{"id":593,"date":"2012-10-25T23:57:28","date_gmt":"2012-10-25T21:57:28","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=593"},"modified":"2012-10-27T00:49:58","modified_gmt":"2012-10-26T22:49:58","slug":"136-cicatrices-que-no-se-ven-por-la-machacanta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/136-cicatrices-que-no-se-ven-por-la-machacanta\/","title":{"rendered":"136- Cicatrices que no se ven. Por La Machacanta"},"content":{"rendered":"<p>Olga espera en la cama. Espera. Espera. Espera. Con las s\u00e1banas hasta los ojos, agudiza el o\u00eddo, repasa los sonidos de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. Fija la mirada en el techo: no se oye nada. Cierra los ojos, los aprieta fuerte, se concentra, deja de respirar: nada de nada.<!--more--><\/p>\n<p>Es de noche y ya no se oye la televisi\u00f3n, ni voces, ni llantos, ni golpes. Es muy tarde y todo permanece en una tensa calma. Olga se quita las s\u00e1banas de encima, se pone en pie sobre la cama y mira, quieta, hacia la puerta. Uno, dos, tres&#8230; Olga grita, chilla, salta, patalea, llora, gira, se cae al suelo, se golpea la boca, sangra, gimotea de dolor, grita \u201c\u00a1mam\u00e1!\u201d, zapatea la puerta&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Olga, por Dios&#8230; \u00bfQuieres que tu padre te vea as\u00ed?<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>A\u00fan no ha amanecido y una escu\u00e1lida mano, blanca como el m\u00e1rmol, serpentea desde el edred\u00f3n buscando a tientas la cajetilla de tabaco. La habitaci\u00f3n huele a colillas rancias de la noche anterior, de todas las noches en las que el humo es lo menos insalubre de ese cuarto, donde luchan por hacerse sitio la soledad, el desenga\u00f1o, el sexo y las ganas de vivir con las de no vivir.<\/p>\n<p>En la ropa de cama unos agujeros con cerco tiznado recuerdan que debe extremar las precauciones si no quiere quemarse como si estuviera, confirmando sus sospechas, en el mismo infierno. Pobre Paco&#8230; Lo mira desde arriba, dormido o muerto, en esa postura y la quietud con que respira nadie podr\u00eda distinguirlo. Pobre Paco, tan bueno y tan vago, vago hasta para follar, el \u00fanico hombre que no le hace sentirse como una puta en su propia casa. Pobre Paco, que duerme con Olga las noches en las que no viene Pencho, El Chirlo o Juli\u00e1n, las noches de fin de mes en las que a Olga no le queda un chavo para salir de copas, empezar a bailar tomando una, y regresar de madrugada colgada de alguno y con una de m\u00e1s.<\/p>\n<p>Hoy es domingo y Olga tiene turno de ma\u00f1ana en la gasolinera. A duras penas encuentra hueco entre las colillas para apagar el primer cigarrillo del d\u00eda, salta de la cama levantando el aire irrespirable que dorm\u00eda sobre el colch\u00f3n y dirige su cuerpo desnudo, lleno de cicatrices que no se ven, hacia la ducha. Despu\u00e9s de diez minutos tirando agua, por fin disfruta de un chorro caliente.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>La mirada de Jimeno irradiaba desaprobaci\u00f3n y sospecha:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfOtro adelanto, chiquilla? Pero t\u00fa, \u00bfen qu\u00e9 gastas el dinero?<\/p>\n<p>Olga, concentrada en la cajita met\u00e1lica donde su jefe guardaba el excedente de billetes, contuvo el impulso de escupirle a la cara la cifra a la que asciende su salario, tan miserable como quien se lo paga. No dijo nada, se encogi\u00f3 de hombros y mantuvo la vista en la mano que giraba la llave del candado, oculta, invisible entre esos cinco dedazos.<\/p>\n<p>\u2014A ver si alg\u00fan mes te puedo pagar el sueldo completo \u2014dijo en tono paternalista, negando con la cabeza.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 hast\u00edo escuchar lo mismo cada vez, los sermones de un mal jefe al que le gustaba ejercer de mal padre cuando se le olvidaba lo bien que la chica meneaba su culo ce\u00f1ido caminando hacia el surtidor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pasaban diez minutos de su hora de salida y Juli\u00e1n se retrasaba, otra vez. \u201cCinco minutos y me largo\u201d, pens\u00f3 Olga mientras retocaba sus labios frente al espejo del aseo. Desliz\u00f3 costosamente una mano al interior del bolsillo del pantal\u00f3n el\u00e1stico y cont\u00f3 con los dedos el dinero que llevaba. \u201cNi un minuto m\u00e1s\u201d. Sali\u00f3 de la tienda de la gasolinera taconeando como si pretendiera taladrar el suelo.