{"id":761,"date":"2012-10-31T13:24:16","date_gmt":"2012-10-31T12:24:16","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=761"},"modified":"2012-10-31T13:24:16","modified_gmt":"2012-10-31T12:24:16","slug":"183-vencio-el-silencio-por-peregrina","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/183-vencio-el-silencio-por-peregrina\/","title":{"rendered":"183- Venci\u00f3 el silencio. Por Peregrina"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Eran las seis de la madrugada del d\u00eda 31 de octubre de 1977, Gabriela aguantaba el llanto y no gritaba, demostrando a todos su fortaleza. Una hora m\u00e1s tarde lleg\u00f3 al mundo Alejandro. Gabriela oy\u00f3 la voz de Gilda, su madre, disponiendo horarios y posturas, encolerizada porque el ni\u00f1o no llevaba el pijama adecuado.<!--more--> Poco tard\u00f3 en cambiarlo todo de sitio, tirar lo que no le gustaba y preparar la ropa que madre e hijo llevar\u00edan al salir. Pregunt\u00f3 por L\u00e1zaro y un terremoto de insultos lleg\u00f3 a los o\u00eddos de Gabriela, cuando le comunic\u00f3 que hab\u00eda ido a casa.\u00a0 Y con las mismas, cambi\u00f3 el rictus, cogi\u00f3 al ni\u00f1o en brazos y empez\u00f3 a llorar de felicidad. As\u00ed era la abuela.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Gabriela puso el caf\u00e9 en la mesa para los dos. L\u00e1zaro ten\u00eda l\u00e1grimas en los ojos y, ella, perspicaz por naturaleza,\u00a0 vaticin\u00f3 que su felicidad iba a romperse. L\u00e1zaro cogi\u00f3 su mano, le dio un beso en la cara y le dijo adi\u00f3s. Mir\u00f3 en la cunita de mimbre y se fue para no volver. Gabriela no llor\u00f3. Sac\u00f3 al ni\u00f1o, lo apret\u00f3 contra su pecho y le dijo que \u00a0\u00e9l completaba su vida, \u00a0que conseguir\u00eda llenar el hueco de la mesa que hab\u00eda quedado vac\u00edo ante \u00a0un caf\u00e9 humeante. Y solos deber\u00edan haber caminado, porque a esta gran mujer de veinte a\u00f1os le sobraba osad\u00eda. En ese momento lleg\u00f3 Gilda con un s\u00e9quito de hijos y nueras. Todos corrieron hacia el capacho sin reparar en la tristeza de Gabriela, pero, cuando Dani\u00a0 fue a darle un beso a su hermana vio la consternaci\u00f3n en su cara. Tras el relato de como, con un beso en la mejilla se hab\u00edan roto sus sue\u00f1os e ilusiones, sue\u00f1os e ilusiones que a nadie parec\u00edan importar, Gilda cogi\u00f3 al ni\u00f1o\u00a0 y anunci\u00f3 que ella se har\u00eda cargo de todo, capturando a madre e hijo en pro del auxilio y la buena voluntad. No hab\u00eda evasi\u00f3n posible. Se rompieron los planes de libertad de la joven mam\u00e1.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Alejandro creci\u00f3 rodeado cari\u00f1o sincero y sobreprotecci\u00f3n, pero era un ni\u00f1o triste. El ambiente en casa de Gilda era r\u00edgido, \u00e9l la adoraba. Pero esa fuerza intimidante que Gilda desprend\u00eda a su alrededor somet\u00eda la voluntad de Alejandro y de todos cuantos rodeaban a la matriarca, que dirig\u00eda sus vidas con larga vara de mando. Gabriela, no lograba desplegar el compromiso que adquiri\u00f3 aquel d\u00eda con su hijo y con ella misma, siempre sab\u00eda Gilda como maniobrar la educaci\u00f3n y crianza de esa criatura que \u00a0se debat\u00eda entre dos fuerzas, el magnetismo manipulador de Gilda y el amor sincero hacia la ternura e inteligencia de su madre. Esos ojillos vivos solicitaban ayudan porque las palabras no llegaban a su boca, se empezaba a evidenciar una patolog\u00eda an\u00edmica y psicol\u00f3gica, posiblemente