Horizontes de sucesos. Por María José Martí

LA VIDA ESTÁ LLENA DE HORIZONTES

Hay horizontes en lontananza y horizontes en la proximidad de cualquier ser vivo.

Están… Y se alimentan de nosotros cada vez que abrimos una puerta o una ventana.

Hay horizontes que se abren en los libros, y horizontes que se cierran constantemente en mentes cerradas al horizonte.

Si existen, es porque existen las dimensiones, porque éste mundo no es plano.

A veces, se encuentran dentro de nosotros, creciéndose en el pensamiento y expandiendo mundos interiores.

También existen otros, llamados por los astrónomos «horizontes de sucesos».

Éstos se encuentran en el umbral de los agujeros negros, que al parecer se esconden en el centro de casi todas las galaxias. Los astrofísicos los definen como puntos sin retorno, donde toda materia, al traspasar su línea imaginaria, queda atrapada para siempre por la intensa fuerza gravitatoria.

Pero a los científicos no hay quien los entienda.

Horizontes de sucesos

Hay quien prefiere la imaginación y el ingenio literario para simplificar esas teorías tan complicadas, y llevarlas a niveles de comprensión más fáciles y divertidos…

Éste era el caso de Juan, un compañero de la empresa en la que yo trabajaba, y al que solía evitar a toda costa, porque, aunque me parecía muy atractivo y agradable, tenía un no se qué que me asustaba.

Ambos solíamos coincidir a la hora del almuerzo en un bar próximo al polígono en el que trabajábamos, y una mañana, sin más, nos pusimos a hablar con tanta confianza que acabé contándole mis problemas con un amigo bastante despistado y caradura que ahora se negaba a devolverme los libros que yo le había ido prestando a lo largo de los años.

Lo que te ocurre con ese amigo es un «horizonte de sucesos» -me respondió tras escucharme detenidamente. Y aquella afirmación rotunda y disparatada me dejó confusa y algo perpleja.

¿Cómo? -le pregunté, supongo que con cara de idiota.

-Verás… Lo que pasa con tu amigo es que no va a devolverte los libros, y que, si alguna vez lo hace, será cuando él quiera… Es algo que va a ocurrir, que sucederá irremediablemente, hagas lo que hagas… Un horizonte de sucesos. La vida está llena de ellos. Los hay en cada segundo que vivimos y determinan las consecuencias de todos nuestros actos. Están por todas partes, aunque no podamos verlos, ni siquiera predecirlos…

-No te entiendo, Juan… Ya sabes que soy de letras y estas cosas de la ciencia escapan de mis entendederas… -le respondí a medida que un calor intenso encendía mis mejillas.

Él había puesto una manzana roja en medio de la mesa y estaba formando bolitas de pan con la miga del bocadillo, haciéndolas rodar por el mantel. A continuación, esparció esas bolitas formando un círculo alrededor de la manzana, y dejó caer un hilillo de aceite con la aceitera, haciendo con él otro círculo entre la manzana y las bolitas de pan que la orbitaban.

Comencé a sentir una vergüenza terrible. En el bar había bastante gente, y muchas miradas puestas en nosotros y en nuestro extraño jueguecito. En cambio, a Juan, lo que pensara la gente parecía traerle sin cuidado. Se comportaba como si en aquel lugar y en aquel instante sólo estuviéramos él, yo, y aquella mesa en la que orbitaban migas de pan alrededor de manzanas.

– Mira, Julia. Imagínate que la manzana es el agujero negro del centro de nuestra galaxia y que las bolitas de miga son las estrellas.

Yo me preguntaba para qué sería entonces el círculo de aceite, cuando él, sin más, comenzó a mover las bolitas hacia el círculo, haciendo un ruidito con la lengua, como ruuum, ruum, ruum…

¿Qué haces? -le pregunté sin poder dejar de sonreírle.

Fíjate bien… -respondió mirándome a los ojos con sus grandes ojos azules.

El círculo de aceite es el horizonte de sucesos. A medida que las estrellas se acercan a él, atraídas por la fuerza de la atracción gravitatoria de la manzana -o sea, del agujero negro-, pasarán el umbral del horizonte y ya no habrá posibilidad de retorno para ellas. Quedarán atrapadas, y finalmente serán engullidas por el inconmensurable peso de la gravedad.

 Pero no te asustes… Es algo que ocurre continuamente, incluso nosotros podemos sentir el poder de la atracción… ¿No lo sientes ahora mismo?

 

Mi corazón latía deprisa. Su mano apretaba la mía y deseé que no me soltara nunca.

Habíamos llegado juntos al horizonte de sucesos: y casi sin darnos cuenta.

 María José Martí  

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

2 comentarios:

  1. Leyendo tu relato he comprendido que, quizás, muchas cosas que me han ocurrido en la vida y que no había comprendido, se deban a ese “horizonte de sucesos”. Muy interesante. Saludos.

    • María José Martí

      En realidad, cada segundo que vivimos es un horizonte que se abre o se cierra para nosotros. Me siento agradecida y contenta de que valore mi escritura. Muchas gracias, Clara.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *