Los nuevos revolucionarios

L. Nuñez
 

 Algunas  noches uno se desvela, se levanta temprano para tomar un desayuno caliente y volver a acurrucarse entre las sabanas con el deseo de recobrar el sueño alguna hora más, hasta que la ciudad comienza a despertarse y  a generar ruido y desasosiego.

En el silencio de la madrugada enciendo el televisor al mínimo volumen para escuchar las últimas noticias y dar un paseo por canales (publicidad repetitiva y asfixiante) mientras apuro el café y las tostadas.

 

Una de esas noches, sobre las seis de la mañana, encontré casualmente un programa en Canal Sur dedicado en exclusiva a aquellos jóvenes que han sido Premio extraordinario de Bachillerato o Premio Extraordinario en  sus respectivas licenciaturas. Expedientes fantásticos, (de infarto según la reportera) repletos  de matriculas y sobresalientes. Unos jovencitos que exponían claramente sus intereses, sus ilusiones  y su deseo de respeto a una forma de encarar la vida que no está de moda y, en cierto modo, es causa de mofa entre los que apuran la vida entre botellones y farándulas sin más objetivo que un presente de divertimento.

Curiosamente la mayoría de ellos coincidían en una cosa: “No nos gusta estudiar, nos gusta saber”, haciendo hincapié en que el estudio es pesado y requiere un gran esfuerzo, pero que finalmente compensa porque es una inversión en conocimiento, en futuro y que  dota de recursos humanos personales y profesionales con los que afrontar la vida cada vez más cambiante e incierta. Sólo el conocimiento de lo que hay nos puede permitir encarar con éxito su transformación.

 

Acabado el café y las tostadas decidí quedarme a terminar el programa, aunque fuera a esas horas de mínima audiencia, merecía la pena. Por primera vez me resultaba edificante oír a estos jóvenes hablar con tanta sensatez y, sin criticar las costumbres de su generación, explicar como ellos pasan de puntillas por  los recovecos del alcohol y la droga y se centran en sus objetivos sin hacerse notar demasiado para evitar las criticas y los calificativos despectivos. Quizá muchos de sus compañeros hoy, no sepan entenderlos y, en esa soledad del diferente, tendrán que forjarse más a fondo si cabe.

 

 

Esa madrugada ya no volví a la cama, se habían hecho las siete de la mañana sin darme cuenta, así que tras ese buen sabor de boca apagué el televisor y comencé mi rutina diaria.

No volví a encender el televisor los días siguientes.

 Alguien me dijo hace años, que quien prueba el sabor del éxito propio, conseguido con esfuerzo y perseverancia, ha probado la droga mas pura, el éxtasis natural más reconfortante y adictivo. Como un chute brutal de adrenalina.

Estoy  pensando si estos chicos, que se enfrentan a un entorno tan decadente y, a pesar de todo, consiguen mantener su rumbo, no serán los nuevos revolucionarios del siglo XXI. Quizá lo sepamos en un futuro no muy  lejano.

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