La línea invisible del horizonte

 

“Como las gotas de agua que forman un río, cada ser humano y cada vehículo son distintos de los demás, aunque se comportan de manera idéntica”.

Cuando me enteré de que Berges había escrito un nuevo libro, deseé hacerme con él de inmediato y comenzar a leerlo. Cada uno tenemos nuestros escritores favoritos y a mí Joaquín Berges me conquistó con Vive como puedas, y desde la lectura febril que me llevó alguna noche durmiendo poco decidí leer todo lo que este zaragozano escribiese. Berges tiene un modo peculiar de ver la vida, un modo peculiar de escribirla, como cada uno tenemos nuestra visión del mundo que habitamos, como cada uno nos enfrentamos a cada minuto o cada segundo de una forma, con una sonrisa en la boca o con un gesto de enfado. Berges siempre nos enseña en sus libros la alegría de vivir, también en éste aunque esta vez está escondido debajo de capas que van cayendo a lo largo de la lectura. Javier, ese neurólogo que huye después de la muerte repentina de su esposa, somos cada uno de nosotros, todos en un momento dado hemos deseado coger el coche y no parar de conducir hasta que la línea del horizonte se transforme en paisaje. Huir hasta que no quede gasolina en el depósito, hasta que el Pirineo se alce ante nosotros. Elegir un valle del Pirineo para perderse es la mejor elección que uno puede hacer. Allí uno se funde con la naturaleza. Allí no hay sino mallatas y guiñote. Allí el verde te cubre y el paisaje te transforma. Todos tenemos un lugar así en nuestras vidas, el regreso, el útero, el pueblo, la casa que vivimos en nuestra infancia. La felicidad, intuyo. Porque cuando se han tenido infancias felices siempre huimos a ella, buscamos en sus sabores, en sus olores el reflejo de lo que fuimos para encontrarnos allí lo que ahora somos. Y el viaje de Javier concluye en el encuentro del adulto que es. Supongo que su huida tiene sentido. Su final también. Huir para regresar. Y, mientras se encuentra, camina por un pueblo apacible, pequeñito, donde todo el mundo se cuida del vecino, un pueblo idílico. Un pueblo quizá como el que vivió en su niñez, muy parecido al que yo viví en la mía. Un pueblo que se vuelve idílico. Un pueblo que me ha recordado al Cycely de Dr. en Alaska. Un pueblo en el que me encantaría vivir si de verdad existiese. Un pueblo con sus secretos. Y Javier indaga en los ajenos y en los propios. Confesiones. Amantes. Naturaleza. La línea invisible del horizonte lo tiene todo. Algo que deberían no perderse. Incluso ustedes pueden querer aprender a jugar al guiñote. Me encantó al principio porque yo también juego a veces y siento gran satisfación cuando se juntan Rey y Jota. Siempre me he preguntado si esa figura que parece un mancebo enarbolando su palo será algo más…. En fin, no se lo pierdan. Reencuéntrense con lo que son ahora desde los ojos de otro. A veces, hace falta.

 

Maite Diloy (Brisne)
Colaboradora de Canal Literatura en la sección “Brisne entre libros
Blog de la autora

VN:F [1.9.22_1171]
Rating: 0.0/10 (0 votes cast)
  •  
  •  
  •  
  •  
  •