
{"id":185,"date":"2014-02-25T00:00:18","date_gmt":"2014-02-24T22:00:18","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=185"},"modified":"2014-07-02T10:38:27","modified_gmt":"2014-07-02T08:38:27","slug":"no16-mi-pez-y-yo-por-bogardilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=185","title":{"rendered":"N\u00ba16- Mi pez y yo. Por Bogardilla"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Cuando Ana me dej\u00f3, tard\u00e9 un par de d\u00edas para decidir si aceptaba quedarme con el acuario. Tras sopesar pros y contras, acced\u00ed. Le dej\u00e9 bien claro que necesitar\u00eda un tel\u00e9fono para avisarle cuando fuera a salir de la ciudad, pues no pod\u00eda implicar a ninguno de mis amigos en la obligaci\u00f3n de atenderlo.<!--more--> La verdad es que cre\u00ed que, acostumbrado a la presencia relajante de aquella enorme caja de luz verdosa iluminando tenuemente el sal\u00f3n, de alg\u00fan modo, el silencioso baile de los peces suplir\u00eda su ausencia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0No fue as\u00ed. En pocas semanas me di cuenta de que mi vida se hab\u00eda desmoronado al perderla y que las dos \u00fanicas actividades que segu\u00eda cumpliendo escrupulosamente eran acudir al trabajo y ocuparme del acuario. Por lo dem\u00e1s, me encerr\u00e9 en casa y dej\u00e9 de contestar las llamadas y mensajes de mis amigos. No encend\u00eda la televisi\u00f3n ni el ordenador, no alquilaba pel\u00edculas de v\u00eddeo, ni tampoco me apetec\u00eda poner m\u00fasica o tocar el saxo. No cocinaba y apenas limpiaba el apartamento. En cualquier caso, daba por sentado que la ruptura de una relaci\u00f3n de varios a\u00f1os iba a dejarme machacado durante una buena temporada. Para compensar la soledad, me llevaba trabajo a casa y, por las noches, cuando no consegu\u00eda dormir, intentaba leer los libros que hab\u00eda ido comprando en aquellos a\u00f1os felices en los que la cintura morena y la melena negra de Ana eran la mejor lectura para un hombre loco de amor. Sin embargo, al rev\u00e9s de lo que hab\u00eda supuesto, no me quedaba contemplando las misteriosas evoluciones acu\u00e1ticas de los habitantes del acuario durante las largas horas en que el dolor que me causaba el recuerdo de mi perdido amor me imped\u00eda leer o trabajar. Me limitaba a echarles su raci\u00f3n diaria de alimento y comprobar las constantes, y, una vez a la semana, cambiar una parte del agua y limpiar los filtros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0En esa ocupaci\u00f3n estaba una tarde cuando Mar\u00eda, la viuda que viv\u00eda en el piso de al lado, llam\u00f3 con insistencia al timbre. Hab\u00eda observado que, aparte del silencio, tampoco tend\u00eda ropa en el patio de luces. Mi salud mental, y no el enterarse de los detalles de la desaparici\u00f3n de Ana, eran, por supuesto, su \u00fanico inter\u00e9s. Me deshice de ella tan pronto como pude y volv\u00ed al acuario a terminar mi faena. Entonces descubr\u00ed el primero de los peces flotando panza arriba. Lo saqu\u00e9 con la redecilla y lo tir\u00e9 por el inodoro sintiendo una leve aprensi\u00f3n. Aunque acababa de comprobarlos, volv\u00ed a revisar la temperatura y el pH del agua, el filtro y la flauta de aireaci\u00f3n. Todo estaba en orden. Despu\u00e9s record\u00e9 la visita de la vecina; puse una lavadora y limpi\u00e9 el cuarto de ba\u00f1o y la cocina. Al acabar, me sent\u00ed muy cansado. Tras comprobar una vez m\u00e1s que el resto de los habitantes del acuario no hab\u00edan sufrido percances, me fui a dormir. A las tres de la ma\u00f1ana, la pesadilla del tsunami hab\u00eda vuelto, dej\u00e1ndome sentado en la cama, empapado en sudor y con los ojos abiertos como empujados por un resorte. Fui al sal\u00f3n y me sent\u00e9 en el sof\u00e1. En el acuario, los peces iluminados recorr\u00edan sus caminos invisibles y sin sentido aparente. Como mi vida, recuerdo haber pensado antes de quedarme dormido.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0La tarde siguiente, al volver del trabajo, un segundo pez muerto estaba siendo devorado por sus compa\u00f1eros. Hice lo mismo que con el primero y comprob\u00e9 a conciencia el calendario del cambio de agua y su temperatura, el funcionamiento del sistema de aireaci\u00f3n y el filtro e, incluso, la caducidad del alimento que les daba. Todo estaba bien y, sin embargo, cada uno de los tres d\u00edas siguientes apareci\u00f3 un cad\u00e1ver nuevo. Pens\u00e9 en llamar a Ana, pero no me sent\u00ed capaz. A\u00fan no hab\u00edan pasado dos meses desde que se fue: estaba seguro de que no podr\u00eda responder a un simple \u201c\u00bfC\u00f3mo est\u00e1s?\u201d sin que me temblase la voz al mentir. Y tampoco pod\u00eda decirle la verdad. Adem\u00e1s, los tsunamis volv\u00edan cada noche. Decid\u00ed que, si mor\u00eda otro pez, llamar\u00eda a un servicio de mantenimiento de acuarios.