gen\u00e9tica, pero eran los ochenta. Prosigui\u00f3 su existencia entre insultos a su madre, y a su desconocido padre, en una educaci\u00f3n proyectada a los dem\u00e1s, porque, para Gilda, \u00a0la gente era mala y hab\u00eda que demostrar que la superioridad, sin errar fuera, maquillado las debilidades. Esos criterios unidos a la gen\u00e9tica disposici\u00f3n de Alejandro generaron un ser depresivo, el mal iba entrando poco a poco, como un veneno, pero \u00e9l sonre\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 De su padre hab\u00eda o\u00eddo hablar mucho, todos aprovechaban las ausencias de Gabriela para censurar, sin plantearse que un ni\u00f1o peque\u00f1o comprendiera las tertulias, pero deduc\u00eda, y lo entend\u00eda a su manera, y guardaba aquellos comentarios en esas notas mentales que lo llevar\u00edan al cataclismo. Porque se juzgaba a L\u00e1zaro, pero tambi\u00e9n, y de forma despiadada, a Gabriela. Para Gilda, Gabriela hab\u00eda ultrajado a la familia, era imperdonable que no se hubiera casado con L\u00e1zaro, lo de vivir juntos era una afrenta personal, era de esperar que acabara abandonada por ese rufi\u00e1n. Para Alejandro, su madre era inteligente y diferente, porque sab\u00eda\u00a0 cosas, porque le le\u00eda, porque le contaba cosas de este mundo. Comenz\u00f3 as\u00ed la eterna confusi\u00f3n de Alejandro. Escuch\u00f3 historias, le contaron otras, ninguna se parec\u00eda, de manera que, sin darse cuenta hizo un croquis en el que se confund\u00eda lo que oy\u00f3 furtivamente, lo que le contaron y lo que no sab\u00eda si era real o hab\u00eda imaginado, esquematiz\u00f3 de forma propia como ese hombre, nunca pap\u00e1, los abandon\u00f3. Sentimientos de inseguridad e incomprensi\u00f3n asaltaban al ni\u00f1o de seis a\u00f1os, incapaz de verbalizar sus pensamientos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Se acercaba Navidad. En casa se viv\u00edan esas fechas con una alegr\u00eda suprema. Se planteaba Alejandro c\u00f3mo podr\u00eda dejar de pensar para poder disfrutar de esa felicidad, ese ni\u00f1o de siete a\u00f1os, sent\u00eda un remordimiento constante, una culpa punzante que no lo dejaba complacerse, pero nadie lo sab\u00eda, y \u00e9l se mostraba feliz. Al llegar con sus primos de recoger musgo para el gran Bel\u00e9n encontraron que Gilda gritaba descomunalmente a Gabriela, que lloraba desconsolada, Alejandro fue corriendo hacia ella, pero su t\u00edo Jorge lo par\u00f3. Y entre gritos descubri\u00f3 que iba a tener un hermanito. S\u00f3lo apreci\u00f3 un ahogo inmenso por ver a su madre humillada y una par\u00e1lisis general al saber que iba a conocer a su progenitor. Siguieron d\u00edas de insultos y desprecios, este embarazo sibilino era la deshonra concluyente. Y Gilda, que vio amenazado su dominio sobre Alex con la aparici\u00f3n de \u00a0L\u00e1zaro, empez\u00f3 a adiestrar a su ni\u00f1o. De manera que,\u00a0 mientras preparaba el fest\u00edn navide\u00f1o revel\u00f3 su nieto que su madre no ten\u00eda dignidad, que se hab\u00eda arrastrado a un hombre, y le hab\u00eda dado lo m\u00e1s preciado, ya no val\u00eda nada. Nadie dijo nada y \u00e9l call\u00f3, pero esos d\u00edas sellaron profundamente a ese ni\u00f1o. \u00c9l quer\u00eda a su abuela con todas sus fuerzas y eso lo hac\u00eda sentir despreciable, su cabeza era un volc\u00e1n de remordimientos. En Nochebuena,\u00a0 Dani, el hermano mayor, le comunic\u00f3 a Gilda que Alejandro se ir\u00eda con sus padres despu\u00e9s de Navidad. Gilda sali\u00f3 de la cocina, mir\u00f3 a Gabriela y le dijo, no te lo llevar\u00e1s. Gilda lo hab\u00eda decidido, har\u00eda lo que tuviera que hacer,\u00a0 pero el ni\u00f1o no se ir\u00eda con esa irresponsable, incapaz de guardar la catadura de la familia. El coraz\u00f3n de Alejandro, al o\u00edr tales reyertas estaba dolorido y dividido.