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RelatosSeudónimo: Corazón coraza
Titulo: El cuadro
Es capaz de fundar el paisaje más insólito en el envés de un pétalo de magnolia, sin ponerle nombre que lo esclavice. No necesita palabras como respuestas.
Me abstraeré de mi persona física y le visitaré por dentro, a través de mi alma, dispersa y confusa en el paisaje, y de mi propia mente, esa es la única forma en que puedo hacerlo ahora que no me alumbran sus ojos clarividentes.
Intentaré liberarme de las corazas, de los falsos pudores, y me iré al mundo, al cuadro que estamos pintando, donde somos mucho más que dos.
Fluimos por los mismos ríos. Imposible distinguir el lugar hasta el cual se prolonga mi piel y cual es el punto exacto en el que comienza la suya.
Intento llegar a su corazón y me descubro acariciando mi pecho, al recrear su boca, me descubro humedeciendo mis labios, y al imaginar ese abrazo que tanto deseo, siento que mi cuerpo entero se derrite.
Es difícil hablar de él, que tan grande es para mí. Es amante de la soledad elegida voluntariamente, no aquella que te impone la vida sin tú quererlo, sin ni siquiera haberlo intuido. Hablo de la que se desea para saborear la eternidad de un instante.
Utiliza ese escaso tiempo que le proporcionan los momentos de soledad para recrear imágenes, unas veces vividas en otro tiempo, hace mil años; y otras veces imaginadas, con un colorido y una fuerza tan grandes que el parecido con la realidad es aplastante.
Una de la veces en que se creía sólo, en uno de mis múltiples viajes de esos a los que hago sin avisar y sin destino, pude verle (aunque confieso que le veo casi siempre). Estaba de pie, elegante, erguido y con la mirada seductoramente perdida en el horizonte, sobre las aguas del Mar del Norte. El viento salado acariciaba su rostro y le despertó del ensueño en el que se encontraba...En ese momento decide respirar y no morir...y llenar sus pulmones de nuevo con oxigeno que renueve su sangre. Miraba desafiante al mar bravío que se había situado frente a él, como cuando se mira a alguien que es portador de nuevas que ansiamos conocer.
- ´´¿Qué quieres de mí?´´ Le pregunta al Padre de todas las Nereidas. Pero él no responde al instante, y se queda observando fijamente sus movimientos.
La espuma empieza a empapar sus pies, pero el agua no le molesta, está acostumbrado a moverse como un pez. Deja que sus pasos le lleven hacia la orilla, incitados a caminar por no sé qué conjuro de los astros. Allí, justo en ese momento, el mismo Poseidón, comienza a contestar a su pregunta, y le dice:
- ´´Tan sólo quiero que aprendas a escuchar el sonido de las olas, que sientas la música en cada batida, quiero que alces los brazos y abras las manos, que mires al cielo e implores lluvia para que toda la poesía que flota sobre mis aguas fertilice los campos, las letras que han de salir de tus dedos...´´
No puede creer que aquello que ha dormitado siempre en su más íntimo rincón, le sea desvelado de esta forma mágica, y que el mismísimo Poseidón se digne a contestar a sus preguntas. Movido por una curiosidad sólo comparable a la de un niño de corta edad, su mente comienza a idear una serie preguntas, lo suficientemente numerosa como para mantenerle ocupado el resto de la tarde...toda una vida. Las escribe en una hoja de papel que siempre lleva en el bolsillo.
Y yo, que tengo todo el tiempo del mundo, continúo observando...
- ´´¿Por qué contestas a mis preguntas? Yo pensaba que no podías hablar.´´
Cuando acaba de preguntar, al momento, piensa que quizá debiera haber empezado por la que figuraba en el segundo lugar de la lista que había preparado, o por la tercera, terribles dudas asolan la mente del caballero solitario.
El Mar, que ha visto el tormento escrito en su cara, con serenidad le dice:
- ´´Contesto tus preguntas, porque siempre contesté a aquel que me preguntó. Siempre estuve aquí, pero nunca te tomaste un tiempo para escucharme. Pero eso no es de extrañar, no todas las almas están preparadas para escuchar la verdad. No debes preocuparte por el orden de todas tus inquietudes, porque podré dar respuesta a todas ellas. Ahora bien, debes poner especial cuidado, debes explorar en tu interior y averiguar qué es realmente lo que necesitas saber, dependiendo de cómo formules la pregunta, mi oráculo será concreto o confuso, será la verdad o tan sólo aquello que desees escuchar, porque cualquiera de mis respuestas puede ser interpretada como verdadera cuando tienes ansiedad de conocimiento. ´´
Intentó asimilar la respuesta del Padre de todas las Nereidas, y después de unos minutos cayó en la cuenta de que es muy difícil mirar hacia el interior de uno mismo y ser capaz de formular una pregunta concreta. No quería palabras.
Observó un poco más la inmensidad del Mar y agradecido lanzó un suspiro al mismo viento que hacía un instante, le había refrescado el rostro. Lentamente su mirada dejó de estar perdida en el horizonte y se fijó en las huellas de sus pisadas. Realmente no es necesario obtener todas las respuestas, es mucho mejor ir encontrando el motivo de tu existencia a cada instante, sin oráculos que nos desvelen incertidumbres y que rompan la magia.
Es muy agradable observarle cuando camina sin rumbo fijo, cuando peregrina por los caminos dotando de pinceladas de color al cuadro, cuando se recrea en pensamientos y cree que nadie le ve, cuando se queda mirando el color de una concha o mientras escucha al Mar.
No existe nombre para el sentimiento que me produce ver cómo levanta su mirada, de las conclusiones a las que ha llegado, y me busca, como quien busca agua que beber, y pasados unos segundos me encuentra y sonríe, mientras se acerca a mi, ofreciéndome su mano.
© Corazón coraza
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