{"id":548,"date":"2012-10-24T00:05:47","date_gmt":"2012-10-23T22:05:47","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=548"},"modified":"2012-10-23T23:25:40","modified_gmt":"2012-10-23T21:25:40","slug":"123-el-ultimo-tren-por-hitchcok","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/123-el-ultimo-tren-por-hitchcok\/","title":{"rendered":"123- El ultimo tren. Por Hitchcok"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Yo s\u00e9 que el silencio calibra mis pensamientos, por eso quiero que no est\u00e9s callada, que hables y te desag\u00fces como una torrentera de palabras y me inundes con tus vaniloquios y el silencio no sea m\u00e1s acaso que una posibilidad de fondo, o un intervalo imposible entre las palabras furtivas que pronuncias. <!--more-->Yo quisiera que hablases, porque este silencio que ahora todo lo inunda parece vociferar a trav\u00e9s del altavoz de mi conciencia. Enciendo un pitillo y exhalo volutas de humo y ejecuto c\u00edrculos m\u00e1gicos de humo como <em>oes<\/em> de admiraci\u00f3n con mis labios que otrora te besasen con un gesto de pez encerrado en una pecera, y cierro los ojos\u2014quiz\u00e1 as\u00ed sahumando la habitaci\u00f3n pueda contener este silencio que te obstinas en gritar\u2014quiz\u00e1 deseando que cuando vuelva a abrirlos t\u00fa rompas tu silencio. Recuerdo\u2014quisiera dec\u00edrtelo, no me atrevo\u2014la primera vez que te vi, en aquella\u00a0 estaci\u00f3n ferroviaria y estruendosa, ten\u00edas la tez l\u00edvida como de virgen g\u00f3tica, y tus ojos, enconados de tristeza eran quiz\u00e1 la \u00fanica cosa real que all\u00ed en la estaci\u00f3n suced\u00eda, suponiendo que lo real sea aquello que podamos recordar para siempre, lo dem\u00e1s no es m\u00e1s que humo\u2014volutas de humo\u2014 aunque por convenciones lo llamemos tambi\u00e9n realidad. Una multitud pasaba a tu lado y t\u00fa parec\u00edas el ser m\u00e1s solitario que jam\u00e1s hab\u00eda visto, te abrigaba un chubasquero azul y tu cabello ca\u00eda mojado sobre tus hombros, como las guedejas de una fiera en cautividad. Yo, sentado en un banco junto a la entrada del gran vest\u00edbulo, hilvanaba ripios y frases l\u00edricas en mi diario y recuerdo perfectamente las palabras que escrib\u00eda cuando tus ojos se encontraron con los m\u00edos: <em>\u201cy una muchacha solitaria en la estaci\u00f3n donde se cruzan las vidas que nunca volver\u00e1n a encontrarse, pero ella parece que perteneciera\u00a0 a este lugar, como si siempre hubiese estado all\u00ed\u201d.<\/em> Tus ojos se clavaron en m\u00ed, y quiz\u00e1 tus labios trazaron un moh\u00edn, no s\u00e9 si una sonrisa, t\u00fa miraste el reloj, como si el tiempo fuera algo importante entonces, no s\u00e9 si te acuerdas, qu\u00e9 iron\u00eda cuando en una estaci\u00f3n quiz\u00e1 el tiempo sea lo \u00fanico que cuente de verdad. \u00c9ramos j\u00f3venes. Maldita sea. La juventud es un lugar que no se ve nunca salvo desde lejos, luego ya tarde. De la juventud siempre se habla en pasado. Quisiera pensar que a\u00fan lo somos. J\u00f3venes digo. Luego vino el azar, esa categor\u00eda inaprensible\u2014vagarosa\u2014de la realidad; se avino a encontrarnos en la cafeter\u00eda del tren, cuando el paisaje viajaba a una velocidad equivalente y especular a la del tren y nosotros\u2014all\u00ed parados frente a aquel caf\u00e9 nada memorable que nos expidi\u00f3 un funcionario de vida sedentaria pero localizaci\u00f3n itinerante\u2014nos decidimos de nuevo a mirarnos, y yo conjur\u00e9 la violencia de tus ojos con una sonrisa y un saludo. T\u00fa ten\u00edas a tu lado un ejemplar de la revista Paisajes, cuya actualidad fotogr\u00e1fica y period\u00edstica era m\u00e1s fren\u00e9tica y fugaz que los paisajes que atravesaban como fotogramas involuntarios la pantalla del cristal del vag\u00f3n. Mantuvimos una conversaci\u00f3n entre anodina e imb\u00e9cil, colmada de esas cosas fatuas con que se inauguran en la palabra los seres solitarios que est\u00e1n condenados a verse m\u00e1s all\u00e1 de sus ojos. Yo me concentraba en el lunar de tu frente, como una oscura estrella polar que guiara a un marino de singladuras intangibles por un oc\u00e9ano de dudas, concentrarse en algo peque\u00f1o es un viejo truco que facilita la concentraci\u00f3n y que espanta el fantasma de los nervios, como ahora\u2014no lo sabes\u2014 me concentro en mirar ese lugar que quiz\u00e1 no tenga nombre\u2014\u00bfc\u00f3mo se llama?