La hora ‘D’. Por Dorotea Fulde

La hora ‘D’

la hora D

   Los tres estamos sentados en la terraza  tomando el sol con los antebrazos y pantorillas al descubierto para que la factoría corporal convierta la luz solar en vitamina D y refuerce nuestras defensas.
Entre los tres nos aproximamos a los 200 años y la belleza cutánea de la piel desnuda no es digna de mención. Al principio cruzamos comentarios puntiagudos y unas cuantas respuestas ingeniosas pero poco a poco nos callamos y acabamos mirando hacia abajo.

   El sol entra por el lado derecho donde vemos el mar impasible ante nuestras cuitas. No hay apenas movimiento en los pasillos del recinto de la comunidad y de pronto se nos ocurre un juego:

-Cada mujer que pase es un punto para mí, -dice mi hermana y se limpia las gafas.

-Cada hombre cuenta para mí. Con esto, mi cuñado se pone de pie junto a la barandilla.

No me queda otra que contar los animales.

-De cuatro patas, -me dice el matrimonio al unísono y de común acuerdo como pocas veces- las aves no cuentan.

¡Toma! Sí que había pensado en las gaviotas y los loros verdes. Ni eso. Pero aparecen dos gatos que cruzan con elegancia por el portal de enfrente y levanto dos dedos en señal de triunfo.

Al segundo, vemos a una chica que empuja un carrito de bebé.
-2 puntos, -dice mi hermana- es una niña porque la mantita es rosa.

   Y así seguimos: el cartero, 1 punto para mi cuñado; la viejecita del otro bloque que saca a su obeso perro salchicha; el holandés del 3° que casi nunca sale; luego nadie durante cuatro minutos.

Vamos a por mantas para taparnos porque el sol ya no alcanza la terraza. Yo me traigo un bloc para apuntar.

¿No hay animales en esta puñetera comunidad? Solo he contado 5 gatos y 4 perros. ¡Qué poco amor hay por las mascotas!

Las mujeres van regresando de sus compras y arrastran carritos; los hombres hacen el paripé con un periódico en la mano.

   Cuando mi hermana ya está cantando victoria, comienza el desfile masculino para bajar la basura y alguien saca dos chihuahuas senior con incontinencia renal…

Se levanta viento y hace frío. Llevamos horas contabilizando el confinamiento de esta comunidad ejemplar.

Damos por terminada la competición:

Mi hermana gana con 18 mujeres,
mi cuñado se apuntó 14 hombres
y yo, la última de la fila, llevo 11 mascotas. Creo que he perdido por una gata en celo que chillaba en el patio de al lado y acaparó la atención de los otros gatos.

Hasta las gaviotas se han reído de mí.

 

Dorotea Fulde Benke

Blog de la autora

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2 comentarios:

  1. Bonita manera de contar la cotidianidad de este confinamiento que nos lleva locos.

  2. Me ha gustado Dorotea, tampoco es necesario montar una complicada trama para que una historia termine atrapándote, una sencilla historia sobre lo que nos ocurre, que dice más de lo que aparentemente cuenta.

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