadas calles, donde los templos dedicados a J\u00fapiter, Marte o Vesta se entremezclaban con los edificios administrativos, las termas y los prost\u00edbulos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Avanzaron por la <em>Via Sacra<\/em><em> <\/em>hasta las proximidades del arco del triunfo, con el monte palatino al fondo, donde vieron un hueco para instalar su tienda. Despu\u00e9s de montar las carcomidas tablas, revestidas con una tela de pelo de cabra que ganaron a unos beduinos de Arabia Petrea jugando al <em>Iactus Tres<\/em>, Decimus empez\u00f3 a atraer la atenci\u00f3n de la gente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-\u00a1Romanos!-grit\u00f3 Appio. El de <em>Italica<\/em>, dotado de una verborrea extraordinaria, siempre hab\u00eda poseido un don especial para tratar con la gente-, \u00a1jueguen con nosotros al <em>Abacum claudere<\/em>, el juego de combinaci\u00f3n m\u00e1s apasionante de todo el Imperio!, \u00a1una jugada, un denario!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Enseguida un tumulto rode\u00f3 la enorme mesa donde Caius estaba colocando cinco tableros, divididos cada uno en nueve escaques de color rojo y negro y numeradas del uno al nueve.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Les recuerdo las reglas, insignes se\u00f1ores. Una \u00fanica tirada. Cada jugador lanza los dos dados y suma el resultado. Si sale diez, once o doce, ha de pasar al siguiente jugador. Si el resultado es otro, quedar\u00e1 marcada la casilla con una ficha. Cuando todos hayan jugado su turno, lo har\u00e1 mi compa\u00f1ero. Despu\u00e9s, de los cuarenta y cinco puntos que resultan sumar del uno al nueve, restaremos los que haya sacado cada uno. Aquel cuyo resultado sea menor, gana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 En la primera tanda jugaron cinco hombres, elegidos con ojo experto por Decimus. Todos iban ataviados con la toga que, seg\u00fan dedujo Caius, \u00fanicamente sacaban durante los d\u00edas de fiesta, en un pat\u00e9tico intento por parecer aut\u00e9nticos patricios cuando sus desgastadas <em>solae <\/em>delataban que el dinero s\u00f3lo les hab\u00eda dado para aquello que estaba m\u00e1s a la vista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0El primer hombre, un joven de frente despejada, tez morena y orejas separadas, lanz\u00f3 los dados con soltura, sacando un tres y un cuatro. Decimus coloc\u00f3 una piedra sobre el siete y le rest\u00f3 cuarenta y cinco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Total, treinta y ocho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Le tocaba el turno al segundo hombre, un anciano de aspecto tan\u00a0 enclenque que cuando al lanzar entrecerr\u00f3 los ojos casi por completo, Caius dud\u00f3 si lo que estaba haciendo era apuntar o morirse all\u00ed mismo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Diez-dijo Decimus al ver que hab\u00edan salido dos cincos-.Se pasan los dados al siguiente jugador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Tras el viejo tiraron el tercer apostante, que consigui\u00f3 un seis, el cuarto-otro seis-, y finalmente el quinto, que sac\u00f3 un tres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Lleg\u00f3 el turno de Caius. Mientras se colocaba en la raya dibujada en el suelo, Appio comenz\u00f3 a hablar con su natural desparpajo, concitando la atenci\u00f3n de los jugadores y dando tiempo suficiente para que su compa\u00f1ero sacara r\u00e1pidamente los dados trucados que llevaba ocultos en el pliegue de sus ropas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Hagamos un recordatorio de la puntuaci\u00f3n de cada uno-dijo Decimus, remarcando cada palabra-. El primer jugador sac\u00f3 un siete, luego tiene un treinta y siete. El segundo sac\u00f3 un diez, por lo que \u00a0tiene un cuarenta y cinco. El tercero y el cuarto obtuvieron un seis, as\u00ed que tienen un treinta y nueve, y el \u00faltimo sac\u00f3 un\u00a0 cuarenta y dos. Por tanto, la casa ha de sacar m\u00e1s de un siete, sin sacar un diez, once o doce, si quiere ganar al jugador n\u00famero uno. Adelante, Caius.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Con estudiada parsimonia, Quinto Druso amag\u00f3 el tiro por dos veces antes de lanzarlos contra el tablero, deteni\u00e9ndose el primero en el seis y el otro en un tres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Nueve-anunci\u00f3 Decimus, quien trataba de disimular una sonrisa p\u00edcara-, lo que hace un total de treinta y seis. \u00a1Gana la casa, se\u00f1ores!