{"id":620,"date":"2012-10-27T00:41:43","date_gmt":"2012-10-26T22:41:43","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=620"},"modified":"2012-10-27T00:41:43","modified_gmt":"2012-10-26T22:41:43","slug":"144-el-librito-cosillas-que-cambiar-sin-romper-por-rulfo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/144-el-librito-cosillas-que-cambiar-sin-romper-por-rulfo\/","title":{"rendered":"144- El Librito \u2013 (Cosillas que cambiar sin romper). Por Rulfo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Turbia, con trazas de alcohol y un rumor de misterio al fluir, la orina cae itinerante sobre un pedregal cercano al cementerio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><em>\u00a1Jo-der!<\/em>, respiras aliviado; te abrochas los botones de la bragueta e intentas no pensar m\u00e1s de lo necesario.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace apenas unos minutos has logrado zafarte de un sue\u00f1o intermitente, con t\u00edmidos recuerdos que a\u00fan te resistes a abandonar. Todav\u00eda te llegan\u2014cada vez menos\u2014 im\u00e1genes de aparatosas vidrieras g\u00f3ticas, esm\u00f3quines impecables y buenos tragos de armagnac. Una ma\u00f1ana de oto\u00f1o. Un parque abandonado. Te has levantado tiritando tras apartar unos viejos cartones<strong>.<\/strong> No hay rastro de tu saco. A\u00fan as\u00ed, decides no interpelar al <em>Vampiro<\/em>, un tipo mal encarado, perseguido por moscas impertinentes, que vigila contumaz como Harry el \u201csucio\u201d en su pel\u00edcula hom\u00f3nima. Junto al catre te observan vac\u00edos dos envases de tetrabrik tumbados. Amanece.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Un sue\u00f1o es s\u00f3lo la representaci\u00f3n de un deseo incesante, nada, desde luego, donde explorar indicios de esquizofrenias o suicidios colectivos. El tuyo fue un sue\u00f1o habitual entre burgueses megal\u00f3manos. Una exitosa presidencia bancaria y una inmersi\u00f3n en el Ibex 35. Una consorte de cuatro apellidos y caviar del mism\u00edsimo B\u00e1ltico. Pero todo tiene su contrapartida y cada banquete sus n\u00e1useas. Alguna delaci\u00f3n inesperada y te llegaron el acojono, la quiebra y finalmente el embargo. El magistrado te vaticin\u00f3 una penitencia singular entre desahuciados e indigentes. Ahora ya no viajas ni Mozart inunda tu jard\u00edn glorificando nardos y amapolas. La arist\u00f3crata est\u00e1 desaparecida, ha abandonado sus desorbitadas recepciones. El futuro se tuerce como hierro fundido. Tu peor enemigo comienza a ser la incertidumbre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Rebuscas con desgana en una mochila azulona. Sacas conjuntamente una radio diminuta y un peque\u00f1o libro que parece escrito a mano. Descartas la radio y abres con cautela esa especie de diario\u2014hay hojas medio sueltas o deterioradas\u2014que parece despertarte ecos y fantasmas del pasado. Apenas has traspasado la mitad, y siempre acaba aterroriz\u00e1ndote. <strong><em>\u201c\u00bfY tu alma? \u00bfD\u00f3nde crees que haya ido?&#8230;. Debe andar buscando vivos que recen por ella<\/em><\/strong><em>\u201d, <\/em>\u00a0lees esta vez en alg\u00fan lado, aunque luego, al cerrarlo, te parezca que no es eso lo que pone.<em> <\/em>Lo abras por donde lo abras, suenan gritos del m\u00e1s all\u00e1 hablando de pecados y almas condenadas. Pero no, no crees que eso te afecte a ti ahora, hace unos meses que dejaste de robar y despuntas brillante en tu moderna profesi\u00f3n de pedig\u00fce\u00f1o. Inquieto, guardas veloz el peque\u00f1o ejemplar y huyes del cementerio mientras vas dibujando mentalmente una actitud para mendigar: arrodillado, con las manos entrelazadas. Postrado, para dar pena. Sabes que cada vez cuesta m\u00e1s afligir. En realidad, la pena es una emoci\u00f3n ineficaz, puede que roce todo el rato igual que una cincha floja, pero nunca aprieta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Hoy