
{"id":73,"date":"2012-09-24T00:00:31","date_gmt":"2012-09-23T22:00:31","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=73"},"modified":"2012-09-23T22:43:38","modified_gmt":"2012-09-23T20:43:38","slug":"3-el-camino-de-la-mantis-por-nabetse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/3-el-camino-de-la-mantis-por-nabetse\/","title":{"rendered":"3- El camino de la mantis. Por Nabetse"},"content":{"rendered":"<p>Tan solo hac\u00eda veinte minutos que son\u00f3 el tel\u00e9fono. Un timbrazo continuo y estresante atolondr\u00f3 el silencio de la calurosa noche de aquel quince de agosto&#8230;<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del enorme ventanal del sal\u00f3n se pod\u00edan ver los fuegos artificiales que deslumbraban el cielo nebuloso de la ciudad. Un plomizo y recargado ambiente de fiesta soportado por un sinf\u00edn de j\u00f3venes que se arracimaban debajo del balc\u00f3n. A las doce en punto, ni un minuto antes, ni un minuto despu\u00e9s, estallar\u00eda el cielo con la traca final. V\u00edtores y algarab\u00edas para un final de fiesta.<!--more--><\/p>\n<p>Y fue entonces cuando son\u00f3 el tel\u00e9fono&#8230;<\/p>\n<p>La voz ronca del interlocutor presagiaba que nada bueno hab\u00eda ocurrido. Un gru\u00f1ido, similar al chirrido de una locomotora ascendiendo por una empinada cuesta, clam\u00f3 a trav\u00e9s del auricular.<\/p>\n<p>\u2014La muerte ha entrado en la casa de tu hermano \u2014dijo.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 muerte?<\/p>\n<p>\u2014La muerte \u2014afirm\u00f3 estruendosamente, como si estuviera masticando piedras\u2014. La muerte \u2014insisti\u00f3\u2014. Solamente hay una.<\/p>\n<p>El restallido de la primera traca ilumin\u00f3 el cielo y un racimo de fuegos artificiales serpente\u00f3 a trav\u00e9s de la cornisa del bloque de enfrente.<\/p>\n<p>\u2014Acabo de entrar en su casa y su cuerpo est\u00e1 acostado en la cama, semidesnudo por el calor. No tiene vida \u2014dijo, conteniendo el llanto.<\/p>\n<p>\u2014Pero&#8230; Si habl\u00e9 con \u00e9l hace unos d\u00edas. No me dijo nada&#8230; \u00bfC\u00f3mo ha sido?<\/p>\n<p>\u2014No lo s\u00e9. Est\u00e1 tumbado en su cama, como si estuviera durmiendo. La muerte lo ha pillado por sorpresa, al descuido, como siempre hace la muy ladina. Sobre el tocador est\u00e1n sus pantalones, perfectamente doblados. Encima de la mesilla el tel\u00e9fono m\u00f3vil, que se ha ca\u00eddo al suelo de tanto andar vibrando con las llamadas.<\/p>\n<p>El cielo chasque\u00f3 con los truenos de los fuegos, mientras que la tierra temblaba con el candor de los j\u00f3venes chillando el fin de la fiesta.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa? \u2014le pregunt\u00f3 su mujer\u2014. He o\u00eddo que hablabas por tel\u00e9fono y he venido a ver que ocurre.<\/p>\n<p>\u2014Mi hermano \u2014dijo, mientras que una l\u00e1grima tan grande como una esmeralda verde se asomaba en su ojo\u2014. Mi hermano, que ha muerto.<\/p>\n<p>\u2014Pero&#8230;<\/p>\n<p>\u2014Ya lo s\u00e9, pero si estaba bien. Me ha dicho su hijo que lo ha pillado la muerte en su casa. Durmiendo. Se ha colado por la puerta y ha parado su coraz\u00f3n. Lo ha dejado so\u00f1ando.<\/p>\n<p>\u2014Ma\u00f1ana a primera hora salimos de viaje \u2014le dice a su mujer\u2014. Ma\u00f1ana en cuanto arreglemos las cosas aqu\u00ed, para que nos sustituyan en el trabajo, salimos hacia all\u00ed.