{"id":553,"date":"2012-10-24T00:10:29","date_gmt":"2012-10-23T22:10:29","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=553"},"modified":"2019-10-11T21:21:36","modified_gmt":"2019-10-11T19:21:36","slug":"125-transitividades-por-cosme-segundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/125-transitividades-por-cosme-segundo\/","title":{"rendered":"125- Transitividades. Por Cosme Segundo"},"content":{"rendered":"<p align=\"right\"><em>E inclin\u00e1ndose de nuevo hacia el suelo, sigui\u00f3 escribiendo en tierra.<\/em><\/p>\n<p align=\"right\">Jn VIII, 8<\/p>\n<p align=\"center\"><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquella tarde, ahora difusa como una palabra mal borrada, deb\u00ed de ser malvado. No me compeli\u00f3 el coraje o la avaricia (capital pecado que, acaso, anim\u00f3 a Judas Iscariote) aunque s\u00ed una propiedad matem\u00e1tica: la transitividad; su postulado me justific\u00f3 por entonces y para siempre. <!--more-->En todo caso, los nefastos personajes vendr\u00edan a ser los integrantes de aquel incompetente jurado de tesis. Ellos fueron injustos conmigo, y yo, con la ni\u00f1a; por transitividad, mis evaluadores han sido los perversos primeros y \u00faltimos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente a la plaza de un barrio del norte, ca\u00ed de aquel autob\u00fas mordi\u00e9ndome los labios por el odio. Como el tibio sudor de un boxeador o el blanquecino excremento de un p\u00e1jaro, encontr\u00e9 el piso con rapidez. Dos intensos a\u00f1os de met\u00f3dica investigaci\u00f3n despreciados; no pod\u00eda asimilar la derrota.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Busqu\u00e9 reposo en una vieja hamaca oxidada, que chillaba insoportablemente al m\u00e1s m\u00ednimo movimiento. En el conjunto, lo que suscit\u00f3 mi inmediata atenci\u00f3n fueron aquellos ojitos verdes que dignificaban una tez morena; s\u00f3lo despu\u00e9s repar\u00e9 en los pocos diarios que hab\u00edan sobrevivido a la demanda de la jornada. Semejante inocencia fue una insuperable oportunidad de convertirme en el <em>dealer<\/em> del juego, de ser yo el amo y se\u00f1or de un eslab\u00f3n m\u00e1s d\u00e9bil de la cadena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque no parec\u00eda haber cumplido los seis a\u00f1os, le\u00eda en voz alta algunas l\u00edneas mientras yo merodeaba alrededor del kiosco de revistas. La voz surg\u00eda feliz y despreocupada (lo que, acaso, es de esperar en cualquier ni\u00f1a de su edad). Contra el pecho, apretaba el \u00e1lbum de figuritas cual mu\u00f1eca de trapo. Me llev\u00f3 poco tiempo advertir que, entre todos los ejemplares que se exhib\u00edan, \u00e9se era su preferido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Reci\u00e9n entonces repar\u00e9 en su madre, una gorda mujer quien, mientras se escarbaba la nariz con el dedo \u00edndice, fing\u00eda entretenerse con la secci\u00f3n de espect\u00e1culos del peri\u00f3dico. No adivino c\u00f3mo hac\u00eda para descansar estrat\u00e9gicamente sobre un fr\u00e1gil banquito de ca\u00f1o y, sin necesidad de pararse, alcanzar cualquier publicaci\u00f3n que el cliente exigiese. Al igual que el tribunal examinador, fui terminante al expresar mi voluntad: \u201cDeme el \u00e1lbum de figuritas\u201d, exig\u00ed sin saludar y mirando con cierta obsesi\u00f3n el pecho de la chiquita. Al lado, un pralin\u00e9 que jam\u00e1s probar\u00eda se doraba despacio en una sart\u00e9n gastada por los a\u00f1os y el fuego.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De pronto, un t\u00edmido llanto se insinu\u00f3 en el rostro de la ni\u00f1a. \u201cNo est\u00e1 en venta\u201d, se apur\u00f3 en decir la madre, mientras retiraba la mano de la nariz para extenderla a la peque\u00f1a, como ofreci\u00e9ndole cobijo. Saqu\u00e9 un reluciente billete de cien pesos y repet\u00ed mi deseo. \u201cEl \u00e1lbum es viejo, don\u2026 adem\u00e1s, est\u00e1 casi completo. \u00bfPor qu\u00e9 mejor no se lleva ese otro?