no necesitas mendigar. Mientras buscas alguna esquina eficiente para pedir limosna, observas un cartel a la entrada de un edificio p\u00fablico: \u201cCrisis; evangelizaci\u00f3n ante el hambre\u201d. El hambre es cosa de otros, igual que la infernal sequ\u00eda que asola los cultivos o los ni\u00f1os de la guerra que parecen inventados. No, t\u00fa nunca pasaste hambre. T\u00fa siempre tuviste una fuerte inclinaci\u00f3n por los banquetes. No quisiste tener un trabajo como todos. Te dedicaste, furtivo, a buscar dinero y comodidades. Y eso hizo que descubrieras a tu insigne esposa arist\u00f3crata. Ahora repudias haberte casado. Pero la soluci\u00f3n a tu vida ya no est\u00e1 en tus manos. Debes acostumbrarte a tu nueva ocupaci\u00f3n de pedig\u00fce\u00f1o. Tanteas tus bolsillos vac\u00edos, y decides indagar en ese pabell\u00f3n que han atildado los curas. Dentro, en un improvisado comedor, un gent\u00edo multiforme se acomoda entre mesas alargadas. Te haces un hueco cercano a un estrado. Frente a t\u00ed, dos ancianos bien vestidos se lanzan a interrogarte, quieren saber de donde sales. Coges aire y agarras suavemente las manos de la mujer. Miras su rostro desconcertado. Apa\u00f1as una sonrisa bobalicona y, sintiendo sus manos entre las tuyas, largas tu ret\u00f3rica inmisericorde reci\u00e9n aprendida en tus noches de vigilia. Les hablas del pueblo sencillo que pasa hambre, de los desgraciados. Sospechas que, por una vez, tu cultura puede hacerse pan. En unos instantes charl\u00e1is amistosamente, tu arenga ha logrado sosegarles<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Sostienes ahora un vaso de vino frente a tus nuevos amigos. Hab\u00e9is tomado carne guisada y leche con galletas en una comida de hermandad que alguna orden religiosa ha organizado. De pronto, sin anunciarse, sube al estrado un sacerdote viejo y barbudo, vestido con sotana. Hay una mesa oscura y una silla morada. Se sienta, prueba un peque\u00f1o micro. Inquieto, ensaliva con urgencia los dedos para aligerar unos papeles. A ratos ahueca el culo, acaso por un conato de fe insuficiente o quiz\u00e1s por alg\u00fan recuerdo servil. Piensas en su inutilidad, aunque sientes tambi\u00e9n una cierta simpat\u00eda. <em>Todas las \u00e9pocas han dejado esclavos<\/em>, meditas, <em>esclavos del deseo, del miedo, del infierno<\/em>. Como t\u00fa, esclavo de ese misterioso librito plagado de im\u00e1genes tenebrosas, que alguien\u2014 \u00bftu hermosa Cinthya, tal vez?\u2014debi\u00f3 salvar de aquella grandiosa mansi\u00f3n que pose\u00edais en Manhattan ocult\u00e1ndolo despu\u00e9s en tu mochila azulona. El predicador, entretanto, advierte que el fest\u00edn est\u00e1 a punto de concluir. Inicia entonces un preg\u00f3n afable acerca del mensaje cristiano y la fraternidad entre los hombres. La muchedumbre le vitorea y el cura se va animando. Alza m\u00e1s y m\u00e1s la voz, y acaba largando un speech brutal contra blasfemos, prostitutas y el heliocentrismo de Galileo, y, en cada frase, remarca obsesivo el derecho a la vida. Hasta cincuenta veces le has contado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">A ti todo eso te importa una mierda. Aburrido, est\u00e1s a punto de largarte, cuando, en medio de ese galimat\u00edas, alguien olvida, justo a tu lado, una bolsa de tela donde van recogiendo dinero para las misiones diocesanas. T\u00fa no pareces atra\u00eddo por el saquito, pero\u2026. \u00a0\u00bfY si cogiera\u2026? No, no lo estimas adecuado. \u00bfY si s\u00f3lo\u2026? T\u00fa no eres de robar por nada, al igual que los depredadores s\u00f3lo matas para comer y hoy ya has comido. Pero ahora tienes colegas pasando penurias y deseas ayudarles. Haces un movimiento instintivo, como el <em>Vampiro<\/em> cuando le persiguen esas moscas maratonianas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Para cuando sales a la calle una luz anaranjada