{"id":472,"date":"2012-10-19T00:03:53","date_gmt":"2012-10-18T22:03:53","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=472"},"modified":"2012-10-19T00:03:53","modified_gmt":"2012-10-18T22:03:53","slug":"99-el-meteorito-por-hildebrando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/99-el-meteorito-por-hildebrando\/","title":{"rendered":"99- El meteorito. Por Hildebrando"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Una corriente de aire introdujo por la ventana una pluma de \u00e1guila real en el despacho de la reina. La pluma, tras volar por encima del escritorio, el escabel y\u00a0 la ara\u00f1a de cristal de Bohemia, fue a posarse sobre un piano de cola, cuyas teclas, tocadas h\u00e1bilmente por el c\u00e1lamo, emitieron el momento en que \u201cSigfrido\u201d coge su espada \u201cNothung\u201d y la forja.<!--more--> La at\u00f3nita reina de la \u00fanica monarqu\u00eda que quedaba en Europa hab\u00eda levantado el sello para dejarlo caer sobre una orden del Gobierno, mas, desconcertada, lo estamp\u00f3 sobre su mano izquierda, donde se le dibuj\u00f3 una alegre luna creciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Llam\u00f3 a su marido, que se estaba comiendo un bomb\u00f3n de chocolate belga. Al o\u00edr lo que dec\u00eda y mostraba su consorte, se atragant\u00f3 y su sol\u00edcita esposa-reina tuvo que darle unos golpecitos en la espalda con su reinante mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la noche, cuando el marido, que se hab\u00eda puesto debajo de la reina (al ser ella de m\u00e1s alta alteza, le conced\u00eda con mucho gusto esa deferencia) para que se diera un regusto que le aliviara el pesaroso disgusto, mir\u00f3 la luna creciente de la mano de la soberana al tiempo que un meteorito cay\u00f3 sobre su pa\u00eds, Dinamarca; gallinas y pollos de todas las granjas cacarearon durante media hora, las ovejas balaron, las vacas mugieron y los caballos relincharon. A las mujeres se les cort\u00f3 la menopausia, incluida a la madura reina, y todas las que en ese momento estaban conociendo a sus respectivos maridos, amantes fijos u ocasionales se quedaron embarazadas. Y a todas les sali\u00f3 una alegre luna creciente en la mano izquierda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando amaneci\u00f3, los costaneros vieron el meteorito en la playa y se quedaron pasmados al mirar las aguas del Mar del Norte convertidas en un mar de blanca lana, en cuyo centro sobresal\u00eda el enorme cuello de una botella amarilla con corcho escarlata, tan grande como el cr\u00e1ter de un volc\u00e1n. Las embarcaciones, no preparadas para navegar entre lana, no se pod\u00edan acercar para examinarla de cerca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los embarazos crec\u00edan tan r\u00e1pidamente como las lunas de las manos y la del cielo. Las mujeres embarazadas liberaban sonoros vientos, se miraban unas a otras, se ve\u00edan la luna y se part\u00edan de la risa. Desde la vecina Alemania husmeaban y dec\u00edan: \u201cAlgo huele a podrido en Dinamarca\u201d, donde ya se hab\u00eda reunido un Gabinete de crisis presidido por la reina embarazada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando estaban dilucidando sobre tan singulares aconteceres, la reina levant\u00f3 la nalga derecha y liber\u00f3 un aire. La reina no se ri\u00f3. El ministro de\u00a0 urbanismo se incorpor\u00f3 y pidi\u00f3 perd\u00f3n para salvar el honor de su majestad. La reina, cada cierto tiempo, enarbolaba su nalga derecha, siempre la derecha -bien porque las reinas son todas de derechas, bien por el peso de la luna creciente de la izquierda- y liberaba un aire prisionero. A cada viento sonoro de la soberana se levantaba un ministro y ped\u00eda perd\u00f3n a los dem\u00e1s miembros del