{"id":596,"date":"2012-10-26T00:03:24","date_gmt":"2012-10-25T22:03:24","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=596"},"modified":"2012-10-26T00:03:24","modified_gmt":"2012-10-25T22:03:24","slug":"137-el-extrano-robo-matinal-por-josue-contad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/137-el-extrano-robo-matinal-por-josue-contad\/","title":{"rendered":"137- El Extra\u00f1o Robo Matinal. Por Josu\u00e9 Contad"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Era una ma\u00f1ana fr\u00eda. Alfonso observaba su rostro todav\u00eda dormido en el espejo del ba\u00f1o, que se expand\u00eda a causa de otros dos espejos a sus costados, que le devolv\u00edan dos perfiles exactos que, como guardianes de un mundo oculto, lo esperaban, reluctantes.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alfonso Mu\u00f1oz era un joven enjuto, de cabellos negros siempre revueltos. Sus dedos finos parec\u00edan hilos de seda. Era guitarrista.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquel rostro que observaba parec\u00eda no pertenecerle. Alfonso era un invitado en la fiesta de ese lunes fr\u00edo de invierno. Luego observo lentamente sus manos. Se dio cuenta de la cantidad de surcos que guardaban las palmas. Record\u00f3, cuando ni\u00f1o, su t\u00edo Alberto le mostraba la colecci\u00f3n de mapas antiguos de Europa. A Islandia la imaginaban rodeada de monstruos y seres terribles. Alfonso nunca pudo olvidar un caballo marino gigante que, seg\u00fan le dijo el t\u00edo, se cre\u00eda que pod\u00eda destruir por el s\u00f3lo uso de sus fuerzas a los m\u00e1s aguerridos buques espa\u00f1oles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuevamente se observ\u00f3 en el espejo. Pero esta vez vio en sus ojos el reflejo de otros ojos que no parec\u00edan ser los suyos. La mano aut\u00f3mata que se acercaba al cepillo de dientes se detuvo. Todo en \u00e9l se detuvo, si es que algo en el mundo se detiene alguna vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquellos ojos que en el reflejo de sus ojos ve\u00eda no eran los de \u00e9l. Algo en el brillo, algo en el color, algo en la forma, algo indescriptible los hac\u00edan ajenos. Cu\u00e1nto tiempo sostuvo su investigaci\u00f3n, no lo s\u00e9. Pero una caricia sutil en su pierna, por debajo de la rodilla, le hizo olvidar aquellos ojos. Gir\u00f3 su cabeza para encontrarse con el culpable de la intromisi\u00f3n. Era el gato, y aqu\u00e9l gesto, su saludo matinal. Alfonso acarici\u00f3 la cabeza fr\u00e1gil y blanca del felino, que se parec\u00eda al merengue azucarado que se disuelve en la boca. Al tocar al animal sinti\u00f3 que se estaba tocando a s\u00ed mismo y se estremeci\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En aquella ma\u00f1ana algo no funcionaba del todo bien. Parec\u00eda que un dios ocioso e infantil se dedicaba a cambiar las sensaciones de los cuerpos. Trat\u00f3 el joven guitarrista de ignorar esta reflexi\u00f3n, pero se encontr\u00f3 con el recuerdo del sue\u00f1o de la noche pasada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se trataba de una hamaca vac\u00eda que se agitaba cadenciosamente en una plaza oscura y silenciosa. El \u00fanico ruido lo ejerc\u00edan las cadenas oxidadas del columpio, que se intensificaba paulatinamente. El volumen se hac\u00eda insoportable y Alfonso tocaba sus orejas para advertir que se las pod\u00eda quitar. Salieron a rosca. Entonces el sonido perturbador finaliz\u00f3 s\u00fabitamente y despert\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin pensarlo roz\u00f3 con sus finos dedos sus orejas. All\u00ed estaban. Todo estaba en su lugar, y a la vez nada parec\u00eda estar en su verdadero sitio. Como si el infierno se hubiera disfrazado con el atuendo de un peque\u00f1o departamento de Buenos Aires.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Tuvo el deseo de compartir sus sensaciones con alguien. Fue por la guitarra. Comenz\u00f3 a tocar una melod\u00eda n\u00f3rdica. A los pocos segundos se detuvo alarmado. Nunca hab\u00eda escuchado folclore n\u00f3rdico, y menos a\u00fan, hab\u00eda ejecutado en su guitarra una melod\u00eda de aquellas g\u00e9lidas tierras. Sin embargo el sab\u00eda que lo que hab\u00eda tocado pertenec\u00eda a dichas geograf\u00edas. Quiso repetirla pero no pudo; sus dedos no sab\u00edan a d\u00f3nde ir.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los ojos de Alfonso se llenaron de l\u00e1grimas. Nunca hab\u00eda estado tan solo en la vida. Aquella ma\u00f1ana fr\u00eda de lunes no parec\u00eda porte\u00f1a, sino m\u00e1s bien de alg\u00fan desierto inconmensurable del Oriente.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El gato se aproximaba lentamente al joven m\u00fasico, y lo miraba fijo. Alfonso permanec\u00eda sentado en la silla del comedor con la guitarra sobre su regazo. Aquel gato blanco de cabeza de merengue se acercaba con la terrible belleza que tiene, a veces, la verdad. Alfonso vio en los ojos del felino algo familiar; un aire demasiado cercano. La mirada del gato parec\u00eda humana, y no s\u00f3lo eso, se asemejaba incre\u00edblemente a la suya propia. Entonces record\u00f3 todo lo sucedido en aquella on\u00edrica y fr\u00eda ma\u00f1ana de lunes. La imagen del espejo y la sensaci\u00f3n de ausencia lo invadieron nuevamente. El gato ten\u00eda su mirada. Por alguna extra\u00f1a raz\u00f3n ahora \u00e9l llevaba los ojos del felino, y el animal ten\u00eda sus propias pupilas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sinti\u00f3 un horror inexplicable que le hizo sacudir las piernas y arrojar al piso a la guitarra. El gato se asust\u00f3 y se escondi\u00f3 debajo del sill\u00f3n. Una sospecha tension\u00f3 los m\u00fasculos de Alonso: \u201cAqu\u00e9l animal\u201d, pensaba, \u201cdurante la noche por alg\u00fan m\u00e1gico artilugio intercambi\u00f3 las miradas. \u00a1Ha robado mis ojos!\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Muy lentamente se incorpor\u00f3 de la silla y, conteniendo la respiraci\u00f3n, se dirigi\u00f3 a la cocina. De un caj\u00f3n sac\u00f3 el cuchillo con la punta m\u00e1s filosa que encontr\u00f3, y se dispuso a devolver el antiguo orden a la situaci\u00f3n; a recomponer la ma\u00f1ana y el mundo. Era una especie de cruzado medieval marchando por una causa superior e intangible.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El m\u00fasico, afectado tal vez por ciertas nociones temporales felinas, se quit\u00f3 primero sus propios ojos, lo que le imposibilit\u00f3 completar la operaci\u00f3n. Durante largas e in\u00fatiles horas se arrastr\u00f3 por el departamento buscando al terrible felino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al entrar su madre al hogar, Alfonso ya estaba muerto y desangrado. La mujer viuda y ahora sin hijos, llena de desolaci\u00f3n, adopt\u00f3 al gatito de cabeza de merengue azucarado como su compa\u00f1ero inseparable. Cuando las vecinas le preguntan por el animal, ella suele responder con candor: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 tengo al gatito? Es que me recuerda tanto al Alfonso\u201d\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era una ma\u00f1ana fr\u00eda. 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