\u00a0 Gilda cay\u00f3 enferma, pero ten\u00eda fuerzas para explicar a Alejandro que ese hombre era un despojado, nunca fue un padre, que su madre no estaba preparada para cuidarlo, que no ten\u00edan recursos para proporcionarle lo que cualquier ni\u00f1o de familia decente requiere y que \u00e9l no ser\u00eda respetado en aquel ambiente. El ni\u00f1o no conoc\u00eda ni a su padre ni a ning\u00fan familiar de esa nueva rama geneal\u00f3gica, y tras varios d\u00edas de confidencias de la abuela, ten\u00eda p\u00e1nico a que se lo llevaran. Imaginaba a seres perversos, porque, como la abuela le hab\u00eda dicho, nunca mostraron preocupaci\u00f3n por \u00e9l. Gilda sentenci\u00f3 que si la quer\u00eda no pod\u00eda irse. \u00c9l ansiaba vivir con su madre, pero, por un lado ten\u00eda miedo de esa simulada familia, y por otro no quer\u00eda dejar atr\u00e1s su vida, su casa, sus abuelos. Cuando Gabriela vino a buscarlo llor\u00f3 y grit\u00f3, tanto que no se lo llevaron,\u00a0 pero ven\u00edan a sus sue\u00f1os las l\u00e1grimas de su madre al o\u00edrlo llorar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 El ni\u00f1o ten\u00eda que vivir con sus padres.\u00a0 As\u00ed pensaban los miembros m\u00e1s cabales de la indivisa familia. Pero, \u00bfqui\u00e9n har\u00eda frente a los excesivos dogmas de Gilda? Gabriela se lo llev\u00f3, porque por una vez, iba a actuar, por una vez Gilda no dirigir\u00eda la situaci\u00f3n. Y tras una lucha encarniza, en la que la compensaci\u00f3n era un ni\u00f1o y no un reino, la vencedora sali\u00f3 con su hijo en brazos, con la cabeza alta, como si Alex fuera la llave de la ciudad conquistada. Ese ni\u00f1o bajito, de sonrisa forzada y ojos tristes ya estaba envuelto por el manto ominoso de la depresi\u00f3n. Su corta vida hab\u00eda transcurrido en un escenario lleno de secretos y sombras, de ignominias hacia su triste madre, de llantos de una y oprobios de otros. El peque\u00f1o, sentado en el suelo, tr\u00e9mulo, esperaba a que alguien lo recogiera, fuese del bando familiar que fuese, y acabara la guerra, una lucha en la que \u00e9l no era parte, aunque era v\u00edctima de todos los disparos. El no era la causa, pero como tal se utiliz\u00f3. Una defend\u00eda el mando familiar, con todos los apoyos cobardes, otra defend\u00eda su libertad con apoyos taimados, olvidando que en el centro hab\u00eda un ni\u00f1o muy peque\u00f1o cuyo discernimiento tuvo que madurar vertiginosamente. Un espacio colmado de factores precipitantes hacia el abismo de una depresi\u00f3n cr\u00f3nica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 En su nueva casa hab\u00eda un padre, una madre y una vida normal. Estaba obligado a olvidar que a esa normalidad no hab\u00eda llegado por la v\u00eda habitual, obligado a olvidar, que para \u00e9l su familia eran los que dej\u00f3. Y quer\u00eda hacerlo, por mam\u00e1, deb\u00eda hacer bien su papel en ese teatro.