Gobierno. Como el Presidente ve\u00eda que aquello no avanzaba, se levant\u00f3: \u201clos pr\u00f3ximos veinte aires liberados por la reina corren de mi cuenta\u201d, dijo en tono solemne; de esa manera el Consejo de Ministros pudo seguir, sin tanta interrupci\u00f3n, con las medidas urgentes a tomar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0La reuni\u00f3n, a pesar de la generosidad del Presidente, se alarg\u00f3 durante horas. Estaban a punto de terminar, -m\u00e1s por cansancio que por haber encontrado una soluci\u00f3n-, cuando les lleg\u00f3 una llamada de su vecina Alemania, enterados ya de la causa de los malos vientos de sus vecinos. Los efectos del meteorito hab\u00edan repercutido tambi\u00e9n en las menopausias alemanas, con lo que las mujeres que en aquellos momentos de la noche (unas cuatro millones y medio) estaban unidas a un var\u00f3n se hab\u00edan quedado tan embarazadas o m\u00e1s que las danesas, todas luc\u00edan su sonriente luna en la mano izquierda y liberaban ruidosos vientos. Los mandos alemanes, los ministros y la canciller (que tambi\u00e9n se hab\u00eda quedado embarazada y tambi\u00e9n liberaba aires prisioneros, pero ante los cuales, en su Gabinete, nadie se levantaba ni ped\u00eda perd\u00f3n para salvar su honor) echaban pestes contra los daneses por no haber previsto la ca\u00edda del meteorito y por no haberlo destruido nada m\u00e1s caer. El Gobierno de Dinamarca se sinti\u00f3 herido y mand\u00f3 levantar otra vez las fronteras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gente se dirig\u00eda en grandes caravanas a ver el Mar del Norte, un mar de blanca y fina lana, y la gran botella, cuyo cuello apuntaba hacia Alemania.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las autoridades danesas no sab\u00edan qu\u00e9 hacer para acercarse a la botella. A unos ni\u00f1os se les ocurri\u00f3 prender la lana, que ardi\u00f3 como la yesca; el mar de lana se convirti\u00f3 en un mar en llamas. El calor del fuego calent\u00f3 la botella, cuyo descorche estremeci\u00f3 a media Europa. El mar en llamas se convirti\u00f3 en un mar de cenizas. Al estallar la botella, una especie de lava seminal vol\u00f3 por los aires y llovi\u00f3 sobre Germania. Los aguerridos espermatozoides se dirigieron a las mujeres que la noche anterior no hab\u00edan conocido var\u00f3n,\u00a0 que, al ver sus intenciones, hu\u00edan despavoridas. Sus maridos, amigos o compa\u00f1eros trataban de matarlos, pero eran muy h\u00e1biles y escurridizos, y en ese momento\u00a0 surgi\u00f3 un fuerte viento que levant\u00f3 el mar de cenizas, que inund\u00f3 Alemania. Las cenizas dejaron ciegos a los hombres. Las mujeres se cruzaban de piernas para impedir la entrada de los espermatozoides, pero estos trepaban y les hac\u00edan graciosas cosquillas, que les hac\u00edan mearse de la risa, momento que aprovechaban para colarse dentro. Las embarazaron a base de bien. Luego, los restantes se dirigieron hacia Dinamarca. A pesar de las fronteras, levantadas de nuevo por los daneses, las pasaron como si tal cosa y a dos mujeres polic\u00eda que las custodiaban las embarazaron de pasada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Veinte millones de mujeres germanas y casi dos de danesas esperaban hijos, que crec\u00edan sanos y golpeaban de vez el cuando los vientres de sus mam\u00e1s al comp\u00e1s de la alegre Luna Creciente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hombres, todos ciegos, deambulaban por el pa\u00eds. A las mujeres se les hab\u00eda cortado el apetito de yacer con ellos, bien por\u00a0 los efectos secundarios de los espermatozoides volc\u00e1nicos, bien porque temieran molestar a los hijos tan especiales que guardaban en su seno. Algunos teutones buscaba mujer que quisiera