{"id":899,"date":"2012-11-03T10:02:12","date_gmt":"2012-11-03T09:02:12","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=899"},"modified":"2018-11-22T02:08:15","modified_gmt":"2018-11-22T01:08:15","slug":"220-a-pleno-vuelo-sin-alas-por-mario-montes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/220-a-pleno-vuelo-sin-alas-por-mario-montes\/","title":{"rendered":"220- A pleno vuelo sin alas. Por Mario Montes"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Al izar la bandera se\u00f1alan el inicio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todo parece comenzar aqu\u00ed. Es como ese d\u00eda en el que te examinas. Donde hay que demostrar los conocimientos en un tiempo determinado; habi\u00e9ndote preparado con anterioridad para afrontarlo con las m\u00e1ximas fuerzas y, entonces, concentrado sin que te perturbe la ansiedad, dar del Do al Si de pecho m\u00e1s alto. En busca de esa nota m\u00e1s all\u00e1 de tu pentagrama.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para m\u00ed, es mucho m\u00e1s que un reto; el sue\u00f1o que me motiva a esforzarme todo los d\u00edas, a superarme a m\u00ed mismo. S\u00e9 que sacrifico tanto. Sin embargo, hay algo que me empuja a hacerlo: lo necesito, lo disfruto, lo sufro, hasta convertir mi estilo de vida en una filosof\u00eda dif\u00edcil de explicar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En el momento de la salida me siento transformado en un ave que surca un natural sendero sobre el camino marcado. Percibo c\u00f3mo dibujo mis propias piruetas en el aire y a los pocos minutos, en un vuelo rasante, voy dejando atr\u00e1s a la bandada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Enseguida llega el momento de elevarme. Cuando diviso ante mi pico el primer promontorio. Ahora comienza mi calvario. Y no tengo m\u00e1s remedio que apretarme el pecho e iniciar un vuelo batido sin perder el ritmo ni la potencia de mis alas. Me encuentro estupendo de fuerzas y entrego mi cartilla a uno de los examinadores para que certifique mi primera prueba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Despejada la primera inc\u00f3gnita, cambio a un vuelo contrapicado y desciendo dibujando curvas. Me cruzo con otras gaviotas que encaraman su particular martirio.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nada m\u00e1s llegar al nivel del mar, se vuelve a empinar otra vez el camino. S\u00e9 que el agua la encontrar\u00e9 arriba en el castillo, no cabe m\u00e1s remedio que luchar para alcanzar la cima, el segundo examen.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Algunas veces, cuando vuelo as\u00ed, presiento que escribo versos en el espacio. Esta vez es el paisaje quien me muestra a leer su poema. Cu\u00e1nta belleza delante de mis plumas. Al frente se suceden una serie de cerros y colinas que descienden hasta perderse en el mar sin tan siquiera formar una playa. Desde este monte, que declino, hasta el siguiente en l\u00ednea recta,\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0el mar abre una boca en la tierra con su lengua azul. Al fondo, el Mar de Mandarache. Tras unos muelles repletos de barcos se extiende una hist\u00f3rica Ciudad que hace tiempo me acogi\u00f3. Cu\u00e1ntas met\u00e1foras encerrar\u00e1 en su anta\u00f1o (m\u00e1s de tres mil a\u00f1os levantada), cu\u00e1ntos sentimientos enterrados con sus vestigios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Frente a m\u00ed una ventana de tierra se abre al Mediterr\u00e1neo; salpicada por las olas, permite las caricias del agua.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hasta el puerto llegaron unos jud\u00edos escoltados por los soldados de los Reyes Cat\u00f3licos, los \u00faltimos en abandonar la Pen\u00ednsula Ib\u00e9rica. Esa misma noche embarcar\u00edan en un bajel que los llevar\u00eda a Turqu\u00eda. Cuando el grupo se dispon\u00eda a subir a bordo, Isaac Laluff aprovech\u00f3 la obscuridad y corri\u00f3 como una ardilla hacia el monte. La \u00fanica salida era hacia el oeste, todo lo dem\u00e1s estaba rodeado de mar. Precisamente esta fuga estaba cubierta por los soldados que lo persegu\u00edan. Cuando lleg\u00f3 al acantilado se arroj\u00f3 al vac\u00edo en el mismo instante que los soldados abrieron fuego con sus arcabuces. Una cueva, \u00bfc\u00f3mo la llaman? Ah, s\u00ed, la de los Aviones, fue su hogar durante a\u00f1os. Un d\u00eda su mujer, cortesana de los Reyes en \u00c1vila, convencida de que Isaac lograse escapar, lo busc\u00f3 por todos sitios hasta hallarlo en la cueva, gre\u00f1udo y haraposo, junto a una rudimentaria embarcaci\u00f3n que estaba construyendo con restos que encontraba en el mar. Tuvieron una hija, y ella, un bisnieto de nombre Isaac que destac\u00f3 en la ingenier\u00eda naval espa\u00f1ola.