{"id":678,"date":"2012-10-28T23:16:28","date_gmt":"2012-10-28T21:16:28","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=678"},"modified":"2012-10-28T23:16:28","modified_gmt":"2012-10-28T21:16:28","slug":"160-cervantes-a-granel-por-hombre-sin-abrigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/160-cervantes-a-granel-por-hombre-sin-abrigo\/","title":{"rendered":"160- Cervantes a granel. Por Hombre sin abrigo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Si de convertirse en un exitoso novelista se trataba, Gumersindo Quesada no pod\u00eda tener m\u00e1s puntos en contra. A sus noventa y un a\u00f1os hab\u00eda escrito noventa y un novelas: todas ellas mal\u00edsimas. Estaban impregnadas con un tufillo de vulgaridad y ninguna casa editorial se hab\u00eda mostrado interesada en su vasto corpus bibliogr\u00e1fico.<!--more--> \u201cTodav\u00eda no\u201d, puntualizaba Gumersindo, mientras segu\u00eda envejeciendo y acumulando renglones a tropel. Sabiendo en el fondo que sus m\u00e1s brillantes ideas estaban agotadas (la historia de una cuchara y la historia de una cuchara distinta, por ejemplo), sent\u00edase absolutamente desesperado. Pretextos para su incompetencia hab\u00eda encontrado muchos, y durante alg\u00fan tiempo \u00e9stos confortaron su esp\u00edritu. Luego, cuando reley\u00f3 una obra que hab\u00eda dejado reposar en su estanter\u00eda hasta que una fina peliculilla de polvo gris cubri\u00f3 uniformemente sus dos pastas, supo de una buena vez y para siempre que era un hombre falto de talento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Acodado en su escritorio de caoba, jugando con cinco bolas de metal que estaban asidas a un travesa\u00f1o y traspasaban el impacto de tal modo que \u00fanicamente las dos de los extremos se mov\u00edan, pensaba noche y d\u00eda en la forma de salir de ese espantoso anonimato. \u201cPiensa, Gumersindo, piensa con un demonio\u201d, se dec\u00eda, hund\u00eda con m\u00e1s fuerza las asentaderas en el coj\u00edn de la silla giratoria y se tentaba el arrugado ment\u00f3n con la punta del dedo \u00edndice. Estaba en el invierno de su vida y, hasta donde ten\u00eda entendido, por delante ya no hab\u00eda m\u00e1s estaciones. Sin excepci\u00f3n, terminaba sus jornadas laborales con cefaleas, migra\u00f1as y los nervios hechos nudo. \u201cPiensa, Gumersindo, piensa\u201d, se repet\u00eda durante el desayuno, la comida y la cena. En cierta ocasi\u00f3n, gracias a un inusual chispazo de lucidez, concluy\u00f3 que necesitaba crear una novela cuya calidad fuese irrebatible. La tribulaci\u00f3n existencial de Gumersindo se redujo entonces a una simple pregunta: \u201c\u00bfC\u00f3mo carajos la hago?\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Una noche, en sue\u00f1os, la soluci\u00f3n le fue revelada.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Era 25 de enero. Gumersindo arranc\u00f3 la hoja del calendario, la hizo bola y, asom\u00e1ndose por la ventana, la tir\u00f3 a la banqueta. Hab\u00eda elegido sus ropas con excesivo cuidado: zapatillas negras, sayo de velarte, coraza de aluminio a medio destartalar y collera blanca de pliegues. Sali\u00f3 de casa y tom\u00f3 un taxi. El taxista, aficionado a las letras cada vez que se encontraba ante un sem\u00e1foro en rojo, estuvo mir\u00e1ndolo con estupor a trav\u00e9s del espejo retrovisor y, al vencer sus propias dudas, le dijo que se parec\u00eda demasiado a Cervantes. Gumersindo, arranado en el asiento trasero, pens\u00f3 que las cosas estaban saliendo a las mil maravillas y a\u00f1adi\u00f3 un rasgo m\u00e1s a su caracterizaci\u00f3n: sac\u00f3 su brazo izquierdo de la manga correspondiente y lo meti\u00f3 dentro del traje y el peto, pegado al torso. En una oficina