<\/p>\n<p>\u2014No te metas en l\u00edos \u2014le dijo Jimeno con la voz alzada, mir\u00e1ndola de reojo y pensando en secreto cu\u00e1ndo llegar\u00eda el d\u00eda en el que podr\u00eda desahogarse encima de ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Se le olvid\u00f3 el tiempo, qu\u00e9 hora era, si hab\u00eda noche o madrugada, si lo que hac\u00eda el sol era marcharse o llegar. Se le olvid\u00f3 que no le gustaba meterse en el coche de un desconocido, ni las manos sudorosas y extra\u00f1as, ni el olor en su cara de un aliento ebrio. No se acord\u00f3, ya no recordaba si alguna vez lo sinti\u00f3, si empujar era lo mismo que hacer el amor, porque \u00e9l se mov\u00eda, ella se mov\u00eda y no sent\u00eda nada. No supo jam\u00e1s que regres\u00f3 a casa despeinada, con las ojeras malvas, que pudo subir tras errar cinco veces al introducir la llave en la cerradura del portal, que las bragas que no llevaba puestas yac\u00edan en la alfombrilla embarrada de un coche de diez a\u00f1os. No lo supo porque nunca se acordaba de lo que pasaba la noche anterior. O no quer\u00eda acordarse.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El mi\u00e9rcoles es el d\u00eda de las visitas, tambi\u00e9n el d\u00eda en el que Olga suele librar. Hace dos a\u00f1os hizo que coincidieran, el mismo tiempo que ha pasado desde que decidi\u00f3 asistir a la cl\u00ednica por primera vez. Una hora atr\u00e1s desayun\u00f3 caf\u00e9 con desgana y se prepar\u00f3 las tostadas que no tom\u00f3. Con un suspiro gir\u00f3 la llave y, carraspeando como el motor de su coche, cogi\u00f3 la nacional sur.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Est\u00e1s loca, loca como tu madre!\u201d Todav\u00eda lo escuchaba n\u00edtido, por m\u00e1s tiempo que pasara y a pesar del volumen del transistor las palabras de su padre preponderaban de manera especial en esa carretera. Olga estaba loca, no le quitaba la raz\u00f3n. Su madre encerrada en una c\u00e1rcel con jardines y enfermeras blancas; ella andaba suelta, libre, como tantos otros que sin criterio ni concierto sumaban efectivos al ej\u00e9rcito de los que viven una vida loca o en una vida loca, sin saber muy bien si es lo uno o lo otro, si est\u00e1n pirados o es la vida la que les priva de cordura.<\/p>\n<p>Treinta y cinco minutos exactos es lo que tarda en ver el cartel de letras blancas sobre fondo azul. Con el coche parado en la puerta, baja la ventanilla y se queda absorta mir\u00e1ndolo, leyendo \u201cHospital Psiqui\u00e1trico San Carlos\u201d tantas veces como se repiten las caladas a su cigarrillo, caladas intercaladas con miradas. Los setos que vallan el recinto no le dejan ver el interior. Olga lo vio una vez, sabe c\u00f3mo es y c\u00f3mo estar\u00e1 su madre, tal vez con m\u00e1s canas, algunas arrugas nuevas. Hace dos a\u00f1os se miraron sin reconocerse: su madre no distingui\u00f3 a su ni\u00f1a en una mujer, y Olga no recordaba que tuvo una madre que fue ella. Tira la colilla por la ventana y, entre tos y maldiciones, arranca para volver a la nacional. Como cada mi\u00e9rcoles.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 haces aqu\u00ed? \u00bfQu\u00e9 quieres?<\/p>\n<p>Pod\u00eda haber sido Juli\u00e1n, le anunciaba el mismo olor a alcohol de su boca pastosa.<\/p>\n<p>\u2014Anda, cari\u00f1o, d\u00e9jame pasar&#8230; \u00bfNo le das un beso a tu padre?<\/p>\n<p>Olga sab\u00eda cu\u00e1ndo los hombres le ped\u00edan un beso para encubrir otro tipo de intenci\u00f3n. A\u00fan as\u00ed, no tuvo valor para cerrarle la puerta de su casa y le dej\u00f3 entrar. Le escuchaba hablar desde la cocina, bla, bla, mientras preparaba caf\u00e9 para los dos, bla, bla, bla desde el sof\u00e1, como una visita inoportuna en flagrante allanamiento.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1nto? \u2014pregunt\u00f3 Olga, cansada del pr\u00f3logo de siempre.<\/p>\n<p>\u2014S\u00f3lo veinte, si puedes cuarenta&#8230; No te lo pedir\u00eda si no fuera para comer.<\/p>\n<p>Olga rebusc\u00f3 en su bolso, encontr\u00f3 el monedero y sac\u00f3 un billete de cincuenta.<\/p>\n<p>\u2014Es la \u00faltima vez \u2014dijo con severidad\u2014. Vete y que no se te ocurra volver por aqu\u00ed jam\u00e1s.<\/p>\n<p>Su padre cogi\u00f3 el billete, lo engull\u00f3 con su mano, se termin\u00f3 de un sorbo el caf\u00e9 y se trag\u00f3 sus palabras, las que quer\u00eda decirle, las que le hab\u00eda dicho tantas veces, las que hablaban de promesas de devolverle sus favores cuando cambiara su suerte, su maldita suerte.