
{"id":175,"date":"2014-02-23T23:05:29","date_gmt":"2014-02-23T22:05:29","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=175"},"modified":"2014-02-23T23:05:29","modified_gmt":"2014-02-23T22:05:29","slug":"no13-nosotros-hemos-conocido-ngazobil-por-longobardo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=175","title":{"rendered":"N\u00ba13- Nosotros hemos conocido Ngazobil. Por Longobardo"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Hay un rinc\u00f3n de para\u00edso llamado Ngazobil, en la orilla africana del Oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico. Se encuentra ubicado en Senegal, cerca de Joal, en los lugares de la infancia del poeta Senghor,<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Usted sale de Dakar por los pocos kil\u00f3metros de autopista que unen la ciudad, que se encuentra en la punta de una pen\u00ednsula estrecha, con el resto del pa\u00eds.<!--more--> A lo largo de esa estrada los accidentes de tr\u00e1fico no se cuentan, sobre todo en los barrios populares de Pikine y Guediawaye. Sobre todo hacia el final de junio, cuando las primeras lluvias hacen la pista resbaladiza y es m\u00e1s dif\u00edcil manejar los veh\u00edculos, que desde hace meses se olvidaron de los limpiaparabrisas.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Despu\u00e9s de unos treinta kil\u00f3metros, se llega a la vista de la ciudad de Rufisque y del barrio Diokoul. Hace unos treinta a\u00f1os yo ven\u00eda aqu\u00ed todos los d\u00edas, porque estaba ocupado con los habitantes en una obra de auto-construcci\u00f3n, para consolidar la playa frente a la erosi\u00f3n de las corrientes. Despu\u00e9s de Diokoul, la calle principal roza la antigua ciudad colonial, hecha de manzanas cuadradas, ahora casi abandonada. Usted puede ver los restos de los muelles de madera del viejo puerto, habitados s\u00f3lo por bandadas de gaviotas. Se cruza el distrito de sur-este, donde vivi\u00f3 Fat Seck, una gran vidente y curandera, famosa en el distrito, que sacaba los <i>rabb<\/i> (duendes) de las cabezas de sus pacientes enfermos, y los aprisionaba en c\u00e1ntaros, enterrados en el jardin detr\u00e1s de su casa.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0A seguir, se pasa al lado de la planta de cemento, que blanquea con su polvo las playas, el aire y el campo y corroe los pulmones de las personas. M\u00e1s all\u00e1, comenza el gran bosque de baobabs, una maravilla de la naturaleza.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Dicen que los baobabs identifiquen las antiguas huellas de los elefantes, pu\u00e9s ellos son golosos de los frutos de ese \u00e1rbol y contribuyen, con sus excrementos, para difundir las semillas. Una especie de simbiosis de gigantes, entre el mundo animal y el mundo vegetal. En \u00c1frica occidental, donde los elefantes son conocidos ahora s\u00f3lo en fotograf\u00edas, sus trayectos del pasado son a\u00fan reconocibles porque se quedan marcados por un rastro de \u00e1rboles de baobab, las plantas sagradas con su tronco hueco, usado como tumba de los <i>griots<\/i>. El <i>griot<\/i> es el cantante de \u00c1frica Negra, hombre \u2018de casta\u2019, que recuerda y celebra las glorias y tragedias del pueblo, como las de los hombres potentes. Cuando concluye su vida, su cuerpo es enterrado en el coraz\u00f3n del gran \u00e1rbol sagrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Hacia el sur se desarrolla la Petite C\u00f4te, \u2018Costa Peque\u00f1a\u2019, salpicada de playas y pueblos. Desde aqu\u00ed, hace siglos, el saqueo de los europeos llev\u00f3 oleadas de esclavos a las costas lejanas de Am\u00e9rica. Desde aqu\u00ed continuan navegando cada d\u00eda las canoas de los pescadores, para traer a su casa la comida diaria. Sesiones de lucha se llevan a cabo en las playas y los viejos pasan largas tardes en el juego de las damas de \u00c1frica, o charlan bajo las copas de las <i>cases \u00e0 palabres<\/i>. En las tierras bajas a lo largo del mar, durante la temporada de las lluvias, se abren grandes estanques llenos de manglares, con sus ra\u00edces a\u00e9reas que parecen zancos, o barras de jaulas, sino que tambi\u00e9n pueden tomar la apariencia de un bosque encantado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Ubicado en Mbour hab\u00eda un establecimiento en el que ahumaban el pescado. El humo acre inundaba el aire y llenaba los pulmones, penetraba por todas partes y aturd\u00eda hasta las moscas: parec\u00eda la antesala del infierno. Pocos kil\u00f3metros m\u00e1s adelante, sin embargo, en medio de paisajes desolados por d\u00e9cadas de sequ\u00eda, usted pod\u00eda descubrir el \u2018para\u00edso\u2019 de Ngazobil. Nada milagroso, si no la presencia de un convento de monjas y una valla, lo que impidi\u00f3 a las cabras para que transformen en desierto incluso este peque\u00f1o pedazo de tierra, como hab\u00edan hecho con todo el territorio circundante.