reconfortarlos, pero como no ve\u00edan, las mujeres los esquivaban f\u00e1cilmente. Muchas vivieron aliviadas sin tanto agobio. Otras empezaron a echar de menos alg\u00fan gustillo extra y discut\u00edan entre ellas si hab\u00eda que compadecerse o no de los hombres y de ellas mismas. No tuvieron que pensar mucho, porque a los ciegos varones les entr\u00f3 una enfermedad tan rara y agresiva que ni tiempo les dio a los disgustados m\u00e9dicos e investigadores de ponerle un nombre y, menos complacientes a\u00fan, quedaron las compa\u00f1\u00edas farmac\u00e9uticas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entonces, aterrizaron grandes naves con hombres amarillentos, tirando bastante a feos, de ojos rasgados, de peque\u00f1a estatura pero de una gran fuerza f\u00edsica. Cogieron a los hombres muertos y los arrojaron al Mar del Norte, que se convirti\u00f3 en un mar de cad\u00e1veres, hasta que llegaron los buitres del hemisferio norte, y el Mar del Norte se convirti\u00f3 en un Mar de Buitres. Cuando terminaron con la carne, qued\u00f3 un mar de esqueletos. Los buitres, echa la digesti\u00f3n soltaron desalientos, cuyo olor, a trav\u00e9s de un pasillo creado por las nuevas autoridades, lleg\u00f3 hasta los PIGS, que, como buenos PIGS, lo respiraron casi con complacencia. Adem\u00e1s, hab\u00edan pedido el rescate de su maltrecha econom\u00eda a los del Norte y recibieron como buenos indicios el cambio de aires. Los buitres, satisfechos, volaron en bandadas tan grandes que produjeron un eclipse de Sol. Entonces, los hombres peque\u00f1os\u00a0 abrieron el estrecho del B\u00e1ltico,\u00a0 el de Noruega y el del Atl\u00e1ntico, que hab\u00edan cerrado con grandes compuertas, y el Mar del Norte se llen\u00f3 otra vez de agua. Vinieron los tiburones, sobre todo anglosajones, algunos rusos y algunos del golfo P\u00e9rsico, y se comieron los esqueletos. Y el Mar del Norte se convirti\u00f3 en un mar de tiburones. Para alimentarlos, crearon empresas conjuntas con algunas eficientes de los PIGS y les echaban a menudo cad\u00e1veres de los habitantes de \u00e9stos que se han visto de repente, sin saber c\u00f3mo, con la soga al cuello.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda de la Luna Llena del firmamento se complet\u00f3 la de las manos de las embarazadas, que lanzaron un grito estridente y sostenido, similar al <em>irrintzi<\/em> vasco, y parieron a la vez extra\u00f1os trillizos (dos ni\u00f1os y una ni\u00f1a), que en vez de llorar dijeron: \u201cTse tse chulilai. Inmediatamente se pusieron de pie como los impalas en los documentos de la tele. Las madres, a pesar de haber parido unos hijos tan poco arios, los quisieron como madres y les ofrecieron sus generosas ubres. Ellos\u00a0 esperaban su turno con verdadero orden teut\u00f3n y mamaban hasta saciarse. De vez en cuando respiraban, y el que esperaba la vez preguntaba al que mamaba:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Est\u00e1 rica la lecha alemana, \u00bfeh?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">-Rica, riqu\u00edsima, equilibrada y arom\u00e1tica, untuosa, de acidez y graduaci\u00f3n medias, de sabor afrutado, de larga persistencia en la boca y un regusto final muy complaciente que se agarra al paladar, y aparecen en v\u00eda retronasal notas de cerveza y salchichas de Frankfurt con un\u00a0 toque de sauerkraut. Da gusto chupar pezones alemanes. Son de mucha calidad, suaves, turgentes, recios, serios, con buen reprise y aceleraci\u00f3n sostenida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las mam\u00e1s de los beb\u00e9s sonre\u00edan halagadas. Se les ca\u00eda la baba viendo lo bien que mamaban sus hijos y se les criaban, sin eructos, aires ni lloros. Adem\u00e1s, apenas defecaban; y, cuando lo