{"id":890,"date":"2012-11-03T08:59:29","date_gmt":"2012-11-03T07:59:29","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=890"},"modified":"2018-11-22T02:08:08","modified_gmt":"2018-11-22T01:08:08","slug":"217-caro-data-vermibus-por-alexander-burgameister","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/217-caro-data-vermibus-por-alexander-burgameister\/","title":{"rendered":"217-Caro data vermibus. Por Alexander B\u00fcrgameister"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Don Anselmo Dom\u00e9nech siempre sinti\u00f3 una fascinaci\u00f3n especial por todo lo oculto, misterioso y antiguo del universo. Contemplaba con aut\u00e9ntica devoci\u00f3n todo lo referente al pasado y a la historia, as\u00ed como a las ciencias esot\u00e9ricas. Por ello, acud\u00eda habitualmente a anticuarios y librer\u00edas de viejo en busca de objetos y libros que saciaran su curiosidad.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hac\u00eda alg\u00fan tiempo que algo inquietante sacud\u00eda la materia gris de Dom\u00e9nech, perturbando su descanso de continuo. Todos sus estudios esot\u00e9ricos necesitaban de un impulso postrero: el experimento que le acercara definitivamente a la verdad. Dom\u00e9nech siempre hab\u00eda desechado la idea de adentrarse en la necromancia, no s\u00f3lo por considerarla inmoral y depravada, sino por creerla una pr\u00e1ctica espeluznante. Pero al haber llegado a la conclusi\u00f3n de que sin ella no podr\u00eda alcanzar nunca el objetivo primario de toda una vida de estudios, se arm\u00f3 de valor y dispuso parte por parte lo necesario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Viaj\u00f3 al pueblo donde habr\u00eda de realizar la arriesgada tarea y aloj\u00e1ndose en la posada disfrut\u00f3 durante un par de d\u00edas de la hospitalidad del due\u00f1o hasta tenerlo todo preparado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al cumplirse la segunda noche, que providencialmente tra\u00eda borrasca, sali\u00f3 de la posada cuando el cascado reloj de la iglesia daba las once. Con firmeza, bajo el brazo derecho, custodiaba un malet\u00edn repleto de los artilugios que iba a necesitar. A trav\u00e9s de las callejuelas estrechas del pueblo se encamin\u00f3 hacia las afueras, a sabiendas de que no se encontrar\u00eda con nadie en una noche de tiempo tan aciago. Al llegar a un puente, tom\u00f3 el camino que sub\u00eda por la colina.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despu\u00e9s del agotador ascenso comenz\u00f3 a divisar una verja de hierro. Tras ella, reposaba un cementerio, morada de los olvidados, que ya nadie visitaba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">No sin dificultad franque\u00f3 la entrada y deambul\u00f3 largo rato por los jardines arruinados, deleit\u00e1ndose con las fantasmag\u00f3ricas formas de los \u00e1ngeles ca\u00eddos, as\u00ed como con las maltrechas esculturas de v\u00edrgenes implorantes. La lectura de las l\u00e1pidas le proporcionaba un placer singular. Dom\u00e9nech se preguntaba: \u201c\u00bfC\u00f3mo habr\u00eda sido <em>Do\u00f1a Elvira de Fior\u00e9, 1815-1850. Sus hijos no la olvidan<\/em>? \u00bfY <em>Don Ignacio de Cegama, 1790-1842, Requiescat in pace<\/em>?\u201d. Quiz\u00e1 para cualquier otro eso habr\u00eda supuesto un ins\u00f3lito pasatiempo, pero no as\u00ed para Dom\u00e9nech, quien buscaba con frecuencia el sosiego ante el silencio de las tumbas. Sin embargo, aquella noche, su inter\u00e9s era muy distinto al habitual.