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Acompa\u00f1ado por un murmullo de decepci\u00f3n y la voz quebrada de Decimus de fondo animando a una nueva apuesta, Caius comenz\u00f3 a recoger el dinero mientras pensaba que su amigo hab\u00eda nacido para ese trabajo, en un claro ejemplo de lo que los latinos llamaban <em>vocatio<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"text-align: center;\">&#8212;-<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Quinto Druso siempre hab\u00eda pensado que el amanecer de Roma ten\u00eda un colorido especial. Con el reflejo de la luz del sol ti\u00f1endo de naranja el <\/span><em style=\"text-align: justify;\">Amphiteatrum Flavium<\/em><span style=\"text-align: justify;\"> el hispano meditaba sobre lo que pod\u00eda depararle el nuevo d\u00eda despu\u00e9s de haber aceptado la proposici\u00f3n que su amigo le acababa de hacer: acudir al Palacio Imperial, donde se hab\u00eda organizado una jornada de dados para la gente m\u00e1s acaudalada. La idea era infiltrase entre los jugadores, tratar de ganar un buen n\u00famero de partidas y salir de all\u00ed sin llamar la atenci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Es la hora-dijo Decimus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Tras realizar una ofrenda a la diosa Fortuna, los dos hombres se dirigieron hasta los alrededores de la <em>Domus Augustana<\/em><em>, <\/em>donde<em> <\/em>una marea humana se agolpaba a las puertas del palacio. Cuando a la hora <em>quinta<\/em> se permiti\u00f3 la entrada, la gente se fue distribuyendo entre las mesa, comenzando una org\u00eda lud\u00f3pata cuyos protagonistas absolutos eran los dados, siempre caprichosos a la hora de favorecer a algunos y arruinar a otros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Durante toda la ma\u00f1ana Decimus y Caius fueron pasando de mesa en mesa, jugando al <em>Iactus Tres<\/em>, al <em>Abacum claudere<\/em> o al <em>Quinquenovem<\/em>. Utilizando toda su destreza-y en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n los dados trucados-, los dos hombres ganaron f\u00e1cilmente cien denarios, alcanzando tal notoriedad entre el resto de participantes que, en un momento de descanso, un hombre que se present\u00f3 como el Senador Lucius Marcus Tetraides se les acerc\u00f3, salud\u00e1ndoles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Que los dioses os guarden tanto como hoy lo est\u00e1n haciendo-dijo el anciano cuya espesa mata de pelo, tan blanco como la nieve, le daba un aire se\u00f1orial- \u00bfC\u00f3mo os llam\u00e1is?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0-Caius Nervae y Decimus Maximus, comerciantes de Hispania que hemos venido a probar fortuna durante las <em>saturnales<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Bien, Caius Nervae y Decimus Maximus. Ha llegado a los o\u00eddos del gran Commodus que hoy os est\u00e1 bendiciendo la diosa Fortuna, lo que ha atra\u00eddo su atenci\u00f3n. Quiere que os lleve a su presencia para que jugu\u00e9is con \u00e9l.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Al o\u00edr aquello los dos j\u00f3venes se quedaron sin respiraci\u00f3n. S\u00f3lo cuando pasaron unos segundos Decimus recuper\u00f3 su natural facilidad de palabra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Agradecemos la invitaci\u00f3n, senador.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Seguidme, pues.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Tetraides los acompa\u00f1\u00f3 a una de las estancias del <em>peristilum<\/em>, una sala donde hab\u00eda un <em>cartibulum<\/em> preparado para el juego. Al fondo, sentado en una silla de tijera, Commodus beb\u00eda vino en una ostentosa copa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Ave, <em>imperator<\/em>-dijo el senador, saludando al estilo romano- Os traigo a los dos mejores jugadores de toda Roma a vuestra presencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Con el pelo oscuro y rizado, herencia de su padre Marco Aurelio, el emperador, vestido con una toga de seda, dej\u00f3 el vaso y los mir\u00f3 con aquellos ojos extremadamente peque\u00f1os en los que Caius crey\u00f3 denotar un punto de locura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Juguemos entonces-dijo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0El emperador y el s\u00e9quito compuesto por senadores de su confianza, pretorianos y su poeta personal se dirigieron a la mesa, donde aguardaban un funcionario imperial y dos solitarios dados hechos de hueso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 -Jugaremos al <em>Unus ut Duo<\/em>. A una tirada-sentenci\u00f3 Commodus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Al escuchar aquello a Decimus se le ensombreci\u00f3 el rostro. Aunque se hubiese atrevido a hacer trampas al mism\u00edsimo <em>imperator<\/em>, con aquel juego no era posible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Recuerdo las reglas-dijo el funcionario, llamado Publius Rusco- Primero un jugador lanzar\u00e1 un dado y el resto, dos. Si el otro consigue igualar la tirada con ambos dados, gana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Yo empiezo-dijo Commodus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0El imperator cogi\u00f3 con delicadeza uno de los dados de la mesa y lo tir\u00f3 suavemente hacia una de las esquinas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Seis-anunci\u00f3 Rusco.