con aire acondicionado, se entrevist\u00f3 con R\u00f3mulo Irigoyen, presidente vitalicio de la casa editorial m\u00e1s importante de M\u00e9xico. A \u00e9ste casi se le salt\u00f3 el coraz\u00f3n cuando, a bocajarro, Gumersindo le asegur\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2500Su Excelencia, sabed que entre mis muchas curiosidades, guardada en un paquete de quincalla, hay una novela que a vuestro juicio parecer\u00e1 mejor que el mism\u00edsimo <em>Quijote<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Impresionado por su dominio del castellano vern\u00e1culo, por su indumentaria tan peculiar y pasada de moda, por su manquedad al m\u00e1s puro estilo del prisionero de Lepanto, R\u00f3mulo Irigoyen hizo lo que en otras circunstancias jam\u00e1s hubiese hecho: puso su malet\u00edn de cuero sobre la mesa, bot\u00f3 los seguros dorados y abri\u00f3 la tapa frente a ese perfecto desconocido; procedi\u00f3 a revolver papeles important\u00edsimos y extrajo un contrato de exclusividad que Gumersindo firm\u00f3 con todas las l\u00edneas rectas y curvas posibles. La tinta de su estil\u00f3grafo dej\u00f3 manchas en los m\u00e1rgenes.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">R\u00f3mulo Irigoyen, mandam\u00e1s de la cultura nacional, despleg\u00f3 una campa\u00f1a publicitaria de proporciones \u00e9picas. En menos de lo que canta un gallo, Gumersindo se volvi\u00f3 la m\u00e1s grande figura literaria del pa\u00eds. Asisti\u00f3 a la presentaci\u00f3n de su libro, donde su libro estuvo parad\u00f3jicamente ausente. Reparti\u00f3 aut\u00f3grafos a ni\u00f1os, hombres y especialmente mujeres, pues \u00e9stas eran sus m\u00e1s fervientes admiradoras. El Honorable Ayuntamiento de su ciudad natal, P\u00e9njamo, Guanajuato, M\u00e9xico, mand\u00f3 esculpir su busto en cobre y colocarlo en el centro de la Plaza de Armas. El monumento cost\u00f3 aproximadamente doscientos mil pesos, cifra que fue cubierta con el erario fiscal. De ah\u00ed en delante, a Gumersindo le llovieron m\u00faltiples preseas de instituciones p\u00fablicas y privadas. Una organizaci\u00f3n le ofreci\u00f3 una beca especial pero \u00e9l, muy a su pesar, no pudo aceptarla (el patronato le exig\u00eda radicarse en la Ciudad de M\u00e9xico y, seg\u00fan sus propias palabras, \u201cya no estaba para esos trotes\u201d). En las librer\u00edas, sin embargo, su libro a\u00fan no estaba en existencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estudiantes de letras, cr\u00edticos literarios, ling\u00fcistas, fil\u00f3logos, catedr\u00e1ticos e intelectuales en general sol\u00edan juntarse en los caf\u00e9s y, cruzando las piernas como buenos lechuguinos, prendados a sus tazas de porcelana y a sus cigarrillos Camel y Marlboro, hablaban incansablemente sobre la nueva obra maestra de Gumersindo Quesada. Uno dec\u00eda, arrojando volutas ojivales por la nariz: \u201cYo pienso que destroza las leyes que la narratolog\u00eda impuso arbitrariamente\u201d. Otro, paladeando su capuchino, lo secundaba: \u201cS\u00ed, y el recurso de la metaficci\u00f3n es asombroso\u201d. Al cabo de tan mel\u00f3dicas divagaciones, a la hora de pagar la cuenta, se preguntaban los unos a los otros: \u201cY, a todo esto, \u00bfc\u00f3mo es que se llama la novela en cuesti\u00f3n?\u201d<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 A un joven periodista, Ramiro Cienfuegos, este furor repentino le dio mala espina. Con la persistencia y el olfato de un sabueso en una UMA, se impuso la tarea de rastrear a Gumersindo. Cogi\u00f3 un avi\u00f3n en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de M\u00e9xico y vol\u00f3 al Aeropuerto del Baj\u00edo; un cami\u00f3n que ol\u00eda a excremento de puerco lo condujo luego hasta P\u00e9njamo. Cuando se encontr\u00f3 frente a Gumersindo, cara a cara en el p\u00f3rtico de su casa, abri\u00f3 la entrevista con una pregunta artera: \u201c\u00bfCu\u00e1l es el t\u00edtulo de su obra, se\u00f1or Quesada?