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se dio cuenta de que se hab\u00eda apartado del camino se dirigi\u00f3 sin\u00a0 m\u00e1s rodeos a la peque\u00f1a iglesia g\u00f3tica del cementerio, que se encontraba en la parte m\u00e1s alejada de la entrada. En un cobertizo adyacente a la iglesia pudo encontrar unas herramientas y con ellas y su malet\u00edn se encamin\u00f3 hacia el pante\u00f3n de la familia Bastida de Orellana, que se hallaba a unos cuarenta metros. Consigui\u00f3 abrir la puerta rechinante del pante\u00f3n, y una vez dentro, sac\u00f3 una caja de f\u00f3sforos, una palmatoria y una vela para alumbrarse. Se acerc\u00f3 uno a uno a todos los sepulcros de la oscura y h\u00fameda sala, en busca de uno diferente a los dem\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed estaba: <em>Ernesto Bastida de Orellana, 1704-1752, Sit tibi terra levis<\/em>. A Dom\u00e9nech le parec\u00eda que era el sarc\u00f3fago m\u00e1s bello e interesante de cuantos hab\u00eda visto hasta entonces y no s\u00f3lo por creer que su contenido iba a ser el desencadenante de muchos triunfos esot\u00e9ricos. Su inter\u00e9s por los mausoleos se dispar\u00f3 inmediatamente al encontrarse ante el enterramiento m\u00e1s antiguo del pante\u00f3n y por ende, el que m\u00e1s le conectaba con tiempos pret\u00e9ritos. La cruz que se elevaba desde la l\u00e1pida estaba despedazada y Dom\u00e9nech se alegr\u00f3 de ello. Siempre resulta conveniente que los motivos sagrados del cristianismo no le descubran a uno en flagrante blasfemia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sarc\u00f3fago de granito pulido era tal y como se describ\u00eda en el tratado de la ocultista rusa Lisvia Grossinsky, que Dom\u00e9nech hab\u00eda le\u00eddo hasta la saciedad. En uno de los laterales pod\u00eda leerse en grandes letras <em>Caro data vermibus,<\/em> \u201ccarne dada a los gusanos\u201d en el lat\u00edn de la antigua Roma. Adem\u00e1s, hab\u00eda abundantes inscripciones doradas por doquier con los s\u00edmbolos astrol\u00f3gicos de J\u00fapiter y Saturno y otros, de \u00edndole alqu\u00edmica y cabal\u00edstica. Efectivamente, aquella era la tumba que Grossinsky pormenorizaba en su libro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con enorme esfuerzo f\u00edsico y con la ayuda de las herramientas encontradas, Dom\u00e9nech logr\u00f3 desplazar la tapa del sarc\u00f3fago.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ataviado con traje de ceremonia, compuesto de camisola blanca con guirindola, chaleco y casaca de seda celeste y calz\u00f3n gris le esperaba Bastida de Orellana en su lecho eterno. El lujoso atuendo, otrora de factura exquisita, aparec\u00eda entonces consumido y ennegrecido por completo. El cr\u00e1neo estaba tocado con una peluca mugrienta y enmara\u00f1ada, que la sa\u00f1a del secular encierro hab\u00eda tornado en grotesca. A la izquierda, un poco m\u00e1s arriba de la cintura, brillaba el pomo de oro de un bast\u00f3n de madera de cerezo que revelaba se\u00f1ales de carcoma. En la empu\u00f1adura destacaban las iniciales <em>E-B-O<\/em> grabadas en esbeltos caracteres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El valor de la palabra ser\u00eda insuficiente para explicar cu\u00e1n impresionante result\u00f3 para Dom\u00e9nech la visi\u00f3n de un esqueleto humano aut\u00e9ntico. Hipnotizado, contemplaba cada hueso de la mano, cada cavidad vac\u00eda y cada pliegue de su rica mortaja ultrajada por los humores de la descomposici\u00f3n. No obstante, pens\u00f3 que Ernesto Bastida de Orellana debi\u00f3 de haber sido un caballero realmente elegante, pues si los restos macabros, horripilantes a decir con rigor, todav\u00eda conservaban un toque de distinci\u00f3n, \u00bfc\u00f3mo no habr\u00eda sido en vida?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando se hubo recuperado de la emoci\u00f3n inicial un nuevo detalle capt\u00f3 su atenci\u00f3n. En la parte interna de la tapa del sarc\u00f3fago hab\u00eda unas marcas. Acerc\u00f3 la palmatoria y pudo ver que se trataba de n\u00fameros. De izquierda a derecha se pod\u00eda leer: 1772, 1800, 1823, 1850.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00bfHabr\u00eda sido Bastida de Orellana enterrado vivo y fue \u00e9l mismo quien realiz\u00f3 las marcas? \u00bfQu\u00e9 otra explicaci\u00f3n podr\u00eda caber? \u00bfO quiz\u00e1 fueron puestas all\u00ed intencionadamente, como parte del poder del sepulcro, para dotarlo de propiedades numerol\u00f3gicas?