{"id":537,"date":"2012-10-23T00:31:55","date_gmt":"2012-10-22T23:31:55","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=537"},"modified":"2012-12-30T01:14:39","modified_gmt":"2012-12-30T00:14:39","slug":"120-senectud-maldito-tesoro-por-firmin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/120-senectud-maldito-tesoro-por-firmin\/","title":{"rendered":"120- Senectud, maldito tesoro. Por Firm\u00edn"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><em>El arroyo crec\u00eda imparable, convertido en un impetuoso r\u00edo que amenazaba con arrasarlo todo. El agua rob\u00f3\u00a0 ca\u00f1as y ranas muertas\u00a0 mientras el bosque, acechante, \u00a0se volv\u00eda noche cerrada. Temeroso de la ira de su madre, el muchacho\u00a0 intent\u00f3\u00a0 recuperar las viejas botas ra\u00eddas que arrastraba la corriente<\/em>\u2026.y entonces despert\u00f3 sudoroso, jadeante. Se mir\u00f3 los pies, calientes y\u00a0 mullidos en las zapatillas de fieltro que los nietos le regalaban met\u00f3dicamente a finales de noviembre. \u00bfQu\u00e9 otra cosa se le pod\u00eda regalar a un viejo ya casi centenario?<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Tal vez un poco m\u00e1s de tiempo. <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se busc\u00f3 el coraz\u00f3n y lo palp\u00f3 con nerviosismo. Segu\u00eda galopando, agotado dentro del pecho. Todo estaba en su sitio pero las pesadillas acabar\u00edan por matarle. Observ\u00f3 al peque\u00f1o cachorro de agua ladrar al sol, que impasible recorr\u00eda lentamente el patio, calentando las macetas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Me queda menos vida que a un \u00a0perro,<\/em> pens\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volvi\u00f3 a contemplar la fotograf\u00eda de su mujer, vestida de novia, enmarcada de alpaca en papel sepia, sonriente y ajena al mundo de formol y hast\u00edo que la rodeaba, expuesta como uno m\u00e1s de los trofeos y tonter\u00edas que llenaban el mueble bar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00bfC\u00f3mo hab\u00eda llegado a esta situaci\u00f3n? <\/em>Los a\u00f1os socavaron lentamente la fisonom\u00eda\u00a0 y la esencia del matrimonio que con el tiempo fue cambiando pasi\u00f3n por hijos, vida por trabajo,\u00a0 esperanzas por desencantos, salud por dinero y al final, dinero por falsa compa\u00f1\u00eda.\u00a0 Los pocos ahorros que a\u00fan perviv\u00edan en la cartilla del banco conformaban el \u00fanico\u00a0 seguro y garant\u00eda de que alguien le visitara en su tard\u00eda edad sin dientes. Unas visitas as\u00e9pticas de blancas enfermeras, que en otro tiempo hubieran resultado morbosas dentro de sus faldas plisadas de tela transparente, pero que a estas alturas representaban un simple y geri\u00e1trico protocolo de guantes, jab\u00f3n y arroz cocido. Los hijos, acuciados y justificados por una d\u00eda a d\u00eda acelerado de nuevas tareas y compromisos, alguna vez, muy poco, casi nunca,\u00a0 encontraban el momento de volver aun ni un preciso instante , lo justo para preguntar y confirmar que la vejez tambi\u00e9n se entreve\u00eda en sus cuerpos a\u00fan j\u00f3venes pero ya picados de canas y achaques. <em><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La televisi\u00f3n, canturreando copla espa\u00f1ola, cansina y eterna, encerraba tras el cristal a un ser horrible, enorme y falso que intentaba emparejar a hombres y mujeres que aun notaban correr, a duras penas,\u00a0 la sangre caliente por las arterias caducas. <em>Yo era fuerte c\u00f3mo un roble y me com\u00eda medio queso de una sentada<\/em>, fanfarroneaba un nonagenario ante j\u00f3venes azafatas de belleza azul marina y cara de poker, mientras\u00a0 alardeaba de un brazo pellejudo en el que en otro tiempo\u00a0 los b\u00edceps esculpieron cerros de vigor y energ\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Si alg\u00fan d\u00eda me veis de ese modo, escondedme las pastillas de la tensi\u00f3n para que muera<\/em>, intent\u00f3 Faustino anotar en un trozo de papel que luego descubrir\u00edan las palomitas blancas, esas enfermeras con las que sus hijos lavaban su conciencia. Pero record\u00f3 que no sab\u00eda escribir. Lo hizo en otra \u00e9poca, pero ya se le hab\u00eda olvidado. \u00c9l, que recitaba el \u201cTenorio\u201d de la a \u00e1 la z: <em>\u00a1Cu\u00e1n gritan esos malditos<\/em>! \u00a1<em>Pero<\/em> <em>mal rayo me parta si en acabando esta carta<\/em> <em>no pagan caros sus gritos!<\/em>, ahora no distingu\u00eda a las \u00a0hormigas negras que surcaban las p\u00e1ginas de sus propios prospectos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Apag\u00f3 el televisor, mientras su prole discut\u00eda en voz baja sobre el incierto futuro del viejo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00bfCu\u00e1nto le queda en la cuenta corriente? \u00bfA cu\u00e1nto saldr\u00edamos en el caso de que todav\u00eda viva cinco a\u00f1os m\u00e1s?