
{"id":994,"date":"2012-11-05T00:40:09","date_gmt":"2012-11-04T23:40:09","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/?p=994"},"modified":"2018-11-22T02:08:40","modified_gmt":"2018-11-22T01:08:40","slug":"249-la-invisibilidad-de-blanca-por-lotte-goodwin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/9certamen\/249-la-invisibilidad-de-blanca-por-lotte-goodwin\/","title":{"rendered":"249- La invisibilidad de Blanca. Por Lotte Goodwin"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">Blanca se ata las trenzas alrededor de la cabeza, se remanga la blusa de batista limp\u00edsima y se asoma a la ventana. Hace calor, y el tragaluz abierto deja entrar alguna mosca distra\u00edda que aterriza sin control sobre el tarro de la confitura de c\u00edtricos preparada al m\u00e1s puro estilo ingl\u00e9s, con el doble de az\u00facar de la reglamentaria. <!--more-->Su madre, en la cocina, empe\u00f1ada en ayudar a Encarnaci\u00f3n, que tan pronto prepara un sofrito para el arroz como unos <em>crumpets<\/em> de mantequilla, canturrea fandangos de Paymogo, reci\u00e9n aprendidos, de seis en seis los versos, con voz destemplada y bronca, mientras la abuela marca el ritmo balance\u00e1ndose mon\u00f3tona en la sala, en su mecedora de junco, con la labor eterna dormida en el regazo y la presencia firme de su esposo muerto en una foto antigua y despintada. A veces la ase con furia y pregunta cu\u00e1ndo va a venir a buscarla, que ya lleva preparando su equipaje varios a\u00f1os, y tiene m\u00e1s de un pretendiente a la puerta, apuesto y con fortuna, que puede convenirle; que, si bien le dio una vida regalada y de eso no tiene queja, tambi\u00e9n la compens\u00f3 con m\u00e1s de un disgusto de faldas que sol\u00eda airear a los cuatro vientos en las cenas del Hotel Col\u00f3n, donde los empresarios de las minas se reun\u00edan a fumar puros y a hacer negocios de negreros. Blanca esboza una discreta sonrisa, a medio camino entre la ternura y la compasi\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Desde que muri\u00f3 el abuelo, el sal\u00f3n permanece imperturbable, con aquel aire decadente de flor marchita de que tanto hab\u00eda gustado en vida. Era todo un caballero, nadie iba a negarlo, un perfecto lord ingl\u00e9s si hubiera tenido la oportunidad de rozarse siquiera con la Reina Victoria, cuyo retrato presid\u00eda su despacho, junto al escudo de la compa\u00f1\u00eda y aquella hermosa foto de la casa en la colina, donde se ve a la ni\u00f1a con apenas cinco a\u00f1os, ajena a lo que hab\u00eda de heredar, que no eran sino disgustos y una camada de hijos malcriados y desagradecidos que habr\u00edan de dilapidar la fortuna familiar. Nada que ver la est\u00e9tica sobria y silenciosa del gabinete del abuelo con la salita coqueta donde su esposa se reun\u00eda a tomar el t\u00e9 con las vecinas, con el espejo <em>chippendale<\/em>, las cortinas de cretona, el juego de loza para las infusiones, que la abuela preparaba ceremoniosamente mientras hablaban de las \u00faltimas tendencias de la moda y de toda esa gente que llegaba en oleadas a trabajar en las minas, en la construcci\u00f3n del muelle y del ferrocarril desde todos los puntos de la Pen\u00ednsula. Y eso inclu\u00eda el pa\u00eds vecino, que perdido hab\u00eda su imperio y su fiereza. Las mujeres comentaban esos cambios y avances con voz temerosa, con un halo de presagio, y se limitaban a disfrutar con sus ins\u00edpidas verbenas caseras y privadas, selectas, vigilando de soslayo a los ni\u00f1os, que correteaban medio salvajes por aquella ciudad ajardinada y pulcra a la medida de sus pretensiones.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Blanca vuelve a asomarse con impaciencia. Est\u00e1 tardando. El viento c\u00e1lido le descoloca el peinado, y ella lo arregla con la pericia propia de las adolescentes. Espera la llegada del padre, que por en\u00e9sima vez se ha comprometido a llevarla a la explotaci\u00f3n, para que vea qu\u00e9 terrible paisaje se ha ido formando, ese cr\u00e1ter en terraza que baja hasta la boca del infierno del que extraen a cielo abierto, de un modo novedoso y menos arriesgado, el preciado metal que ya desenterraran los tartessos y los fenicios, y que tanto aprovecharon los romanos. Y los \u00e1rabes, que destilaban, al parecer, por no se sabe qu\u00e9 extra\u00f1os y m\u00e1gicos procedimientos, tintes medicinales. Todo eso le cuenta a Blanca su padre, pero nunca acaba por llevarla a la corta, o al muelle que habr\u00e1 de transportar el mineral. O a ver ese r\u00edo te\u00f1ido, que solo de nombrarlo le produce escalofr\u00edo, como si fuera su propia sangre la que discurre lenta por el cauce hacia el mar vecino.