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Olvidando estas cuestiones, Dom\u00e9nech clav\u00f3 la mirada en la empu\u00f1adura del bast\u00f3n. Seg\u00fan su libro: \u201challar\u00e1 usted una nota oculta en el interior del pomo del bast\u00f3n. Recite en alta voz siete veces los versos que contiene\u201d. Dom\u00e9nech desenrosc\u00f3 con delicadeza el precioso pomo y enseguida encontr\u00f3 la anotaci\u00f3n manuscrita en perfecto estado. Tal como indicaba Grossinsky, ley\u00f3 el poema siete veces seguidas. Sus palabras estaban cargadas de unas met\u00e1foras y alegor\u00edas tan poderosas que calaron muy hondo en su psique y en su memoria.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A continuaci\u00f3n, Dom\u00e9nech extrajo con mucho cuidado los restos mortales de Bastida de Orellana, aunque para ello hubo de asir una da\u00f1ada caja tor\u00e1cica. Los deposit\u00f3 en el suelo orient\u00e1ndolos hacia el este, en analog\u00eda a la resurrecci\u00f3n solar. Sigui\u00f3 a continuaci\u00f3n todas las indicaciones detalladas en el libro. En primer lugar, coloc\u00f3 un c\u00edrculo de cirios pascuales alrededor del difunto. En segundo lugar, prendi\u00f3 en una de las velas unos gramos de azufre y de escamonea y difundi\u00f3 su fuerte olor por toda la sala. Los efluvios del <em>sulphur<\/em> y de la <em>convolvulus arvensis<\/em> tienen la facultad de atraer a los esp\u00edritus, adem\u00e1s de una importante simbolog\u00eda: por todos es sabido que el infierno hiede a azufre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Extrajo de su malet\u00edn un fragmento de pan negro \u00e1cimo, le dio un bocado y puso otro trozo con cuidado sobre la boca descarnada del difunto. Despu\u00e9s, procedi\u00f3 de la misma manera con un maloliente pedazo de carne seca de perro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por \u00faltimo, tom\u00f3 un frasco de sangre, obtenida tras haber destripado a la gata negra del posadero, cuyos ojos vigilaban sin tregua a los viajeros. Bebi\u00f3 parte del contenido a sorbos y verti\u00f3 el resto sobre la mand\u00edbula desencajada de Bastida de Orellana. Evidentemente, la sangre se desparram\u00f3 por el suelo, pero la estructura \u00f3sea qued\u00f3 humedecida, lo cual era primordial.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Durante unos instantes se alej\u00f3 del altar que hab\u00eda ofrecido a la muerte para coger de nuevo el libro. Lo dispuso en un banco junto a la palmatoria, alz\u00f3 los brazos al cielo y con voz atronadora ley\u00f3:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">&#8211; \u00a1Oh, Ernesto Bastida de Orellana, yo te conjuro a que te aparezcas esta noche! Si as\u00ed no lo hicieras, los \u00e1ngeles ca\u00eddos te golpear\u00edan con sus espadas en las simas del averno. Acude aqu\u00ed, para cumplir con mi voluntad. Mu\u00e9strate presto en este c\u00edrculo m\u00e1gico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dom\u00e9nech permaneci\u00f3 con los brazos elevados, aspirando el olor casi insoportable del azufre y de la escamonea, pero no sucedi\u00f3 nada. Nuevamente repiti\u00f3 las palabras antes mencionadas con los mismos resultados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Se detuvo, ensimismado, observando la escena. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda hecho mal? Estaba seguro de haber seguido todos los pasos con minuciosidad y a pesar de ello, el sortilegio no se hab\u00eda producido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cansado y entristecido se arrebuj\u00f3 en una de las esquinas de la oscura pieza para pensar y meditar, y debi\u00f3 quedarse dormido. Un rato despu\u00e9s algo lo sobresalt\u00f3 y abri\u00f3 los ojos, comprobando que todav\u00eda era noche cerrada. El coraz\u00f3n le dio un vuelco al mirar hacia el suelo y constatar que los restos de Bastida de Orellana hab\u00edan desaparecido de entre los cirios. Inmediatamente se incorpor\u00f3 y corri\u00f3 hacia el exterior, donde no pudo advertir rastro alguno de vida humana o animal en las cercan\u00edas, exceptuando el ocasional ululato de un b\u00faho lejano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfPodr\u00eda haberlo seguido alguien hasta el cementerio? \u00bfHabr\u00eda alg\u00fan pilluelo que querr\u00eda darle un susto, osando desbaratar su trabajo de tantos a\u00f1os?