El diario de Ana Frank. ¿Una lectura obligatoria? Por Luis Javier Fernández

 

El diario de Ana Frank

Son muchas las obras literarias que se han convertido con el tiempo en lecturas obligatorias o, al menos, lecturas que merecen ser leídas, aquellas que por su belleza no quedan exentas de transcender en el tiempo, de acabar en las manos de un lector exigente y que cultiva una variedad de géneros, palpando, mientras tanto, sus páginas y dejándose llevar por la trama. Generalmente esas obras han sido escritas por literatos de gran talento. Lo cual también vendría a suponer que, en verdad, han sido escritas por grandes lectores. Pero ningún libro (diario en este caso) ha reflejado con mayor virtud la lucha por la vida, y el valor moral en los tiempos más hostiles y amargos. Ese diario que escribió Ana Frank desde junio de 1942 hasta agosto de 1944 refleja, a manera de esbozo, pero con toda verosimilitud, la denigración del ejército alemán hacia los judíos, el pavor que causaba convertirse en un prófugo de la Gestapo, o de los servicios de seguridad que coronaba Herbert Kappler, o los soldados de las SS nazi en que Adolf Eichmann militaba.

La masacre del Tercer Reich ha sido contada por multitud de historiadores, incluso por cronistas que, aunque no la parezca, han tenido inclinaciones por el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán. Dicho de otra manera, hoy centenares de ensayos y monografías históricas contadas por los victoriosos, como por ejemplo Tras la sombra de mi hermano de Uwe Timm (1940), la historia de un combatiente de las tropas hitlerianas. O las obras del dramaturgo y poeta Hanns Johst (1890-1978), oficial de las SS. Sin olvidar Viaje al fin de la noche de L. Ferdinad Céline (1894-1961), antisemita y simpatizante de Hitler. Sin embargo, no puede haber mayor testimonio que refleje el modus vivendi de quienes vivieron, sufrieron o padecieron la persecución al pueblo judío. Es El diario de Ana Frank una de esas lecturas que requieren humildad para apearte a sus páginas. La lucha por la supervivencia vista por una niña de tan sólo trece años, a cuya edad es muy madura y extraordinariamente inteligente. Podría decirse incluso que Ana Frank era una chica con asombrosa inteligencia emocional, consciente de sus emociones como las del resto. Una niña que por circunstancias sobrevenidas ella y su familia se ven condenadas a vivir en la clandestinidad en esa «casa de atrás».

Durante esos años en cautiverio, Ana se respalda con su diario personal, al que denomina, como si fuera una amiga, Querida Kitty.El diario de Ana Frank

Es sorprendente cuando la familia Frank queda eximida de libertad, el coraje y la serenidad que mantienen en las más desdichadas adversidades.

En ese largo porvenir tienen como únicos recursos de supervivencia los libros y la fuerza psicológica. Ningún miembro de la familia –sobre todo la propia Ana– queda ausente de leer, de recurrir a los libros como consuelo, como forma de comprensión y conocimiento. Al mismo tiempo también queda claro cómo la escritura tiene un efecto terapéutico y de madurez. Pues así lo demostró la joven Ana.

La invasión de las tropas de las SS causaron en Holanda la emigración masiva de centenares de familias judías y quienes tuvieron oportunidad de emigrar por fortuna tenían respaldo de amigos, conocidos o vínculos que les ofrecieran un sitio en el que guarecerse. Ése es precisamente el caso de la familia Frank. Una niña a la que todavía no le ha llegado la menarquia ya es capaz de relatar con firmeza lo siguiente: «Tanto los judíos como los cristianos están esperando, todo el planeta está esperando, y muchos están esperando la muerte. (…) Me da mucho miedo pensar en todas las personas con quienes me he sentido siempre tan íntimamente ligada y que ahora están en manos de los más crueles verdugos que hayan existido jamás. Y todo por ser judíos». Indudablemente, las circunstancias sórdidas fortalecieron moral y psicológicamente a Ana Frank. Pues no hay más que detenerse en leer las siguientes afirmaciones: «Papá siempre es muy bueno. Me compreEl diario de Ana Franknde de verdad, y a veces me gustaría poder hablar con él en confianza, sin ponerme a llorar enseguida. Pero eso parece tener que ver con la edad. Me gustaría escribir todo el tiempo, pero se haría muy aburrido. Hasta ahora casi lo único que he escrito en mi libro son pensamientos, y no he tenido ocasión de escribir historias divertidas para poder leérselas a alguien más tarde. Pero a partir de ahora intentaré no ser sentimental, o serlo menos, y atenerme más a la realidad».

Teniendo en cuenta que el diario muestra la gallardía en los tiempos difíciles, ¿no debería de ser una lectura obligatoria? Si no al menos imprescindible, sí al menos para leer una vez en la vida. Comprender la supervivencia implica aprovechar al máximo los recursos disponibles. Tomar consciencia de que, mediante el poder, se puede mejorar como se puede criminalizar, o desfavorecer a las vidas ajenas.

Pese a que hay numerables ediciones escolares, sería una memez considerar que es un libro infantil. Probablemente requiera una cierta edad cognitiva para poder entender el cinismo y el asedio que, en otros tiempos, tuvo que vivir una minoría por el horror y la barbarie nazi. Pocos libros pueden discernir los sentimientos y experiencias cuando la vida queda convertida en algo frágil, algo que se debe conservar haciendo incluso cosas en contra de la propia voluntad. Se ha pensado durante mucho tiempo que la familia de la joven, junto con otros ocupantes, pudieron ser encontrados a consecuencia de una traición por un ciudadano holandés que recibió una compensación de 50 florines, lo que es falso. Ciertamente la familia Frank fue hallada por casualidad cuando un registro casual por delitos de empleo ilegal y fraude hizo que los soldados alemanes hallaran a un grupo de judíos entre los que Ana Frank estaba presente. En agosto de 1944 fueron apresados. Y en el año 1945 Ana murió en el campo de concentración de Bergen-Belsen. Gracias a su padre su cuaderno personal pudo ver la luz años más tarde.

Nelson Mandela señaló en cierta ocasión: «La lectura de El diario de Ana Frank nos proporcionó a los que estábamos en el penal de Robben Island un coraje inmenso». No habría más que decir. Es un testimonio biográfico que se ha convertido en un long seller que brinda, como muy pocos libros, la oportunidad de ver el mundo y la vida desde quienes vivieron la represión de Hitler. Es un libro que destaca entre los que mayor foco pueden poner en la dignidad, la supervivencia, la amargura y la fuerza moral. Un libro de una niña lúcida e inteligente que hasta el fin de los tiempos siempre seguirá vivo. Pese a la virulenta condición humana, el diario te hace creer en el ser humano, en ese trozo de carne que, en compensación de toda su infame y puerca naturaleza, en el fondo tiene cosas buenas. Ana Frank lo demostró. ¡Cómo no va a ser un libro que merezca la pena ser obligatorio para leer!

Luis Javier Fernández

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