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2014Anda que no, pues claro que te quiero \u2014le dec\u00eda Paco al otro lado del tel\u00e9fono\u2014. Deja que te invite a cenar, es tu cumplea\u00f1os&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Hoy tengo turno de noche. Cenar\u00e9 en la gasolinera.<\/p>\n<p>Lo despach\u00f3 con cuatro palabras, s\u00f3lo una m\u00e1s necesit\u00f3 para rechazar el bizcocho con velitas que el vago quer\u00eda llevarle, que por qu\u00e9 no, le dec\u00eda \u00e9l, que qu\u00e9 menos, insist\u00eda, que se notara que era un d\u00eda especial.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Jimeno reconoci\u00f3 el ruido del motor, la observaba por encima de sus gafas mientras aparcaba.<\/p>\n<p>\u2014Llegas tarde \u2014le dijo al verla entrar.<\/p>\n<p>Olga sab\u00eda que entraba puntual, pero a\u00fan as\u00ed mir\u00f3 de reojo el reloj de pared, con aire de indiferencia, como si estuviera pensando en otra cosa.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEste turno no empieza tarde? Pues tarde vengo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Pronto se qued\u00f3 sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que la del hilo musical. Atendi\u00f3 un par de servicios y aguantaba un tedio que se espesaba en cada minuto infinito. Una hora golpeando el mostrador con el bol\u00edgrafo, haciendo garabatos en una revista vieja. Dos horas m\u00e1s y se fue a la oficina, una habitaci\u00f3n min\u00fascula llena de papeles y desorden. Y cajones con cerradura, in\u00fatil en cuanto le dabas tres tirones, dos pu\u00f1etazos. Y la cajita met\u00e1lica de color verde dentro de uno de ellos, con una cerradura un poco m\u00e1s terca. Lo intent\u00f3 con un destornillador, con una horquilla, a golpes con una llave inglesa. Sali\u00f3 a un surtidor, llen\u00f3 un botell\u00edn de gasolina y, como si lo hubiera hecho toda la vida, puso unas gotas en el hueco de la cerradura; lo prendi\u00f3 y&#8230; \u00a1bum!, la caja se abri\u00f3. No hab\u00eda mucho, dos o tres billetes grandes, facturas amarillentas. La rellen\u00f3 con el dinero de la caja registradora y se fue al exterior.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Todos en el pueblo hablaban del suceso, de que era un milagro no tener que lamentar una desgracia mayor. La gasolinera estaba calcinada, y su esqueleto humeante todav\u00eda estremec\u00eda evocando el sonido de las detonaciones. Dicen que se escucharon a m\u00e1s de veinte kil\u00f3metros, que el humo y los gases hab\u00edan hecho enfermar a medio pueblo. Jimeno hab\u00eda sido ingresado con los pulmones intactos y el coraz\u00f3n enmara\u00f1ado en un ataque de nervios, o de ansiedad, o de ira, de todo a la vez. \u00abPodr\u00eda haber sido peor\u00bb, le repet\u00edan sus vecinos, est\u00e9riles palabras para quien no sucumb\u00eda al consuelo de haberse librado de un acontecimiento m\u00e1s negro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Olga se perdi\u00f3, nadie supo de ella hasta que, varias semanas despu\u00e9s, la trajo esposadala Guardia Civil.Dec\u00eda que no recordaba nada, que estaba aburrida y sali\u00f3 a fumar, que casi hab\u00eda terminado su turno y se fue a dar una vuelta con el coche, que iba a volver pero no sabe por qu\u00e9 no lo hizo.<\/p>\n<p>\u2014La has liado gorda, hasta te pod\u00edas haber matado \u2014le dijo el sargento.<\/p>\n<p>Olga le ech\u00f3 una de esas miradas, llena de confusi\u00f3n, de ignorancia, de perplejidad. \u201c\u00bfDe qu\u00e9 me hablas?\u201d, dec\u00edan sus ojos.<\/p>\n<p>\u2014Aqu\u00ed no se puede fumar \u2014le orden\u00f3 el cabo.<\/p>\n<p>Y mientras prend\u00eda la llama del mechero que no habr\u00eda de encender su cigarrillo, recordaba que s\u00ed, que estuvo a punto, que la l\u00ednea de gasoil que dibuj\u00f3, primero con una manguera, luego con una garrafa, se le qued\u00f3 muy justa, aunque la llevara m\u00e1s all\u00e1 de la se\u00f1al de prohibido a m\u00e1s de cincuenta; que su coche nunca arrancaba a la primera y que el fuego corre m\u00e1s que el diablo. A punto estuvo de estrellarse en esa curva cuando el suelo tembl\u00f3 con la primera explosi\u00f3n. A punto, un poco m\u00e1s y&#8230;<\/p>\n<p>\u201c\u00bfDe qu\u00e9 est\u00e1is hablando?\u201d, habl\u00f3 con un hilo de voz, como si no se acordara, como si no quisiera acordarse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Olga espera en la cama. Espera. Espera. Espera. Con las s\u00e1banas hasta los ojos, agudiza el o\u00eddo, repasa los sonidos de izquierda a derecha, de derecha a izquierda. Fija la mirada en el techo: no se oye nada. 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