Historia de Jimmy, un pequeño camello

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Sonny_Kaplan
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Historia de Jimmy, un pequeño camello

Mensaje por Sonny_Kaplan »

Jimmy caminaba tranquilamente hacia su coche, cuando dos policías se acercaron y le pidieron la documentación. Jimmy era un camello de poca monta, llevaba años haciendo este trabajo. Había sobrevivido todos este tiempo sin hacerse notar por la pasma, y ahora que compraba una cantidad más importante de lo habitual, dos policías venían a importunarlo. ¡Qué mala pata! Decidió actuar con normalidad, y tendió a los agentes su carné de identidad.
– ¿Hay algún problema agente?
Los dos hombres, uno blanco y otro negro, no le contestaron.
– ¿Jimmy Reese? - preguntó el blanco mirando la documentación.
– Sí, soy yo.
– Pues apóyese al coche para que mi compañero pueda registrarlo.
Malo, muy malo, se dijo Jimmy. Si lo registraban, encontrarían la droga.
– ¿Pero, qué motivo hay para todo esto? - preguntó a los agentes.
– Ninguno, es un control rutinario.
– ¡Pero si no he hecho nada!
– Entiendo que no le guste – dijo el blanco –, pero no se resista y apóyese al coche, si no, nos veremos obligados a detenerle y llevarlo a comisaría.
Jimmy no se podía dejar cachear.
Tenía a los dos hombres, uno a cada lado y detrás el coche patrulla. Sin pensarlo, se giró hacia el negro y le propinó un puñetazo en pleno rostro. Ninguno de los policías se esperaba esta reacción. Jimmy se giró entonces hacia el blanco y le dio una patada en la entrepierna. Antes que cayese al suelo K.O., le quitó su documento de las manos. El negro se había rehecho e intentaba sacar su arma. Al ver que no le daba tiempo, lanzó un derechazo a Jimmy. Éste lo esquivó con facilidad y respondió con un croché al hígado que lo dobló. Viendo el panorama, Jimmy salió corriendo. El policía negro, a pesar del dolor, sacó su arma y le dio el alto. Como no hizo caso, disparó al aire. Eso dio alas a Jimmy. Entonces, el policía le disparó.
Jimmy cayó al suelo. Había recibido en el hombro, un golpe harto doloroso. Un balazo. Se levantó y siguió corriendo. Oyó otro disparo, pero éste no alcanzó a darle. Giró en la calle 47 este, y el policía que le disparaba lo perdió de vista.
Los dos agentes se recuperaron de los golpes. Y mientras el blanco daba aviso por radio a la central del percance que habían sufrido, el negro salía corriendo tras el fugitivo. Al girar en la 47 este, el policía vio a Jimmy un centenar de metros delante de él. Avisó a su compañero por radio, éste arrancó el coche y se puso en marcha.
Jimmy miró tras él y vio al policía corriendo. Aunque tenía un dolor terrible en el hombro y sangraba bastante, aceleró el ritmo y giró a la derecha en la tercera avenida. Pensaba que si conseguía despistarlos, podría volver a su coche. En ningún momento se le ocurrió tirar la cocaína.
Justo en el momento en que la patrulla formada por Sam Tyrrell y Fred Sheppard pasaban ante el Waldorf-Astoria hotel, oyeron el aviso de sus compañeros. Estaban muy cerca, enseguida se pusieron en marcha. Rápidamente desembocaron en la tercera avenida y vieron, a su derecha, el fugitivo venir hacia ellos. A poca distancia, el coche de sus compañeros lo alcanzaba.
Jimmy vio salir de la 48 este el coche patrulla y dejó de correr. Al ser una calle de subida, pararon en la esquina y se bajaron para cortarle el paso. Jimmy miró atrás y vio a sus perseguidores a pocos metros. Salió corriendo hacia ellos. Bill Murray, el policía blanco, estaba al volante. Al ver a Jimmy venir hacia él, aceleró un poco más. Éste saltó por encima del vehículo policial, rozando las luces con su trasero. Aterrizó suavemente, esquivó un taxi y siguió corriendo. Mientras, el coche conducido por Bill Murray, despistado por el fugitivo, se empotró en un vehículo parado. Al ver la escena, Sam y Fred recuperaron su coche, pusieron la sirena, las luces, y se metieron por la tercera avenida en sentido contrario.