hac\u00edan, depositaban unas cagalitas m\u00e1s duras que las de las ovejas, con un olor como a lirio de la Selva Negra. Los limpios y bien educados ni\u00f1os jugaban con ellas a las canicas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hombres amarillentos, recios, peque\u00f1os y tirando bastante a feos, al tercer d\u00eda, dijeron a las madres que les ofrecieran a sus hijos biberones de concentrado, adem\u00e1s de los pechos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A la\u00a0 reina de Dinamarca, al sexto d\u00eda, le quitaron a la hija. Todos los dem\u00e1s <em>Tse tse chulilai<\/em> le rindieron pleites\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El d\u00eda anterior a la tercera Luna Llena ya eran unos aguerridos soldados, que hab\u00edan mejorado la estatura y corpulencia de los hombres peque\u00f1os gracias a los genes y a la buena leche de las madres arias. A la hija de la reina la encerraron en el palacio <em>Neuschwanstein<\/em>\u00a0 para que procreara hijas de sangre azul, para que la sangre azul no se extinguiera de las venas de la vieja Europa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La reina de Dinamarca enarbol\u00f3, de mala gana, la nalga derecha y liber\u00f3 su \u00faltimo aire, ya natural,\u00a0 que nadie reivindic\u00f3. Dijo: \u201cAh\u00ed os queda eso, feos invasores\u201d. Entonces abdic\u00f3 en su hija. Muri\u00f3 diciendo: \u201cSer y no ser\u201d, e ipso facto dej\u00f3 de ser despu\u00e9s de haber sido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0La noche de la cuarta Luna Llena las vacas levantaron la testuz y mugieron, los lobos aullaron, los perros ladraron, los gatos maullaron y los PIGS gru\u00f1eron. Un mar de sonidos de afilados metales y roncos motores de m\u00e1quinas de guerra volvi\u00f3 a o\u00edrse por la vieja Europa. Los j\u00f3venes nacidos de madre germana (a los de las danesas los usaron como tropa de avituallamiento) avanzaban al son de \u201cla Cabalgata de las Valquirias\u201d e invadieron Polonia gritando al un\u00edsono: \u201cHeil Tse tse chulilai\u201d. Luego, con los j\u00f3venes polacos, empleados para lustrarles el calzado, hacerles la comida, limpiarles las letrinas y dem\u00e1s quehaceres, se dirigieron directamente hacia los PIGS, que dominaron sin oposici\u00f3n, pues creyeron \u00e9stos que eran los del rescate que ven\u00edan al fin a rescatarlos. A hombres y mujeres de los PIGS los usaron como mano de obra tirada, trabajo por el que muchos estaban sumamente agradecidos, y a los cada vez m\u00e1s numerosos con la soga al cuello, para alimentar a los tiburones. No hubo necesidad de una tercera guerra mundial, pues los <em>Tse tse chulilai <\/em>solo invad\u00edan de tarde en tarde alg\u00fan pa\u00eds por debajo de los PIGS y, adem\u00e1s, las agencias anglosajonas de calificaci\u00f3n enseguida les concedieron la triple AAA.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una corriente de aire introdujo por la ventana una pluma de \u00e1guila real en el despacho de la reina. La pluma, tras volar por encima del escritorio, el escabel y\u00a0 la ara\u00f1a de cristal de Bohemia, fue a posarse sobre un piano de cola, cuyas teclas, tocadas h\u00e1bilmente por el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[10,196,11],"class_list":["post-472","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-lunas","tag-relatos-2"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/472","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=472"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/472\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=472"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=472"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=472"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}