{"id":975,"date":"2012-11-04T23:57:40","date_gmt":"2012-11-04T22:57:40","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=975"},"modified":"2012-11-04T23:57:40","modified_gmt":"2012-11-04T22:57:40","slug":"243-madeja-de-pobres-por-lafquen-puelche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/243-madeja-de-pobres-por-lafquen-puelche\/","title":{"rendered":"243- Madeja de pobres. Por Lafquen Puelche"},"content":{"rendered":"<p>Por la vereda de una gris avenida, sin \u00e1rboles ni plantas, saturada de veh\u00edculos y bocinazos, caminaba con frecuencia una mujer, de trapos viejos, gastados, aunque siempre pulcra, como lo exig\u00eda su ancianidad. Recolectaba cartones, papeles, diarios, y en un saco los llevaba hasta su hogar. En \u00e9l, siempre impaciente, la esperaba Augusto, su esposo, de genio fr\u00edvolo y dominante. En torno a la casa se observaban garrafas, botellas vac\u00edas, cartones sucios, y uno que otro artefacto con t\u00edtulo de mercanc\u00eda seg\u00fan el anciano.<!--more--><\/p>\n<p>Recuerdo que un d\u00eda, un d\u00eda cualquiera, pues no recuerdo el preciso, vi pasar a Berta feliz rumbo a su hogar. Sin dudas, aquel estado de \u00e1nimo har\u00eda enfadar a su viejo. Siempre lo califiqu\u00e9 como un hombre avaro, que si no pose\u00eda lo de Berta, la violentaba por su solo af\u00e1n de posesi\u00f3n. Berta le coment\u00f3, al sentarse en la mecedora, que una mujer muy afable le hab\u00eda ofrecido un trato para que finalizaran sus andanzas como recolectora. El trato consist\u00eda en algo sencillo, pues Berta ir\u00eda a buscar al mediod\u00eda restos de lana, semejantes a los que conformaban el gran ovillo que ostentaba entre sus manos, para traerlos al hogar, enrollarlos y venderlos. Antes de que Augusto dijese cosa alguna, le mencion\u00f3 ansiosa la proyecci\u00f3n que ten\u00eda con este trabajito. Ella ir\u00eda durante todo el resto de su vida a buscarlos, y al momento de su muerte, \u00e9l podr\u00eda vender todos los ovillos de lana enrollados y volverse millonario. El hombre al escuchar &#8216;millonario&#8217; se inquiet\u00f3, y para disimular, le pregunt\u00f3 qu\u00e9 har\u00eda en el transcurso del d\u00eda. Berta respondi\u00f3: <em>Enrollar la lana Augusto.<\/em><\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, Berta volv\u00eda con el saco, sin cartones ni papeles, sino con restos de lana. Se acomod\u00f3 en la mecedora, bajo la entrada del entretecho, que para m\u00ed consist\u00eda en un agujero cualquiera en el cielo del comedor, a formar el segundo gran ovillo de lana. Al llegar Augusto, Berta enrollaba las lanas, meci\u00e9ndose y casi tarareando una melod\u00eda. Le enfad\u00f3 de inmediato esa actitud que por a\u00f1os le hab\u00eda reprimido, pero la palabra &#8216;millonario&#8217; rondaba por sus mientes con mucha frecuencia, as\u00ed que contuvo su rabia, y no solo por aquel d\u00eda, sino que por muchos a\u00f1os m\u00e1s.<\/p>\n<p>Pas\u00f3 un tiempo y Augusto comenz\u00f3 a impacientarse, pues quer\u00eda saber cu\u00e1ntos ovillos hab\u00eda en el entretecho. Sus problemas en la cadera le impidieron subir a contarlos, as\u00ed que hizo calcular a Berta el total en dinero: <em>Mucho dinero Augusto, mucho<\/em>, le respondi\u00f3 Berta. Luego de escuchar tan favorable respuesta, comenz\u00f3 a gastar el dinero en su mente, y casi pod\u00eda ver a sus empleados diligentes ante sus mandatos. La muerte de Berta se volvi\u00f3 necesaria para \u00e9l. Le dej\u00f3 de exigir tareas dom\u00e9sticas o ayuda en algunos de sus trabajillos y le solicit\u00f3 que fuese no una vez al d\u00eda a buscar lanas, sino que dos. Berta accedi\u00f3 a su petici\u00f3n, y dos veces al d\u00eda lanzaba hacia al interior del agujero un ovillo de lana. <em>La falta de ejercicio la terminar\u00e1 por matar y feliz recibir\u00e9 la gran recompensa que la vida me debe, pero \u00bfQui\u00e9n me comprar\u00e1 tantos kilos de lana?<\/em>, pensaba constantemente Augusto, a la vez que sonre\u00eda codicioso por tales ideas.