
{"id":289,"date":"2014-03-13T23:55:49","date_gmt":"2014-03-13T22:55:49","guid":{"rendered":"http:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=289"},"modified":"2014-03-14T01:33:35","modified_gmt":"2014-03-14T00:33:35","slug":"no-32-dimitri-el-hermano-por-granada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/canal-literatura.com\/xcertamen\/?p=289","title":{"rendered":"N\u00ba-32 Dimitri el hermano. Por Granada"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Me fastidi\u00f3 que me pidiera que fuera al hospital con ella. Para eso est\u00e1 su marido, \u00bfno? Termin\u00e9 de afeitarme y sal\u00ed con la galleta en la boca. Recog\u00ed a Katya en mi coche. No \u00a0me quedaba otra opci\u00f3n. Par\u00e9 el deportivo en la puerta de maternidad y se \u00a0baj\u00f3. Un viento frio levantaba su pelo y su falda como una actriz. Era un febrero pat\u00e9tico, lleno de barro y agua.<!--more--><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0 Cuando el doctor me pregunt\u00f3 si yo era el marido, ella se adelant\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u2014Es mi hermano, mi hermano Dimitri \u2014respondi\u00f3 echando hacia atr\u00e1s la cabeza\u2014. Mi esposo est\u00e1 trabajando \u2014a\u00f1adi\u00f3 con su falsa vocecita de ni\u00f1a buena.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Era verdad, Braulio trabajaba en un almac\u00e9n de frutas por las noches. A Katya le gustaba la calefacci\u00f3n, las comidas con carne, el oro pegado al cuerpo, los zapatos de piel y los ba\u00f1os de espuma. Todo ello se lo daba su marido. Un marido que vendi\u00f3 un piso para satisfacer los caprichos de su joven esposa. Lo entiendo. \u00c9l adoraba a esa criatura exuberante de piel blanca y ojos de acero que parec\u00eda su hija mayor.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0A los seis meses de llegar a Espa\u00f1a, ya se hab\u00eda casado con el infeliz de su marido, un campesino, simple como un palo que se enamor\u00f3 de Katya en la gasolinera donde ella trabajaba. El d\u00eda de su boda, yo a\u00fan llevaba en la chaqueta el billete de avi\u00f3n que ella me compr\u00f3 para que me viniera a vivir aqu\u00ed. Por suerte en Rusia aprend\u00ed algo de espa\u00f1ol. Fue una ceremonia triste, con cuatro personas en un despacho que ol\u00eda a pl\u00e1stico y a humedad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Casi todos los d\u00edas yo com\u00eda en su casa y algunas noches dorm\u00eda en un piso de sus suegros. No necesito trabajar; en los dos a\u00f1os que llevo en M\u00e1laga, ella cuida de m\u00ed. Quinientos euros al mes, un coche, vodka y una tarjeta de un centro comercial. Al principio yo me sent\u00eda como un rey, un rey canalla. Ahora no s\u00e9 bien qu\u00e9 hago tan lejos de mi tierra. Bueno, estoy con ella. Los vecinos dicen que parecemos gemelos. Yo me r\u00edo. S\u00f3lo nos parecemos en los ojos color hielo, azules como el glaciar. Y aunque parezco m\u00e1s joven, soy ocho a\u00f1os mayor que ella, tengo treinta y dos. Menuda pareja hacemos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 El parto estaba empezando. El primer hijo de Katya, sangre de su sangre. A ratos, el sol entraba a r\u00e1fagas en la habitaci\u00f3n 602, el mismo n\u00famero de habitantes que tiene nuestro pueblo. Ella caminaba por la habitaci\u00f3n con las manos en la espalda, marcando el paso como un militar. Preciosa. De pronto, no s\u00e9 por qu\u00e9, le molest\u00f3 que yo estuviera con mi Ipad sentado tranquilamente en el sill\u00f3n. Mujeres.