{"id":960,"date":"2012-11-04T13:45:03","date_gmt":"2012-11-04T12:45:03","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=960"},"modified":"2018-11-22T02:08:24","modified_gmt":"2018-11-22T01:08:24","slug":"238-el-estanque-por-luna","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/238-el-estanque-por-luna\/","title":{"rendered":"238- El estanque. Por Luna"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Sol\u00edan ir a nadar al estanque de ajolotes, bosque adentro. Se escapaban a la hora de las hamacas colgadas en las galer\u00edas y a la sombra de los \u00e1rboles; a la misma hora en que se achicharran las vainas de frijoles. Guadalupe recogi\u00f3 su atadito de trapos y se escabull\u00f3 por la puerta del frente, sin dejar de verse en el espejo del zagu\u00e1n. Revis\u00f3 su trenza negra y su vestido blanco de volados almidonados; se mir\u00f3 a los ojos y se sonri\u00f3.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Transcurr\u00eda un julio caluroso y esa tarde no era la excepci\u00f3n. El sol calcinante curt\u00eda la piel; pero el terciopelo moreno de su rostro resist\u00eda a fuerza de juventud. Caminaba ligero, sacudi\u00e9ndose el polvo que se le pegaba en la falda. Apresur\u00f3 el paso un poco m\u00e1s, hasta volverlo un trotecito de vieja que no quiere perder su dignidad. La calle estaba desierta, como siempre a esa hora, pero a\u00fan as\u00ed volte\u00f3 varias veces para cerciorarse que nadie la viera alejarse del pueblo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Joaqu\u00edn la esperaba en el lugar de costumbre, recostado contra un \u00e1rbol. All\u00ed el aire era m\u00e1s fresco y la vista del pueblo era agradable; pero sobre todo le gustaba verla subir, dibujando meandros entre las piedras sueltas, aferr\u00e1ndose de donde pudiese, sin poder evitar que alg\u00fan de los tirantes de su vestido cayera levemente sobre el brazo, mostrando su hombro cobrizo de piel tersa, sus huesos redondos y peque\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Estir\u00f3 la mano, como siempre, para ayudarla a subir. Sus pies finos y largos, enfundados en\u00a0 huaraches, estaban a punto de resbalar por la roca lisa. En un segundo, Lupita tuvo que decidir si acomodarse el bretel, que amenazaba con caerse, o tomar la mano de Joaqu\u00edn. Se sujet\u00f3 fuerte a sus dedos y se dej\u00f3 arrastrar hacia arriba.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">No se saludaron, se sonrieron mutuamente y se encaminaron al estanque. La brisa era m\u00e1s fresca en la penumbra jaspeada del bosque. Las hojas murmuraban suavemente. Ambos ten\u00edan las mejillas ardidas, as\u00ed que se mantuvieron en la sombra todo el camino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Iba uno pendiente del otro. No hablaban y, en medio del bullicio de pichones hambrientos, pod\u00edan o\u00edrse respirar, el aire entrando y saliendo con fuerza, agitados a pesar de caminar lentamente. Los ojos de Lupita serpenteaban: primero buscaba alondras, al rato hormiguitas y escarabajos, pasando revista, de tanto en tanto, a los movimientos de Joaqu\u00edn. Con su falda abultada rozaba las rodillas del muchacho. Joaqu\u00edn hac\u00eda un esfuerzo supremo por disimular cuanto lo perturbaba aquel jueguillo inocente y trataba de contener el aliento para que ella no se diera cuenta. Caminaba con los ojos clavados al suelo, mordisqueando nervioso un pasto verde que encontr\u00f3 por el camino. Lupita segu\u00eda mir\u00e1ndolo de reojo, adivinando cada uno de sus pensamientos. Se complac\u00eda de inquietarlo de aquella manera y al escucharlo suspirar no pudo contener una risita de triunfo. Joaqu\u00edn se volvi\u00f3 hacia ella y le devolvi\u00f3 una mueca confesa. Sin dejar de caminar se tomaron de la mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Lupe y Joaqu\u00edn se conoc\u00edan desde siempre, de la escuelita, de los juegos en la calle, de huirle al calor al fresco de los almendros de la plaza. Cuando descubrieron el estanque las tardes de julio dejaron de ser un infierno para convertirse en el para\u00edso. Muchos abandonaron el pueblo junto a sus padres, en la \u00e9poca en que se descubri\u00f3 petr\u00f3leo en Ciudad del Carmen, all\u00e1 en el Golfo de M\u00e9xico. S\u00f3lo ellos hab\u00edan quedado de los que guardaban el secreto del estanque de ajolotes. Cuando eran ni\u00f1os, emprend\u00edan el camino en silencio y el alboroto empezaba poco antes de llegar; todos comenzaban a correr, sac\u00e1ndose las camisas, las faldas, los pantalones y hasta los calzones. Se zambull\u00edan desnudos en el agua fresca que bajaba de la monta\u00f1a. Ahora s\u00f3lo estaban ellos y ya no eran ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El chirrido de la mecedora hubiera despertado a cualquiera que durmiera la siesta en la casa, pero Do\u00f1a Desideria no s\u00f3lo dormitaba tranquila mientras se hamacaba, sino que adem\u00e1s sus dedos se mov\u00edan incesantemente, tej\u00edan y tej\u00edan. Ten\u00eda los ojos cerrados, pero el o\u00eddo bien despierto y sab\u00eda que Lupe se hab\u00eda escabullido hac\u00eda rato. Tiempo atr\u00e1s se dio cuenta de que su nieta ya estaba en edad de merecer y que in\u00fatil ser\u00eda encerrarla en un cuarto, como hab\u00edan hecho con ella, para casarla con alguno que no la quisiera, a cambio de unos burros y una vaca.