<br \/>\nSin embargo, la epidemia, o lo que quiera que fuese que hab\u00edan sufrido, se detuvo. En quince d\u00edas no hubo defunciones y eso contribuy\u00f3 a levantarme un poco el \u00e1nimo. El fin de semana hice limpieza general del apartamento, una compra grande, guis\u00e9 y congel\u00e9 para un par de semanas e incluso adquir\u00ed un pack de cine cl\u00e1sico que encontr\u00e9 de oferta. Vigilaba con obsesivo celo el acuario, aunque todo parec\u00eda ir bien en mi peque\u00f1o mundo submarino. Tambi\u00e9n del tendedor colgaban con periodicidad semanal las coladas, para tranquilidad de mi vecina. El insoportable dolor que la ausencia de Ana me provocaba parec\u00eda haberse atenuado ligeramente. Como todo el mundo me dijo los primeros d\u00edas, la vida contin\u00faa y el tiempo cura las heridas del amor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0El siguiente s\u00e1bado me di cuenta de que se estaba terminando la comida para peces. Fui a la tienda de mascotas y, mientras esperaba mi turno, me qued\u00e9 mirando los acuarios: un peque\u00f1o y bell\u00edsimo pez de color negro y largas aletas ondulantes atrajo mi atenci\u00f3n. Cuando me atendi\u00f3 el dependiente, le pregunt\u00e9 por sus caracter\u00edsticas y me dijo que era un Betta, originario de Malasia, perfecto para mi acuario y nada conflictivo. Pens\u00e9 en el hueco que hab\u00edan dejado las defunciones y decid\u00ed llev\u00e1rmelo. Al llegar a casa, introduje la bolsa en el acuario para igualar la temperatura. En la cocina, me hice una ensalada y un grueso filete de buey apenas pasado por la plancha. Lo puse todo en la mesa del sal\u00f3n, frente al acuario, abr\u00ed una botella de vino de crianza y liber\u00e9 al pez. Com\u00ed con apetito mientras miraba la danza de adaptaci\u00f3n de la elegante criatura a su nuevo h\u00e1bitat. Cuando termin\u00e9 de comer, recog\u00ed la mesa y puse la cafetera en el fuego. Mi casa estaba limpia y el olor del caf\u00e9 me invit\u00f3 a bajar las persianas y poner en el v\u00eddeo la \u00faltima de las pel\u00edculas que me quedaba por ver. Supongo que en alg\u00fan momento me qued\u00e9 dormido. La pantalla del televisor estaba azul y por las ranuras de las persianas ya no entraba luz, cuando me di cuenta de que la gigantesca ola no ca\u00eda sobre m\u00ed, sin escapatoria en la estrecha franja de arena con el inexpugnable acantilado a mi espalda. El suave zumbido del acuario atrajo mi mirada. Mi nuevo pez parec\u00eda disfrutar ejecutando un incre\u00edble baile solitario con su cuerpo flexible y desplegando la aleta caudal en forma de abanico. El resto eran movidos por la corriente de agua del aireador, trazando lentos c\u00edrculos cerca de la superficie del agua. Alguno a\u00fan boqueaba intentando resistirse a la muerte.<br \/>\nMarqu\u00e9 el n\u00famero de Ana. Su voz me lleg\u00f3 distante y fr\u00eda, como si cientos de millas oce\u00e1nicas nos separasen, envuelta en ecos y reverberaciones. Me dio la impresi\u00f3n de que me hablaba a trav\u00e9s de una interminable hilera de caracolas atadas unas a otras por cintas de algas blandas y verdes. El sonido iba y ven\u00eda, serpenteando igual que la espuma de las olas en la orilla. Le confes\u00e9 la mortandad de peces y escuch\u00e9 como respuesta una risa de delfines, un crepitar de pinzas de langosta, el zumbido el\u00e9ctrico de una raya. Me ech\u00e9 a llorar. Mi pez me miraba de frente, su boca distorsionada en una sonrisa maligna. Los cad\u00e1veres de sus difuntos compa\u00f1eros descend\u00edan lentamente hacia el fondo del acuario. Una pared de agua espesa e intensamente azul se mov\u00eda hacia m\u00ed a c\u00e1mara lenta. Lo \u00faltimo que escuch\u00e9 fueron los gritos de mi vecina al otro lado de la puerta de entrada y las sirenas de los bomberos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Ahora estoy en una residencia de reposo \u2014o as\u00ed le llaman\u2014 y mi habitaci\u00f3n carece de cuarto de ba\u00f1o. Para acudir a \u00e9l, siempre me acompa\u00f1a un enfermero. De vez en cuando, mi pez negro viene por el cielo azul, ondulando despacio, y se para delante del cristal de mi ventana, que no puede abrirse. Su mirada es totalmente inexpresiva y abre y cierra la boca, expulsando peque\u00f1as columnas de burbujas hacia las nubes. Ya no r\u00ede, pero s\u00e9 que es ella.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 \u00a0 \u00a0Cuando Ana me dej\u00f3, tard\u00e9 un par de d\u00edas para decidir si aceptaba quedarme con el acuario. Tras sopesar pros y contras, acced\u00ed. Le dej\u00e9 bien claro que necesitar\u00eda un tel\u00e9fono para avisarle cuando fuera a salir de la ciudad, pues no pod\u00eda implicar a ninguno de mis&#8230;<\/p>\n<p> <a class=\"continue-reading-link\" href=\"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=185\"><span>Leer m\u00e1s..<\/span><i class=\"crycon-right-dir\"><\/i><\/a> <\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":52,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"ngg_post_thumbnail":0,"footnotes":""},"categories":[6,4],"tags":[54,55,24,17],"class_list":["post-185","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-finalistas-del-jurado","category-relatos-a-concurso","tag-bogardilla","tag-pez","tag-relatos-a-concurso-2","tag-x-certamen-de-narrativa-breve"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/185","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=185"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/185\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/52"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=185"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=185"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=185"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}