centellea sobre los tejados. Se viene r\u00e1pida la noche y t\u00fa, cobijado en la trasera del autob\u00fas donde acabas de colarte, vigilas miedoso dos billetes arrugados que ocultaste entre los fantasmas de esas hojas destartaladas que revisas cada tanto. Ahora, buscando alguna justificaci\u00f3n para tu robo, has advertido una esperanza para tus pecados: \u201c<strong><em>A\u00fan cuando tengan el alma impura, puede que sean inocentes<\/em><\/strong><strong><em>. Pero eso s\u00f3lo Dios lo sabe\u2026\u201d<\/em><\/strong>, lees, excitado. Tu rostro inaugura<strong> <\/strong>una amplia sonrisa. Alguien acude en tu ayuda. Puede que Dios s\u00ed crea en tu inocencia. Has vuelto a robar, aunque esta vez lo has hecho por caridad, s\u00f3lo para mitigar el hambre de tus amigos. Te has sentido aliviado por esas frases donde el mism\u00edsimo Creador sugiere la posible inocencia de algunas almas impuras. Tienes la tentaci\u00f3n de leer el final, pero te da miedo: si \u00c9l\u2014 \u00bfd\u00f3nde est\u00e1 tu hostilidad anterior?\u2014 tambi\u00e9n decidiera condenarte, ya no te quedar\u00eda nada. Al igual que el psic\u00f3pata se aterroriza ante un foco repentino de luz, t\u00fa sientes pavor a ser definitivamente sentenciado por tus viejos desmanes. Est\u00e1s encogido, sientes fr\u00edo, te frotas las manos para entibiarlas. Sin embargo, tus dedos siguen estando entumecidos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Son cerca de las nueve y el s\u00faper se adormece. Entras r\u00e1pido. Coges embutido barato y algunas botellas de vino tambi\u00e9n para tus colegas, y cumples con el requisito de pasar por caja. Hace tanto que no manejabas dinero que te arde la cara. Sales deprisa a la noche de cada d\u00eda. En el parque el fr\u00edo se ha intensificado. Aunque, mientras repartes fiambre y santificas alegr\u00edas, ni lo notas. Entre las once y la medianoche hab\u00e9is cantado fuerte. Como si fuera una fiesta de barrio, la vieja Kelly, Mar\u00eda, los subsaharianos, el <em>Vampiro<\/em>,\u00a0 Charlie\u2026, y t\u00fa mismo, hab\u00e9is sentido correr el fuego por las venas. T\u00fa has acabado solito con una botella, en tanto que tus colegas han vaciado otras tres y yacen abrazados a la hierba. Empujado por el alcohol, crees ahora atreverte con el final de ese peque\u00f1o manuscrito que tanto te obsesiona. Lo abres excitado, pasas las hojas con rapidez. Espoleado por el rumor donde Dios era un juez bondadoso, indagas una posible salvaci\u00f3n. Tu mirada turbia resbala todav\u00eda sobre atroces vocablos\u2014almas, difuntos, redenci\u00f3n\u2014sin detenerse. Desechas banalidades, y surge, al fin, tan precisa como apocal\u00edptica, la conclusi\u00f3n definitiva que tanto deseabas conocer. \u201c<strong><em>Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un mont\u00f3n de piedras\u201d<\/em>,<\/strong> pronuncias torpemente, antes de cerrar los ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Al alba, te despiertas alelado, con la boca informe. Distingues, justo encima, unas nubes expectantes. Gradualmente vas retirando cartones, y reconoces, entre el barullo de lega\u00f1as, dos siluetas uniformadas. En el silencio, sobresalen los chillidos broncos del Farruco, un gorila del s\u00faper, que camina siempre tieso como un palo. Es normal que los guardas jurados te griten. Siempre ha sido as\u00ed. Solo que ahora te imputan adem\u00e1s, rajar envasados de jam\u00f3n serrano y ocultar los filetes bajo la cazadora. Dicen que el trasvase apenas se advierte en la c\u00e1mara, pero que antes te grabaron cogi\u00e9ndolos, y luego, en caja, hab\u00edan desaparecido. Te acusan de robar. Ahora si que la has cagado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Para un tipo como el Farruco, que un millonario ca\u00eddo en desgracia suplique en dependencias policiales es como posar el culo en un orinal mentolado. Puede que no sienta m\u00e1s que unos sencillos apretones, pero tienen el regusto del vencedor que, adem\u00e1s, nunca se ha cre\u00eddo mercenario de nadie. Lo hace por un simple don, dice, mejorado en a\u00f1os de lucha enchironando malnacidos. \u00c9l seguir\u00e1 siendo \u00e9l, con la \u00e9pica del altruista enceguecido, t\u00fa seguir\u00e1s siendo t\u00fa, acaudillando tu fatalidad para so\u00f1ar coherencias, y las cosas seguir\u00e1n siendo s\u00f3lo eso, cosillas que cambiar sin romper.