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">No se\u00f1or, a su nieta no iba a pasarle lo mismo que a ella. Que hablen lo que quieran. A esa hora la galer\u00eda era el lugar m\u00e1s fresco de la casa y el perfume de las gardenias la sumerg\u00eda en un sopor que clarificaba la mente. Pens\u00f3 que Joaqu\u00edn era bueno para Guadalupe y record\u00f3 los dulces besos de su vendedor de duraznos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">El impulso de tejer le vino en el velorio de su hijo y de su nuera, cuando tuvo que aprender a no llorar delante de Lupita. El movimiento se apoder\u00f3 de sus manos de la misma manera que el diablo se apodera de un alma. Durante las noches y los d\u00edas que dur\u00f3 la vigilia se mantuvo sentada en su mecedora, tejiendo, callada. Agradec\u00eda las condolencias con una inclinaci\u00f3n de cabeza y s\u00f3lo habl\u00f3 para dar algunas indicaciones. Con los ojos fijos en las hebras, teji\u00f3 hasta que le sangraron los dedos. Eso ocurri\u00f3 de repente, ni siquiera lo sinti\u00f3; se dio cuenta cuando llevaba un metro de lana amarilla estampada de rojo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Mientras Desideria tej\u00eda, pensaba; y pens\u00f3 sobre todo en su difunto esposo, que seguramente le hab\u00eda mandado esta desgracia para vengarse de todas sus infidelidades. Nunca pudo comprobar los amores secretos de su esposa; pero lo sab\u00eda, estaba seguro porque pod\u00eda sentir el olor de los otros en su piel, en su boca. Desideria jam\u00e1s le dio motivo de queja desde el d\u00eda en que se la vendieron. Fue una mujer hacendosa, ardiente, compa\u00f1era; pero no fue suya.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Al llegar al estanque fueron desvisti\u00e9ndose de a poco. Joaqu\u00edn fue el primero en terminar y se lanz\u00f3 de un salto al agua. Cuando se asom\u00f3 a la superficie vio a Lupita de pie, sin ropa, ri\u00e9ndose; se ve\u00eda delgada, ondulada como las colinas que rodeaban al pueblo. Se re\u00eda con desparpajo y sus ojos oscuros brillaban como soles. Joaqu\u00edn se contagi\u00f3 de su risa por puro nerviosismo del momento. Le dijo que entrara al agua, pero ella sin decir palabra movi\u00f3 lentamente la cabeza, torci\u00f3 los labios en una sonrisita misteriosa y lo mir\u00f3 por el rabillo. Comenz\u00f3 a escalar hacia una saliente, mientras Joaqu\u00edn la miraba extasiado. Lo \u00fanico que se o\u00eda era el rumor de las hojas. Al llegar a la punta de la roca que asomaba, respir\u00f3 profundamente y se tir\u00f3 en un clavado perfecto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Joaqu\u00edn jam\u00e1s la vio salir. Pasaron los minutos; se perturb\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s; grit\u00f3 su nombre una docena de veces; se sumergi\u00f3 hasta donde pudo y cuando ya estaba casi ahogado en llanto sali\u00f3 corriendo hacia el pueblo, visti\u00e9ndose por el camino. Con la ropa pegada al cuerpo andaba a los tropezones. Iba descalzo y se clavaba cuanto guijarro hab\u00eda. Sin hacer caso de nada, con el aliento entrecortado, no se detuvo hasta llegar a la primera casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Llegaron un rato despu\u00e9s algunos hombres que se metieron a buscarla, pero el estanque era profundo y a cada metro m\u00e1s oscuro. Se retiraron sin haber conseguido nada. El pueblo entero se conmovi\u00f3. A la abuela de Guadalupe Ferreira, Do\u00f1a Desideria Morales de Ferreira, casi le da un infarto y el m\u00e9dico se instal\u00f3 en el sill\u00f3n de la sala para cuidarla d\u00eda y noche. Por m\u00e1s que le administr\u00f3 tranquilizantes, ella pas\u00f3 la noche en vela, con las manos quietas por primera vez en once a\u00f1os. Los callos que tanta laboriosidad hab\u00edan formado se desprendieron de sus dedos uno a uno, dejando al desnudo la carne blanda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">A la ma\u00f1ana siguiente llegaron autoridades de otro pueblo, trayendo una m\u00e1quina para dragar el estanque. Tras cinco horas de trabajo sin descanso, la inmensa aspiradora se top\u00f3 con algo grande, que no cab\u00eda por la boca de la manguera. El cuerpo estaba tan hinchado que apenas parec\u00eda la misma Lupita; sus huesos casi ni se notaban y su piel morena ten\u00eda un azul glacial resplandeciente. En la frente luc\u00eda un tajo de lado a lado y, apenas debajo, sus ojos abiertos a\u00fan reflejaban el brillo de la tarde anterior. Entonces, el coraz\u00f3n de Do\u00f1a Desideria se apacigu\u00f3, porque pudo enterrar a su nieta en la tierra, como corresponde, y rezar por su alma todas las noches.<\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sol\u00edan ir a nadar al estanque de ajolotes, bosque adentro. Se escapaban a la hora de las hamacas colgadas en las galer\u00edas y a la sombra de los \u00e1rboles; a la misma hora en que se achicharran las vainas de frijoles. 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