Entrevista a Daniel Sené, escritor.

Entrevista a Daniel Sené, escritor.

 

Daniel Alejandro Sené Zayas (Belgrado, 1986) es graduado de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba y licenciado en Comunicación Social en la Universidad de La Habana. Egresado del curso de Técnicas Narrativas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Escritor, editor y profesor de ballet. Ha publicado artículos en las revistas Cuba en el Ballet, Honda, Alma Mater y Sol y son. Por la Editorial Gente Nueva publicó el volumen A través de los mundos invisibles (2012) y la novela Mago (2015).

Daniel Sené, escritor.

En 2019, Daniel publicó un nuevo título, Ante el abismo, y en 2020 se lanza a la plataforma de Amazon con dos obras más.


  • Daniel, ¿recuerdas cuándo fue la primera vez que le pusiste punto final a una historia escrita por ti? ¿De qué trataba? ¿Qué sentiste al escribirla?

La primera historia que escribí fue un cuento de pocas páginas. Yo había estado de gira por cerca de tres meses con el Ballet Nacional de Cuba. Habíamos salido de La Habana desde mediados de diciembre, por lo que me dediqué a escribir mensajes por las fechas señaladas, en los que traté de poner los sentimientos de distancia y de soledad que tenía dentro. El resultado fue la petición: «¿Por qué no escribes un cuento?», que mis familiares me enviaron como respuesta a uno de esos mensajes.

La verdad era una posibilidad que había considerado, pero nunca con seriedad. Solo sé que me senté frente al ordenador de un cibercafé y escribí sobre un día bastante difícil de mi vida. Creo que muchas veces contamos las situaciones duras, pues dejan una huella dolorosa que a veces es más fácil poner en palabras. El caso es que el momento en que mi familia se vio separada, después de salir con mi madre, mi padrastro y mi hermana de la casa familiar para vivir algunos meses de un lugar al otro, cobró forma y me dio la oportunidad de «exorcizar» los fantasmas de ese día, de comprender un poco más las huellas que cada experiencia deja en la mente, aun cuando no lo notemos.

El punto final se sintió como una gran liberación de energía. Yo creo que ese instante, el cual se ha repetido después casi de igual forma con mis otras historias terminadas, me ahorró el esfuerzo de decidir mi futuro, porque la emoción fue la que eligió ese camino para dejar escapar pensamientos que habían torturado mis noches durante años y que desde entonces pasaron a gravitar mi mente de forma tranquila, en un estado de paz que no había conocido hasta entonces.


  • Te has formado en diversas materias, entre ellas, Ballet, Técnicas Narrativas y Comunicación Social. Casualmente, en tu obra Ante el abismo, escribes una historia en donde el ballet tiene gran protagonismo. ¿Son estas tus grandes pasiones: escribir y bailar?

El ballet fue para mí un gran reto desde el principio. Yo no era un estudiante extraordinariamente dotado para la danza, solo contaba con las condiciones físicas necesarias, poco sentido del movimiento y una escasa motivación que me llevaron a querer huir casi de inmediato. Se me había dicho que era una escuela a la que se iba a usar disfraces y a combatir con espadas, pero me enfrenté a duras horas de entrenamiento y rigor.

Creo que fueron las historias las que me hicieron quedarme, pues descubrir que cada ballet permitía de alguna forma entrar en un universo alternativo resultó ser una fuente de curiosidad bastante fuerte. Después descubrí la técnica, el control de cada uno de los músculos, la disciplina que obliga a no rendirse y la capacidad de saltar; sin embargo, fue la parte interpretativa la que me fue más natural, más cercana a mí.

Sin el ballet mi mundo narrativo hubiera sido por completo distinto, pues fueron en las asignaturas de Arte, Música, Literatura, Estética, Historia y Actuación donde descubrí que había un universo más allá de la vida misma, dentro de ese campo, digamos magnético, que parecía vibrar alrededor de los artistas. Cada una de esas enseñanzas, sumadas a las horas de lectura, las experiencias que el hecho de viajar por el mundo me permitió acumular y los estudios que realicé más tarde en la universidad y el centro de formación literaria construyeron los intereses y el material con el que escribo mis historias.

El baile, la posibilidad de transformarme en otras personas en escena, desarrolló mi interés por la mente humana y me dio las herramientas para entrar en los pensamientos de mis personajes y «vivir» sus vidas antes de escribirlas.

Escribir es mi gran pasión, pero el baile hizo que fuera posible hacerlo.

  • Háblanos de tu novela Ante el abismo.

Ante el abismo es el resultado de muchas cosas. En realidad no es la primera novela que escribí, pues aún no estaba preparado para enfrentarla. La génesis de la historia viene de la petición de mi abuelo, quien pensaba que yo debía aprovechar mi conocimiento del medio para escribir lo que él llamaba «una novela sobre la épica del ballet».

