
{"id":773,"date":"2012-10-31T18:04:14","date_gmt":"2012-10-31T17:04:14","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=773"},"modified":"2012-10-31T18:04:14","modified_gmt":"2012-10-31T17:04:14","slug":"186-ustiones-ejemplares-por-sesostris-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/186-ustiones-ejemplares-por-sesostris-iii\/","title":{"rendered":"186- Ustiones ejemplares. Por Sesostris III"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El censor ley\u00f3 deprisa las \u00faltimas p\u00e1ginas del libro. Sus ojos pasaban fugaces sobre las l\u00edneas como si fuesen los potentes focos de la polic\u00eda buscando a un fugitivo en la oscuridad. De repente, casi sin darse cuenta, su mirada se precipit\u00f3 hacia el abismo blanco de la p\u00e1gina. Hab\u00eda acabado de leer la novela. Decepcionado, cerr\u00f3 el libro con violencia.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Nada. No hab\u00eda encontrado nada. Nada de nada. Ni una sola frase que pudiera incitar a la revoluci\u00f3n socialista, ni una velada menci\u00f3n anticlerical, ni un escondido llamamiento a la disidencia, ni una sola clave oculta que propugnase el magnicidio, ni siquiera la m\u00e1s sucinta inmoralidad carnal. Nada con lo que justificar la censura del texto. Sin embargo, la novela era espantosa. Era zafia, pueril, rastrera, sencillamente inenarrable. La lectura le hab\u00eda provocado un punzante dolor de est\u00f3mago, como si mientras le\u00eda, un berbiqu\u00ed empapado en \u00e1cido clorh\u00eddrico le hubiera ido perforando las v\u00edsceras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se removi\u00f3 un poco en su poltrona. Sus carnes suculentas apenas le permit\u00edan sino liger\u00edsimos movimientos una vez se hab\u00eda acomodado. \u00bfQu\u00e9 hacer con aquella novela? El censor se consideraba un hombre justo. Ni el m\u00e1s celoso de sus colegas hubiera podido arg\u00fcir algo acerca del libro. El problema era que infring\u00eda otras leyes distintas a las del Estado. Aquel horroroso infolio atentaba contra la inteligencia, contra cualquier c\u00f3digo art\u00edstico imaginable y, simplemente, contra el buen gusto. Y es que adem\u00e1s de por un hombre justo el censor se ten\u00eda a s\u00ed mismo por un lector de gran sensibilidad. De hecho, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n se hab\u00eda deleitado con la lectura de obras que luego hab\u00eda prohibido, obras subversivas o incluso expl\u00edcitamente inmorales, pero de evidente valor art\u00edstico. En aquellos casos le hab\u00eda dolido casi de forma f\u00edsica redactar los \u00e1ridos informes que justificaban la prohibici\u00f3n del libro y hasta la apertura de un proceso judicial contra el autor. Qu\u00e9 se iba a hacer, al fin y al cabo el trabajo era el trabajo, y como se dec\u00eda el censor <em>dura lex, sed lex<\/em>. Pero esto era peor. <em>Dura lex<\/em>, s\u00ed, pero la <em>lex<\/em> no preve\u00eda qu\u00e9 hacer con los libros tan mal escritos. \u00c9l tambi\u00e9n hab\u00eda tenido alguna vez tentaciones de escribir, s\u00ed, pero tras ponderar con objetividad sus aptitudes se hab\u00eda abstenido de engendrar bodrio alguno. El censor pens\u00f3 que si todo el mundo hubiera hecho lo mismo no tendr\u00eda ahora aquel insufrible dolor de est\u00f3mago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Dos t\u00edmidos golpes en la puerta interrumpieron sus reflexiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014\u00bfSe\u00f1or?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Pasa, hombre, pasa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Se abri\u00f3 la puerta y bajo el marco apareci\u00f3 un individuo vestido completamente de negro como si se hubiera ca\u00eddo dentro del tintero, escu\u00e1lido de malcomer y cegato por la insuficiente luz de la oficina. Al censor a veces se le olvidaba la existencia de su secretario de tan insignificante que \u00e9ste era. La imagen era tan previsible que ni siquiera levant\u00f3 la cabeza para mirarle.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Que si empiezo ya con lo del archivo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Hombre, pues tu ver\u00e1s. Con lo que hay que hacer ah\u00ed si quieres acabar alg\u00fan d\u00eda mejor ser\u00e1 que empieces.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014S\u00ed se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 La figura de negro segu\u00eda bajo el marco de la puerta, como si necesitara m\u00e1s \u00f3rdenes para empezar a trabajar. El censor levant\u00f3 ligeramente la mirada. El secretario se puso m\u00e1s r\u00edgido a\u00fan de lo que normalmente estaba. Al censor le pareci\u00f3 que cada d\u00eda le costaba m\u00e1s ver la figura oscura del secretario, como si \u00e9ste estuviera cada vez m\u00e1s delgado. O quiz\u00e1 fuese el mismo censor el que estuviera perdiendo visi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Y ya te lo digo. Hoy no te vas hasta que no est\u00e9 todo en orden.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014S\u00ed se\u00f1or.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Pues hala, hala, desfilando.