En la actual situación de cualquier violencia y más en la
doméstica o de género -habría que globalizar de forma integral
aludiendo al plural 'géneros' incluyendo a la minoritaria
violencia contra el hombre- se ha encendido la alarma. La luz
roja indica que algo muy grave sucede.
Cuando hemos arribado a tal extremo, es que algo no va bien en
esta monstruosa y hostil sociedad cuya 'salud' psíquica parece
no estar muy cuerda que digamos. Hemos pasado brusca y
radicalmente de la antaño ausencia de casos porque se callaban y
ocultaban, a la actual masificación de delitos -incluyendo
muertes- y denuncias.
Perjudicial fue lo de antes y perjudicial es lo de hoy. Y tan
'enferma' estuvo la sociedad del pasado siglo como lo está
nuestra sociedad. Sociedad hostil y exageradamente competitiva
que genera violencia de per se. Violencia verbal, física, moral,
medioambiental, psicológica que se manifiesta en todos los
sectores y en todos los lugares del mundo.
En los deportes, en las aulas, en los hogares, en las calles, en
las empresas, en foros políticos, en internet; por doquier.
Entre niños y entre adultos. Entre sexos. Contra animales. Y
contra todo. Fiel reflejo en la sociedad, de la imperfección, de
la degradación ético-moral del ser humano.
Quizá ya no sirva la colectividad, lo social. Tal vez cabría
cultivar el individualismo desde un nuevo humanismo donde se
busque la superación y el crecimiento de la persona, del ser.
Es urgente y necesario que políticos, gobernantes,
profesionales, expertos, fuerzas de seguridad, legisladores,
víctimas y agresores; se sienten todos juntos una vez más para
analizar la situación actual y poner freno a la masificada
violencia de género y de géneros.
Porque, una sociedad destacadamente violenta es signo de pobreza
moral, no encara adecuadamente su futuro, camina hacia su
autodestructiva degradación y supone una negativa herencia a sus
próximas generaciones.
Los juzgados están saturados de denuncias por violencia
doméstica y las comisarías tienen demasiado trabajo. La
aplicación de medidas urgentes, es imprescindible.
En todo el mundo ha aumentado toda clase de violencias,
siguiendo la tónica general. Al parecer, el exagerado aumento de
las violencias está relacionado con la incultura, con la
delincuencia, con la inmigración ilegal, con los barrios
marginales y pobres. Esto no justifica el racismo ni la
xenofobia, ni todos los inmigrantes son violentos ni
delincuentes. Es cierto que se dan casos -aunque minoritarios-
en el sector de la población no marginal, con estudios y medios
económicos.
Habría que hacer profundos estudios sociológicos de toda la
población mundial pormenorizados y detallados por zonas, para
descubrir qué factores generan la violencia y por qué ésta se
desata tan exageradamente y así poder aplicar soluciones
adecuadas.
Pero existe debate sobre las consecuencias de las leyes de
Violencia de Género entre afectados -de ambos sexos y variadas
edades- técnicos, especialistas profesionales, políticos y
administraciones públicas. Parece que unas partes implicadas
demandan una ley integral -consideran insuficiente y parcial la
actual legislación- y otras, las minoritarias -violencia contra
el hombre- en lugar de globalizar, piden que su caso sea
reconocido mediante unas normas especificas o como mínimo dentro
de unas nuevas leyes integrales que recojan todos los casos y
amparen a ambos sexos.
Sea lo que sea, deberían ponerse de acuerdo. Todas las
violencias, las mayoritarias y las minoritarias deben estar
recogidas en los textos de unas nuevas leyes generales e
integradoras, sin discriminaciones.
El tema, muy importante, así lo requiere. Estamos ante un mal a
erradicar en pleno siglo XXI. Un mal tan importante como lo son
el sida, el paro o el terrorismo.
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Un tirano en casa
Cada día se suceden casos de violencia sexista doméstica -la mal
llamada de género y/o de géneros- abrumadora y mayormente contra
las mujeres. Un mínimo de seis víctimas diarias -cinco son
mujeres frente a un caso masculino- sufre agresiones físicas de
su cónyuge dentro del hogar. Las denuncias de padres contra
hijos por maltrato, amenazas y violencias verbal, física y
psicológica; se han multiplicado por término medio y en general
hasta ocho veces más en tan sólo cuatro años. Existen zonas y
regiones que han batido el récord. El porcentaje se multiplicó
hasta catorce veces más respecto a las medias estatales. Algo
preocupante, grave y muy serio. Un dato =