{"id":920,"date":"2012-11-03T15:51:47","date_gmt":"2012-11-03T14:51:47","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=920"},"modified":"2012-11-03T15:51:47","modified_gmt":"2012-11-03T14:51:47","slug":"226-y-sus-ojos-y-ella-sus-ojos-y-el-silencio-por-miss-alice","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/226-y-sus-ojos-y-ella-sus-ojos-y-el-silencio-por-miss-alice\/","title":{"rendered":"226- Y sus ojos, y ella, sus ojos y el silencio. Por Miss Alice"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Siempre quise obtener el busto de Cervantes del Premio Literario \u201cDulcineas\u201d. Supongo que debido a algo m\u00e1s que una simple cuesti\u00f3n de prestigio. Tal vez me atrever\u00eda a definirlo como una impulsiva necesidad de apropiaci\u00f3n. Podr\u00eda haberlo logrado un a\u00f1o cualquiera, estoy seguro de ello. Quiz\u00e1 incluso haber vivido para contarlo y disfrutar de su importancia. Los premios p\u00f3stumos no te acompa\u00f1an en el viaje.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Estas y otras reflexiones rondan mi mente camino de la pensi\u00f3n. La puerta de la misma permanece entornada, sola, pero entornada. Sin detenerme a pensarlo la empujo. Tras el mostrador de recepci\u00f3n no encuentro a nadie, por lo que con usada familiaridad recojo la llave de la habitaci\u00f3n n\u00famero ocho. Un acre olor en absoluto desconocido me asalta al traspasar el umbral del cuarto. La penumbra invade todo lo que abarcan las cuatro paredes y confiere a la estancia un aire irreal. Tanteo con tino la pared y pronto hallo en el lado derecho de la misma, a la altura del codo, el \u00fanico interruptor de la sala. Cinco hileras de libros apilados, un catre maloliente, una antigua mesa de madera y una noble silla, que en sus buenos tiempos sin duda ocup\u00f3 alg\u00fan despacho, un perchero y un diminuto armario empotrado, constituyen el adusto mobiliario. Al fondo una ventana \u201cregala\u201d la vista al inerte patio interior de un bloque de edificios en las \u00faltimas. A la izquierda del tragaluz otra puerta de menor tama\u00f1o, cerrada, permite el acceso a un aseo escasamente equipado. Dentro del lavabo quedan restos de vello afeitado y jab\u00f3n. La vida en las grandes ciudades otorga esa extra\u00f1a percepci\u00f3n de sentirnos a menudo fuera de lugar. Con prudente curiosidad comienzo a abrirme paso en un espacio que me resulta al mismo tiempo ajeno y conocido. Permanecen intactos los libros en sus tit\u00e1nicas columnas. El folio colocado en la m\u00e1quina de escribir sufre la inevitable gravidez que ocasiona el paso del tiempo y el peso del silencio. En el armario poco m\u00e1s de un par de camisas, un pantal\u00f3n de vestir, algunos slips y unos botines a los que no es necesario sacar brillo. Las hojas de la ventana siguen abiertas de par en par. La noche se adue\u00f1a de gran parte de la ciudad a estas horas. Una rata mendiga por el alfeizar de la ventana del segundo piso. Captura con cierta avidez las migas de pan abandonadas por los pajarillos que al oscurecer regresan al nido donde les esperan los suyos. El gato encaramado en la escalera de incendios del bloque fronterizo observa agazapado el ir y venir del roedor. Trama su estrategia. Espera. La actitud del felino no dista tanto de la m\u00eda propia. Saco el cuaderno de notas, lo sit\u00fao sobre la mesa y me siento frente a la polvorienta m\u00e1quina de escribir. Inicio un nuevo relato sin duda merecedor del premio que siempre quise obtener. Durante un lapsus de tiempo incalculable todo me resulta propio y extra\u00f1o a la vez. Aparto mis pensamientos y decido indagar sobre los \u00fanicos habitantes conocidos del inmueble. Me asomo de nuevo a la ventana y compruebo como las migas de pan han desaparecido del alfeizar del segundo piso. No hallo rastro alguno de la rata y el gato se relame el bigote en la escalera de incendios del bloque vecino. Con inspiraci\u00f3n renovada contin\u00fao el relato. Las horas se suceden a velocidad de v\u00e9rtigo. El d\u00eda da paso a la noche en apenas un haz de luz. No s\u00e9 cuantos d\u00edas llevo escribiendo. Mi espalda gru\u00f1e como las bisagras de una puerta con falta de engrasar. Tumbo mi cuerpo en el m\u00edsero jerg\u00f3n. Cierro los ojos. Un duermevela voraz trae a mi mente el jard\u00edn de t\u00eda Camila. El olor de los jazmines al atardecer y el gal\u00e1n de noche que embriaga el ambiente a la hora de la cena. Percibo lejano en el tiempo lo que pudo ser ayer\u2026 El t\u00e9 de media tarde, las cenas en familia, el viol\u00edn de Josu\u00e9 amenizando la velada. Y sus ojos y ella. Sus ojos y el silencio. Despierto sobresaltado. Me asomo al patio de luces. No hay rastro de las migas de pan, de la rata, ni del gato. Tomo asiento de nuevo y decido finalizar de una vez por todas, el cuento ganador, titulado: \u201cTragaluz\u201d. Resulta ins\u00f3lita la fluidez con que las ideas acuden a mi mente y las letras se deslizan entre mis dedos para ocupar el lugar id\u00f3neo sobre el papel. Parece como si cada palabra ocupara de nuevo la misma huella que dej\u00f3 impresa en otro momento. El argumento toca a su fin. Antes de colocar el punto final decido observar el patio y tomar un respiro. Contemplo c\u00f3mo despunta el alba, al tiempo que me pregunto cu\u00e1l habr\u00e1 sido el destino de los \u00fanicos habitantes que me acompa\u00f1aron en este espacio irreal durante el largo viaje. El patio permanece vac\u00edo, tambi\u00e9n el alfeizar y las escaleras de incendios. Tan solo puedo apreciar restos de a\u00f1os de suciedad, ropa amontonada, residuos, desperdicios y miseria. En un inmueble cercano sintonizan una emisora de radio. La noticia llega a mis o\u00eddos con total nitidez: \u201cLa concesi\u00f3n del Premio Literario \u201cDulcineas\u201d es entregado a t\u00edtulo p\u00f3stumo. La repentina muerte del ganador del mismo envuelve de luto esta s\u00e9ptima edici\u00f3n. La organizaci\u00f3n del evento dictamina adjudicar el premio a t\u00edtulo p\u00f3stumo a la familia del difunto. Do\u00f1a Camila Roig recibe el galard\u00f3n, la estatuilla en nombre de su sobrino por la obra titulada \u201cTragaluz\u201d. Comenta do\u00f1a Camila que en honor al fallecido la colocar\u00e1 en un espacio privilegiado del jard\u00edn rodeado por flores de jazm\u00edn, junto al gal\u00e1n de noche, donde ella con su g\u00e9lida mirada, lo vino a buscar\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Soy el ganador. Por fin lo he conseguido. El busto Cervantes es m\u00edo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y eternamente el silencio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Siempre quise obtener el busto de Cervantes del Premio Literario \u201cDulcineas\u201d. Supongo que debido a algo m\u00e1s que una simple cuesti\u00f3n de prestigio. Tal vez me atrever\u00eda a definirlo como una impulsiva necesidad de apropiaci\u00f3n. Podr\u00eda haberlo logrado un a\u00f1o cualquiera, estoy seguro de ello. 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