\u201d, trat\u00f3 de convencerme con voz dubitativa desde el crujiente par de ca\u00f1os; yo sab\u00eda muy bien que, tarde o temprano, la mujer ceder\u00eda. Sin dejar de mirar obsesivamente lo que deseaba, saqu\u00e9 del bolsillo de la camisa un segundo billete de igual valor. A pocos metros, contemplando boquiabierto la escena, el vendedor de pralin\u00e9 esparc\u00eda antojos de man\u00ed y cacao por el aire. La mujer cavil\u00f3 lo que me pareci\u00f3 un largo rato; despu\u00e9s tirone\u00f3 el \u00e1lbum arrugado y la nena, no sin alguna resistencia y ahogada en sollozos, se resign\u00f3 a dejarlo ir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sentir al tacto el amarillento papel salpicado por las l\u00e1grimas, ver a la ni\u00f1a traicionada por su propia madre y atribuir toda esa enorme perversi\u00f3n al jurado fue un completo \u00e9xtasis. Mi tesis sobre el lenguaje de los primitivos guaran\u00edes hab\u00eda sido impecable y esos tremendos idiotas la rechazaban por \u201cinsuficiente trabajo de campo\u201d. \u00a1Ineptos! Y como si fuese poco, ensa\u00f1arse ahora con la desdichada ni\u00f1a. \u00bfQu\u00e9 culpa ten\u00eda ella? \u00bfNo hubiese sido mejor aprobarme y ya?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s de una larga y solitaria caminata, que sirvi\u00f3 para reconstruir con minuciosidad la llorosa cara de la chiquilla, por fin, arrib\u00e9 a casa. Aquella noche, del mismo modo que los bienes que adquirimos por compulsi\u00f3n o pura vanidad, el \u00e1lbum no suscit\u00f3 mi atenci\u00f3n. A la ma\u00f1ana siguiente, todav\u00eda ignorando c\u00f3mo profesionales de tama\u00f1o nivel acad\u00e9mico pod\u00edan haber sido capaces de tanta vileza, hoje\u00e9 el peque\u00f1o volumen. El \u00e1lbum era una suerte de edici\u00f3n did\u00e1ctica de la <em>Biblia del Ni\u00f1o<\/em>. El hecho, en apariencia trivial, ensuciaba m\u00e1s a\u00fan a los evaluadores de mi tesis; tangencialmente, hab\u00edan impedido que la ni\u00f1a se acercase al Maestro de Galilea. \u201cMejor les ser\u00eda que los echaran al mar con una gran piedra de molino atada al cuello\u201d, record\u00e9 con jactancia de erudito. Semejante sentencia embriag\u00f3 de justicia mi frugal desayuno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Examin\u00e9 el \u00e1lbum con suma delicadeza, como a una mujer cuando se le hace el amor por vez primera. Recorr\u00ed cada rinc\u00f3n de sus p\u00e1ginas, sent\u00ed el olor a humedad, acarici\u00e9 la textura de las hojas y las burdas figuritas cuyos bordes despegados delataban el paso del tiempo. Comprob\u00e9, adem\u00e1s, que faltaba s\u00f3lo una para acabar de llenarlo. En realidad, el espacio en blanco no requer\u00eda <em>sticker<\/em> alguno. Antes bien, era una propuesta librada a la imaginaci\u00f3n. Se trataba de completar, de pu\u00f1o y letra, aquello que hab\u00eda escrito Jes\u00fas en la tierra cuando el episodio de la mujer ad\u00faltera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La primera idea que ocup\u00f3 mi mente fue la del nombre (\u201ces lo que suele garabatearse en la tierra o en la arena\u201d, pens\u00e9). Despu\u00e9s, me dije que eso no ocurrir\u00eda por entonces, ya que el papel no exist\u00eda a\u00fan y, por lo tanto, la gente podr\u00eda haber ensayado cualquier tipo de anotaci\u00f3n en un soporte natural. As\u00ed, me figur\u00e9 a un poeta labrando su mejor soneto en el a\u00f1oso tronco de un \u00e1rbol y a un artista tallando el rostro de su joven amada en la ladera de un cerro. Luego supuse que podr\u00eda ser el nombre de alg\u00fan familiar fallecido lo que nuestro Se\u00f1or hubiese querido moldear en el polvo. \u201cCristo no luce melanc\u00f3lico en las Escrituras\u201d, conclu\u00ed de inmediato, y la hip\u00f3tesis se desvaneci\u00f3 como la lluvia en un estanque. Casi sin darme cuenta, hab\u00eda llegado la hora de partir a mi trabajo. V\u00edctima de un inc\u00f3modo prurito intelectual, en el populoso autob\u00fas segu\u00ed esgrimiendo respuestas a la an\u00f3nima consigna. Lo s\u00e9, la empresa era un tanto ambiciosa y rid\u00edcula: un hombre jam\u00e1s podr\u00eda llegar a entender la realidad a trav\u00e9s de las categor\u00edas divinas. Adem\u00e1s, el acertijo era bastante improductivo; de haber sido relevante el mensaje, Cristo lo hubiera sabido disfrazar en una v\u00edvida par\u00e1bola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Buscando alguna soluci\u00f3n al enigma, las horas se evaporaban a prisa. No pensaba s\u00f3lo en el contenido del mensaje, sino que tambi\u00e9n trataba de imaginar la graf\u00eda, el sabio manejo de la puntuaci\u00f3n, la persona gramatical empleada y otras circunstancias ret\u00f3ricas. Durante la vigilia, el frustrante ejercicio (una in\u00e9dita especie de <em>Zahir<\/em>) inundaba mis recurrentes cavilaciones, y las semanas que restaban del invierno se diluyeron r\u00e1pido en tal ensimismamiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando pasaba caminando por aquella plaza, me esforzaba en esquivar aquel kiosco de revistas. No quer\u00eda toparme con la ni\u00f1a y su obesa madre, un pulpo fofo atornillado a un d\u00e9bil banquito. Las investigaciones que mi tesis a\u00fan requer\u00eda para ser aprobada, ya no me preocupaban demasiado. Si no atinaba el contenido de una frase, por m\u00e1s divina que fuese, no ser\u00eda digno de ser llamado \u201cdoctor\u201d en materia alguna.