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Ser\u00edan las nueve. La escuch\u00e9 vomitar y me tom\u00e9 su desayuno, estaba hambriento. La puerta se abri\u00f3 y apareci\u00f3 su marido, delgado, poca cosa. Sonre\u00eda con los ojos puestos en ella. Me salud\u00e9 con la cabeza y se acerc\u00f3 hac\u00eda su esposa. Al ir a besarla, ella, arisca como una gata, lo rechaz\u00f3 y se fue al otro lado de la habitaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u2014\u00a1D\u00e9jame! \u2014dijo agarr\u00e1ndose el pelo con las dos manos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u00c9l suspiro y creo que me mir\u00f3. Segu\u00ed sentado, sin levantar la vista de la pantalla. \u00c9l hombre dio unos pasos y apoy\u00f3 la espalda junto a la pared, bajo un cartel que rezaba: \u201cTelevisi\u00f3n averiada\u201d. Empez\u00f3 a llover. Katya pidi\u00f3 a su marido que fuera a por <i>coca cola<\/i>. Su voz son\u00f3 \u00e1spera. Braulio parec\u00eda tener m\u00e1s canas ese d\u00eda. Bostez\u00f3 un par de veces antes de responder si no pod\u00eda ir yo, su hermano. Ella dispar\u00f3 una r\u00e1faga de insultos en ruso y le sonri\u00f3 mostr\u00e1ndole los dientes antes de decirle en castellano: <i>por favor, cari\u00f1o<\/i>. No me gust\u00f3 lo que hizo Katya, la habr\u00eda abofeteado en ese momento. Cerr\u00e9 el iPad con la idea de ir a comprarle la est\u00fapida <i>coca cola<\/i>, pero su esposo ya caminaba hacia la puerta.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u2014Dimitri, no me mires as\u00ed. \u00a1Es m\u00e1s pegajoso que la miel! Anda, ven y dame un beso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Pre\u00f1ada y todo segu\u00eda siendo bella, bella y perversa. No la bes\u00e9. Le ech\u00e9 el brazo por los hombros y le ped\u00ed que fuera buena. Se solt\u00f3 refunfu\u00f1ando y volvi\u00f3 a caminar recta como un soldado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0El marido regres\u00f3 con una botella de dos litros de coca cola y una bolsa de patatas fritas, para m\u00ed. Me enterneci\u00f3 su gesto. Pobre hombre. Desde el sexto piso, las gentes parec\u00edan hormigas. Yo miraba por la ventana mientras Braulio sentado en una silla bostezaba sin cesar. Ella dijo que deb\u00eda irse a casa a dormir, \u00e9l la miraba sin decir nada y ella volvi\u00f3 a insistir de \u00a0forma feroz. Me ofrec\u00ed a acompa\u00f1arlo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u2014Debes irte y descansar. As\u00ed no me sirves, duerme y luego vienes. No me voy a ir a ning\u00fan lado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0\u00c9l me miro y por primera vez le sostuve su mirada con cierta piedad. Se enfund\u00f3 el anorak negro\u00a0 y\u00a0 me pregunt\u00f3 si quer\u00eda un caf\u00e9. En voz baja pero firme dijo que no iba a marcharse a ning\u00fan sitio, me agradeci\u00f3 el gesto y dijo que ya habr\u00eda tiempo de dormir. Katya le atraves\u00f3 con la mirada, se acerc\u00f3 y acarici\u00f3 con su garra de terciopelo la cabeza rala de su hombre suplic\u00e1ndole con voz teatral que se fuera. Era una orden. \u00a0Los labios de Braulio temblaron. Asinti\u00f3 con la cabeza. Ella baj\u00f3 la cara y lo bes\u00f3 como quien besa a un anciano, en la frente, r\u00e1pido. Su esposo cogi\u00f3 el anorak de pl\u00e1stico y sali\u00f3.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Me qued\u00e9 de pie, all\u00ed, mir\u00e1ndola. Avergonzado. No dije nada. Sal\u00ed fuera detr\u00e1s de su esposo. El pasillo ol\u00eda a jab\u00f3n y a sudor. Encontr\u00e9 a Braulio esperando el ascensor. Como pude, disculpe a\u00a0 Katya. Los nervios, su estado, el parto, cosas de mujer. Sac\u00f3 un pa\u00f1uelo de tela blanco bordado con sus iniciales y se son\u00f3 la nariz. Ten\u00eda los ojos \u00a0como los tomates maduros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Lo cog\u00ed del brazo. Yo quer\u00eda caminar con \u00e9l, charlar. Se le ve\u00eda tan cansado que lo dej\u00e9 sentado en la sala de espera mientras baj\u00e9 al s\u00f3tano a por un par de caf\u00e9s. Cuando volv\u00ed, su barbilla cabeceaba contra el pecho, un silbido ronco brotaba de sus labios, \u00a0con la boca abierta. En unos segundos lo despert\u00f3 el sonido del m\u00f3vil, abri\u00f3 los ojos y se tom\u00f3 el caf\u00e9 de un trago. All\u00ed estaba yo junto a un buen hombre preocupado por su mujer. Una mujer que yo conoc\u00eda demasiado bien. \u00c9l no se ir\u00eda a casa hasta que saliera el ni\u00f1o y el parto hubiera acabado. Hac\u00eda calor. Me pidi\u00f3 que no la dejara sola, que fuera paciente con ella. Frente a \u00e9l, una anciana mov\u00eda las cuentas de un rosario. Era la hora del \u00e1ngelus.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Volv\u00ed a la habitaci\u00f3n decidido a convencerla. Era su esposo quien deb\u00eda estar all\u00ed con ella. Cuando entr\u00e9, Katya se arrebujaba entre las sabanas. Ya no llov\u00eda. Abr\u00ed la ventana y la volv\u00ed a cerrar, ven\u00eda el viento helado. Ella dijo que estaba muy atractivo con mi camisa nueva. Le di la espalda. Ahora era yo el que caminaba molesto por la habitaci\u00f3n, sin mirarla. Pregunt\u00f3 si el tonto de su marido se hab\u00eda ido. Tragu\u00e9 saliva antes de pedirle que se callara de una puta vez.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Una hora m\u00e1s\u00a0 tarde rompi\u00f3 aguas. Sal\u00ed corriendo a avisar a Braulio. En la sala de espera, un ni\u00f1o rubio miraba muy atento al hombre que dorm\u00eda en la esquina con la cabeza\u00a0 apoyada en la pared. En esa postura, encogido, con los brazos cruzados, Braulio parec\u00eda m\u00e1s enclenque a\u00fan de lo que era. No quise despertarlo, todav\u00eda. Regres\u00e9 a la habitaci\u00f3n dispuesto a hacer lo que hice, decirle adi\u00f3s a esa dichosa hembra. Para siempre.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 Katya respiraba con fuerza dentro de la cama. La llevaban a la unidad de partos. Le dije que regresaba a nuestro peque\u00f1o pueblo de las monta\u00f1as. Empez\u00f3 a insultarme y amenazarme. Grit\u00f3. El celador nos miraba asustado, sin entender nada, habl\u00e1bamos en ruso. Sent\u00ed lastima de ella, sent\u00ed lastima de m\u00ed. Le dije que no estaba bien lo que hac\u00edamos. Sigui\u00f3 insult\u00e1ndome. Dijo que me matar\u00eda. Recuerdo que llevaba el pelo sudado sobre la cara, como una loca. Horrorosa. Sus insultos rusos resonaban en el pasillo, la gente me miraba a m\u00ed. Guard\u00e9 las manos en los bolsillos del vaquero y me fui hacia la sala de espera.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Despert\u00e9 a Braulio con un caf\u00e9 en la mano. Me desped\u00ed de \u00e9l y se abraz\u00f3 llorando. Creo que siempre supo la verdad. Yo tambi\u00e9n llor\u00e9. Me quite la cazadora, el calor me asfixiaba. Ment\u00ed diciendo que deb\u00eda regresar. Me pidi\u00f3 que lo acompa\u00f1ara al cajero. Dijo que el avi\u00f3n costaba mucho dinero.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0 \u00a0 \u00a0Cuando dej\u00e9 las llaves en la mesa de cristal, a\u00fan resonaban en mi cabeza las maldiciones rusas y las\u00a0 amenazas de muerte. Es curioso que las \u00faltimas palabras de mi vecina, de mi novia, de mi amante, fueran unos insultos. En la maleta guard\u00e9 el resto del paquete de galletas y sal\u00ed camino del aeropuerto.<\/p>\n<p>&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0 \u00a0 \u00a0 Me fastidi\u00f3 que me pidiera que fuera al hospital con ella. Para eso est\u00e1 su marido, \u00bfno? Termin\u00e9 de afeitarme y sal\u00ed con la galleta en la boca. Recog\u00ed a Katya en mi coche. No \u00a0me quedaba otra opci\u00f3n. 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