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desear\u00eda, en este momento, planear dulcemente hasta la otra parte de la lengua, hacia el punto donde se arroj\u00f3 al mar Isaac, desoyendo las indicaciones del camino dise\u00f1ado. La bandada, muy estirada, me persigue y yo pongo todo mi empe\u00f1o para que no me alcancen. Nos volvemos a adentrar en la metr\u00f3poli, por la que tanto lucharon otras civilizaciones ya desaparecidas en el tiempo y a\u00fan sin olvidar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En una de sus colinas urbanas, donde se yergue un castillo que fue alcazaba \u00e1rabe y antes templo romano, repongo fuerzas mientras punt\u00faan esta tercera rev\u00e1lida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ustedes lo desconocen, pero la torre Linterna esconde un ingente tesoro. Por las calles de la ciudad malviv\u00eda Her\u00f3n, un hu\u00e9rfano muchacho del que todos se burlaban por su necedad. Enflaquecido, s\u00f3lo recib\u00eda de vez en cuando caridad de unos pocos. Una noche observ\u00f3 c\u00f3mo, mientras todos dorm\u00edan despu\u00e9s de que el ej\u00e9rcito de Suitila celebrara la batalla, atracaba un corsario.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La tripulaci\u00f3n descarg\u00f3 de su bodega decenas de cofres con oro y joyas. Sigilosamente los sigui\u00f3 por la senda del cerro hasta la torre, de donde tardaron en salir sin los cofres. El muchacho pens\u00f3 que debajo de la torre deb\u00eda\u00a0 existir un enorme almac\u00e9n para que cupieran todos los piratas con el tesoro. De regreso al puerto lo descubrieron. Los piratas se burlaron de Her\u00f3n. Nada nuevo para \u00e9l. \u00abPobre muchacho, anda, para que comas un poco\u00bb. Le lanzaron unas talegas con monedas de oro. El \u00faltimo pirata le estrangul\u00f3 el ment\u00f3n fuertemente, hasta que Her\u00f3n sac\u00f3 la lengua y el corsario se la reban\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aqu\u00ed, y en todas las calles y ramblas por las que paso, la gente agita sus manos y de sus labios brotan \u00e1nimos que me impulsan a volar m\u00e1s deprisa con el br\u00edo de mis alas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alcanzo con un vuelo rasante la monta\u00f1a por donde escap\u00f3 Isaac, dejando ahora a mi izquierda naves en su mayor\u00eda de recreo y de la armada, hasta alcanzar mar abierto. Poco antes de la cueva donde se refugi\u00f3 el jud\u00edo, tomo rumbo, tierra a dentro, hacia otro castillo que se erige en lo alto del cerro,\u00a0 donde supervisores esperan el paso de todas las gaviotas para marcar sus acreditaciones, que normalmente cuelgan del cuello, como si fu\u00e9semos palomas mensajeras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y otra vez recorro calles repletas de gritos de aliento que tonifican mis m\u00fasculos, para encarar las dos preguntas finales. Las m\u00e1s dif\u00edciles y valiosas. Son los montes m\u00e1s elevados, y a ello, hay que sumarle las fuerzas consumidas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Alcanzo el pen\u00faltimo escollo. El castillo donde est\u00e1 emparedada en vivo la esposa de Publio Cornelio, sorprendida con un amante cartagin\u00e9s. \u00c9ste, huy\u00f3 a los frondosos montes de Calblanque; a ella, la encerraron entre estos muros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Un d\u00eda, el amante Mag\u00f3n Barca, disfrazado de soldado romano penetr\u00f3 en el castillo con una falsa orden de trasladar a Claudia a los aposentos de Publio en el cerro Esculapio. Descubierto por los soldados del general,\u00a0 muri\u00f3 en brazos de Claudia con una daga clavada en su pecho.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A pesar de tanto aliento recibido mis alas est\u00e1n cansadas; mis patas palm\u00edpedas, doloridas; el pico abierto delata que las fuerzas escasean, y siento el graznido del perseguidor cerca de mi cola. Paralelos volamos las millas llanas que restan hasta el \u00faltimo \u201chueso\u201d de la prueba. En este momento creo que mi sue\u00f1o se va desvanecer. Mi gran sue\u00f1o.