
{"id":126,"date":"2014-02-13T00:00:46","date_gmt":"2014-02-12T23:00:46","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=126"},"modified":"2014-02-13T00:07:05","modified_gmt":"2014-02-12T23:07:05","slug":"no3-por-tristan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=126","title":{"rendered":"N\u00ba3- Martinillo.Por Trist\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Nadie sabe c\u00f3mo lleg\u00f3 a la ciudad Mart\u00edn Nogales, Martinillo. De esto hace ya tiempo. Apareci\u00f3 con el fr\u00edo y la niebla en la esquina de la antigua estaci\u00f3n de autobuses con un su\u00e9ter mugriento que le cubr\u00eda todo el cuerpo. Durante meses subsisti\u00f3 entre cubos de residuos\u00a0 y bolsas de basuras. <!--more-->Su cara ancha y su boca entreabierta dejaban asomar una dentadura tan pobre y deforme como su aspecto. Padec\u00eda una extra\u00f1a enfermedad por la que sus extremidades estaban acortadas, y se arrastraba por el suelo como un reptil. Su figura mostraba, a primera vista, cierto rechazo; pero en el gesto de su mirada, una c\u00e1ndida solicitud de cari\u00f1o te obligaba a devolver una sonrisa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Tumbado sobre unos cartones permaneci\u00f3 durante meses en el quicio de uno de los portales de la estaci\u00f3n de autobuses, hasta que un encargado supervisor, conmovido por su estado, le facilit\u00f3 un cuartillo en uno de los costados del ruinoso edificio. Una habitaci\u00f3n reducida, sin ventana. Los empleados de la limpieza le tomaron cari\u00f1o y le facilitaron una colchoneta, una almohada, una manta y una vieja silla de ruedas, que le arregl\u00f3 Esteban el mec\u00e1nico para que pudiera subirse a ella; su reducido tama\u00f1o no le permit\u00eda ni siquiera sentarse en una silla.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Con su escaso lenguaje cuenta que lo trajeron en una camioneta desde otra ciudad, en la batea, sobre un cargamento de patatas. Recordaba haber tenido un hermano de nombre Genaro, y parece ser que tambi\u00e9n una hermana. En algunos momentos de melancol\u00eda, a\u00f1oraba el lugar de donde lleg\u00f3; hablaba de calles y rincones como si fueran su casa. De Paco, que le cantaba y le daba un plato de comida. Y de las olas grandes de la \u201cfalora\u201d del puerto, dec\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 La silla de ruedas fue todo un cambio radical en su modo de vida. Se acab\u00f3 el arrastrarse hasta la esquina del bar de la estaci\u00f3n de autobuses para mendigar, se acabaron los puntapi\u00e9s y los insultos que recibi\u00f3 del encargado del bar temiendo que espantara su clientela. A pesar de su aspecto, mostraba la cualidad de caer bien a la gente. Cantaba canciones populares que el p\u00fablico le ped\u00eda y entonaba con su voz de tenor; aunque siendo corto su lenguaje, era agradable su canto.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Por el callej\u00f3n donde daba su cuartucho, todas las ma\u00f1anas esperaba a Franchesco con el cami\u00f3n de la basura; hac\u00eda sonar el claxon y Martinillo brincaba desde el suelo, como un resorte, y gritaba: <i>\u00a1Piii, piiiii!<\/i> Su mirada de coral negro con sonrisa permanente transmit\u00eda la gratitud de sentirse vivo. Ahora, con silla de ruedas, se le presentaba la disponibilidad de explorar nuevos espacios, descubrir la ciudad desde otra perspectiva. El tiempo y esfuerzo de antes para desplazarse hasta la esquina del bar, ahora era una insignificancia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Tras idas y venidas encontr\u00f3 en el mercado de abastos, a pocas manzanas de su refugio, un modo de ganarse la vida y obtener alg\u00fan que otro ingreso. De los fruteros siempre sacaba unas pocas piezas. De los mayoristas de flores consegu\u00eda las que desechaban y, en una caja, las transportaba hasta los jardines de la Plaza del Mar.