La vida en el mundo de la danza es complicada, porque las posibilidades de desarrollo dependen de estructuras que, sobre todo en las compañías de ballet clásico, cuentan con un sistema piramidal que tiene en la base al cuerpo de baile y en la cima a las primeras figuras. Esto conlleva a que en ocasiones las posibilidades de ascenso dependan del hecho de sustituir a alguien dentro del elenco, lo cual le da un componente bastante dramático al proceso. Eso si no tenemos en cuenta que, por su increíble exigencia física, el tiempo de desarrollo profesional es corto con respecto a otras carreras. De ahí que las experiencias humanas sean tan variadas y complejas, incluso hasta el punto de obligar a las personas a sacrificar cosas importantes en el camino como el tiempo con la familia, la infancia, o incluso rasgos de la propia personalidad con el fin de sobrevivir.

Con Ante el abismo yo quería explorar ese mundo, entrar en las motivaciones de los bailarines, los profesores, los coreógrafos, los directores y todos aquellos que viven el mundo del ballet de una forma u otra. Sin embargo, no quería, o al menos eso creo al analizar a Sylvia, la protagonista de la novela, que fuera desde el punto de vista usual. Mi interés no era ver este mundo desde la perspectiva de alguien que siempre ha amado la danza y lucha por sus objetivos, sino desde los ojos de una especie de extranjero, alguien que se ve obligado a entrar en este camino por circunstancias ajenas y termina por amar el arte por encima de todas las cosas.

Esta situación convierte a Sylvia en una especie de «doble agente», que vive el ballet desde el interior, pero al mismo tiempo lo estudia para intentar comprenderlo. Ella incluso tiene la posibilidad de participar activamente en los procesos de la fundación de una compañía, lo cual genera una responsabilidad que la obliga a sacrificar una parte de su humanidad en pos de una «causa mayor».

Ante el abismo es básicamente mi mirada al pasado, la manera en que yo he metabolizado en gran medida mi experiencia danzaría, tanto como intérprete y como observador, la cual, por las limitaciones que ya mencioné antes, me colocó en situaciones en las que tuve que vencer y a veces apagar mis sentimientos y temores como única vía para seguir adelante.

*Se puede leer una reseña sobre el libro en el artículo Ante el abismo de Daniel Sené, un novela de ballet que recuerda a Billy Elliot.

Ante el abismo

Disponible en Amazon


  • Cada escritor tiene un estilo en el cual se siente más cómodo, así como un género específico. ¿Cuál es el tuyo?

Cada quien escribe siguiendo a lo que a veces se llama la «voz» del escritor, la cual no es otra cosa que aquello que llama la atención del autor y las diversas herramientas que usa para contar. Esta voz se construye lentamente y depende mucho del tipo de historia que queramos escribir y de estrategias narrativas como el tiempo, el tono y el tipo de narrador que decidamos utilizar.

En mi caso, esta voz se ha construido a partir de mi proceso creativo, de los pasos que sigo para «crear». A veces he comentado que, para mí, escribir es más bien como una lectura; pues no siento que esté redactando o contando una historia, sino escuchándola, viviéndola a través de los pensamientos del personaje, en una experiencia directa con su subconsciente. Es como si ellos estuvieran del otro lado de una pared y yo escuchara su voz interna, y otras veces es como si la pared se transparentara para dejarme ver escenas o situaciones que luego intento comprender.

Por ello diría que mi estilo navega entre el pensamiento y el sueño, en una cadena de sucesos que exploran una mente en una situación extraña o extrema. Esto pone un límite en cuanto a la capacidad de narrar otras visiones, pues mi acercamiento a la historia se limita a las impresiones del personaje que narra.

En cuanto al género, no creo que pueda definirme en una u otra dirección, pues el mismo origen de mi mundo narrativo diluye ese tipo de categorización. El surgimiento de mis historias tiene un carácter de biografía mental de mis inquietudes y preocupaciones, de las cosas que he visto, escuchado, leído o imaginado. De ahí que dé la bienvenida, por regla general de forma inconsciente, a guiños de varios géneros dentro de una misma historia, los cuales hacen un poco difícil la tarea de definir mis libros en ese sentido.


  • ¿A dónde te gustaría que te llevasen tus novelas? ¿Te gustaría vivir de la escritura?

A todos los que escribimos nos gustaría en menor o mayor medida tener esa posibilidad. Para mí, vivir de las novelas representaría la oportunidad de trabajar en aquello que mueve una buena parte de los resortes de mi ser y dedicarle todo el tiempo que me gustaría a mis historias.

Desde que descubrí el mundo editorial, y a medida que he ido explorando sus entresijos, he llegado a la conclusión de que es el ambiente en el que me gustaría desarrollar mi vida profesional. Cada parte del proceso de edición me parece fascinante y cada detalle de la experiencia ha hecho que quiera repetirlo en innumerables ocasiones, tantas como las que la vida permita.

Me gustaría que mis novelas me llevaran a vivir una existencia literaria, por decirlo de alguna forma, pero más me gustaría que ellas pudieran encontrar su camino y llegar a todas aquellas personas que puedan disfrutarlas o necesitarlas en cualquier sentido.

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