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY tu sobrino c\u00f3mo est\u00e1?<\/p>\n<p>\u2014Pues fig\u00farate&#8230; Mal. Entristecido. Impotente. Contra la muerte no se puede luchar.<\/p>\n<p>\u2014Vamos a la cama y ma\u00f1ana partimos sin demora a casa de tu hermano.<\/p>\n<p>Y el cielo estall\u00f3 en una traca final que ilumin\u00f3 cada uno de los rincones de la ciudad.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente se despert\u00f3 como de un mal sue\u00f1o. La boca pastosa y seca. Los ojos llenos de arena. Desde la cocina le lleg\u00f3 el olor a caf\u00e9 reci\u00e9n hecho. Su mujer, m\u00e1s madrugadora, hac\u00eda ya rato que se hab\u00eda levantado.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfHas descansado? \u2014le pregunt\u00f3, mientras pon\u00eda dos rebanadas de pan blanco en la tostadora.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed \u2014le dijo secamente\u2014. Para que te voy a enga\u00f1ar. Me hab\u00eda olvidado de que ayer muri\u00f3 mi hermano.<\/p>\n<p>\u2014He llamado a la empresa y me han dicho que tengo que abrir la tienda, pero en cuanto puedan me mandan una chica para que me sustituya.<\/p>\n<p>\u2014Yo llamar\u00e9 en cuanto me tome el caf\u00e9 \u2014le dijo \u00e9l\u2014. Supongo que no me pondr\u00e1n pegas. Sobre las nueve saldremos de viaje.<\/p>\n<p>\u2014Descansa hasta entonces. Ya me encargo yo de preparar la maleta para el viaje. T\u00fa no hagas nada, tienes que estar fresco para las cinco horas de coche.<\/p>\n<p>\u2014Sabes una cosa&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014La semana pasada so\u00f1\u00e9 con mi hermano.<\/p>\n<p>\u2014No me dijiste nada.<\/p>\n<p>\u2014No pens\u00e9 que fuese importante. Ya sabes lo que pasa con los sue\u00f1os.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 so\u00f1aste?<\/p>\n<p>\u2014Era un sue\u00f1o extra\u00f1o, como lo son todos. Mi hermano estaba andando por un camino interminable y yo lo ve\u00eda desde arriba, como si estuviera volando.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfA vista de p\u00e1jaro?<\/p>\n<p>\u2014Algo as\u00ed. \u00c9l caminaba r\u00e1pido y en ning\u00fan momento se entreten\u00eda para nada. En mi sue\u00f1o lo vi llegar a un cruce. Entonces torci\u00f3 por el camino de la izquierda y sigui\u00f3 caminando cada vez m\u00e1s r\u00e1pido. Pero&#8230;<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPero?<\/p>\n<p>\u2014Pero yo pens\u00e9 que el camino correcto era el derecho.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014No me acuerdo bien. Ya sabes que los sue\u00f1os se desvanecen poco a poco cuando despertamos y conforme pasa el d\u00eda van perdiendo significado. Pero creo que era por instinto.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEl qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Lo del camino de la izquierda. Me despert\u00e9 con la sensaci\u00f3n de que ten\u00eda que haberle dicho algo a mi hermano. Algo del estilo: coge el otro camino.<\/p>\n<p>\u2014Es extra\u00f1o.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, pero me acuerdo ahora que so\u00f1\u00e9 con \u00e9l y es curioso que una semana despu\u00e9s lo hayan encontrado muerto en su cama.