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Un caluroso aplauso rompi\u00f3 el silencio de la sala, inici\u00e1ndose un murmullo creciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -\u00bfCu\u00e1nto apost\u00e1is?-pregunt\u00f3 el funcionario a los dos jugadores.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -No disponemos de mucho dinero, as\u00ed que\u2026-comenz\u00f3 a decir Decimus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Todo-dijo Caius, interrumpiendo a su compa\u00f1ero- Trescientos denarios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 El cuchicheo inicial se torn\u00f3 en interjecciones de todo tipo, Decimus incluido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Sea-acept\u00f3 Commodus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Ignorando a su amigo, Caius cogi\u00f3 los dos dados que le ofrec\u00eda el funcionario, los mir\u00f3 atentamente, cerr\u00f3 la mano derecha, la agit\u00f3 con un ligero movimiento de mu\u00f1eca y los lanz\u00f3 contra el frontal de la mesa, rebotando hasta en dos ocasiones, deteni\u00e9ndose el primero en un cuatro, mientras que el segundo, m\u00e1s indeciso, gir\u00f3 sobre s\u00ed mismo para acabar cayendo en un dos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Decimus apenas pudo sofocar un grito de alegr\u00eda, ahogado bajo un creciente murmullo de decepci\u00f3n-alguna real, muchas fingidas- de la comitiva imperial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Seis-bisbise\u00f3 el funcionario mientras, temeroso, miraba de reojo al <em>imperator<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0El silencio rein\u00f3 de nuevo en toda la sala, con todos los ojos pendientes de la reacci\u00f3n de Commodus, quien miraba a Caius como si de un <em>augur<\/em> se tratase<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0-Es claro-sentenci\u00f3 el emperador mientras se levantaba, ci\u00f1\u00e9ndose su manto de terciopelo-, los dioses os son favorables. Recoged el dinero y rogad por la buena fortuna del <em>imperator<\/em> en vuestras ofrendas.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\">&#8212;-<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Est\u00e1s loco- las palabras de Decimus Maximus resonaron en la taberna donde el vino y las patas de cabrito corr\u00edan esa noche a cuenta de los dos hispanos-\u00bfC\u00f3mo se te ocurri\u00f3 apostarlo todo sabiendo que no pod\u00edamos usar nuestros dados?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Cuesti\u00f3n de probabilidad, Decimus-respondi\u00f3 Caius con una amplia sonrisa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-\u00bfC\u00f3mo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0-\u00a1Tantos a\u00f1os timando y no te has parado a pensar c\u00f3mo funcionan los dados! Te lo explicar\u00e9. Si lanzamos un solo dado, existe las mismas posibilidades de que salga cualquiera de los seis n\u00fameros, luego la probabilidad es de un sexto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Evidentemente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0-Pero si lanzamos dos dados, el n\u00famero resultante es la suma de ambos, como pas\u00f3 en nuestra partida, en la que si en uno hay un dos y en el otro un cuatro, tenemos un seis.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0-S\u00ed. \u00bfY qu\u00e9?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 -Cuando lanzas dos dados no todos los n\u00fameros tienen las mismas opciones de caer. Por ejemplo, el dos s\u00f3lo puede salir de una manera: que en ambos dados salga un uno. Y sin embargo, para el tres hay dos formas, que en un dado salga uno y en el otro un dos, o viceversa. Es decir, dos posibilidades de sacar un tres frente a una sola de sacar un dos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 -Entonces-pregunt\u00f3 Decimus-, \u00bfpara sacar un seis?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0-Hay hasta cinco opciones distintas de sacar un seis utilizando dos dados, as\u00ed que lo de esta ma\u00f1ana era una buena apuesta, en t\u00e9rminos de probabilidad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-Arriesgada, en todo caso-le recrimin\u00f3 cari\u00f1osamente su amigo mientras alzaba el vaso en su honor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0-A veces la suerte es simplemente la manera disimulada que tienen los dioses para hacer las cosas-dijo Caius mientras elevaba el vaso a la figura de la diosa Fortuna que presid\u00eda la taberna y de la que, si no fuera porque sab\u00eda que era fruto de los vapores del vino, hubiese jurado que en ese momento estaba sonriendo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Bajo el c\u00e1lido manto lum\u00ednico de una l\u00e1mpara de aceite, el hispano Caius Quinto Druso trabajaba intensamente. 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