Jimmy corría a buen ritmo. Regresó a la 47 este hacia Lexington Avenue. A media manzana, oyó primero, y vio después, venir rápidamente hacia él, el coche patrulla de Sam y Fred. En la esquina con Lexington, apareció otro coche policial. Estaba atrapado, y bastante agobiado por la situación. Vio a su izquierda la entrada de vehículos de un parking, sobre ella, podía leer que tenía salida a varias calles. Sin pensarlo, entró a la carrera. El coche de Sam y Fred se vio parado en seco por una furgoneta de reparto aparcada ante la entrada.
Jimmy salió del aparcamiento por la 46 este. Frente a él vio la entrada al 148, un edificio de poca altura. Salió corriendo y entró antes que apareciera por Lexington el otro coche patrulla.
Mientras los policías se preguntaban donde se había metido, Jimmy subió los cuatro pisos hasta acceder a la azotea. La policía lo buscaba por el parking, pero Jimmy no miró abajo para saber qué ocurría. Saltó al edificio contiguo, lo cruzó y saltó al siguiente. Ahora, para acceder al próximo edificio, tenía que subir tres pisos por una escalera de incendios, quedando a la vista de todo el que mirara hacia arriba.
Cogió las escaleras metálicas y sin hacer ruido, subió todo lo rápido que pudo los tres pisos que lo llevarían a la siguiente azotea. Tuvo suerte, a nadie se le ocurrió mirar hacia arriba. Jimmy descansó. Podía oír llegar desde abajo el sonido de las sirenas. También oía las órdenes que se lanzaban los policías entre ellos y a los transeúntes. Habían cortado la circulación y estaban rodeando la manzana.
Examinó su herida. Había tenido suerte, la bala había atravesado el hombro sin romper ningún hueso, pero había perdido bastante sangre. Se puso en pie y tiró de la puerta, estaba cerrada. Enseguida se vio preso. Solo era cuestión de minutos para que la policía lo encontrara. Miró al cielo, y se dijo que si conseguía salir de esta, dejaría la droga y se buscaría un trabajo legal.
Jimmy miró a su alrededor. La azotea estaba prácticamente vacía, solo algo de ropa secaba colgada de sus cuerdas. Se acercó al borde interior del edificio y observó el hierro de donde se sujetaba la cuerda del tendedero. Era un hierro largo de sesenta centímetros con forma de ele. En la base, el cemento se desmoronaba por la acción de la lluvia, el sol y el paso del tiempo. Le dio una patada y éste cedió un poco. Después, con la mano, fue moviéndolo hasta arrancarlo.
Usando el hierro de palanca, la puerta resistió muy poco. Bajó por la escalera, pero al llegar abajo, vio un policía de espalda, custodiando la entrada. A la izquierda, un pasillo se internaba en el edificio, y llevaba a la entrada trasera de varios comercios. De uno de ellos, una cafetería hindú que ocupaba la esquina, salía un rico olor a comida. Jimmy fue hasta allí. En la parte trasera había bastante barullo, así que intentaría colarse y pasar desapercibido.
Entró y fue derecho a la sala principal. De paso, vio colgada una chaqueta blanca. Se la puso y salió a la cafetería. Con esa chaqueta parecía un camarero, no desentonaba nada en el ambiente. Sin titubear, cruzó el local y salió a la avenida Lexington. Miró a su derecha y vio dos coches patrulla cruzados y algunos agentes impidiendo el paso por la 46 este. Giró a la izquierda y se fue andando tranquilamente.
Unos veinte metros delante, unos camiones de reparto estaban aparcados junto a la acera. Se escondió tras ellos, y al pasar un taxi, levantó la mano.
– ¿Dónde lo llevo?
– A la segunda avenida.
– ¿A qué altura?
– Le indicaré, no se preocupe.
Poco después, el taxi bajaba por la segunda avenida. Paró ante el 902, y Jimmy se fue caminando hasta su coche. Lo examinó. Estaba igual que lo había dejado. Lo arrancó y se puso en marcha. Giró en la 48 este, pasó una manzana y giró otra vez a la izquierda para coger la primera avenida. Ahora solo era cuestión de tiempo que llegase a su casa.
Tres días más tarde, llamaron a su puerta. Abrió y se encontró con una pareja de policías. Los mismos que lo habían parado en ese control rutinario unos días antes. Y es que, el crimen no paga.

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