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por fin aparece, serio, como otras veces. Los hombres de negocios siempre tienen graves preocupaciones. Cuesti\u00f3n de los obreros, cada vez m\u00e1s pedig\u00fce\u00f1os. Como si no tuvieran suficientes gastos. O como esa vez en que se ofendieron tanto, con la construcci\u00f3n del muelle. Se quejaban los espa\u00f1olitos de que fueran ingenieros ingleses los adjudicatarios de la estructura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En la cocina su esposa sigue entre pucheros. No le afecta para nada el discurso, pero asiente con el mismo gesto grave que ve en su rostro. Blanca se asoma con timidez, interesada en ver si \u2014esta vez s\u00ed\u2014 es factible la visita tantas veces anunciada y pospuesta. \u00abNo va a poder ser\u00bb, escucha como siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La ni\u00f1a se resigna. No le queda otra. Su padre concluye, con la mano en el hombro de la peque\u00f1a, su particular lecci\u00f3n sobre la historia del lugar, que, al fin y al cabo, se remonta a su llegada, no hace tanto, de la mano de un padre emprendedor y eternamente malhumorado que anhelaba regresar a su Escocia natal, tan diferente, tan verde, tan hospitalaria. As\u00ed son las cosas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Blanca sue\u00f1a con esa visita a la mina, y previamente a las oficinas de la compa\u00f1\u00eda extractora de cobre m\u00e1s importante e influyente que conoce, donde su padre la exhibir\u00e1 como la damisela en la que se est\u00e1 convirtiendo, y le presentar\u00e1 a uno de los ingenieros que una vez anduvo por casa, que era verdaderamente apuesto y educado, aunque empleaba todo en el tiempo tecnicismos ininteligibles, seguramente por impresionarla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Blanca se sienta junto a la abuela. La mira fijamente. Atiende a sus dedos, que palpan nerviosos la hebra de lana, arriba y abajo. Pero justo en ese momento ha empezado a desvariar como otras veces, y arroja con su acostumbrada furia, impropia en un cuerpo tan fr\u00e1gil y enajenado, la labor contra la ventana que m\u00e1s cerca le cae, lanzando atropellados improperios contra el supuesto y fantasmal pretendiente que a ella se asoma.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La abuela habla sola. Tambi\u00e9n ella lo hace, pues con alguien debe comentar sus \u00faltimos descubrimientos. Y es que, en alguna de sus incursiones detectivescas, arrim\u00e1ndose al muro que separa su lindo barrio del resto, justo entre unos setos junto al club donde el g\u00e9nero masculino se re\u00fane a jugar al tenis o al cricket verdaderamente despreocupado por lo que pueda estar ocurriendo m\u00e1s all\u00e1, ha escuchado alguna conversaci\u00f3n que, en principio, puede tener cierto inter\u00e9s. Claro est\u00e1 que no sabe c\u00f3mo poner en pie el rompecabezas de frases inconexas que el aire de la tarde le trae, desprovistas de un significado cierto y palpable. No conoce el sentido de muchos de sus t\u00e9rminos. Hablan, adem\u00e1s, en espa\u00f1ol, pero ese del sur, que desperdiga las palabras sin acabarlas, que confunde sonidos, que se atropella, que grita m\u00e1s que habla. Pero eso es lo que cuenta: el tono. Y siempre es encendido. Solo a veces el inflamado discurso se torna en una queja lastimera, sobre tantas horas de trabajo, sobre el humo ambiguo de las teleras, sobre las barcaleadoras quebradas por el peso del mineral, sobre los ni\u00f1os explotados \u2014\u00a1ni\u00f1os trabajando!