{"id":929,"date":"2012-11-03T18:17:13","date_gmt":"2012-11-03T17:17:13","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=929"},"modified":"2012-11-03T18:17:13","modified_gmt":"2012-11-03T17:17:13","slug":"229-una-vuelta-de-tuerca-a-la-memoria-por-rantayu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/229-una-vuelta-de-tuerca-a-la-memoria-por-rantayu\/","title":{"rendered":"229- Una vuelta de tuerca a la memoria. Por Rantayu"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Han pasado ya m\u00e1s de veinte a\u00f1os desde que fui por primera vez a Madrid.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Esa experiencia no la podr\u00e9 olvidar nunca. Las sensaciones nuevas y confusas, el tama\u00f1o de las cosas\u2026<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Pero bueno, seguro que lo mejor que deber\u00eda hacer es dar una vuelta de tuerca a mi memoria y caminar de espaldas al presente hasta regresar a aquel tren.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Fue un 13 de septiembre de 1976.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Desde temprana edad, y probablemente porque en el Colegio las monjas nos pon\u00edan muchas pel\u00edculas de negritos, decid\u00ed meterme monja, s\u00ed, monja misionera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Para mam\u00e1, la decisi\u00f3n fue buena, siempre habr\u00eda alguien de la familia m\u00e1s cerca de Dios.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Pero para pap\u00e1 no, pap\u00e1 no fue una buena idea. Pap\u00e1 era rojo, de esos rojos que viviendo Franco compraban el peri\u00f3dico \u00abMundo Obrero\u00bb. Sol\u00eda comprarlo los domingos, cuando mam\u00e1 nos pon\u00eda de punta en blanco para ir a misa y nos mandaba a su cargo mientras terminaba de recoger y arreglarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 A mi padre, la decisi\u00f3n no le gust\u00f3 ni una pizca, un socialista con una hija monja. A\u00fan as\u00ed, mis dotes dial\u00e9cticas le convencieron. Le expliqu\u00e9 su responsabilidad directa en el fracaso de mi existencia si no me dejaba tomar el camino que el Se\u00f1or me hab\u00eda marcado. Deb\u00ed de desarmarle con mis argumentos pues sus palabras ante mi m\u00e1s bien cabezoner\u00eda fueron las siguientes: \u00abOlvido (que era mi madre), prepara la maleta que la ni\u00f1a se va a Madrid\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Las monjas me dieron un n\u00famero, el cuatro, y tuve que ponerlo en toda mi ropa, preparar mis cosas&#8230;y aquel 13 de septiembre despedirme con alegr\u00eda de mi familia. Mi madre, y las de las otras ni\u00f1as, se quedaron llorando en el and\u00e9n viendo c\u00f3mo part\u00edamos hacia la gran ciudad para desarrollar nuestra incipiente vocaci\u00f3n religiosa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0El tren fue devorando implacable los kil\u00f3metros que nos separaban, y en poco m\u00e1s de tres horas comenz\u00e1bamos a ver Madrid. Era enorme, desde que hab\u00edamos visto las primeras casas ten\u00edamos los equipajes de la mano, pero las paradas se suced\u00edan sin que ninguna fuera la nuestra y la luz del d\u00eda desapareci\u00f3 para dar paso a unos enormes t\u00faneles. Al final, Atocha. Ese era nuestro destino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 La casa-convento era enorme, nos recibi\u00f3 la Madre Superiora d\u00e1ndonos la bienvenida y present\u00e1ndonos a las Hermanas que ser\u00edan responsables de nosotras, Sor Pilar y Sor Margarita. Yo sent\u00ed que todo me quedaba grande, la ciudad, el convento,&#8230; m\u00e1s tarde descubr\u00ed que hasta la vocaci\u00f3n me quedaba grande.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Como hab\u00edamos llegado casi las v\u00edsperas del comienzo del curso, no hubo tiempo de conocer mucho. A la ma\u00f1ana siguiente Sor Pilar nos ense\u00f1\u00f3 el camino para nuestra nueva escuela. \u00abSanta Eulalia\u00bb; era un colegio privado y laico (las monjas no hab\u00edan tenido tiempo de buscarnos uno religioso), el uniforme, falda a cuadros, camisa blanca, chaqueta y medias azul marino y zapato negro.