<\/p>\n<p>\u2014Al menos no sufri\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Es posible. Siempre nos quedar\u00e1 ese consuelo.<\/p>\n<p>\u2014Bueno \u2014le dijo su mujer\u2014, me voy a abrir la tienda y en cuanto llegue la sustituta te llamo.<\/p>\n<p>\u2014Yo lavar\u00e9 el coche. Est\u00e1 sucio y los cristales llenos de mosquitos estrellados.<\/p>\n<p>\u2014Luego nos vemos.<\/p>\n<p>Y lo bes\u00f3 en la boca con un beso corto y lleno de amor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Media hora antes de salir de viaje se acerc\u00f3 hasta el lavadero. Meti\u00f3 el coche en el t\u00fanel y extrajo dos monedas del bolsillo de su pantal\u00f3n. Puso el tel\u00e9fono m\u00f3vil sobre el asiento, esperando la llamada de su mujer para ir a recogerla a la tienda; en cuanto hallaran una sustituta.<\/p>\n<p>La manguera solt\u00f3 un chorro furioso de agua que aporre\u00f3 la carrocer\u00eda del coche, como si quisiera despellejarlo y arrancarle todas las capas de pintura. En unos instantes el chasis se ti\u00f1\u00f3 del blanco de la espuma y un leve cosquilleo le masaje\u00f3 la cabeza como si la hoja de un \u00e1rbol se le hubiera posado encima. Con la mano libre azuz\u00f3 el aire, creyendo que fuese lo que fuese se ir\u00eda de all\u00ed. Pero lo que hab\u00eda encima de su cabeza era una <em>Mantis Religiosa<\/em>. Lo supo cuando el insecto cay\u00f3 sobre su pecho y se agarr\u00f3 a la camisa como si temiera perderse por el desag\u00fce del lavadero. \u00c9l la mir\u00f3 con repugnancia, pues no esperaba que un insecto con complexi\u00f3n humana le hubiera saltado de la cabeza al pecho, como si de un mono de feria se tratara. De un fuerte manotazo la tir\u00f3 al suelo, viendo como el pobre animalillo se agarraba a la vida, iz\u00e1ndose por la barra met\u00e1lica que sosten\u00eda la marquesina del lavadero de coches y escondi\u00e9ndose parcialmente del que previsiblemente ser\u00eda su asesino.<\/p>\n<p>Empu\u00f1ando la manguera se sinti\u00f3 poderoso. Tan solo ten\u00eda que enfocar el ca\u00f1o al lugar donde se ergu\u00eda desafiante la Mantis. Un chorro de agua caliente y espumosa ser\u00eda suficiente para destrozar su cuerpo espigado. Para hacer que aquella cabeza triangular y de ojos brillantes, casi humanos, desapareciera por el sumidero y sucumbiera a una muerte segura. No pod\u00eda tolerar que un simple insecto le hubiera asustado de aquella forma y con su muerte \u00e9l se sentir\u00eda mejor.<\/p>\n<p>Los dos se miraron. La mantis no parec\u00eda implorar misericordia. Era un animal altivo, soberbio. Ajena a su destino. C\u00f3mo si no le importara lo que aquel humano fuese a hacer con aquella manguera que esgrim\u00eda como la m\u00e1s mort\u00edfera de las armas que existieran en la tierra. Y de repente, como si le asaltara un temor innato, \u00e9l empez\u00f3 a mirar a su alrededor buscando m\u00e1s mantis como aquella. Como si un ej\u00e9rcito de mantis religiosas se hubieran confabulado y estuvieran a punto de rodearlo en aquel solitario lavadero de coches.<\/p>\n<p>Y como el reloj del lavadero segu\u00eda contabilizando el tiempo transcurrido desde que ech\u00f3 las monedas, decidi\u00f3 seguir lavando el coche y ya pensar\u00eda m\u00e1s tarde lo que har\u00eda con aquel atrevido insecto. Mientras el chorro de agua quitaba los \u00faltimos restos de la espuma gris, por la suciedad de la carrocer\u00eda, no perdi\u00f3 de vista en ning\u00fan momento a la mantis, siguiendo sus pasos con el rabillo del ojo, como si temiera ser asaltado de nuevo, y a traici\u00f3n.