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">En estas playas, debajo de un \u00e1rbol de baobab, seg\u00fan la tradici\u00f3n, el mismo San Pedro apareci\u00f3 al primer obispo de Senegal en finales del siglo XIX. La visi\u00f3n es conmemorada por una placa colocada en el tronco del baobab.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Aqu\u00ed ven\u00edamos &#8211; un peque\u00f1o grupo de amigos &#8211; en los d\u00edas festivos, para refrescarnos del trabajo de la semana, en medio de una exuberante vegetaci\u00f3n a lo largo de la playa, golpeada por olas largas, con la arena que flu\u00eda en cientos de bucles, atravesados por corrientes espumosas. Mir\u00edadas de cangrejos hac\u00edan su aparici\u00f3n durante la marea baja. Parec\u00eda estar fuera de tiempo, cada encuentro en la playa era el descubrimiento de un milagro: los ni\u00f1os de la escuela o los seminaristas al ba\u00f1o, el paso de un pescador o un campesino de la zona.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Hab\u00eda chozas hechas de ramas y casas de ladrillo, cerca de la playa y del baobab de San Pedro, ocultadas por la espesa vegetaci\u00f3n, algunas abandonadas, y otras a\u00fan habitables. Las monjas las prestaban, m\u00e1s que alquilarlas, por una miseria. Usted podr\u00eda vivir, cocinar, si quisiera, tal vez incluso de manera indefinida.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Las noches eran rotas por el chasquido de las hojas de las palmeras \u2018abanico\u2019 (<i>Borassus flabellifer<\/i>), agitadas por el viento: tan fuertes como disparos de grandes l\u00e1tigos, o como petardos. Pensar\u00edas tratarse de los <i>rabb<\/i> escapados de los c\u00e1ntaros de Fat Seck, que volaban en la noche y hac\u00edan chasquear las hojas de las palmeras. Ten\u00edas la percepci\u00f3n de animales misteriosos a moverse en la oscuridad, mientras que el viento barriaba el aire y manten\u00eda limpio el cielo: un despliegue de luces y fuegos artificiales, que cuarenta de nuestros cielos, con sus estrellas, podr\u00edan no ser suficientes para llenar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Tal vez ahora me arrepiento de no haber parado en ese rinc\u00f3n del para\u00edso. Tal vez, sin embargo, como todas las cosas en la vida, ese mundo pod\u00eda ser experimentado s\u00f3lo entonces, en el momento adecuado: no pod\u00eda durar ni m\u00e1s ni menos. Los amigos de entonces est\u00e1n perdidos, cada uno ahogado en su propio mundo cotidiano. Qui\u00e9n sabe d\u00f3nde est\u00e1n, en este momento&#8230; tal vez s\u00f3lo la curandera clarividente Fat Seck &#8211; si todav\u00eda estuviese viva &#8211; sabr\u00eda cu\u00e1ndo y d\u00f3nde encontrarlos&#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0\u00bfTe acuerdas de Saf\u00eda, la joven somal\u00ed con que pasaste toda la noche en Mogadiscio, andando en moto, de una discoteca a otra, y luego a visitar las casas de sus amigas? Ustedes se reuniron una vez m\u00e1s, por casualidad o por milagro, trece a\u00f1os m\u00e1s tarde, en la misma mesa, en la misma discoteca, tal como dec\u00edas a tus amigos la memoria de tu primera entrada en dicho espacio. El sal\u00f3n de baile hab\u00eda caducado en los \u00faltimos a\u00f1os: otra vez era el mejor hotel de la ciudad y despu\u00e9s se hab\u00eda volvido en una sala de baile infame. Saf\u00eda todav\u00eda estaba igual, su cuerpo y su cabeza de 16 a\u00f1os, pero ten\u00eda 29, de regreso de matrimonios y convivencias en Yemen, Yibuti, Italia. Dos hilos volv\u00edan a se anudar esa noche, por un momento, en el desarrollo de la enorme bola del tiempo, tales como las olas que se enjuagan a lo largo de las asas de las playas, se separan y luego se vuelven de diferentes direcciones, incluso opuestas, y parecen repentinamente animadas por mucha prisa de encontrarse.