<\/p>\n<p>Del d\u00eda en que Berta lleg\u00f3 con el primer ovillo de lana, pasaron 24 a\u00f1os, y falleci\u00f3, con una extra\u00f1a y leve sonrisa entre los labios. Antes de que le entregaran el cuerpo a Augusto, este ya hab\u00eda tratado de escalar al entretecho, pero el fuerte dolor de cadera se lo imped\u00eda \u00a1Ah\u00ed entro yo a escena! Con unas peque\u00f1as copitas de m\u00e1s, ni tan desali\u00f1ado, como me ven ahora, chacotero y alegre, atractivo, y no pongo de mi cosecha, me encontr\u00f3 el viejo Augusto descansando en la esquina; algo yo andaba haciendo, no recuerdo qu\u00e9 \u00a1Parece que trabajando! En fin\u2026 Me llam\u00f3 y me dijo que si quer\u00eda convertirme en amigo de un millonario, que me dar\u00eda dinero, obviamente, si trabajaba para \u00e9l, que solo deb\u00eda ayudarlo a sacar del entretecho toneladas de mercanc\u00eda. En realidad, al comienzo muy poco entend\u00ed, porque el calor me ten\u00eda un poco mareado. Acept\u00e9 y me llev\u00f3 apresurado a su casa. Me advirti\u00f3 que si lo enga\u00f1aba me encarcelar\u00edan, y le pagar\u00eda a Don Ra\u00fal para que no me vendiera nada m\u00e1s, ac\u00e1 en el bar. Yo un poco molesto con tanta confusi\u00f3n le dije con respeto: <em>\u00a1Se\u00f1or Augusto qu\u00e9 quiere que haga en el entretecho!<\/em> <em>\u00bfY por qu\u00e9 me pasa tantos sacos? \u00a1Qu\u00e9 tiene ah\u00ed, d\u00edgame!<\/em> Bueno, el se\u00f1or Augusto, ustedes lo conocieron, que en paz descanse, me dijo con su voz de mando: \u00a1<em>T\u00fa! \u00a1S\u00fabete no m\u00e1s por la escala y metes en los sacos todo lo que encuentres! \u00a1Luego los tiras hacia abajo! \u00bfEntendiste? <\/em>Yo sub\u00ed rapidito, no me cost\u00f3 mucho, solo a la mitad, bueno, y casi al final, sucede que le temo un poco a las alturas, pero ya en el entretecho, despu\u00e9s de subir raudo, veloz, le digo de nuevo: \u00a1<em>D\u00edgame, qu\u00e9 quiere que haga ac\u00e1! \u00a1Est\u00e1 muy oscuro! \u00a1No veo nada! <\/em>De hecho, muy poco se ve\u00eda, apenas la luz del agujero \u00a1<em>Te digo Borch\u00f3, tira todo lo que puedas ver dentro del saco! \u00a1Tira las lanas! <\/em>Ah\u00ed si que qued\u00e9 confundido; recuerden que yo nada sab\u00eda de las lanas ni de la historia que les contaba<em> \u00bfDe qu\u00e9 lanas me habla? Si aqu\u00ed no veo nada. <\/em>Don Augusto, que en paz descanse, comenz\u00f3 a proferir insultos contra m\u00ed y dec\u00eda agitad\u00edsimo y enrabiado: <em>\u00a1Pero c\u00f3mo! \u00bfMe quieres estafar? \u00a1Te quieres apoderar de la lana!<\/em> <em>Sabes que no puedo subir. Por favor, lo \u00fanico que te pido, t\u00edrame todas las lanas<\/em>. Ah\u00ed comenc\u00e9 a dudar de la cordura del viejo; sent\u00ed que estaba fuera de sus cabales, pero de pronto top\u00e9 con la lana que tanto ped\u00eda: <em>\u00a1Don Augusto! \u00a1La encontr\u00e9! Pero solo hay una madeja de lana, pesa como tres kilos \u00a1No veo otra cosa! <\/em>El Don, de una ira demon\u00edaca sac\u00f3 fuerzas y trep\u00f3 por la escala hacia el entretecho, y me entrevi\u00f3 sentado junto a ese ovillo de lana, lo cual le produjo una baja de presi\u00f3n y cay\u00f3 desmayado. Yo pens\u00e9 que se estaba volviendo loco, entonces arrancar\u00e9 de la casa, pues no quer\u00eda convertirme en v\u00edctima de sus arrebatos.<\/p>\n<p>Volv\u00ed m\u00e1s tarde, cuando yo estaba m\u00e1s despierto, dig\u00e1moslo as\u00ed, para saber del viejo. Golpe\u00e9 la puerta, pero no me abr\u00eda. Desde adentro escuchaba una voz que recitaba algo mon\u00f3tono, con un tono de voz demasiado calmo. Decid\u00ed entrar; ah\u00ed lo vi sentado al viejo, ido, p\u00e1lido, repitiendo una y otra vez lo mismo: <em>Me iba, ah\u00ed sacaba la lana, la desenrollaba, la met\u00eda al saco, se iba con ella, volv\u00eda con ella, la enrollaba de nuevo, la lanzaba por el agujero frente a mis ojos, la increpaba y me respond\u00eda: Augusto, con mi humildad nada podr\u00e9 darte, pero no me abandones ni me botes a la calle, porque para el d\u00eda de mi muerte te volver\u00e1s un gran millonario vendiendo toneladas y toneladas de lana.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por la vereda de una gris avenida, sin \u00e1rboles ni plantas, saturada de veh\u00edculos y bocinazos, caminaba con frecuencia una mujer, de trapos viejos, gastados, aunque siempre pulcra, como lo exig\u00eda su ancianidad. Recolectaba cartones, papeles, diarios, y en un saco los llevaba hasta su hogar. 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