Castilla-La Mancha

CUANDO UNA MANCHEGA RÍE, LOS CORAZONES SE DESPIERTAN

 

“Quisiera mirar a Castilla La Mancha con una mirada de poeta. Quisiera, por un instante, atesorar el alma genuina y viva de sus gentes, de su paisajística y de sus costumbres. Quisiera cantarle como se canta a una madre, esa madre de las entrañas de donde nace lo más sagrado que es la vida. De tu vientre, La Mancha, nacen 919 municipios, vástagos que vertebran las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara y Toledo. Tu capital es la hermosa ciudad de Toledo declarada por la UNESCO junto con Cuenca y Almadén, Patrimonio Histórico de la Humanidad. Razones más que suficientes para no dejar de visitarte; eres la tercera región en España en rango de superficie. Tus elementos naturales conviven entre la infinita llanura y la montaña sagrada, ambas bañadas por los ríos Tajo y Guadiana que discurren hacia el Atlántico y por el Segura y el Júcar que lo hacen hasta el Mediterráneo. Ya el escritor José Luis Sampedro en su novela EL RÍO QUE NOS LLEVA rinde cumplido tributo a tus hombres gancheros del río Tajo, especialmente ataviados para la ocasión, en su labor mancomunada y colaborativa, de conducción de la maderada, desde el lugar de la tala hasta donde probablemente fuera empleada para la construcción del Real Palacio de Aranjuez. Esta fiesta suele desarrollarse en Agosto o principios de Septiembre cuando la madre Naturaleza te asegura el tiempo. Tus mujeres también se visten para la ocasión como manda la tradición y tus dulzaineros, en ocasiones, amenizan con sus instrumentos el ambiente festivo.
Ya que una poeta nunca deja de preguntarse o de cuestionarse la realidad, transciende aquí entonces mi pregunta de por qué se recuerda con tanto amor y nostalgia una forma de vida tan ancestral. Mi respuesta no deja lugar a dudas. El acervo cultural que recibimos de nuestros padres y por ende de nuestros abuelos es al final un legado de un valor inconmensurable que no podemos ni debemos pasar por alto. Muy al contrario. Se torna obligación moral, histórica y ética recordar, reivindicar y contar de viva voz las vidas de nuestros antepasados, por los que fueron, por los que somos y por los que vendrán. Si es cierto que el pan diario es alimento unívoco para la carne, tampoco hay carne sin alma como no hay pueblo sin arraigo.

Las habituales formas de expresión arraigadas de un pueblo se diversifican en géneros como el arte, la pintura (pienso en el Greco que eligió Toledo como sede de su extenso trabajo pictórico o sin ir más lejos en nuestro pintor y escultor Antonio López nacido en el mismo Tomelloso). No puedo por menos que recordar también los nombres de Garcilaso de la Vega y Antonio Gala, de Sebastián Durón y Sara Montiel o de Pedro Almodóvar y José Luis Cuerda. En esta breve y no por ello menos importante mención de algunos de los ilustres nombres de la Cultura manchega, estoy obviando a la parte más principal y determinante. A sus gentes y con ellas y muy especialmente a las madres. Aquellas madres singulares que han contribuido y contribuyen desde la trastienda a sacar adelante a sus familias enseñándoles distintas formas de ganarse digna y honrosamente la vida.

Al hilo de lo mencionado, la siguiente pregunta que me hago como poeta, es igual de determinante y obligatoria: ¿Cómo mira, ríe, habla, baila, come y festeja sus celebraciones el pueblo manchego?. ¿Cómo lo hacían mis antepasados?. ¿Quizá por imitación?. ¿Por tradición oral tal vez?. Mis abuelos maternos que eran del pueblo de Hellín y también grandes aficionados a la buena mesa (mi abuela bordaba, como yo ahora, el pisto manchego o las migas), siempre me contaban historias curiosas y encantadoras de este lugar. Yo recuerdo de muy niña, todos los miércoles santo del año, ir a escuchar tocar el tambor a mi abuelo, hombre trabajador y guardián de su casa donde los haya. Asida a la mano de mi madre, casi no le veía o medio le escudriñaba desde lejos porque en la plaza siempre había una multitud de vecinos. El redoble de tambores al unísono producía en mí una extraña sensación. Como si aquel tronar quisiera ser un quejido, un grito conmovedor porque era altisonante y a la vez pacífico, quizá un sentimiento de profundo pesar porque mi abuelo, que siempre estaba de muy buen humor, recuerdo que se ponía muy serio, demasiado serio esa noche santa y yo le preguntaba a mi madre por qué. Mi madre que siempre rezaba y miraba al cielo esa noche para que no lloviese, me respondía que al tocar el tambor, tenía que concentrarse porque aquella era una cosa muy seria. Desconocía entonces la importancia de esta tradición declarada de Interés Turístico Internacional y siempre me provocaba extrañeza el motivo de esta fiesta ligada tan fervientemente a una Semana Santa que para mí no significaba otra cosa que sinónimo de vacaciones y de no tener que madrugar para ir a la escuela.”

USUE MENDAZA

 

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Usue

Nace en Vitoria-Gasteiz en 1975, reside en Benidorm (Alicante) desde hace 9 años y pertenece al Liceo Poético de Benidorm con el que ha participado en la Antología VOCES EN AZUL. También participó en la Antología DEL SILENCIO AL TEATRO DEL PARNASO en homenaje al poeta modernista hondureño Juan Ramón Molina, amigo de Ruben Darío. Acompañada por el cantautor Luis Eduardo Aute, están también sus letras en la edición virtual de Agosto 2013 de DOS POEMAS Y UN CAFE. Reside en Benidorm y trabaja en Alicante.

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