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Hace dos a\u00f1os consegu\u00ed terminar entre las cinco primeras, el pasado me aup\u00e9 a uno de los cajones bajos del p\u00f3dium. Llevo a\u00f1os prepar\u00e1ndome intensamente para afrontar con garant\u00edas esta situaci\u00f3n. Sin embargo, es dif\u00edcil comprobar que tanto esfuerzo puede ser en vano porque la ventaja desde el primer minuto de carrera se esfuma, y otra gaviota que comparte el mismo sue\u00f1o, que se ha preparado tanto o m\u00e1s, vuela a tu par.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me olvido de su compa\u00f1\u00eda y alzo la vista a la \u00faltima cumbre. Dura, muy dura. Pienso en mis hijos, en las noches que se han acostado sin mi beso ni mi cuento; en mi esposa, que a diario ten\u00eda un hato sudado en la cesta; en mis amigos, que se burlan cuando cambio un entrecot por unos fideos y brindo con agua. Urdo una estrategia. C\u00f3mo deshacerme del f\u00e9rreo marcaje de mi contrincante. Estas primeras rampas no son de gran desnivel, aprovecho y cambio de ritmo varias veces. Ahora la senda se estrecha y la pendiente aumenta, impongo mi ritmo m\u00e1s r\u00e1pido. Noto las pulsaciones en la cabeza, en el cuello, crecen por encima de mis posibilidades pero es mi oportunidad. Presiento que se va quedando atr\u00e1s. Cierto. Al alcanzar la cima pierdo un tiempo en reponer fuerzas, y sujeto la cartilla sellada con la mano para afrontar los tres mil metros que me distan hasta la gloria. Tengo que descender unos cuatrocientos metros de desnivel por una senda pedregosa y seca, propicia para las ca\u00eddas, pero que conozco perfectamente. Oteo desde aqu\u00ed, con orgullo, todo el paisaje; me recreo unas mil\u00e9simas de segundo en todo lo recorrido, m\u00e1s de medio centenar de kil\u00f3metros. Una postal repleta de monta\u00f1as, campo y la hist\u00f3rica Cartagena acical\u00e1ndose la cara en el espejo del mar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Me lanzo a toda velocidad, esta vez atrapar\u00e9 mi sue\u00f1o. Este tramo de la senda est\u00e1 surcado y necesito abrir los pies para no pisar la hendidura. En un recodo tropiezo en una piedra y me desequilibro tanto que tengo que\u00a0 apoyar las manos en el suelo. Por suerte, me incorporo de inmediato, superar\u00e9 la monta\u00f1a y correr\u00e9 por la urbanizaci\u00f3n. La \u00faltima recta, giro el cuello para comprobar que nadie amenaza mi triunfo. Doblo una curva a la derecha e inmediatamente la siguiente a la izquierda. Mucho p\u00fablico se agolpa, aplaude y grita palabras que no llego escuchar con nitidez. Mis ojos est\u00e1n nublados de emoci\u00f3n. Orgulloso alzo las manos y la cabeza al cielo para consentir que la cinta abrace mi cintura. El inapelable reloj marca cuatro horas y cinco minutos. El sue\u00f1o, ahora, vive y sue\u00f1a en mi vigilia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00abPor\u00a0 favor, \u00bfme entrega la cartilla que comprobemos que ha sellado en todos los controles?\u00bb. Me echo mano al pecho y no la encuentro. Palpo por dentro de la camiseta y del pantal\u00f3n, deber\u00eda de colgar de mi cuello. Me sent\u00ed mareado. Un capit\u00e1n de la Armada intenta consolarme y me suplica que me relaje. \u00abSi aparece su cartilla, y est\u00e1 validada correctamente, daremos por buena su clasificaci\u00f3n y ser\u00e1 el ganador de la prueba; tranquilo hay muchos participantes que la pueden encontrar\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Agachado detr\u00e1s de la mesa de los jueces, con las manos en la cabeza y los codos sobre las rodillas, lloro desconsolado mi infortunio. En ese instante, por megafon\u00eda, anuncian la inminente llegada a meta del otro participante: \u00ab\u2026el dorsal 1024\u00bb. \u00abVaya, el p\u00e1jaro que durante un rato vol\u00f3 junto a m\u00ed, amenazando mi sue\u00f1o, maldita sea, ahora la gloria ser\u00e1 suya\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El clamor del p\u00fablico era ensordecedor. No quise ver su entrada. Extra\u00f1amente no tuve el menor gesto de deportividad. En el \u00faltimo segundo miro al frente. El reloj suma doce minutos desde mi entrada. Y observo como el dorsal 1024 cruza la meta al <em>sprint<\/em> con los brazos al cielo y en cada mano una cartilla. \u00abToma, campe\u00f3n. Eres invencible\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al fin mi sue\u00f1o de gaviota veloz se ha hecho realidad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Al izar la bandera se\u00f1alan el inicio. Todo parece comenzar aqu\u00ed. Es como ese d\u00eda en el que te examinas. 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