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Vivir en \u00c1frica fue como ser una de esas olas que ba\u00f1an las costas de los oc\u00e9anos. Entre muchas otras, un d\u00eda u otro, sucede que algunas se encontren con otras que ya conoc\u00edan. El matorral, el desierto, la sabana son como mares, las pistas que se cruzan como las rutas y hay puertos, en qu\u00e9 los que pasan son reconocidos por sus recuerdos: \u201cUsted ha conocido el Hotel Transat?\u201d Ese hotel ya no existe, pero usted es como uno de la familia, ya que ha estado all\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0El desierto sigue avanzando hacia el sur y devora las tierras agr\u00edcolas,\u00a0 y la causa son los hombres que salen de la tierra, m\u00e1s que el clima, que va y viene: la lluvia vuelve a caer, pero los hombres ya no est\u00e1n all\u00ed para cultivar. Dejaron a los oasis y los campos f\u00e9rtiles, unos para recoger las migajas de la ayuda internacional, otros para ir a vender mecheros y otra quincalla en las ciudades de los blancos. All\u00e1 el ritmo de la vida cotidiana est\u00e1 marcado por el dinero, el tr\u00e1fico, los supermercados, los objetos vendidos en cada esquina de la calle, as\u00ed como los cuerpos de las ni\u00f1as; y es preciso arreglarse a vivir sin la gran familia, sin el pueblo, sin el \u00e1rbol sagrado de sus antepasados.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Los recuerdos de \u00c1frica pasan la frontera del mito: \u00bfD\u00f3nde est\u00e1n ahora las verdes colinas, cubiertas como el desierto por miles y miles de coches todo-terreno?&#8230; \u00bfy donde se fue esa se\u00f1ora nacida en Mogadiscio, hija de uno de los primeros italianos llegados en el momento de la guerra de \u00c1frica? Ella recordaba a su juventud como \u00abel momento en que los <i>barambaras<\/i> volaban\u00bb. Barambara, en idioma somali, es el escarabajo rojo con largas antenas, que aparece en la noche, en hordas voraces, para tomar posesi\u00f3n de la casa oscura y desaparece con las primeras luces del d\u00eda. Los barambaras, en \u00c1frica, se encuentran en todas partes, pero tan solo vuelan, sin embargo, durante la temporada del amor. Un vuelo torpe, que dura poco, como todas las cosas ef\u00edmeras, como el florecimiento del baobab o la temporada feliz de la juventud.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Nos despertamos un d\u00eda de la ilusi\u00f3n de un \u2018nuevo modelo de desarrollo\u2019, que ten\u00eda durado muchos a\u00f1os. El despertar fue brusco y doloroso, no es f\u00e1cil de aceptar. Muchas veces cierro los ojos para buscar consuelo en los recuerdos o los sue\u00f1os. Ni siquiera hay m\u00e1s un peque\u00f1o escarabajo de color rojo que quiera volar para m\u00ed.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0Una secreta esperanza, sin embargo, me dice que all\u00ed, m\u00e1s all\u00e1 de la l\u00ednea del Ecuador, alguien me espera, en las sombras, detr\u00e1s de una persiana de madera de s\u00e1ndalo, en el intenso aroma de incienso y flores de palo de rosa. Alguien que me dar\u00e1 la bienvenida con una simple inclinaci\u00f3n de cabeza, como si me saliera poco antes para ir a tomar la fruta en el mercado. Como alguien de la familia, del cual se conoce bien el ritmo, el olor, la forma de los hombros cuando se va y el sonido de los pasos cuando regrese.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0&#8230; y Ngazobil sigue ah\u00ed, en su lugar, a\u00fan viviendo en la memoria de un peque\u00f1o grupo de amigos, con un incre\u00edble San Pedro aparecido cerca de un \u00e1rbol de baobab, que florece s\u00f3lo una vez, un d\u00eda de cada a\u00f1o, con su icre\u00edble iglesia grandiosa de hormig\u00f3n armado que las monjas nunca dejaron de construir y ampliar, pero nunca conseguiron llenar, con los escorpiones en el desag\u00fce de la ducha, los <i>rabb<\/i> que volaban en la noche lejos del mundo y hac\u00edan chasquear las hojas de las palmeras, el aroma de la flor de acacia que se sent\u00eda hasta un centenar de metros de distancia, los ej\u00e9rcitos de cangrejos ocupados, perforando agujeros y corriendo en la arena mojada &#8230;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0&#8230; Las olas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0Hay un rinc\u00f3n de para\u00edso llamado Ngazobil, en la orilla africana del Oc\u00e9ano Atl\u00e1ntico. 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