\u2014, y que se dice que un cubano va a venir a poner pie en pared en todo este desaguisado que se prolonga desde hace tanto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Blanca no sabe qu\u00e9 es una telera, ni una barcaleadora \u2014ni siquiera qu\u00e9 es un desaguisado\u2014, pero s\u00ed que los ni\u00f1os bien no trabajan, sino que visten trajes nuevos y limpios, a veces verdaderamente inc\u00f3modos para jugar, y se peinan con bucles, y lustran sus zapatos, y acuden a los oficios a la fuerza, y que, si son buenos y se portan como Dios manda, recibir\u00e1n como recompensa un caramelo rayado que dura eternamente. No es posible que los ni\u00f1os vayan descalzos o en sandalias, que no aprendan los nombres de los r\u00edos, de las provincias costeras; que no sepan deletrear sin vacilaciones palabras largas como \u00abenfervorecido\u00bb o \u00abdramaturgia\u00bb, ambiguas y preocupantes como \u00abdescontrolado\u00bb o \u00abesquizofr\u00e9nico\u00bb, po\u00e9ticas como \u00abtel\u00farico\u00bb o \u00abevanescente\u00bb.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Todav\u00eda anda Blanca d\u00e1ndole vueltas a ese asunto, el asunto de las palabras, la magia que llevan dentro para que con ellas nos podamos comunicar y la barrera que supone no conocerlas en absoluto, cuando escucha un tumulto calle abajo, m\u00e1s all\u00e1 de la verja vigilada y los setos reci\u00e9n cortados, y, como no hay nadie en ese momento pensando en que a la ni\u00f1a le pueda interesar ver de qu\u00e9 se trata, a qu\u00e9 cubano se refer\u00edan cuando hablaban de manifestarse y convocar una huelga, nadie la echa en falta, y la jovencita se suma a la caterva desordenada que, cantando y enarbolando banderas y pancartas, se dirige, al parecer, a la plaza de la Constituci\u00f3n. Una mujer, que hubiera sido hermosa de no haber encanecido prematuramente y conservar toda la dentadura en su sitio, la agarra de la mano afectuosa. \u00abNo vayas a perderte, hija\u00bb, mientras otra se le encaraba diciendo \u00abde d\u00f3nde has sacado a la mu\u00f1equita. Van a decir que la hemos secuestrado y se va a formar una buena\u00bb. Pero Blanca agarra de la mano a la mujer amable y ofrece la otra a su invisible amiga Katherine, que siempre la acompa\u00f1a en sus aventuras por los jardines de la zona, con la que toma habitualmente el t\u00e9 en su fr\u00e1gil juego de porcelana china cada vez que su padre\u00a0 no se decide a llevarla definitivamente a visitar la mina por si ocurre algo, \u00abque andan los \u00e1nimos descolocados y no es conveniente provocar ni ponerse a tiro\u00bb, y que es la \u00fanica que sabe apreciar en lo que valen sus dotes culinarias y traga sin rechistar los <em>scones<\/em> ficticios que elabora con barro y harina para dar consistencia a la incre\u00edble mezcla, y que ahora se sorprende del entorno y comenta con un temblor en la voz la falta absoluta de <em>savoir faire<\/em> y de elegancia en general.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Blanca conversa en voz baja con Katherine, que est\u00e1 visiblemente asustada, y que dice \u00abvaya ruido que forman\u00bb. \u00abSer\u00e1n por lo menos diez mil\u00bb, le susurra Blanca, que est\u00e1 encantada con este desfile de desarrapados del que hab\u00eda alguna vez o\u00eddo hablar, pero nada que ver con lo que en realidad son. A lo lejos se oyen cascos de caballos. Puede que por fin vea en directo un partido de polo. Dicen que es algo espectacular, y que se necesita una manada entera de alazanes para llegar al final.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El sonido es ensordecedor. Katherine considera que no es este p\u00fablico adecuado para la h\u00edpica, que ser\u00e1 mejor volver. Blanca se gira y percibe una interminable columna de manifestantes, apretada, compacta, y se da cuenta de que el regreso por all\u00ed va a ser dificultoso, que mejor seguir hacia delante, que ya llegar\u00e1n, y que podr\u00e1n escapar por cualquiera de las callecitas laterales. Que qu\u00e9 prisa tiene, si ya est\u00e1n llegando a la plaza, donde, al parecer, un regimiento entero se apresta a darles la bienvenida como se merecen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Blanca se ata las trenzas alrededor de la cabeza, se remanga la blusa de batista limp\u00edsima y se asoma a la ventana. 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