Si queremos ver los propios defectos, es conveniente que repasemos la lista y los primeros puestos de los que les atribuimos a los demás. En primer lugar, yo utilizo las plumas, sí, de varias clases y diversos usos: las estilográficas, para escribir no siempre la lista de la compra, también pensamientos, cuentos, reflexiones y deseos; las de marabú, en forma de boa, para abrigar con glamour mi cuello y las de gallina, para nada. No me gustan las gallinas, ni sus plumas, ni su olor y, mucho menos, su fama y su actitud. No excluyo de mi animadversión a los gallos, que marcan el paso para ocultar que no saben bailar; ellos tampoco me gustan. Sin embargo, con las zorras me ocurre otra cosa bien distinta: me gustan por su astucia, por “su savoir faire”, las admiro por ser triunfadoras en un mundo de gallinas, amo sus pieles suaves, que admiten, cálidas, las caricias, su fortaleza, su rapidez, su feminidad, su inteligencia, su paso, su carrera, sus huellas… Ninguna zorra disimula que lo es, ni quiere, ni puede. Si, por alguna causalidad o casualidad, de la que ninguna zorra está libre, a alguna raposa se la cubriera de plumas de gallina con la intención de humillarla, sus ojos y su valentía desvelarían el engaño a primera vista.

         ¿Zorra con plumas de gallina? Definitivamente, no. Y tampoco tiene sentido que ahora me preguntes si las mujeres somos más de zorras que de gallinas; a nosotras no nos gustan el victimismo, ni la inferioridad que se disfraza y se abriga con soberbia.

Mati Morata

Mati Morata Sánchez
Colaboradora de esta Web en la sección
«Miradas con MatiZ»

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De plumas, gallinas y zorras. Por Mati Morata, 9.8 out of 10 based on 5 ratings
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