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Los primeros d\u00edas, incluso durante alg\u00fan tiempo, la novedad hizo que la estancia en Madrid fuera algo extraordinario; el contacto con ni\u00f1as de fuera, en el colegio, los cuatro paseos diarios por aquellas entra\u00f1ables calles y los domingos en el Parque del Oeste, bonito y grande, con muchos \u00e1rboles y tambi\u00e9n con hierba muy verde era nuestra liberaci\u00f3n; all\u00ed pod\u00edamos correr, jugar a la pelota, desfogarnos y ver el campo, aunque acotado por las enormes construcciones. Hab\u00eda otros grupos de ni\u00f1os y ni\u00f1as jugando, parejas de novios tumbados en el c\u00e9sped cuando el tiempo lo permit\u00eda, y gente solitaria leyendo. La verdad, en Madrid la gente le\u00eda en sitios extra\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0En el convento, el relajo de los primeros d\u00edas se hab\u00eda acabado y una disciplina f\u00e9rrea fue cambiando poco a poco mis intenciones. Supongo que mi vocaci\u00f3n no era muy s\u00f3lida, porque antes de terminar el curso ya ten\u00eda yo mis dudas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0El d\u00eda empezaba con el sonido de una campana que a las siete de la ma\u00f1ana nos despertaba; veintiuna campanadas, al final de las mismas ya deb\u00edamos estar en el ba\u00f1o. Entonces hab\u00eda un turno de duchas dos d\u00edas a la semana, pero por las noches. Por la ma\u00f1ana \u00edbamos a los aseos y en un grifo llen\u00e1bamos de agua caliente un enorme jarro de porcelana blanco con los cantos en azul, hac\u00edamos pis y regres\u00e1bamos a nuestras habitaciones, la m\u00eda, la cuatro; all\u00ed nos ase\u00e1bamos, vest\u00edamos, pein\u00e1bamos, y hac\u00edamos la cama. Luego baj\u00e1bamos a una de las clases de estudio; all\u00ed d\u00e1bamos la vuelta a las sillas de costura, que eran de madera con el asiento de paja trenzada, y -cada una con su cuaderno de oraciones- se arrodillaba en ese singular reclinatorio para hacer las oraciones de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0El silencio reinaba en todo el convento y era una de las normas m\u00e1s r\u00edgidas, una norma para nosotras muy dif\u00edcil de acatar. Terminadas las oraciones, en fila, a misa. Nuestro banco era el primero de la derecha, y detr\u00e1s de nosotras, vigilantes, Sor Margarita, Sor Pilar y alguna otra monja. De esas misas tempraneras lo que m\u00e1s recuerdo son los ruidos de nuestras tripas, delatoras inconscientes del hambre que ten\u00edamos a esas horas, la cena hab\u00eda sido a las ocho, como muy tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 No eran s\u00f3lo las tripas rugientes motivo de distracci\u00f3n; en muchos casos, iban acompa\u00f1adas de un vuelco del est\u00f3mago, de vah\u00eddos, y -algunos d\u00edas- del desmayo de alguna ni\u00f1a, sobre todo de Bel\u00e9n, que era muy alta y muy flaquita. En esos momentos Dios perd\u00eda mucho sentido y su palabra quedaba eclipsada por los sue\u00f1os de caf\u00e9 con leche y pan untado con mantequilla, que vendr\u00edan despu\u00e9s de la misa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Por turno, la encargada de comida iba a por el caf\u00e9 y el pan, unas peque\u00f1as barras alargadas y estrechas que ol\u00edan fenomenal; en nuestros cajones de madera estaban las servilletas y la tarrina de mantequilla que cada una de nosotras ten\u00eda asignada. El desayuno era en silencio, y la encargada de servirnos no pod\u00eda tomar nada hasta que no hubi\u00e9ramos acabado todas. Era duro porque el silencio se repet\u00eda en cada comida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Luego, la ch\u00e1chara hasta el colegio, donde nos separ\u00e1bamos cada una a nuestra clase, y all\u00ed empezaba otra vertiente de nuestra vida. La de la m\u00eda, por aquel entonces, comenz\u00f3 a ser SANDOKAN. Mis sentimientos hacia tan bello h\u00e9roe asi\u00e1tico crec\u00edan incontrolados, hasta que un d\u00eda vino al Corte Ingl\u00e9s de Princesa. Las razones de mis compa\u00f1eras monacales no sirvieron de nada para hacerme ver el error de jugarme las clases e irme al Corte Ingl\u00e9s. Novillos y juerga con otras chicas de la clase. A Sandok\u00e1n, ni un pelo le v\u00ed, pero el regreso a Santa Eulalia, a toda carrera; y al llegar a la puerta del cole &#8230; Sor Pilar esper\u00e1ndonos, sabiendo ya d\u00f3nde hab\u00eda pasado la tarde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0La primera gran reprimenda, de castigo: hacer los servicios, sacar la cera al claustro, nada de ver los dibujos de \u00abMarco\u00bb,&#8230;. Yo, por aquel entonces, ve\u00eda muy duro el desarrollo espiritual, y mi comportamiento no ayudaba mucho. As\u00ed, trastada tras trastada, los castigos iban acumul\u00e1ndose, uni\u00e9ndose unos a otros en ristra interminable. Mi vocaci\u00f3n en terrible declive.