\u00a0 Y se sent\u00eda estrangulado, porque quer\u00eda abandonar el escenario. Pero ahora, todos estaban en el bando del vencedor. Ahora hab\u00edan cambiado los discursos y lo que hab\u00eda aprendido durante sus primeros a\u00f1os de vida hab\u00eda que olvidarlo. Ahora,\u00a0 el tito tal y la tita cual le acusaban de los llantos de su madre. Hasta el silencioso abuelo le acusaba de tirano y ego\u00edsta, \u00a0heredero de la educaci\u00f3n sobreprotectora de Gilda. Volv\u00eda a ser el culpable de la tristeza ajena. Con muy buenas palabras fue incriminado por la casta familiar.\u00a0 Acababa de cumplir ocho a\u00f1os, \u00a0y ten\u00eda la obligaci\u00f3n de que su nueva familia llegara a buen fin, su venerada estirpe se lo hab\u00eda dejado claro, si la obra teatral no era un \u00e9xito el fracaso era suyo, y \u00e9l s\u00f3lo quer\u00eda era hacer mutis.\u00a0 A todos les daba\u00a0 la raz\u00f3n, sin hablar, porque \u00e9l no quer\u00eda actuar, \u00e9l sab\u00eda que era m\u00e1s f\u00e1cil, pero jam\u00e1s fue capaz de explic\u00e1rselo a nadie, quiz\u00e1 nadie fue capaz de prestarle o\u00eddos de forma desinteresada. Porque s\u00ed, fue en Gilda donde encontr\u00f3 un hombro para llorar, pero Gilda segu\u00eda pensando en ganar su guerra y el ni\u00f1o era su mejor arma. El amor a Gilda, a su madre y a toda la familia, cre\u00f3 al ni\u00f1o una dicotom\u00eda entre acci\u00f3n y cognici\u00f3n, que s\u00f3lo pudo resolver en su cabeza infantil doblando para siempre su personalidad. Ten\u00eda su forma de pensar y ver la vida, sus miedos y dudas, sus penas, sus alegr\u00edas, sus sue\u00f1os, sus ilusiones, sus frustraciones, ten\u00eda su vida guardada para \u00e9l, y otra cosa era lo que el mundo ve\u00eda. Y nadie, absolutamente nadie lo conoc\u00eda realmente. Estaba cansado de vivir. Estaba enterrado en lo m\u00e1s profundo, ahora, s\u00f3lo se dejar\u00eda llevar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Son las seis de la ma\u00f1ana, Gilda est\u00e1 abrazada a su hija y ambas imploran perd\u00f3n divino. Alejandro no puede verlo, pero se ha firmado la paz. Postrado en esa cama, atado a la vida por un hilo, se siente tranquilo por primera vez en diez a\u00f1os. Viene el m\u00e9dico. Un temblor general se apodera de la sala de la UCI. Es imposible saber si podr\u00e1 seguir atado a la vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Enfrascados todos en una educaci\u00f3n ejemplar, en dirigir, en ganar, no vieron que el peque\u00f1o padec\u00eda una patolog\u00eda, no vieron que eso lo llev\u00f3 a ser v\u00edctima de un aterrador acoso escolar, no vieron que se hab\u00eda rendido, no vieron que le asalt\u00f3 la enajenaci\u00f3n, s\u00f3lo vieron como, con un <em>\u201cos quiero\u201d<\/em> que aun se oye, se precipit\u00f3 al vac\u00edo desde el sexto piso de la bonita casa del tito Tino. Alejandro fue v\u00edctima de su propia amalgama de sentimientos, ese ni\u00f1o depresivo no pose\u00eda las herramientas de compresi\u00f3n que proporciona la experiencia, procesando de un modo autodestructivo todo cuanto vivi\u00f3. Si despierta ser\u00e1 escuchado porque\u00a0 pondr\u00e1n en su boca esas palabras que nunca llegaron solas. Y \u00e9l ha conseguido que la guerra acabe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Soy su t\u00edo y nada hice, y poco he contado aqu\u00ed. Esta sala es t\u00e9trica, el m\u00e9dico no viene. Necesito verlo recuperado, prestarle la ayuda que me pidi\u00f3 sin hablar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 Eran las seis de la madrugada del d\u00eda 31 de octubre de 1977, Gabriela aguantaba el llanto y no gritaba, demostrando a todos su fortaleza. Una hora m\u00e1s tarde lleg\u00f3 al mundo Alejandro. 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