\u00a0 All\u00ed, con paciencia, arreglaba y compon\u00eda ramos que vend\u00eda en el cruce de sem\u00e1foros a los conductores de los veh\u00edculos. Se remet\u00eda entre los coches con el tiempo medido para ofrecer sus claveles y voceaba con un estribillo:<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2013\u00a1Flores pal novio, pala novia, pa tu muj\u00e9!\u00a1Flores pa tu madre, que mu g\u00fcena \u00e9!<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 No se sabe si por su apariencia o por su gratitud, despertaba compasi\u00f3n; el caso es que sacaba un modesto jornal con la venta de las flores. En el cruce del sem\u00e1foro transitaba todo el d\u00eda. Hasta que no pasaba Franchesco con su cami\u00f3n de la basura y hac\u00eda sonar el claxon, y Martinillo brincaba como un resorte, y gritaba: <i>\u00a1Piiii, piiiiii!<\/i>, no daba por concluida la jornada.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Los Jardines del Mar no eran un ed\u00e9n de jardines. Eran unos jardines urbanos como los de cualquier ciudad, en medio de todo. Pillaba de paso para cualquier cosa. Si quer\u00edas ir de compras, ven\u00eda bien pasar por all\u00ed. Si ibas a la oficina, lo mismo. Por el lugar circulaban viajantes, marineros, amas de casas con carro de la compra, pedig\u00fce\u00f1os, forasteros perdidos con plano en mano, pensionistas de bast\u00f3n, manteros, carteristas y una panda de esnifados de pegamento que hac\u00edan la ronda como aves de carro\u00f1a buscando el olor putrefacto de alguna v\u00edctima que destripar. En estas rondas andaban tras la pista de Martinillo, observando como su negocio de flores marchaba bien. Comenzaron pidi\u00e9ndole unas monedas de favor, siguieron las peticiones y aumentaron con las exigencias: aparec\u00edan de pronto, le rodeaban y le mov\u00edan la silla hasta que soltaba el jornal del d\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u2013A ver la hucha de hoy c\u00f3mo viene. \u00bfEstar\u00e1 llena, estar\u00e1 vac\u00eda? \u2013Y zarandeaban la silla como si fuera un olivo en la cosecha de las aceitunas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Aquella tarde, de regreso camino de \u00a0la estaci\u00f3n, con las primeras luces lo siguieron; como lobos detr\u00e1s de su presa, acechando en cada vuelta hasta descubrir su refugio, aguardaron a las sombras para confundirse con la noche; s\u00f3lo brillaban sus colmillos \u00e1vidos. Entraron por un agujero en la pared del desvencijado edificio al interior de la nave abandonada. Desde su cuartucho sinti\u00f3 los pasos depredadores, not\u00f3 las vibraciones de odio y codicia. Su instinto de supervivencia y el p\u00e1nico le hizo arrastrarse hasta un pie de escalera por la que trep\u00f3, sin resuello, hasta el descansillo con un ventanal; busc\u00f3 refugio en el quicio del ventanal, sinti\u00f3 las voces de los lobos, present\u00eda el terror, ahora eran hienas reclamando su nombre: \u2013\u00bfGusano, gusaniiitooo, sal que tienes visita\u2026! \u2013aullaban.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Mart\u00edn se arrebujaba como una paloma tr\u00e9mula a los ojos del azor buscando el rinc\u00f3n m\u00e1s profundo, el pozo m\u00e1s oscuro; en su agitaci\u00f3n, un falso movimiento le hizo perder el equilibrio; lo precipit\u00f3 abajo, al fondo de un contenedor de basura en el callej\u00f3n. All\u00ed permaneci\u00f3 oculto, musitando un llanto oscuro de sus ojos negro coral hasta que el p\u00e1nico lo durmi\u00f3 y el sue\u00f1o calm\u00f3 su miedo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 A la ma\u00f1ana siguiente, como todas las ma\u00f1anas, Franchesco carg\u00f3 el contenedor del callej\u00f3n, tir\u00f3 de la palanca del prensador y son\u00f3 el claxon.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 Nadie sabe c\u00f3mo lleg\u00f3 a la ciudad Mart\u00edn Nogales, Martinillo. De esto hace ya tiempo. Apareci\u00f3 con el fr\u00edo y la niebla en la esquina de la antigua estaci\u00f3n de autobuses con un su\u00e9ter mugriento que le cubr\u00eda todo el cuerpo. 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