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El secretario mascull\u00f3 un tercer <em>s\u00ed, se\u00f1or<\/em> y se esfum\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El censor le sigui\u00f3 despacio, dando cada paso sin ganas, dejando caer todo su peso cada vez que apoyaba una pierna. El secretario ya hab\u00eda desaparecido dentro del diminuto cuartucho del archivo. El censor meti\u00f3 la cabeza en el cuartucho y apenas pudo ver la oscura silueta de su subordinado. Parec\u00eda una ara\u00f1a larguirucha a la que de repente le hubiera dado por ordenar aquel caos de legajos y cartapacios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u2014Y que todo quede en orden \u2014a\u00f1adi\u00f3 el censor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Le pareci\u00f3 escuchar un d\u00e9bil <em>s\u00ed, se\u00f1or<\/em> desde debajo de una monta\u00f1a de papeles.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El censor volvi\u00f3 a su despacho. Encendi\u00f3 un cigarro y pens\u00f3 qu\u00e9 hacer. Mientras meditaba, antes de que la cerilla se apagase, comenz\u00f3 a arrancar las p\u00e1ginas del libro y las fue quemando una a una. El dolor de est\u00f3mago fue remitiendo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Cuando hubo terminado con aquella usti\u00f3n tan terap\u00e9utica acomod\u00f3 de nuevo sus carnes en la poltrona. Bueno, ya se sent\u00eda mejor. Aquella novela nunca existir\u00eda para la comunidad lectora. Y no se hab\u00eda censurado, ya que legalmente no era posible hacerlo. Hab\u00eda sido ejemplar en el cumplimiento de su funci\u00f3n. Porque su deber era velar porque los libros estuvieran dentro de la legalidad, desde luego, pero como lector cualificado que era tambi\u00e9n ten\u00eda la obligaci\u00f3n moral de evitar que la mala literatura se propagase, sobre todo si era tan mala como aquella novela que por otra parte tan bien hab\u00eda ardido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El censor volvi\u00f3 a acomodar su copioso cuerpo en la poltrona. El bienestar que proporciona el deber cumplido es inigualable, pens\u00f3. Cruz\u00f3 las manos sobre el regazo. Cerr\u00f3 los ojos e intent\u00f3 distraerse. Le gustaba relajarse entre lectura y lectura, dejar la mente en blanco antes de juzgar el siguiente libro. Se recre\u00f3 en aquella felicidad c\u00e1ndida hasta quedarse dormido. Durante el sue\u00f1o, sin embargo, se empez\u00f3 a encontrar como si fuera uno m\u00e1s de aquellos inveros\u00edmiles personajes de la novela, enfangado en aquella prosa pantanosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un estruendo le despert\u00f3. Seguramente al secretario se la hab\u00eda ca\u00eddo algo en el archivo. \u00a1Pardiez, qu\u00e9 hombre m\u00e1s torpe! El sue\u00f1o le hab\u00eda dejado el regusto plomizo de la mala lectura en el paladar. Sobre el despacho a\u00fan flotaba pesadamente el olor a chamusquina como un recuerdo pegajoso y desagradable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El censor abri\u00f3 el libro de registro y busc\u00f3 al autor del infame infolio. Ley\u00f3 un nombre que le son\u00f3 como otro cualquiera. Se recost\u00f3 en la silla y repiti\u00f3 mentalmente el nombre. Era un nombre vulgar, anodino, ins\u00edpido, como no pod\u00eda ser de otra forma. El caso era que le sonaba. Pero no adivinaba de qu\u00e9. El censor se agit\u00f3 pensando que a aquel individuo pudiera darle por perseverar en su empe\u00f1o de escritor, pudiera quiz\u00e1 escribir otra novela como aquella, pudiera incluso estar escribi\u00e9ndola en aquel mismo momento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Un nuevo estruendo se escuch\u00f3 en el archivo. \u00a1A saber qu\u00e9 habr\u00eda tirado ahora aquel majadero del secretario! El censor regres\u00f3 violentamente a sus cavilaciones. \u00a1Pues s\u00ed! \u00a1Su secretario! \u00a1Aquel nombre vulgar era el del sujeto invisible con el que compart\u00eda oficina! As\u00ed que aquel imb\u00e9cil era el mismo que hab\u00eda perpetrado el mayor tost\u00f3n que el censor hab\u00eda le\u00eddo en su vida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El censor sac\u00f3 de un mueble una botella de orujo casero. Pens\u00f3 que le vendr\u00eda bien para el ardor. Ech\u00f3 un buen trago. Luego fue empapando con paciencia cada hoja del libro de registro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Exhal\u00f3 un largo suspiro como si estuviera muy cansado y con el libro debajo del brazo se dirigi\u00f3 hacia el archivo. Efectivamente, el secretario hab\u00eda tirado un par de cajas y un caos de papeles invad\u00eda el cuartucho. El censor encendi\u00f3 una cerilla y la acerc\u00f3 al libro de registro, que se inflam\u00f3 de inmediato. Luego lo arroj\u00f3 al interior del cuartucho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El secretario apenas tuvo tiempo de girarse antes de que se cerrara la puerta. El censor dio dos vueltas a la llave y se alej\u00f3 unos pasos. Pens\u00f3 en cu\u00e1nto tardar\u00eda en arder el archivo, con millares de papeles, carpetas y anaqueles de madera. Por fin, comenz\u00f3 a o\u00edr unos gritos. Eran s\u00faplicas, sollozos. El censor sonri\u00f3. Eran frases de la misma laya que aquellas que jalonaban la horrible novela. Supo entonces que hab\u00eda hecho lo correcto. Sinti\u00f3 c\u00f3mo la \u00falcera se le cerraba sin dejar siquiera una cicatriz. Encendi\u00f3 un cigarro. Luego fue a llamar a los bomberos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 El censor ley\u00f3 deprisa las \u00faltimas p\u00e1ginas del libro. Sus ojos pasaban fugaces sobre las l\u00edneas como si fuesen los potentes focos de la polic\u00eda buscando a un fugitivo en la oscuridad. De repente, casi sin darse cuenta, su mirada se precipit\u00f3 hacia el abismo blanco de la p\u00e1gina. 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