\u2014 y que se encuentra bajo los p\u00f3mulos, por donde discurren y se quedan como en un goter\u00f3n las l\u00e1grimas antes de desprenderse. Despu\u00e9s sucedi\u00f3 aquello tan horrible, que sin embargo uni\u00f3 para siempre nuestras vidas. Te parecer\u00e1 cruel, pero lo celebro, celebro que aquel tipo del asiento de enfrente falleciera s\u00fabitamente. Alguna vez lo has recordado, como un borr\u00f3n terrible en nuestra biograf\u00eda, pero es que nuestras vidas\u2014lo confieso\u2014comenzaron a singlar unidas un nuevo rumbo a merced de aquel muerto, para qu\u00e9 negarlo. Al principio t\u00fa te negabas a aceptarlo, dec\u00edas que estaba dormido. Pero ambos sab\u00edamos que no respiraba; durante m\u00e1s de tres horas fuimos compa\u00f1eros de viaje de un muerto que parec\u00eda dormido. Era un hombre gordo y quiz\u00e1 algo rid\u00edculo: una flor en la solapa del traje, el pelo engominado y lustroso y sus agrietados zapatos. El pulgar derecho le colgaba del bolsillo del chaleco, as\u00ed hab\u00eda quedado su <em>rigor mortis<\/em>, con una pose chulesca. T\u00fa le mirabas a trav\u00e9s del reflejo de la ventana del tren, cuando la honda noche ya hab\u00eda ca\u00eddo como un mantillo sobre el horizonte y algunas luces ebullescentes y lejanas se superpon\u00edan sobre el reflejo del finado, que parec\u00eda algo fantasmal y trasl\u00facido, excepto en esos momentos en los que atraves\u00e1bamos alg\u00fan t\u00fanel: entonces t\u00fa retirabas horrorizada la vista pues el muerto se nos aparec\u00eda n\u00edtido con su tez p\u00e1lida y exang\u00fce tan hermanada a tu palidez de virgen g\u00f3tica; retirabas la visi\u00f3n debido al\u00a0 contraste y matiz de los colores de su traje, con el detalle de sus ojos cerrados ya para siempre, como si en cualquier momento pudiera despertar de aqu\u00e9l sue\u00f1o que ambos sab\u00edamos era definitivo. Entonces te ped\u00ed que hablases, que dijeras algo para apaciguar el miedo. Llama al revisor, dijiste. Y nos entrelaz\u00e1bamos las manos. Te parecer\u00e1 cruel, s\u00ed, pero de no ser por el miedo que te supuso enfrentar la muerte all\u00ed, ante nosotros, tan pichi y con billete de primera, no hubieses dejado que mi mano rozara la tuya, no hubieses permitido que tan luego ya en Mil\u00e1n yo te besara (con aquel beso asim\u00e9trico, una eternidad de mi lado, un instante inaprensible en el tuyo), cuando hac\u00eda horas nos hab\u00edamos apeado del tren, y quiz\u00e1 el muerto siguiera un trayecto hacia el norte sin que nadie lo descubriese hasta mucho despu\u00e9s. A veces pienso que el interfecto no fuera descubierto hasta que el hedor de la carne corrompida comenzase a llegar al resto de pasajeros; o que quiz\u00e1 la gente olvidase a aquel pobre gordo probablemente fallecido por un ataque al coraz\u00f3n o qui\u00e9n sabe por qu\u00e9 causa, \u00bfun ictus o quiz\u00e1 asesinado con la\u00fadano o prancuronio? Son dos venenos muy potentes. Qu\u00e9 fue de aqu\u00e9l gordo, qui\u00e9n se har\u00eda cargo del cad\u00e1ver, qu\u00e9 fue de nuestro amor, en qu\u00e9 tren yace malherido sin que nadie pueda resta\u00f1ar ni dar el lenitivo alguno para sanarlo. Como aqu\u00e9l gordo nuestro amor haya quiz\u00e1 fenecido, \u00bfno crees? Y una pareja de enamorados, sentados en el asiento, a su lado, digan, m\u00edralo, \u00bfestar\u00e1 muerto o dormido? Yo lo mat\u00e9, mat\u00e9 a aquel hombre: me hab\u00edan destinado con aquel billete de primera para ejecutarlo, s\u00ed, fue veneno en el caf\u00e9. No lo niego, soy un asesino. Por eso te pido que hables, porque este silencio que ahora todo lo inunda parece vociferar a trav\u00e9s del altavoz de mi conciencia. Yo lo mat\u00e9 mientras visitabas el aseo. Hoy mataste t\u00fa este amor, no te lo reprocho: todo muere alguna vez. Pero m\u00e1tame ya del todo, aquel amor y yo \u00e9ramos uno, no me mires como a trav\u00e9s del reflejo de una ventanilla, fantasmal y trasl\u00facido. H\u00e1blame y acaba ya conmigo, no me abandones al albur de un trayecto ya sin destino, yaciendo en un asiento\u2014de primera, s\u00ed\u2014mientras el resto de pasajeros no sabr\u00e1n nunca bien si muero o si estoy dormido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Yo s\u00e9 que el silencio calibra mis pensamientos, por eso quiero que no est\u00e9s callada, que hables y te desag\u00fces como una torrentera de palabras y me inundes con tus vaniloquios y el silencio no sea m\u00e1s acaso que una posibilidad de fondo, o un intervalo imposible entre las palabras [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[10,70,11,131,224],"class_list":["post-548","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-destino","tag-relatos-2","tag-tren","tag-ultimo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/548","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=548"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/548\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=548"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=548"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=548"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}