<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sigilosamente, busc\u00f3 entre las tumbas deseando hallar algo m\u00e1s que arbustos y piedra gris, pero ni los restos de Bastida de Orellana ni cualquier otra cosa se presentaron ante sus ojos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Volvi\u00f3 al pante\u00f3n, abatido y desesperanzado, y una vez dentro, contempl\u00f3 por \u00faltima vez el c\u00edrculo m\u00e1gico. Se acerc\u00f3 al sepulcro abierto y mirando de nuevo la sucesi\u00f3n de n\u00fameros que hab\u00eda llamado su atenci\u00f3n, le asalt\u00f3 una duda espantosa. Y como si esa duda fuera un presagio certero e inmediato de lo que le iba a ocurrir, alguien o algo le golpe\u00f3 en la cabeza y perdi\u00f3 la consciencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando hubo vuelto en s\u00ed, varias horas m\u00e1s tarde, se encontr\u00f3 en la m\u00e1s impenetrable oscuridad y palpando a su alrededor pudo llegar a la conclusi\u00f3n de que hab\u00eda sido encerrado en la tumba de Bastida de Orellana. Pidi\u00f3 ayuda, pero no recibi\u00f3 respuesta. Intent\u00f3 desesperadamente levantar la tapa para escapar de un entierro prematuro, pero comprob\u00f3 que la hab\u00edan cegado. Para un caballero enjuto como \u00e9l, mover ese peso enorme desde dentro era del todo impracticable, ni siquiera con la fuerza inusitada que proporciona el ansiar evadir la muerte.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aguz\u00f3 el o\u00eddo y crey\u00f3 escuchar unos pasos, acompa\u00f1ados por un crujido que sonaba a madera o a huesos. Se le hel\u00f3 la sangre. Aterrorizado, comprendiendo la desgracia inminente, se movi\u00f3 y descubri\u00f3 que su atav\u00edo ya no era la suyo, sino el de Bastida de Orellana: el antiguo traje de ceremonia y dem\u00e1s. Dom\u00e9nech, como pudo, se desplaz\u00f3 un poco hacia su izquierda y all\u00ed estaba el bast\u00f3n. Desenrosc\u00f3 el pomo de oro y comprob\u00f3 que en su interior se encontraba la nota perfectamente doblada y para su asombro, tambi\u00e9n un punz\u00f3n corto y s\u00f3lido. Pas\u00f3 las manos por la superficie inferior de la tapa, percibiendo bajo las yemas de los dedos los n\u00fameros antes mencionados y entonces, Dom\u00e9nech lo entendi\u00f3 todo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Entendi\u00f3 que otros antes que \u00e9l ya se hab\u00edan acercado a aquel m\u00edtico sepulcro queriendo devolver la vida a los muertos. En el a\u00f1o 1772, en 1800, 1823 y 1850 algunos incautos abrieron la tumba de Ernesto Bastida de Orellana, desconociendo la horrible maldici\u00f3n que recaer\u00eda sobre ellos. En su af\u00e1n de convocar a los muertos, desaparecieron del mundo para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Dom\u00e9nech, sin otro remedio que no fuera el de aceptar su pavoroso destino, agarr\u00f3 el punz\u00f3n y al igual que hicieron los que le precedieron, tall\u00f3 con empe\u00f1o en la piedra el a\u00f1o que corr\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">All\u00ed yace ahora don Anselmo Dom\u00e9nech, flanqueado por el mal\u00e9fico bast\u00f3n y guarnecido con ese traje dieciochesco, podrido, heredado sin haberlo reclamado. Ya no podr\u00e1 saber si otros temerarios le suceder\u00e1n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Don Anselmo Dom\u00e9nech siempre sinti\u00f3 una fascinaci\u00f3n especial por todo lo oculto, misterioso y antiguo del universo. Contemplaba con aut\u00e9ntica devoci\u00f3n todo lo referente al pasado y a la historia, as\u00ed como a las ciencias esot\u00e9ricas. 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