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A lo largo de los d\u00edas, insisto, no me distra\u00edan las mujeres, el ajedrez o la pol\u00edtica, ni siquiera la pesca deportiva, que por ese tiempo practicaba con denuedo. Tan s\u00f3lo me dejaba vivir para poder completar un absurdo casillero en blanco. Acaso el dise\u00f1ador de aquel \u00e1lbum \u2013pens\u00e9\u2013 hab\u00eda dado con la adivinanza m\u00e1s dif\u00edcil de resolver. Paz. Cierta ego\u00edsta paz hallaba en saber que yo era apenas uno m\u00e1s de los muchos quienes ignoraban la respuesta. Figurarme a los prudentes escribas y a los sucesivos Papas quienes, a lo largo de la historia, tampoco hab\u00edan entrevisto el contenido de la sentencia, era para m\u00ed un embriagador consuelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u201cQuiz\u00e1s de eso se trate la visi\u00f3n beat\u00edfica\u201d, especul\u00e9 \u00edntimamente al despertar una fr\u00eda ma\u00f1ana de lluvia, casi un a\u00f1o despu\u00e9s de hacerme con el \u00e1lbum. Para un asiduo lector como yo, la sola idea de contemplar a Dios mediante sus anotaciones era maravillosa. Esas conjeturas me arrimaron una pizca de serenidad, que pronto evanesci\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la ecuaci\u00f3n de mi vida, aquella plaza, la dulce ni\u00f1a con mirada de <em>kryptonita<\/em> y su monstruosa mam\u00e1 pulpo eran t\u00e9rminos que evad\u00eda adrede. Ya no s\u00f3lo hu\u00eda de los alrededores de aquel espacio p\u00fablico, sino del barrio entero. Era otra forma de transitividad el principio que operaba detr\u00e1s de aquel rechazo: ver la plaza y a la ni\u00f1a era ver al implacable jurado y el aplazo a mi malograda tesis doctoral.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En medio de in\u00fatiles conjeturas y ociosas tardes de t\u00e9 con leche y bud\u00edn ingl\u00e9s, los a\u00f1os fueron deteni\u00e9ndose en fotograf\u00edas. Aprend\u00ed de memoria las im\u00e1genes y las citas b\u00edblicas que ilustraban cada p\u00e1gina. Pod\u00eda esbozarlo sin ning\u00fan error, pero la ansiada respuesta que anhelaba no brotaba de ning\u00fan lado. Aprend\u00ed a orar y pas\u00e9 horas largas esperando por un indicio. A veces, so\u00f1aba con una cruz de madera o un enorme p\u00f3rtico, mas la idea de un dibujo trazado en tierra no me llegaba a seducir. Hay quienes afirman que Pilatos desperdici\u00f3 sus \u00faltimos d\u00edas conjeturando qu\u00e9 es la Verdad; del mismo modo, yo parec\u00eda destinado a marchitarme en busca de otra noci\u00f3n no menos trascendente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cierto d\u00eda, impulsado por el remordimiento y una humillante resignaci\u00f3n, decid\u00ed volver a la eludida plaza. Ahora luc\u00eda descolorida, los muchos vientos y los torrenciales aguaceros la hab\u00edan erosionado como a mi propio rostro. El kiosco de diarios y revistas estaba atendido por una joven mujer de ojos esmeraldinos, quien aguardaba en un fr\u00e1gil banquito de ca\u00f1o. Al instante Supe qui\u00e9n era. No hizo falta que estirara el brazo para ofrecerle el \u00e1lbum, lo arrebat\u00f3 de mi mano y en un destello se lo llev\u00f3 a la nariz para olerlo. Sin abrirlo siquiera, lo guard\u00f3 de inmediato en su negra mochila de cuero y me hizo un rudo adem\u00e1n para que me fuese. En el arenero, exactamente donde antes se ergu\u00eda el puesto de venta de pralin\u00e9, una jovencita escrib\u00eda el nombre de un muchacho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De repente, el cielo se desmoron\u00f3 en rel\u00e1mpagos. Sin \u00e1nimo de volver a mi tediosa rutina, emprend\u00ed el camino de regreso a casa. Sobre mi mesa de noche aguardaba intacta, presa de un vac\u00edo amedrentador, la hoja cuya consigna jam\u00e1s he sido digno de completar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>E inclin\u00e1ndose de nuevo hacia el suelo, sigui\u00f3 escribiendo en tierra. Jn VIII, 8 \u00a0 Aquella tarde, ahora difusa como una palabra mal borrada, deb\u00ed de ser malvado. 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