\u201d Gumersindo empez\u00f3 a jalarse el el\u00e1stico de la collera y a sudar aceite por los poros. Carraspe\u00f3 varias veces y tosi\u00f3, cubri\u00e9ndose la boca con el pu\u00f1o. A caballo entre la afirmaci\u00f3n y la interrogante, contest\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500El <em>Quijote inmaculado<\/em>.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ramiro Cienfuegos se qued\u00f3 estupefacto. Como estaba plenamente convencido de que aquello no era m\u00e1s que una farsa, un espect\u00e1culo mal montado que tarde o temprano se vendr\u00eda abajo por sus propias contradicciones, no hab\u00eda tenido la precauci\u00f3n de preparar m\u00e1s material para su trabajo. En su cuadernillo de taquigraf\u00eda, pues, no hab\u00eda pregunta n\u00famero dos ni n\u00famero tres ni cuatro. De repente, hab\u00eda extraviado el hilo conductor. Gumersindo lo not\u00f3 en la prolongaci\u00f3n de su silencio y agreg\u00f3 suspicazmente, a modo de revancha:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500\u00bfAcaso no la hab\u00e9is le\u00eddo, joven mozo? \u00bfNo sab\u00e9is de lo que trata?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La lengua de Ramiro Cienfuegos se petrific\u00f3. Acababa de ser expuesto ante s\u00ed mismo. Sufri\u00f3 un rev\u00e9s en el costillar. Se vio en la necesidad de poner punto final a la entrevista y al d\u00eda siguiente, en fiel cumplimiento a su deber informativo, public\u00f3 una nota incompleta acerca de Gumersindo Quesada; apareci\u00f3 con su modesta r\u00fabrica, Ramiro Cienfuegos C., en la secci\u00f3n cultural del peri\u00f3dico de ultraizquierda <em>La conquista del pensamiento<\/em>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\">***<\/p>\n<p align=\"center\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Los entendidos en literatura, como siempre m\u00e1s afectos a los caf\u00e9s que a las bibliotecas, a las bebidas alcoh\u00f3licas que a los buenos libros, a las poses se\u00f1oriales que al verdadero trabajo cerebral, siguieron construyendo teor\u00edas en torno a la novela del <em>Quijote inmaculado<\/em>. Uno que era especialmente petulante dec\u00eda, pasando el dedo cordial por el borde de su taza: \u201cLos\u00a0 recursos dieg\u00e9ticos son maravillosos, inigualables\u201d. Los dem\u00e1s, una serie de contertulios dispuestos a su alrededor, aprobaban la observaci\u00f3n de manera un\u00e1nime.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ramiro Cienfuegos, herido en lo m\u00e1s profundo del orgullo, comenz\u00f3 a revisar su art\u00edculo una y otra vez. Parec\u00eda obsesionado con \u00e9l. Cuando venci\u00f3 el miedo y el trauma, concert\u00f3 una cita m\u00e1s con Gumersindo. Ahora que su obra se hab\u00eda convertido en un <em>best seller<\/em>, sin saber nadie c\u00f3mo, \u00e9ste lo recibi\u00f3 en su mansi\u00f3n en una de las paradis\u00edacas playas de Canc\u00fan. Debajo de una ancha sombrilla de jard\u00edn, enfrente de un mar que se observaba tanto o m\u00e1s azul que el cielo, Ramiro Cienfuegos fue directo al grano:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Y d\u00edgame, se\u00f1or Quesada, \u00bfde d\u00f3nde sac\u00f3 los nombres para bautizar tan acertadamente a sus personajes?