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Intentas articularles algo razonable. Les rezas vuestra hambre, y les susurras c\u00f3mo evitasteis la muerte de un neonato diab\u00e9tico. Les dices tambi\u00e9n que no ten\u00edas liquidez para todo, que pagaste lo dem\u00e1s y la calderilla la echaste amoroso en la hucha contra el c\u00e1ncer. Como si nada. El Farruco te levanta por la pechera. T\u00fa no llevas escapulario. No tienes m\u00e1s credo que el tuyo. Pero ahora, suspendido un palmo en el aire, echas de menos un Dios que no convierta los placeres en pecados, mientras bendice interesado a estos caudillos de su cruzada. A\u00fan con todo, decides probar. Invocas el derecho a la vida del predicador barbudo. Das un par de tirones para que no crean que est\u00e1s acojonado. Das otro m\u00e1s notorio, y el Farruco te suelta un mamporro que acaba con tus huesos en el suelo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2014No te tengo miedo\u2014le has gritado levant\u00e1ndote enrabietado; y \u00e9l, por toda respuesta, te ha sonre\u00eddo. Aturdido, te preguntas ahora qu\u00e9 haces t\u00fa ah\u00ed, qu\u00e9 har\u00e1s ma\u00f1ana, qu\u00e9 har\u00e1 Cinthya, tu hermosa acaudalada. Pero no tienes respuestas. En realidad, tu vida tampoco cambiar\u00eda si las tuvieras. Tu vida seguir\u00eda bailoteando al vaiv\u00e9n de los dem\u00e1s, como una hoja de oto\u00f1o zarandeada por un viento fr\u00edo que mueve tambi\u00e9n las p\u00e1ginas de ese desconcertante\u2026 \u00bfsue\u00f1o? Un sue\u00f1o encerrado en un peque\u00f1o libro manuscrito, \u00bfpuede ser eso? Un ins\u00f3lito sue\u00f1o que no recuerdas c\u00f3mo lleg\u00f3 a tu mochila. Un sue\u00f1o que no lo parece y unas aterradoras palabras finales que te martillean como una sentencia inapelable<strong>: \u201c<em>dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un mont\u00f3n de piedras\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El amanecer est\u00e1 plagado de misterio y humedades. Atraviesas el umbral del cuartelillo con el rostro constre\u00f1ido. Concentras el escaso coraje que a\u00fan te queda en descubrir qui\u00e9n podr\u00eda haber so\u00f1ado algo tan miserable. No logras, sin embargo, conocer su anhelo. Tampoco de quienes ser\u00e1n esas almas desgraciadas. Ni siquiera sabes si ese Dios ser\u00e1 tambi\u00e9n el tuyo. Cabizbajo, rezas para que esta vez el sue\u00f1o no se haga realidad. Miras suplicante al funcionario. Pero \u00e9l est\u00e1 s\u00f3lo a tu librito.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Turbia, con trazas de alcohol y un rumor de misterio al fluir, la orina cae itinerante sobre un pedregal cercano al cementerio. \u00a1Jo-der!, respiras aliviado; te abrochas los botones de la bragueta e intentas no pensar m\u00e1s de lo necesario.<\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[5],"tags":[10,11,38],"class_list":["post-620","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-relatos","tag-9-certamen-de-narrativa-breve-2012","tag-relatos-2","tag-suenos"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/620","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=620"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/620\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=620"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=620"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=620"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}