<\/p>\n<p>Pero la mantis segu\u00eda all\u00ed, ajena a todo. Mirando lo que \u00e9l hac\u00eda. Ri\u00e9ndose, ri\u00e9ndose, ri\u00e9ndose&#8230;<\/p>\n<p>Cuando acab\u00f3 de limpiar el coche y hubo secado los cristales con un pa\u00f1o, el instinto asesino hacia aquella mantis mengu\u00f3 y no le pareci\u00f3 buena idea terminar con su vida. Despu\u00e9s de todo, se dijo, ella ya estaba all\u00ed cuando \u00e9l lleg\u00f3 y seguramente era esa mantis la que deb\u00eda de sentirse molesta con su presencia. Mientras pensaba en eso, el insecto hab\u00eda bajado de la barra met\u00e1lica donde se alz\u00f3 como si quisiera ponerse a su altura y comenz\u00f3, lenta y pausadamente, a caminar por un estrecho surco de tierra que seguramente traz\u00f3 el agua del lavadero en su b\u00fasqueda del desag\u00fce. \u00c9l la sigui\u00f3 con la vista.<\/p>\n<p>El insecto camin\u00f3 despacio por el surco de tierra, ante la atenta mirada de aquel hombre que no pod\u00eda hacer otra cosa que encontrar un paralelismo entre el sue\u00f1o de su hermano y el viaje de la mantis.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfAcaso no buscamos todos lo mismo?\u00bb, se pregunt\u00f3 en voz baja. Acaso no buscamos un destino propicio.<\/p>\n<p>Y la mantis sigui\u00f3 caminando erguida y en ning\u00fan momento ech\u00f3 la vista atr\u00e1s. Atr\u00e1s no hab\u00eda nada, todo estaba delante. Desde su posici\u00f3n, pens\u00f3 \u00e9l, a\u00fan podr\u00eda derribarla con un chorro de aquella manguera, pero qu\u00e9 sentido ten\u00eda terminar con la vida de un insecto que caminaba como una persona. Un insecto que buscaba su propio destino.<\/p>\n<p>Y la mantis lleg\u00f3 a una bifurcaci\u00f3n que hab\u00eda en el camino. All\u00ed, un mont\u00edculo de tierra separaba el trayecto en dos franjas: una llegaba hasta un bosque de encinas, la otra regresaba al sumidero donde se perd\u00eda el agua del lavadero. Pero ella no pod\u00eda verlo, ya que el camino era todo lo que su vista abarcaba. El hombre se hall\u00f3 como en el sue\u00f1o de su hermano, vi\u00e9ndolo todo desde arriba. Y supo que el mejor camino de la mantis era el que llevaba al bosque. Entonces se acerc\u00f3 hasta ella y tap\u00f3 con su pie el reguero de tierra que desembocaba en la cloaca y dijo:<\/p>\n<p>\u2014Anda, sigue por el otro camino.<\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong>Y la mantis levant\u00f3 la cabeza y lo mir\u00f3 a los ojos, como si entendiera todo lo que aquel hombre le dec\u00eda. Y sigui\u00f3 por el camino que llevaba al bosque de encinas. El camino m\u00e1s propicio. Y entonces el hombre se ech\u00f3 a llorar y sus l\u00e1grimas fueron agua de lluvia para aquel insecto.<\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tan solo hac\u00eda veinte minutos que son\u00f3 el tel\u00e9fono. Un timbrazo continuo y estresante atolondr\u00f3 el silencio de la calurosa noche de aquel quince de agosto&#8230; A trav\u00e9s del enorme ventanal del sal\u00f3n se pod\u00edan ver los fuegos artificiales que deslumbraban el cielo nebuloso de la ciudad. 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