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Gumersindo quiso hablar pero lo hizo desarticuladamente. Involuntariamente, eruct\u00f3. Trat\u00f3 de disculparse. \u201cGases\u201d, dijo, \u201cme pasa cuando estoy nervioso\u201d. Se tom\u00f3 unos minutos para tranquilizarse. Los obligados encuentros con la prensa nacional e internacional estaban haci\u00e9ndole callo. Bebi\u00f3 un poco del vaso de <em>ginger-ale<\/em> que ten\u00eda en la mano y, de pronto, contest\u00f3 con sagacidad:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500\u00bfA qu\u00e9 nombres os refer\u00eds espec\u00edficamente, joven mozo?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ramiro fue incapaz de mencionar alguno, y Gumersindo lo puso en la inc\u00f3moda posici\u00f3n de jaque al rey:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500No teng\u00e1is pena, amigo Ramir\u00edn. Sabed que escog\u00ed el nombre de Alfonso por mi abuelo, que se llamaba Alfonso Quesada y Quesada. El nombre de Pancho Lanza me gust\u00f3 porque en M\u00e9xico es muy com\u00fan. Y el nombre de Dulce y Menea, que en realidad es uno solo, lo eleg\u00ed por capricho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ramiro baraje\u00f3 las hojas de su cuadernillo y, como no hall\u00f3 ni un garabato dibujado, pretext\u00f3 estar enfermo y cort\u00f3 as\u00ed prematuramente la entrevista. Por la tarde se imprimi\u00f3 su art\u00edculo, un mu\u00f1\u00f3n period\u00edstico que llevaba un t\u00edtulo excesivamente rampl\u00f3n: \u201cUn <em>Quijote inmaculado<\/em>: nombres y hombres de honor\u201d. Crey\u00f3 que lo mejor era ponerle puntos suspensivos\u2026<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En los caf\u00e9s, los intelectuales continuaron fingiendo que arreglaban al mundo y Ramiro Cienfuegos, aunque lleg\u00f3 a poner en riesgo su carrera porque sus art\u00edculos aparec\u00edan siempre a la mitad, no dio su brazo a torcer. Sigui\u00f3 frecuentando a aqu\u00e9l que ahora todos llamaban \u201cmaestro\u201d. Al cabo de dos a\u00f1os, es decir, cuando Gumersindo ten\u00eda noventa y tres, \u00e9ste hab\u00eda compilado consecutivamente los n\u00fameros del rotativo <em>La conquista del pensamiento<\/em>. Con tijera y pegamento blanco en mano, hab\u00eda logrado recortar y ordenar, a partir de la secci\u00f3n cultural de Ramiro Cienfuegos, las mil cuatrocientas sesenta y cinco p\u00e1ginas (1465) de la novela el <em>Quijote inmaculado<\/em>. Cuando fue lanzada la segunda edici\u00f3n, una edici\u00f3n tangible, real y palpable, con una nota de presentaci\u00f3n salida del pu\u00f1o y letra de R\u00f3mulo Irigoyen, Gumersindo Quesada no pod\u00eda tener m\u00e1s puntos a favor. El mismo Ramiro Cienfuegos, habi\u00e9ndose convertido en conductor de un programa cultural que se transmit\u00eda por la televisi\u00f3n abierta a alt\u00edsimas horas de la noche, invit\u00f3 a Gumersindo Quesada para celebrar su primer aniversario al aire. Cuando lo recibi\u00f3 en el foro y escuch\u00f3 por el auricular la indicaci\u00f3n del <em>floor manager<\/em>, lo present\u00f3 de esta manera:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u2500Observad bien, afables espectadores, la gallard\u00eda de este hombre. Maestro Quesada, gracias por venir. Par\u00e9ceme que Cervantes ha sido destronado. Su relevo, m\u00e1s ingenioso, m\u00e1s prol\u00edfico, m\u00e1s brillante y m\u00e1s hidalgo, que ya es mucho decir, es vuestra merced: orgullosamente un mexicano, hijo de la patria hija y nieto de la madre patria. Par\u00e9ceme que duda no cabe de que habremos de esperar cuando menos otros cuatro siglos para ver un autor de su envergadura. Il\u00fastrenos por favor, maestro Quesada. El micr\u00f3fono, como nuestra humilde atenci\u00f3n, queda de su parte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si de convertirse en un exitoso novelista se trataba, Gumersindo Quesada no pod\u00eda tener m\u00e1s puntos en contra. 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