<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A\u00fan reten\u00eda algo de cordura, por eso comprendi\u00f3 que el ciclo se cerraba, que todo final tiene un mismo comienzo: los hijos abandonando a los padres, las algaradas en la calle, la terrible sombra del hambre, los pol\u00edticos robando antes de huir, y despu\u00e9s, el estallido. Estaba cansado de repetirlo, <em>todo va a saltar por los aires, esto ya lo he vivido yo, en mis tiempos sucedi\u00f3 igual<\/em>, pero nadie le escuchaba. <em>Las<\/em> <em>batallitas del abuelo Cebolleta<\/em>, coment\u00f3 con sorna uno de sus hijos, el que de ni\u00f1o sisaba para comprar tebeos. Y entonces Faustino revent\u00f3. Alz\u00f3 la chivata y a grito pelado les despach\u00f3 a todos, a los hijos advenedizos, a las nueras mal encaradas,\u00a0 a los nietos ap\u00e1ticos y a sus juegos electr\u00f3nicos. Todos salieron en tropel escaleras abajo, prometi\u00e9ndose no volver a visitar al viejo quisquilloso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>Criatura, t\u00fa qu\u00e9date\u2026<\/em> dijo con cari\u00f1o acariciando al cachorro de agua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pase\u00f3 a lo largo del pasillo. Incansable. Con los cordones desatados. Testarudo. Contando lozas del suelo. Restando minutos. Con la lentitud del que tiene prisa por acabar. Con toda la prisa que se puede dar alguien que\u00a0 es lento. No pudo atarse los cordones. Le dio igual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante toda la noche, los vecinos de abajo escucharon el perezoso tamborileo del andador del viejo. Un repiqueteo que se trasladaba de un lado a otro\u00a0 del piso. Poco a poco, fue amontonando en el balc\u00f3n recuerdos y fotograf\u00edas, cachivaches y escrituras, vestigios de una boda antigua y cajas de medicamentos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya hab\u00edan llegado los bomberos cuando su familia al completo baj\u00f3 con prisas del coche. Amanec\u00eda. Le gritaron desde la calle, le llamaron loco, pero la decisi\u00f3n ya estaba tomada. Las puertas cerradas a cal y canto. Las cuentas pendientes saldadas. Los recuerdos volando entre los altos edificios, testamentos enganchados de las antenas, cumplea\u00f1os, viajes y banquetes despachurrados sobre el asfalto. Fotograf\u00edas convertidas en publicidad puerta a puerta. Un collar de oro en la alcantarilla\u2026.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los hijos lloraban y segu\u00edan dando voces, previendo el fatal desenlace. Un\u00a0 avezado periodista comenz\u00f3 a escribir la cr\u00f3nica, una peque\u00f1a columna en la p\u00e1gina de sucesos que servir\u00eda como colof\u00f3n a la vida de un pobre viejo.\u00a0 Faustino se subi\u00f3 a un peque\u00f1o taburete, con medio cuerpo sobre la baranda. Se quit\u00f3 la rebeca de lana con parsimonia, mir\u00f3 al peque\u00f1o cachorro de agua que dormitaba ajeno a la tragedia. Deslumbrado por los focos de la polic\u00eda, ech\u00f3 una \u00faltima mirada\u00a0 a la multitud, buscando a su prole, pero los ojos grises y cuarteados ya no escudri\u00f1aban la oscuridad. Guiado por las voces hist\u00e9ricas de las nueras lanz\u00f3 la chivata con sa\u00f1a, esperanzado en romper alguna cabeza como postrer despedida. Fall\u00f3 y el bast\u00f3n se parti\u00f3 sobre la acera. Un silencio pesado invadi\u00f3 a la multitud. Alguien aumento el dramatismo de la escena al gritar:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a1Se va a tirar! \u00a1Se va a tirar!<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las c\u00e1maras enfocaron con cuidado, consiguiendo un plano de perfecto encuadre. Entonces, el viejo, en precario equilibrio sobre el taburete, se abri\u00f3 el pantal\u00f3n y con la tranquilidad del que riega las macetas en una ma\u00f1ana de invierno, se me\u00f3 sobre todos los espectadores, con alevos\u00eda y chorrito parab\u00f3lico, como en los buenos tiempos, sacudi\u00e9ndosela impunemente antes de bajar de nuevo hasta el suelo de la terraza y entrar por fin al piso, no sin antes despedirse del auditorio con un torero corte de mangas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s se acomod\u00f3 en el sill\u00f3n de orejones, con la foto de su mujer entre los brazos y el cachorro de agua acurrucado entre sus pies\u2026 y <em>el arroyo ahora era apacible y cristalino. Los p\u00e1jaros cantaban en el ca\u00f1averal. El sol peinaba a los \u00e1rboles mientras el ni\u00f1o ataba los cordones de sus botas. Hoy no escuchar\u00eda las rega\u00f1inas de su madre\u2026<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por un d\u00eda<em>,<\/em> Faustino durmi\u00f3 feliz y tranquilo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El arroyo crec\u00eda imparable, convertido en un impetuoso r\u00edo que amenazaba con arrasarlo todo. El agua rob\u00f3\u00a0 ca\u00f1as y ranas muertas\u00a0 mientras el bosque, acechante, \u00a0se volv\u00eda noche cerrada. 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