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Recuerdo con cari\u00f1o la an\u00f3nima existencia de Renata, una enorme tortuga a la que las monjas hab\u00edan pintado el caparaz\u00f3n con una se\u00f1al en rojo y que viv\u00eda en los jardines del lavadero. No era f\u00e1cil dar con ella pero, una vez localizada, nos gustaba verla andar lentamente y esconder su cabeza en cuanto m\u00e1s que la intent\u00e1bamos tocar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0El lavadero ten\u00eda una gran terraza de losetas rojas, y era all\u00ed donde tend\u00edamos la ropa que cada una de nosotras lav\u00e1bamos. Recuerdo el olor a jab\u00f3n Gior y sobre todo a Blanco Nuclear, imprescindible para dejar impecables las camisas del uniforme. El d\u00eda de la colada era el s\u00e1bado, despu\u00e9s de hacer la limpieza general de las estancias comunes, y cada una su habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 En mi caso, los m\u00faltiples castigos hac\u00edan que esos quehaceres se retrasaran incluso hasta despu\u00e9s de comer. Limpiar mi dormitorio era agradable; apenas un cuadrado de10 metros. En \u00e9l hab\u00eda una cama de 90, de barrotes negros y la colcha blanca; luego, al lado, una peque\u00f1a mesita negra con una puerta, donde se guardaba el orinal, y, sobre ella, una Virgen Milagrosa, que por las noches era fluorescente, y una postal plastificada de un Jesucristo guap\u00edsimo. En un peque\u00f1o recoveco, azulejado hasta la mitad de blanco, un lavabo, un toallero, la pastilla de jab\u00f3n Heno de Pravia, un sencillo espejo, y abajo, el jarro del agua. Al lado, una puerta amarillenta daba entrada a un improvisado armario, donde en unas pocas baldas se agrupaba la ropa. Una silla de madera era el \u00faltimo mueble que compon\u00eda la habitaci\u00f3n, pintada de blanco, con baldosas amarillas y una ventana de hierro verde.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Algunos domingos de primavera la suerte nos deparaba la gran sorpresa, \u00a1el Parque del Retiro!; \u00e9se s\u00ed que era un d\u00eda de fiesta. Hasta llegar a \u00e9l \u00edbamos en el metro, luego recorr\u00edamos algunas calles del viejo Madrid, estrechitas en comparaci\u00f3n con las enormes avenidas. A mi me gustaban esas callecillas,\u00a0 Tard\u00e9 a\u00f1os en recorrerlas a paso tranquilo y deleitarme con sus bonitos balcones y sus grandes portales, en perderme con historias inventadas de tiempos pasados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 La vida en el convento prosegu\u00eda. Adem\u00e1s de unas notas altas en los estudios, imprescindible hacer labores. As\u00ed las tardes de vacaciones o los fines de semana, eran de costura. Aprend\u00edamos a hacer ojales, remendar, coser, y luego a bordar: una toallita para mam\u00e1, un tapete,&#8230; A mi no me gustaba la labor, y por eso, -las veces que era posible- lo cambiaba por arrancar las hierbas del jard\u00edn que nac\u00edan entre las piedras, y por regar, con cuidado de no salpicar los cristales ojivales que cubr\u00edan los arcos del claustro. El silencio, segu\u00eda siendo la norma, pero algunos s\u00e1bados pod\u00edamos ver la tele: <em>\u00abMazingerzeta\u00bb o \u00abMarco\u00bb.<\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Otra de las cosas agradables que tra\u00edan algunos fines de semana eran unos extra\u00f1os caramelos, que hasta entonces eran totalmente desconocidos para nosotras. Eran una especie de flor con cuatro p\u00e9talos de color lila y que ten\u00edan un sabor buen\u00edsimo. Las llam\u00e1bamos violetas. A\u00fan ahora se me hace la boca agua al recordarlas. \u00c9se era un premio, una merecida recompensa, que yo no siempre ten\u00eda, pero -los intercambios con las compa\u00f1eras buenas- me permit\u00edan paladearlas lentamente ensalivando los cantos de cada flor para extraerle hasta la \u00faltima gota de ese fascinante sabor. Eso lo recuerdo con nostalgia y cari\u00f1o; fue un gran descubrimiento.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Mi vocaci\u00f3n confusa, disminuyendo a pasos agigantados. Quiz\u00e1 nunca hab\u00eda estado dispuesta a seguir una disciplina y una renuncia tan grande; a lo mejor no era tan adulta como me hab\u00eda cre\u00eddo, ni ten\u00eda tan claro el camino a seguir. Mi padre lo hab\u00eda dado en llamar \u00abla excursi\u00f3n de la ni\u00f1a\u00bb, y ahora veo que no andaba nada desencaminado. La verdad es que el segundo a\u00f1o vine ya sin ganas. Mis creencias religiosas estaban todas en entredicho. Aquel 1979 fue el \u00faltimo a\u00f1o de vivir en Madrid, bueno de estar a la orilla de Madrid, porque nunca pude integrarme plenamente en esta sorprendente ciudad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 Ahora surco las calles del viejo Madrid tomando algo en las bodegas y, sobre todo disfruto de las barquitas de ensaladilla y el consom\u00e9 del \u00abLardhy\u00bb, camino por la Puerta del Sol, ahora llena de gente, a veces, compro aquellos caramelos de color violeta. Meto lentamente uno en mi boca y un dispositivo desconocido para m\u00ed salta haci\u00e9ndome dar una vuelta de tuerca a mi memoria y recordar mi primer viaje a Madrid.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0Han pasado ya m\u00e1s de veinte a\u00f1os desde que fui por primera vez a Madrid. \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Esa experiencia no la podr\u00e9 olvidar nunca. 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