Marilyn Monroe

Dicen que a Marilyn le practicaron 60 abortos. O era una inconsciente o era una romántica. Su relación con la maternidad marcó su vida. Ser madre no es obligatorio en la mujer pero cuando ella quiso no pudo. Y cuando pudo, no quiso. O su carrera se lo impedía. Marilyn es la mujer a la que sus “grandes amantes” dejaron para después. Hasta que murió, claro. Un juguete para Kennedy, una tonta para Miller. No sé yo quién era más tonto de los dos.

La miro en esta foto, con un libro, con una sonrisa cómplice que en poco se parece al icono que ha traspasado la barrera del tiempo. Es una Marilyn natural, guapa, cansada, irónica, inteligente. Podemos pensar que fue una rubia estúpida o que fue la más lista de todas, aunque le pudo el sentimentalismo ¿Cómo es posible generar semejante adoración en el gran público y acabar muerta en desnuda, sola, muy sola, como sólo lo están los suicidas?. Y se fue. Un acto de inteligencia. Obrar ante el absurdo de la vida no dejándose abatir ni un segundo por las dudas.

Su minúscula tumba en L.A., siempre con monedas y flores. La caja registradora que no deja de sonar cuando su nombre aparece en la portada de un libro, de un disco; como pretexto para una colección de fotos; como reclamo de un museo casposo de cine en Vine donde podemos leer su acta de defunción ¿Y qué? Lo adorable son sus adorables fotos con Di Maggio, su ropa de la talla 42-44 que reivindica una mujer natural, normal, sexual como un icono de la fertilidad.

Marilyn no era sexy, era el sexo. Y el sexo en realidad es pura inteligencia. Aparte de olores y hormonas, lo que entra en juego son los cerebros, las mentes de los amantes. Para que el sexo se convierta en amor, o viceversa, todo tiene que confluir armoniosamente. Quizá su único amor de verdad, el que amó las curvas, amó la hembra, amó la mujer y amó la mente de esta rubia fue Di Maggio. Los demás se quedaron en el fotograma. Miller la ridiculizaba. Sí, estaba casado con la mujer más deseada ¡Que todos le envidiasen!. Kennedy igualmente. Sexo salvaje en las sábanas de Roosevelt Hotel. Hoy, un habitación lleva el nombre de Marilyn. Está en el segundo piso. La piscina lanza sus reflejos a la ventana y si uno se acuesta en la cama encuentra un gran espejo en el techo ¿Lo tendría en vida?

Acaso Marilyn se estaba volviendo loca y antes de acabar como su madre, prefirió matarse con somníferos sobre una cama, en un cuerpo que quedaría helado para siempre. Quizá no quería envejecer o quizá, sencillamente, se encontraba sola, tan sólo como se puede estar en L.A. Una ciudad tan francamente falsa como Holly Golightly. Acaso sólo quería atravesar el espejo y enredarse en un bosque de palabras. El último refugio de todos los solitarios e incomprendidos. El consuelo leve de la mortalidad triste.

Lola Gracia
Blog de la autora

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